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Menos cal y más arena

La preocupación por el déficit y la fobia inflacionista impiden al ejército de reserva levantar sus cabezas en el campo batalla. Hasta que  la Troika no pulse el botón del dinero – en palabras del lego – no conseguiremos que el crecimiento económico desatasque el cuello de botella, arrojado por la EPA. Mientras Japón y Estados Unidos han inyectado miles de millones a sus máquinas pesadas, en la Europa merkeliana seguimos erre que erre con los postulados neoliberales. La mano invisible de Smith y los suyos no arregla, por sí misma, los desaguisados creados por la burbuja inmobiliaria y el desorden financiero. Ante el fracaso empírico de la austeridad como bandera, es momento de plantear soluciones keynesianas para salir de la crisis.

En la Hispania de Rajoy, la búsqueda de empleo se ha convertido en una lucha perdida para el común de los mortales. Una lucha, decía, porque el Gobierno está más preocupado por las curvas macroeconómicas que por los miles de Nuevos Pobres que buscan alimento en los cubos de la basura. Ante esta actitud de despreocupación por lo doméstico, los parados de la cola han perdido la fe en el orador de la tribuna. Las angustias por sus números rojos, les  impide comprender la amalgama de índices, tasas y demás indicadores emitidos por Montoro. Es precisamente este diálogo de sordos entre: la "neolengua de Letizia" y el "sentido común" de la calle, el que pone las barreras al campo democrático. Hasta que las élites y la plebe no hablen el mismo idioma será imposible que la senda del entendimiento desemboque en los prados esperados. La miopía de las élites – en palabras del enfermo – impide al león de la colina ver con nitidez el desfile de las hormigas. Con el tiempo – decía Andrés a su mujer – nos convertiremos en un país periférico al servicio de los grandes. Un país, decía,  sin I+D, por el éxodo de su talento, y sin un Estado Social que proteja a sus heridos en las zonas del rescate. Un país con un sistema educativo diseñado para perpetuar a la estirpe de las élites y arrojar al arcén a los débiles de la manada.

La mayoría absoluta, en palabras de Manuela – solamente ha servido para que el pueblo reflexione sobre las consecuencias derivadas de un Gobierno de derechas. Desde que gobiernan los fachas – sentenciaba la señora – vamos para atrás como los cangrejos en la arena. Se han pasado por el forro – cito textual – las promesas electorales y los renglones del programa. Sin ningún tipo de pactos han hecho añicos los logros del proletariado mediante una Reforma Laboral. Una reforma hecha a medida del patrono. A Rajoy y los suyos le ha importado un comino el grito desgarrado de dos Huelgas Generales,  una Huelga Educativa y las manifestaciones intermitentes de las mareas urbanas. Esta gentuza – en palabras de Manuela – se ha reído de nosotros. Se han reído de los tontos de la corrida que desde la izquierda le otorgamos el cetro, al cuestionado de la Moncloa.

Mientras las familias españolas sufren en sus casas las consecuencias de la crisis, en Bruselas siguen apretando las tuercas a los Nuevos Pobres de Europa. La relajación de nuestro déficit para el 2013 del 6.3 al 6.5% se traduce en la jerga callejera en: "comida para hoy y hambre para mañana". Una vez más, las políticas de "una de cal y otra de arena" vuelven a ser noticia en los titulares de la mañana. A cambio de las dos décimas de gracia concedidas por la Troika, nosotros – usted y yo – tendremos que hacer sacrificios para que los datos macroeconómicos – los que de verdad preocupan a Mariano- satisfagan los intereses alemanes. Sacrificios, decía,  en forma de más subidas de impuestos. Sacrificios, en forma de más pérdidas de derechos laborales y sacrificios para los pensionistas. Subida de impuestos – IRPF e IVA -, Contrarreforma Laboral – más mano de obra barata – y Reforma de Pensiones – más cotizaciones – son las letras pequeñas que debemos destacar desde los ojos de la Crítica. Probablemente, con la de arena y la de cal llegaremos al 6.5% exigido por Bruselas pero también habremos conseguido: menos poder adquisitivo y  más recortes de derechos para activos y pasivos. Una vez más, el Estado Social pierde la batalla ante la utopía neoliberal. Menos cal y más arena. 

Guerra fría

Las rencillas entre El País y Aznar han vuelto a pintar las portadas de Cebrían con los mismos colores de los tiempos felipistas. Desde que se abrió el melón de las vergüenzas, las sombras de Bárcenas y Gürtel han manchado la "idílica gestión" de José María al frente de la Moncloa. Desde las trincheras de la Yuste madrileña, las heridas abiertas por el caso Sogecable siguen a flor de piel en la Hispania de Mariano. Mientras tanto, los escribas de Pedro J. tejen sus editoriales con retórica proaznarista para arrebatar cuota de mercado al gigante de la prensa. En días como hoy, la guerra de las portadas invita al lector de la butaca  a solicitar, una vez más, un modelo periodístico: independiente de lo político y crítico con el gobierno. Mientras no lo consigamos – decía esta mañana, el cuñado de Josefa – lloraremos como hermanos en el  funeral de nuestros medios.

El País del 26 de mayo pasará a los fondos del armario por su arsenal dialéctico contra el artífice del ladrillo. En la dieciséis del ejemplar. Luz Sánchez – redactora de Cebrián – enmarca a la caricatura de  Sciammarella con un recopilatorio de testimonios provenientes de los aznarólogos más incómodos. Dicen las malas lenguas que el ex líder de la carpeta: "está cabreado como una mona". Cabreado como una mona porque, cito textual: "no soporta que se entre en google y se asocie su nombre con los sobresueldos de Bárcenas" Sin apoyo en la cúpula ni entre los barones – en palabras de Manetto – el regreso de José María a la Tribuna del Congreso solo sería aplaudido por políticos como Oreja. 

Con el título: "El ego". La columna de Juan Cruz continúa arrojando municiones contra la perla de la derecha. Con un rigor más freudiano que periodístico, el autor de: "el sueño del Oslo",  retrata para los suyos a un Aznar enojado y despechado. Un expresidente herido, que busca en el ataque contra PRISA y su partido, la mejor defensa para reparar su "narciso" distorsionado. Es precisamente, la fealdad reflejada en el lago de la historia, la que justifica para la crítica: el regreso de un "cadáver político" a la parrilla de los vivos. El que fuera Dios en la  España del ladrillo – en palabra de Jacinto – quiere volver como un héroe de "tebeo" para demostrar a su señora quién es el figura de su marido. El mismo figura que consiguió cambiar la flacidez de su barriga por la tabla abdominal de los guapos del gimnasio.

Los sables de PRISA continúan su ofensiva por el campo de batalla. Con el editorial: "Aznar, el tóxico", los escribas de Cebrián culpan al honorífico de las gaviotas del epicentro de la crisis. "Aquella euforia – se refiere a los felices tiempos aznarianos- no fue consecuencia de de una política que transformara el modelo productivo de nuestro país, sino el objetivo de un Gobierno decidido a recoger a corto plazo los beneficios políticos de la falsa sensación de riqueza que él mismo hinchaba y produjo". "El estallido de aquella burbuja – sentencia el periódico de la "izquierda" – seguimos pagándolo desde hace cinco años en desempleo y destrucción de riqueza". El final de la ofensiva finaliza con una batería de reproches acerca de la Guerra de Irak, la gestión del Prestige y las muertes del Yakolev.

En días como hoy, la guerra fría abierta por el caso Sogecable sigue perenne en las portadas del presente. La vuelta de Aznar a las primeras de la parrilla ha servido para que El País recupere parte de sus rojos evaporados. El fluorescente amarillo sobre los supuestos manuscritos de Bárcenas ha dejado atrás la "metedura de pata" de la instantánea de Hugo. El peor enemigo de José María enturbia la  imagen narcisista en el lago de su historia. Sin apoyos en el bosque, el vuelo bajo del expresidente le impide ver con claridad a lo lejos del horizonte. A escasos metros de su periplo, los escuderos de Pedro J. peinan sus caballos para el momento de la contienda. Mientras tanto, el búho de la rama mira con recelo a los gatos que se esconden detrás de la basura. Hoy no hay luna.

Un troyano en la Moncloa

Probablemente, la entrevista de Lomana al expresidente de Hispania haya sido el peor caballo de Troya que jamás haya estallado en los jardines de la Moncloa. El regreso de José María a la primera de la parrilla pone las orejas tiesas a los que, diez años atrás, gritaron: "¡No a la Guerra!", desde la gala de los Goya. En días como hoy, las palabras del entrevistado encienden los troncos apagados de los tiempos pompeyanos. La cuestión ideológica y la crisis del liderazgo en los portales de Génova, invitan al autor del "España va bien" y el "váyase Señor González", a preparar su regreso desde las trincheras de la crítica. En días como hoy, la desideologización de la derecha – por la subida de impuestos – y el incumplimiento del programa electoral por parte de Mariano, son las armas del expresidente para ningunear a su discípulo y reforzar su autoconcepto. Ningunear, decía, al nombre que hace una década aparecía esculpido en la piedra azul de su mesita.

Los supuestos sobresueldos recibidos por Aznar – provenientes de Bárcenas -, y los 32.452 euros recibidos de su amigo Correa – en concepto de regalo por la boda de su hija -, ponen al expresidente de las gaviotas en los precipicios de su honra. Es precisamente, este arsenal de dinamita mediática arrojada desde PRISA a los tejados aznarianos,  el que devuelve a la palestra las heridas abiertas entre: la Nueva Derecha  y el felipismo tardío. El mismo periódico que, diez años atrás, culpabilizó a José María por  todos los males de su gobierno y desarmó con acierto las mentiras que se cocían en los fogones de Moncloa. Hoy, el mismo Aznar herido por su pasado reciente vuelve a ser noticia como en sus tiempos de gloria. Vuelve, arropado por los suyos, para que, de una vez por todas, el juicio de los tiempos le ponga en el lugar que: según él, "se merece".

El "toque del desprecio" – en palabras extraídas de la jerga taurina – ha sido utilizado por Rajoy y los suyos para apagar los brotes levantados por el inoportuno troyano. Los oídos sordos del líder de la derecha al causante de su sino, invitan a la Crítica al análisis de las grietas escondidas en el jarrón de la derecha. Tres gallos en un mismo corral – en boca de Roberto – terminan enganchados por las sombras de sus picos. A día de hoy, el trío: Aguirre- Aznar -Rajoy, ponen en evidencia la crisis de liderazgo y la pugna por el cetro en el seno de la Caverna. Desde las trincheras de Margaret, tanto José María, Esperanza y sus bastiones mediáticos exigen al líder de su partido: más bajadas de impuestos y cumplimiento íntegro de su programa a estas alturas de la corrida. Desde el ala moderada, los dardos de Montoro disparan sin decoro contra: "las añoranzas nostálgicas de su pasado" – se refiere a Aznar-.  Mientras en los tiempos aznarianos – decía Cristóbal dese el atril de la tribuna – la economía crecía al cuatro por ciento, a día de hoy  lo hace al menos dos. Son precisamente, estas distancias económicas entre: los superávits del ayer y los déficits del presente,  las que invitan al troyano popular a bajar de las montañas.
Mientras en la cocina de Génova se lanzan los platos entre "marianistas" y "aznaristas", en Ferraz ningún valiente lanza piedras contra su propio tejado. Después de un año y medio desde que el expresidente socialista abandonase la Moncloa, el PSOE continúa sin levantar cabeza desde la debacle de noviembre. El último error de Zapatero en nombrar a Rubalcaba como sucesor de su corona, impide a las bases del partido mirar con buenos ojos a la derechización de sus votos. En los corrales de Felipe – decía el gato de Jacobo desde la cortina de su amo- también suenan con fuerza los agudos de los gallos. Las luchas por la cabeza de cartel entre: Madina, Patxi y Chacón otorgan la razón a aquel artículo del Rincón, titulado: "el cadáver socialista". En días como hoy, el desmantelamiento del Bienestar y las mentiras de Rajoy son motivo, más que suficiente,  para que la música del "Váyase señor Rajoy" hubiera sonado con fuerza  y al unísono desde la bancada socialista. Sin embargo, las disputas por el cetro han impedido que el interés general gane la batalla a los intereses partidistas.

El pedigrí de la derecha

Desde que los fachas conquistaron con sus promesas incumplidas el feudo de la Moncloa, las sotanas franquistas han vuelto a tejer con sus agujas las alforjas de la política. La Ley Wert  y la Reforma del Aborto ponen de manifiesto la contradicción existente entre: el Estado Aconfesional – defendido en la Suprema – y la praxis jurídica que se cuece en el banco azul del Hemiciclo. En pleno siglo XXI, la racionalización del mundo y de la vida, el éxito de la ciencia y el desarrollo del capitalismo industrial,  no han vencido al poder que se esconde en los muros del Vaticano. Decía Caplow desde las aulas de Virginia que: "la mutua dependencia entre Iglesia y Estado en los países europeos, explica su mayor secularización con respecto a EEUU". A mayor atracción entre los sermones del convento y los discursos de la tribuna, más escepticismo cristiano en las alfombras urbanas.

En tiempos de República – decía esta mañana, el viejo camarada – los crucifijos, los rezos y las estampas se divorciaron por un instante de sus compañeros de viaje. La separación de poderes divinos y terrenales sirvió para que la secularización, proclamada en las raíces,  fuese una realidad en las sombras de sus renglones. La extinción del presupuesto al clero durante dos años; la disolución de la compañías de Jesús y la confiscación de sus bienes; la legalización del matrimonio civil y el divorcio; la secularización de los cementerios; la prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas; la sumisión de todas las órdenes religiosas a las leyes tributarias; la posibilidad de nacionalizar los bienes del clero y, la prohibición de exigencia de declaración oficial de creencias religiosas – entre otras medidas – materializaron con los hechos a las directrices del derecho. Hoy – sentenciaba el camarada – el Estado de Derecho se ha convertido en el mismo papel de fumar que utilizaban los tricornios, mientras caminaban por la rambla.

La Nueva Derecha – como así se conoce a los descendientes de Fraga en los paraninfos de  la izquierda – intenta recuperar para los suyos, una segunda parte descafeinada – faltaría más – del nacionalcatolicismo. La Ley Wert y las gallardonadas de Alberto llevan en su pedigrí los mismos valores retrógrados de los credos olvidados. Volvemos – cuánta razón tenía Jacinto – a las aulas del "Padre Nuestro", "el gracias a Díos" y "el no beses porque es pecado".  Las mismas pizarras y tizas que, durante cuarenta años, adoctrinaron a los "hijos de" en las tablas de la fe. La formula: menos filosofía y más creencias, invita al intelectual a vislumbrar en un futuro cercano los efectos de la LOMCE. Pasaremos – como diría Nostradamus –  de "los Ni-Ni de Zapatero" a los "Acri de Rajoy". Una masa de jóvenes y no tan jóvenes conformes con su sino y "acríticos" con su presente. Sin espíritu crítico, las ovejas de Cristo son más fáciles de pasear por los pastos de la política.

El favor de la derecha a la Iglesia de Francisco no avivará la religiosidad pretendida. No la avivará, decía, porque, siguiendo las tesis de Caplow,  la fe no es una cuestión de imposición sino una sinrazón de voluntad. La crisis de vocaciones; el envejecimiento de los curas; el desprestigio del sacerdocio; la masculinización de las sotanas; la obligación del celibato y, la rigidez e inmovilidad para adaptarse a la moderna y cambiante cultura de masas, pone en evidencia las grietas que asoman en el jarrón de la Iglesia.  En días como hoy, la Reforma Educativa y los "supuestos arreglos" a la Ley del Aborto son coherentes con el pedigrí de la derecha – los principios del Liberalismo Cristiano, en términos modernos-. Ahora bien, sendas medidas, tiran por la borda al idílico Estado de Derecho de los tiempos republicanos. El único fragmento histórico que no fue cosido con las agujas de los obispos.

El bipartidismo herido

En este país – decía Alejandro, mientras jugaba al ajedrez – no podemos seguir con la fórmula Canovista del ayer. El bipartidismo anglosajón invita al pueblo de Galdós a reivindicar el pluralismo político establecido en la Constitución. El bicolor del hemiciclo impide al demócrata presente a distinguir los grises escondidos en los lienzos de Picasso. Es precisamente, el desgaste del discurso bipolar entre: rubalcabistas y marianistas, el que explica la artrosis democrática arrojada por las últimas encuestas. La incapacidad de la Derecha para enderezar las curvas de la EPA y la falta de alternativa en las bancadas socialistas han insuflado oxigeno electoral a los débiles del círculo. En días como hoy – decía Tomás, mientras movía su caballo por las celdas del escaque – las voces de Cayo y Díez encuentran en las migajas de  los grandes, los ingredientes necesarios para alimentar a los suyos.

La radicalización del discurso en los comienzos de Zapatero dejó huérfanos de argumentos a los rojos del Congreso. La Ley de Memoria Histórica; los Matrimonios Homosexuales; la Reforma del Aborto y la Ley de Igualdad hicieron que – entre otras medidas – el "voto útil", auspiciado por Rodríguez, cambiase las identidades políticas en los tableros aznarianos. Mientras tanto, la "oposición blanda" de Rajoy atrajo hacia los suyos  a aquellos que encontraron, en el bajo perfil de Mariano, al Mesías de su centro. Tanto el "rojo de ZP" como el "centrista de Mariano"; consiguieron, por la inercia de sus estrategias, que el diálogo del Congreso quedase reducido a un trío de malabaristas entre: nacionalistas, conservadores y progresistas. Quedaron desarmadas de la contienda política: las voces de Díez y Llamazares. La copia socialista superó a su original – IU– y el discurso descafeinado de la Derecha, impidió que los "centristas" de UPyD resucitasen a la UCD de los tiempos Adolfinos. El turno de partidos – en palabras de Alejandro – se instauró para largo en la Hispania de Sagasta.

Hoy, varios años después de la génesis bipartidista, los tentáculos del pluralismo político se adhieren como ventosas a las rocas de la Suprema. Las disputas internas en Ferraz y los incumplimientos electoralistas de la Derecha, hacen que el silencio de los débiles recupere su voz en los sondeos demoscópicos. La Izquierda de Rajoy -como así se le llama, en los foros sociológicos,  a los desencantados de Zapatero – planifica su regreso hacia unas tierras vírgenes de gobierno y frondosas de retórica. Es precisamente en esos nidos –  idealizados por los verdugos de Zapatero – donde Izquierda Unida siembra con semillas las alfombras del retorno. El discurso utópico de Cayo crece gracias a las hojas marchitadas de la rosa y al merkelismo omnipresente en el cielo de las gaviotas. Las voces tímidas de UPyD adquieren cuota de poder ante el retorno de los frustrados centristas de Rajoy. Mientras tanto, la degustación del licor separatista en los tiempos de Pujol deja entornada la puerta para  las alianzas del mañana. Tal y como está el patio – decía el protagonista de Benito – las grietas del jarrón aceleran su agonía en el fondo de la vitrina.

Mientras el bipartidismo, o dicho de otro modo, los cambios de turno en los partidos imperantes suscitan hastío a los jugadores del banquillo, el pluralismo holandés invita al político de hoy a tejer sus decisiones con las agujas de la negociación. Son precisamente las políticas de alianzas basadas en el consenso en contraste con los “abusos” de las mayorías absolutas, las que siembran de contento el interés general de las democracias representativas. Las leyes surgidas del diálogo y el consenso arrojan al Estado de Derecho un ordenamiento multicolor alejado del monocromo partidista de los regímenes absolutistas. La esencia de la democracia – decía Alejandro ante la mirada atónita de Tomás –  reside en saber gestionar las piezas del pluralismo. Solamente los países más civilizados y dialogantes han sabido convivir con las diferencias en el hemiciclo. Los otros – los menos tolerantes con la aritmética de las minorías – han terminado enfrentados como gallos a las puertas de sus corrales. Jaque Mate.

Réquiem por el 15-M

El silencio de las plazas perpetúa su letargo en el segundo aniversario de los indignados hesselianos. Los movimientos sociales – en palabras de Offe – nacen como respuesta a las crisis de "gobernabilidad" que se producen en los escenarios democráticos. Dice este sociólogo de los paraninfos alemanes que el fin último de tales movimientos reside en la activación o politización de la sociedad civil. Existen, siguiendo los postulados de Claus, tres aspectos que favorecen la movilización: ensanchamiento, profundización e irreversibilidad. El primero versa sobre: la generalización de las consecuencias negativas de las formas establecidas de: racionalidad económica y política de una clase social determinada, al resto de la sociedad. El segundo, alude al exceso de control, por parte de las élites,  de las esferas laborales y privadas para evitar los comportamientos imprevisibles, regulares y desviados de los pueblos. Finalmente por irreversibilidad, entiende el teórico de la movilización, a la incapacidad estructural de las instituciones políticas y económicas para percibir y actuar eficazmente ante las privaciones, riesgos y amenazas globales. Estos ingredientes, cocinados a fuego lento en los fogones del descontento social, estallan en los asfaltos de la calle cuando dice: "basta", la olla a presión que los detiene.

La extrapolación teórica de Offe a la evidencia empírica del 15-M pone de manifiesto la correlación existente entre los tres aspectos aludidos y el éxito histórico de su estruendo. La Primavera Árabe del ayer y la política de recortes comenzada en tiempos de ZP, sirvieron de "supuestos perturbadores" para que la llama de la indignación se propagase por los tentáculos de Madrid. Fue precisamente, la canalización de la frustración social a través de la protesta callejera, la que magnificó el efecto llamada de un movimiento caracterizado por la ambigüedad de sus mensajes y la imprecisión de sus fines.

La desideologización de la izquierda, la caída del ladrillo y el cierre de los grifos financieros activaron el ensanchamiento de conflictos dispersos  hacia una protesta generalizada de millones de españoles. Una protesta, decía, distinguida por una masa heterogénea de mareas turbulentas contra un barco a la derivada en los fondos democráticos. La politización mediática desembocó en un exceso de control de las esferas privadas y laborales por parte de las élites. La profundización – aludida en el párrafo de arriba – sirvió a la génesis de Hessel para articular un discurso de denuncia social contra la involución de las audiencias. El desmantelamiento del Bienestar por parte del globalismo presente, sirvió a los "camorristas y pendencieros" de Aguirre para revelarse contra la irreversibilidad defendida por Offe en la articulación de su teoría.

A día de hoy – le decía el gato al perro – los "descamisados de Dragó" han cambiado las portadas de Marhuenda por los zócalos de Cebrián. El "circo del Sol", tal y como caricaturizó Sánchez a los indignados madrileños, ha sustituido el rugido de sus leones por el silencio de los reptiles. La inconcreción de sus propuestas, o dicho de otro modo, la amalgama de eslóganes desprovistos de cohesión y la apolitización de sus fines han contribuido  para que el Segundo Aniversario del 15-M sea el reflejo de un movimiento fracasado a las puertas del olvido. Los "parias, farsantes, fascistas y malnacidos"  – insultos de Macián, concejal del PP, a los indignados de Sampedro- han reflejado en los lagos democráticos la intolerancia de la Derecha hacia el ejercicio de un derecho reconocido en los postulados de la Suprema. Un derecho de manifestación cuestionado por Cifuentes para evitar que la visibilidad del descontento civil manche la legitimidad de los escaños elegidos. Los mismos escaños que durante cuarenta años permanecieron callados por el miedo a que Francisco reprimiese con su ejército a los "pendencieros" hesselianos.

Desde la Crítica debemos reflexionar sobre los porqués que han desinflado el grito desgarrado del pueblo desencantado. El mismo pueblo enfurecido, compuesto por jóvenes y no tan jóvenes, que consiguió despertar de su letargo a la intelectualidad oculta en las trincheras de la lógica. Hoy aquel estruendo global de las acampadas de Madrid ya no ha sido portada en el New York Times. El interés individual del marco neoliberal ha vuelto a ganar la batalla a las corrientes cívicas de ayer. La ambigüedad denunciada en los párrafos de atrás, los fines apolíticos de su discurso y la descomposición de sus redes en microgrupos más concretos y mejor organizados han sido, entre otros, los factores determinantes de la caída del gigante. En las perpendiculares de la Plaza Sol, entre mendigos y prostitutas, cuelgan los carteles amarillos con los eslóganes del ayer. Al fondo, entre Juan e Inés, vemos al gato de Lavapiés espantar de su tejado a los "perroflautas" de Aranjuez. Los mismos que hoy, dos años después, son etiquetados de fascistas por la derecha de Rajoy.

Sobre Infantas y Pantojas

Sin duda alguna, la figura de la Infanta no será trasladada a la trastienda de la Cera. Mientras la muñeca de la tonadillera descansa acostada en las baldas de la estantería," la justicia igual para todos" – en palabras del Monarca – pone palos a las ruedas a la carretilla para que ésta no arrastre a las ceras de Cristina. Es precisamente la evidencia empírica de los hechos,  la que demuestra que: en un Estado de Derecho unos, son más iguales que otros, ante las togas que les juzgan. Sin la Infanta mediante – decía Ernesto en la esquina de Mercadona – otro gallo hubiera cantado en el sino del "empalmado". Gracias al casamiento con la hija de Juan Carlos,  el balonmanista de Atlanta cambió los bronces de su vitrina por los oros de la Corona.

Los balcones de Palma tendrán que descolgar los carteles de "Se Alquila" ante la marcha atrás impuesta por la Audiencia Provincial a las máquinas de Castro. . La intervención del Fiscal y las sombras invisibles de la Monarquía,  han hecho que la hija agraciada del Rey no rinda cuentas ante el Juez, sobre los tejes y manejes de su "flamante" marido. A día de hoy – cuánta razón tenía María – cuando decía aquello de: "en este país – querido Abel –  aún queda mucho que pulir para que el maquillaje de ayer se desprenda en los rostros de hoy". La resolución de Cristina deja en buen lugar a la institución de la Corona pero siembra de dudas a la independencia de las togas aireada por la Suprema. El interés del Monarca por apartar a su hija de los líos de su yerno cuestiona su figura espectadora ante los toros de la corrida. Ahora bien, por muy santa que sea su hija nunca se entenderá que la mujer de Iñaki no sabía “res” de los platos que se cocían en los fogones de su marido.

Mientras los talleres de Rubido tejen sus portadas con agujas de victoria, en los foros republicanos se cuestiona hasta la médula la "suspensión" inédita de la hermana de Felipe. En días como hoy, las vergüenzas de la Zarzuela han ganado la batalla al principio de legalidad. La sangre azul, vertida desde la  cuna, invade los tentáculos institucionales de la frágil democracia. Mientras la Infanta esquiva el "marrón" de los líos de su marido, la otra – la esposa de Diego  – llora con lágrimas de plebeya para que las aguas de sus mejillas desemboquen en los mismos mares que su amiga. En Benidorm – desde la ventana del hotel –  se oyen los agudos de la Pantoja. Isabel canta. Canta con desgarro para que su muñeca de cera esté algún día cerca de Cristina. Mientras tanto, las distancias de la justicia las separan del Museo. Injusto.

La izquierda de Merkel

Probablemente Cayo Lara no responderá a la pregunta que le hice en twitter. No responderá, decía, porque el discurso de la izquierda no tiene cabida en los aposentos europeos. ¿Si ustedes gobernasen – le pregunté al líder de Izquierda Unida – qué política económica llevarían a cabo, con Merkel en la Tribuna? En  tiempos preeuropeos esta cuestión, al rojo de la bajara, no tendría sentido desde los prismas ideológicos. El aumento de la presión fiscal y los estímulos económicos serían las herramientas clásicas, de la "casa de los pobres", para garantizar la fórmula de la izquierda: más Estado y menos Mercado. Ahora bien, con Ángela mediante, otro gallo bien distinto canta en el seno de sus corrales. Por mucha retórica que nos vendan desde las bancadas de Llamazares, la evidencia empírica demuestra a los ojos de la Crítica que: el títere hispánico está cogido de pies y manos por los hilos de la Troika. Son precisamente estas ataduras con el neoliberalismo de arriba, las que impiden a la Izquierda recuperar su discurso e ilusionar a los suyos

Tres años después del fatídico mayo de Zapatero vemos, desde el retrovisor de los tiempos, la destrucción ideológica que ha supuesto nuestro paso por Europa. Lo vemos, decía, por los escasos márgenes de maniobra que tienen los miembros de la Eurozona para enderezar los caballos en sus campos de batalla. La llegada de Hollande, a día de hoy, no ha servido para romper los sueños germánicos y despertar de su letargo al león mediterráneo. Mientras Alemania no cuente en sus tablas estadísticas con seis millones de "brazos cruzados"  – en palabras del catedrático – las políticas merkelianas seguirán asfixiando las gargantas a los débiles del carro. Gobernar a España como si se tratase de Alemania está siendo, sin duda alguna, la medicación errónea que, día tras día, está acabando con los ánimos del enfermo. Sin Europa mediante; la devaluación de la moneda y  los estímulos a la japonesa hubieran bastado para que las curvas de la EPA no cruzasen el umbral de la España postfranquista.

El argumento de autoridad, impuesto por la Troika, impide a los partidos de la Izquierda seguir el rumbo ideológico de los tiempos felipistas. Es necesario – en palabras de la Crítica –  repensar el argumentario socialdemócrata para que la cuota electoral del pluralismo rojo encuentre en su producto la identidad perdida en los bosques europeos. El discurso de los estímulos, auspiciado por Lara y Rubalcaba, no converge con la lógica que siembra la naturaleza de las cohesiones. Mientras las políticas de la derecha son coherentes con el marco neoliberal europeo, la Izquierda, por su parte,  gobierna en contradicción ideológica con los mimbres de sus partidos. Llegados a este punto podemos concluir que: las fórmulas progresistas no encuadran en el conservadurismo intransigente del egoísmo germano.

El viraje ideológico de la Europa presente solamente se conseguirá con un cambio en las condiciones socioeconómicas dentro de los marcos alemanes. Hasta que el país de la filosofía no viva en sus intramuros condiciones similares a la periferia empobrecida, no cambiará el sino de nuestros índices económicos. Para que se cumpla esta premisa,  las exportaciones germanas tienen que verse amenazadas por las estructuras orientales. Son precisamente los rugidos de los  tigres asiáticos, los que harán a la Canciller alemana sustituir austeridad por estímulos. Gracias al cumplimiento de esa condición necesaria y suficiente, los estados europeos pasarán de ser un problema a convertirse en solución ante las turbulencias de la demanda. En el caso de materializarse esta variable, la Francia de Hollande sería la nueva Alemania de Europa. La recuperación ideológica del discurso progresista devolvería a las urnas la identidad sociológica de la izquierda desencantada. Mientras a Alemania le vaya bien, Cayo seguirá sin contestar a la pregunta que le hice.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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