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Menos cal y más arena

La preocupación por el déficit y la fobia inflacionista impiden al ejército de reserva levantar sus cabezas en el campo batalla. Hasta que  la Troika no pulse el botón del dinero – en palabras del lego – no conseguiremos que el crecimiento económico desatasque el cuello de botella, arrojado por la EPA. Mientras Japón y Estados Unidos han inyectado miles de millones a sus máquinas pesadas, en la Europa merkeliana seguimos erre que erre con los postulados neoliberales. La mano invisible de Smith y los suyos no arregla, por sí misma, los desaguisados creados por la burbuja inmobiliaria y el desorden financiero. Ante el fracaso empírico de la austeridad como bandera, es momento de plantear soluciones keynesianas para salir de la crisis.

En la Hispania de Rajoy, la búsqueda de empleo se ha convertido en una lucha perdida para el común de los mortales. Una lucha, decía, porque el Gobierno está más preocupado por las curvas macroeconómicas que por los miles de Nuevos Pobres que buscan alimento en los cubos de la basura. Ante esta actitud de despreocupación por lo doméstico, los parados de la cola han perdido la fe en el orador de la tribuna. Las angustias por sus números rojos, les  impide comprender la amalgama de índices, tasas y demás indicadores emitidos por Montoro. Es precisamente este diálogo de sordos entre: la "neolengua de Letizia" y el "sentido común" de la calle, el que pone las barreras al campo democrático. Hasta que las élites y la plebe no hablen el mismo idioma será imposible que la senda del entendimiento desemboque en los prados esperados. La miopía de las élites – en palabras del enfermo – impide al león de la colina ver con nitidez el desfile de las hormigas. Con el tiempo – decía Andrés a su mujer – nos convertiremos en un país periférico al servicio de los grandes. Un país, decía,  sin I+D, por el éxodo de su talento, y sin un Estado Social que proteja a sus heridos en las zonas del rescate. Un país con un sistema educativo diseñado para perpetuar a la estirpe de las élites y arrojar al arcén a los débiles de la manada.

La mayoría absoluta, en palabras de Manuela – solamente ha servido para que el pueblo reflexione sobre las consecuencias derivadas de un Gobierno de derechas. Desde que gobiernan los fachas – sentenciaba la señora – vamos para atrás como los cangrejos en la arena. Se han pasado por el forro – cito textual – las promesas electorales y los renglones del programa. Sin ningún tipo de pactos han hecho añicos los logros del proletariado mediante una Reforma Laboral. Una reforma hecha a medida del patrono. A Rajoy y los suyos le ha importado un comino el grito desgarrado de dos Huelgas Generales,  una Huelga Educativa y las manifestaciones intermitentes de las mareas urbanas. Esta gentuza – en palabras de Manuela – se ha reído de nosotros. Se han reído de los tontos de la corrida que desde la izquierda le otorgamos el cetro, al cuestionado de la Moncloa.

Mientras las familias españolas sufren en sus casas las consecuencias de la crisis, en Bruselas siguen apretando las tuercas a los Nuevos Pobres de Europa. La relajación de nuestro déficit para el 2013 del 6.3 al 6.5% se traduce en la jerga callejera en: "comida para hoy y hambre para mañana". Una vez más, las políticas de "una de cal y otra de arena" vuelven a ser noticia en los titulares de la mañana. A cambio de las dos décimas de gracia concedidas por la Troika, nosotros – usted y yo – tendremos que hacer sacrificios para que los datos macroeconómicos – los que de verdad preocupan a Mariano- satisfagan los intereses alemanes. Sacrificios, decía,  en forma de más subidas de impuestos. Sacrificios, en forma de más pérdidas de derechos laborales y sacrificios para los pensionistas. Subida de impuestos – IRPF e IVA -, Contrarreforma Laboral – más mano de obra barata – y Reforma de Pensiones – más cotizaciones – son las letras pequeñas que debemos destacar desde los ojos de la Crítica. Probablemente, con la de arena y la de cal llegaremos al 6.5% exigido por Bruselas pero también habremos conseguido: menos poder adquisitivo y  más recortes de derechos para activos y pasivos. Una vez más, el Estado Social pierde la batalla ante la utopía neoliberal. Menos cal y más arena. 

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