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El bipartidismo herido

En este país – decía Alejandro, mientras jugaba al ajedrez – no podemos seguir con la fórmula Canovista del ayer. El bipartidismo anglosajón invita al pueblo de Galdós a reivindicar el pluralismo político establecido en la Constitución. El bicolor del hemiciclo impide al demócrata presente a distinguir los grises escondidos en los lienzos de Picasso. Es precisamente, el desgaste del discurso bipolar entre: rubalcabistas y marianistas, el que explica la artrosis democrática arrojada por las últimas encuestas. La incapacidad de la Derecha para enderezar las curvas de la EPA y la falta de alternativa en las bancadas socialistas han insuflado oxigeno electoral a los débiles del círculo. En días como hoy – decía Tomás, mientras movía su caballo por las celdas del escaque – las voces de Cayo y Díez encuentran en las migajas de  los grandes, los ingredientes necesarios para alimentar a los suyos.

La radicalización del discurso en los comienzos de Zapatero dejó huérfanos de argumentos a los rojos del Congreso. La Ley de Memoria Histórica; los Matrimonios Homosexuales; la Reforma del Aborto y la Ley de Igualdad hicieron que – entre otras medidas – el "voto útil", auspiciado por Rodríguez, cambiase las identidades políticas en los tableros aznarianos. Mientras tanto, la "oposición blanda" de Rajoy atrajo hacia los suyos  a aquellos que encontraron, en el bajo perfil de Mariano, al Mesías de su centro. Tanto el "rojo de ZP" como el "centrista de Mariano"; consiguieron, por la inercia de sus estrategias, que el diálogo del Congreso quedase reducido a un trío de malabaristas entre: nacionalistas, conservadores y progresistas. Quedaron desarmadas de la contienda política: las voces de Díez y Llamazares. La copia socialista superó a su original – IU– y el discurso descafeinado de la Derecha, impidió que los "centristas" de UPyD resucitasen a la UCD de los tiempos Adolfinos. El turno de partidos – en palabras de Alejandro – se instauró para largo en la Hispania de Sagasta.

Hoy, varios años después de la génesis bipartidista, los tentáculos del pluralismo político se adhieren como ventosas a las rocas de la Suprema. Las disputas internas en Ferraz y los incumplimientos electoralistas de la Derecha, hacen que el silencio de los débiles recupere su voz en los sondeos demoscópicos. La Izquierda de Rajoy -como así se le llama, en los foros sociológicos,  a los desencantados de Zapatero – planifica su regreso hacia unas tierras vírgenes de gobierno y frondosas de retórica. Es precisamente en esos nidos –  idealizados por los verdugos de Zapatero – donde Izquierda Unida siembra con semillas las alfombras del retorno. El discurso utópico de Cayo crece gracias a las hojas marchitadas de la rosa y al merkelismo omnipresente en el cielo de las gaviotas. Las voces tímidas de UPyD adquieren cuota de poder ante el retorno de los frustrados centristas de Rajoy. Mientras tanto, la degustación del licor separatista en los tiempos de Pujol deja entornada la puerta para  las alianzas del mañana. Tal y como está el patio – decía el protagonista de Benito – las grietas del jarrón aceleran su agonía en el fondo de la vitrina.

Mientras el bipartidismo, o dicho de otro modo, los cambios de turno en los partidos imperantes suscitan hastío a los jugadores del banquillo, el pluralismo holandés invita al político de hoy a tejer sus decisiones con las agujas de la negociación. Son precisamente las políticas de alianzas basadas en el consenso en contraste con los “abusos” de las mayorías absolutas, las que siembran de contento el interés general de las democracias representativas. Las leyes surgidas del diálogo y el consenso arrojan al Estado de Derecho un ordenamiento multicolor alejado del monocromo partidista de los regímenes absolutistas. La esencia de la democracia – decía Alejandro ante la mirada atónita de Tomás –  reside en saber gestionar las piezas del pluralismo. Solamente los países más civilizados y dialogantes han sabido convivir con las diferencias en el hemiciclo. Los otros – los menos tolerantes con la aritmética de las minorías – han terminado enfrentados como gallos a las puertas de sus corrales. Jaque Mate.

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2 COMENTARIOS

  1. Estamos inmersos en las consecuencias de los errores democráticos…

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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  2. rosa

     /  22 mayo, 2013

    El problema no es que el bipartidismo esté herido, el problema fundamental reside en que la democracia está herida…Y ello porque en nuestro país los ciudadanos no tienen ,en general, la suficiente cultura democrática como para pensar por sí mismos y ,cuando los esquemas a los que desde la Transición se acomodaron sin demasiado análisis, ni convencimiento, se rompen…el resultado no es la crítica, como debiera, sino el desencanto y la desidia o abandono…ése es el principal problema. Lo que tantos años costó conseguir se está desbaratando ante la mirada desencantada y abúlica o indignada,pero sin respuestas coherentes,de la mayoría de los ciudadanos.De ahí a la muerte de la Democracia hay un paso muy pequeño…ése es realmente el problema !!.

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