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Tiempos de izquierda

En otros lugares, en palabras del filósofo, el retorno de Rajoy a su despacho de Santa Pola no sería noticia. Y no lo sería, queridísimos lectores, porque la política se contempla como un viaje de ida y vuelta. En la Hispania que nos mira, los expresidentes del Gobierno se han convertido en oportunidades para los mercados. Son, como todos sabemos, jarrones chinos cuyo valor viene determinado, por los contactos que supone el periplo por la política. Así las cosas, para muchos cargos públicos – concejales, alcaldes, diputados y demás – la política ha sido un trampolín hacia el dinero. Tanto es así, que Aznar, Zaplana y Felipe González, por citar algún ejemplo, han hecho el agosto con las rentas de su reinado. Gracias a las puertas giratorias, hoy son consejeros de empresas, conferenciantes de renombre y grandes empresarios. Así las cosas, el gesto de don Mariano debería servir de ejemplo para quienes, tarde o temprano, serán defenestrados.

Mientras don Mariano disfruta del sol y del marisco en la Villa de Santa Pola, en Génova se oyen los sables por la conquista de su silla. Soraya, Pablo y María Dolores son, entre otros, los candidatos más probables para reconstruir el Pepé, tras la hecatombe de su derrota. Tanto Sáenz de Santamaría como Cospedal representan el continuismo del marianismo tardío. Mientras Soraya ha sido la voz de cada viernes en los aposentos de La Moncloa, María Dolores ha sido quién ha dirigido la orquesta en el seno del partido. Tanto una, en el Gobierno como la otra, en el partido; ambas comparten los mimbres del postaznarismo. Más allá de sendas candidatas, la candidatura de Casado se presenta como una bocanada de aire fresco al desgaste de la derecha. Querido por aznaristas y marianistas, Pablo insufla juventud a un partido de dinosaurios, que recuerda a la Hispania del fraguismo. Para competir con garantía, Casado debería deshacerse, cuanto antes, de las piedras de su mochila. Sin aclarar lo de su máster, el sino de Pablo será muy parecido al de Màxim o al de Cifuentes, por ejemplo.

La elección del nuevo candidato ya no será por el método del "dedazo", sino por cauces democráticos. Con este gesto, el Partido Popular gana puntos en su cultura sucesoria, algo importantísimo para el fortalecimiento de la democracia interna del partido. Aún así, la crisis de liderazgo facilita el despegue del sanchismo. Mientras el Pepé arregla los desperfectos de su casa, el PSOE toma aire en el vuelvo hacia las próximas generales. Aunque el año 2020 esté a la vuelta de la esquina, dos años en política es tiempo suficiente para cimentar el poder en La Moncloa. Durante este tiempo, el partido socialista tiene una oportunidad magnífica para reconquistar su feudo, tras el declive de Zapatero. Así las cosas, la misión de Pedro Sánchez no es otra que la defensa a ultranza de las políticas sociales. Tras el desmantelamiento del Bienestar, las políticas activas de empleo, pronatalidad, igualdad, pensiones, sanidad y educación, entre otras, se convierten, sin duda alguna, en la hoja de ruta del sanchismo. Una hoja de ruta necesaria para que, de una vez por todas, resurja la clase media española; la gran perjudicada por el marianismo.

De Sánchez, Jacinto y el problema migratorio

Probablemente, si hiciéramos una encuesta y preguntáramos a la gente: ¿está usted de acuerdo con la erradicación del hambre en el mundo?, la mayoría de los mortales – por no decir todo el universo – contestaría: sí, estoy de acuerdo. Si acto seguido, preguntáramos: ¿está usted de acuerdo con las acciones humanitarias para ayudar a los migrantes?, una vez más, la mayoría contestaría: sí, estoy de acuerdo. Ahora bien, si a continuación, le preguntáramos a los mismos encuestados: ¿cuántos migrantes acogería usted en su casa?, la respuesta no estaría tan clara. Y no lo estaría, queridísimos lectores, porque una cosa es el discurso emocional, lo políticamente correcto de cara a la galería, y otra, bien distinta, son los hechos, sus causas y efectos. Así las cosas, la acogida de migrantes por parte del sanchismo se debe analizar, más allá del buenismo, de la ética y de los gestos políticos.

Frente al cerrojo de Italia, frente al populismo lepenista y trumpista, Sánchez se proclama como el nuevo Obama de Europa. Un líder humanitario, que vela por el bienestar de los migrantes, más allá de sus efectos negativos para la coyuntura económica. En el sistema capitalista, ya lo dijo Marx en su cabreo contra el sistema, las personas se convierten en pura mercancía. Tanto es así, que en el precio de las manzanas, va incluido el sudor de los peones. A menor coste de la mano de obra, más competitivo será el precio de la fruta en los mostradores de "la Juana".  Dicho esto, la cuantía y calidad de los recursos humanos, determina, en buena parte, la ventaja competitiva en la complejidad de los mercados. Por ello, el "tanto tienes, tanto vales" y el "tanto eres, tanto vales" son los indicadores, que clasifican a los países en centrales y periféricos. Dicho esto, la pregunta del millón sería: ¿acogería usted, en su casa, a tres migrantes sin dinero, sin estudios y sin trabajo?

La respuesta, al párrafo del arriba, pasaría por el filtro del poder adquisitivo. No es lo mismo que los migrantes sean acogidos por Amancio Ortega, por poner un ejemplo, que por Jacinto Martínez, el barrendero de mi pueblo. Y, no es lo mismo, porque mientras Amancio podría mantener a los acogidos sin grandes esfuerzos adicionales, Jacinto tendría que hacer malabarismos para no caer en bancarrota. Tanto el empresario como el barrendero, suscitarían un "efecto llamada" hacia los portales de sus casas. Las voces se correrían y, un día sí y otro también, nuevos migrantes tocarían sus timbres para ser acogidos. Este ejemplo, extraído de los mentidores callejeros, sería perfectamente extrapolable a la abstracción de los países. La migración incontrolada, por muy duro que resulte decirlo, no es buena consejera para la salud de los Estados. Recuérdese que existen altas correlaciones entre inmigración irregular, pobreza e inseguridad.

La bofetada de Italia a los tripulantes del Aquarius destruye los cimientos de la Europa solidaria. Si nadie acogiera a los migrantes, si todo el mundo mirara hacia otro lado, el Tercer Mundo moriría en menos que canta un gallo. La acogida de migrantes implica, aunque cueste reconocerlo, un "lastre" para las cuentas de los Estados. Un "lastre" que alimenta los discursos xenófobos del conservadurismo populista. Y, un "lastre" que pone en jaque la sostenibilidad de los Estados del Bienestar. No es lo mismo que los migrantes sean acogidos por los pobres de Europa – Italia, España, Grecia y Portugal – que por los ricos de arriba. Ante esta desigualdad entre la casa de "Amancio" y el piso de "Jacinto", se debería trazar un plan, para que el reparto de refugiados fuera conforme al bolsillo de los Estados. Este plan de acogida necesitaría, por cuestiones de eficacia, la coordinación entre los mismos. Así las cosas, el gesto de Sánchez se convierte, sin la solidaridad de sus vecinos, en "comida para hoy y hambre para mañana". Mientras España abra las puertas de Europa y otros mantengan cerradas sus habitaciones, el problema migratorio tendrá un final indeseado. El problema se traducirá en el mismo que tendría Jacinto; si en lugar de acoger a tres migrantes, acogiera a cien con los tentáculos de su sueldo. Crudo.

De Màxim, Planas y las torpezas de Sánchez

Hace una semana, defendí a Maxìm en la barra de El Capri. Dije que, a pesar de su nula experiencia en la gestión de lo público, parecía un tío un honesto. Y hoy en día, con la que está cayendo en los tejados de Génova, ser honrado es un valor añadido en las filas del hemiciclo. Aparte, de su "intachable honradez", critiqué su actitud ante el deporte. No me parecía bien que el máximo representante de los valores deportivos, no comulgara con los mismos. Ayer, tras conocer su derrota, escuche atentamente su mensaje de despedida. Un mensaje pobre, inverosímil y con tintes demagógicos. Con la frase "me voy porque estoy convencido de que necesitamos transparencia, hasta cuando no hay nada turbio", el ministro más breve de nuestra democracia abandonó su silla, con excusas y reproches. Detrás de Máxim se esconde, por desagracia, la torpeza de Sánchez. Torpeza, por no haber investigado a tiempo su pasado. Y, torpeza, por no conocer, de buena tinta, las debilidades de su elegido. Debilidades en forma de tuits contra el deporte. Y debilidades, tal y como hemos conocido, en forma de triquiñuelas con Hacienda.

Aparte de la caída de Huerta. Aparte de la mala imagen de su dimisión en los ecos internacionales, la caída del ministro pone en evidencia que algo está cambiando en la política española. Si antes fue la dimisión de Cifuentes por las presuntas irregularidades de su máster, destapadas por los tentáculos de Ignacio. Ahora es la cabeza de Màxim por sus fechorías con el fisco, descubiertas por las filas de Cardero. Las palabras que dijo Pedro tras conocerse, hace años, el caso Monedero: "Si tengo en mi dirección a un responsable político que crea una sociedad interpuesta para pagar la mitad de los impuestos que le toca pagar, esa persona al día siguiente está fuera", se han convertido en una de espada de Damocles para derrotar a los suyos. Estamos, como diría Quevedo si levantara la cabeza, ante un país de pillos y lazarillos; donde lo único que importa es el bienestar de los bolsillos. Así las cosas, aunque Huerta pagara, en su día, por los hechos destapados. Lo cierto y verdad es que en política nunca se borran las manchas del pasado. Por ello, Màxim nunca debió aceptar la cartera de ministro. Nunca debió prometer el cargo, a sabiendas de los cadáveres que escondía en el armario.

Tanto Podemos como el Pepé pidieron la cabeza del extertuliano de Ana Rosa. Podemos, porque este caso les recuerda al estribillo de Monedero. El PP, porque los garbanzos negros están en todas partes. Recuérdese que por la aguas del PSOE flotan los residuos de los ERE de Andalucía y los últimos años del felipismo. Años de Roldanes, Veras y Barrionuevos. Luego, como diría el escudero del Quijote, nadie está libre de pecado. Hoy, sin ir más lejos, el PP ha pedido la dimisión de Luis Planas, el recién ministro de agricultura. Al parecer, este señor está imputado por un caso de robo de agua en Doñana. Estamos, en caso de que tales hechos sean veraces, ante la segunda torpeza de Sánchez. Una vez más, "el buenísimo" del Presidente le ha jugado una mala pasada. La política se ha convertido en una jungla, donde la intuición, y las apariencias, no son buenas consejeras para formar un gabinete. Hoy, tras una semana del Gobierno idílico de Pedro, la montaña de naipes se desploma por el olor de sus cadáveres. Estamos, queridísimos lectores, ante un país sin arreglo. Un país de Urdangarines, donde los "espabilaos" han tirado por la borda el prestigio de los honestos.

De Redondo y politólogos

En la Hispania del ayer, las carreras universitarias eran sota, caballo y rey. Aparte de Derecho, Medicina e Ingeniería, no había más agua en los lagos del paraninfo. En los tiempos de Franco, la mayoría de los pudientes, los "hijos de", estudiaban para médico o abogado. Las carreras como Relaciones Laborales, Ciencias Medioambientales o Trabajo Social, por poner algunos ejemplos, eran las grandes desconocidas. Con el paso de los años, la fragmentación del saber dio lugar, como saben, a nuevas disciplinas. Casi todos los saberes se independizaron de su madre, la filosofía, y consiguieron la "mayoría de edad". Psicología, Sociología o Ciencias Políticas se convirtieron, entre otras, en las nuevas disciplinas de la postmodernidad. En días como hoy, tales carreras todavía son ninguneadas por los foros académicos. Tanto es así, que muchos tertulianos cuestionan las técnicas de investigación social. Técnicas utilizadas por sociólogos y politólogos para entender la complejidad del mundo actual.

El otro día, mientras ojeaba las páginas del vertedero, conocí a Iván Redondo; el nuevo Arriola de la política española. Gracias a él, Pedro Sánchez vehiculó la moción de censura. Y, gracias a él, el líder del "puño y la rosa" conquistó La Moncloa y se hizo con el cetro. Redondo, es licenciado en humanidades y experto en comunicación. Es, como dicen en mi pueblo, un asesor político. Un profesional que diseña estrategias para sus clientes, los partidos. Hoy en día, los sociólogos y politólogos no estamos lo suficientemente valorados por los caprichos del mercado. Comentarios como "las encuestas no sirven para nada", "fallaron las encuestas" o "los sociólogos no acertaron" son, entre otros, las perlas que ilustran el poco reconocimiento de nuestro conocimiento. Mientras el paciente necesita un médico para diagnosticar su enfermedad y trazar el remedio. Los partidos políticos necesitan sociólogos y politólogos para sobrevivir en la batalla. Aún así, muchos líderes no se dejan aconsejar por las voces del experto, y recurren a otros profesionales, menos idóneos, para solucionar sus problemas.

Sin ir más lejos, este blog nació, en parte, para romper una lanza contra quienes piensan que la sociología y la politología son ciencias de segunda. Tras siete años escribiendo sobre asuntos políticos, muchos días recibo correos de lectores y lectoras. Todos ellos agradecidos porque, gracias al Rincón, aprenden los interlineados de la política. Por ello, me alegro que, de vez en cuando, los medios se hagan eco de personas como Redondo. Gracias a este eco, la opinión pública toma conciencia que detrás de los políticos existen asesores. Profesionales, que trabajan en la sombra para que los líderes sean percibidos como tales. Un trabajo que se apoya en técnicas cuantitativas, como las encuestas, y cualitativas, como las entrevistas, historias de vida y grupos de discusión, entre otras. A partir de tales técnicas, el politólogo construye el relato para vencer al adversario. Un relato basado en la integración de cientos de pensamientos en el discurso del candidato. Gracias a ello, a la investigación del "mercado", el líder está en condiciones de competir con garantías. Ojalá algún día, los sociólogos y politólogos seamos tan respetados como los médicos y abogados.

La hora del PSOE

Parece ser que el desahucio de Rajoy no fue una buena idea. Y no lo fue para el líder de Podemos, que augura "calvario" a Pedro Sánchez durante su estancia en La Moncloa. La moción de censura no debería entenderse como un pacto a la alemana, ni siquiera a la portuguesa y, ni si quiera a la valenciana. Si no fuera por la sentencia del caso Gürtel, don Mariano seguiría de rositas con el cetro. Y seguiría porque, tras seis años de gobierno, la España del presente, a nivel económico, es bien distinta a la Hispania de ZP. Aparte del desmantelamiento del Estado del Bienestar, lo cierto y verdad, es que los brotes verdes han brotado. Y por fin, en voces de la caverna, se ve la luz al final del túnel. Estamos mejor a nivel cuantitativo pero peor, mucho peor, a nivel cualitativo. No olvidemos que la precariedad laboral y la desigualdad social son, sin duda alguna, la herencia de Rajoy.

Con estos mimbres, Pedro Sánchez recoge un país saneado y listo para el despegue. Esta condición, le permitirá diseñar una hoja de ruta necesaria para reconquistar su feudo de cara a los próximos comicios. Así las cosas, durante estos dos años, la función del PSOE no será otra que reconstruir el escenario de los primeros años de Zapatero. Así las cosas, se presenta una legislatura de derribo de tabiques – de desmantelamiento del marianismo – y construcción de nuevos ideales. La derogación de la Lomce, Ley Mordaza, Reforma Laboral serán, entre otras derogaciones, el bálsamo que curará la derechización de Zapatero. Gracias a esta estrategia, el sanchismo pondrá, probablemente, contra las cuerdas a las filas de Podemos. Por ello, ante este escenario, Pablo Iglesias se muestra nervioso ante la torpeza de sus hechos. La legislatura que comienza será de desprestigio y crispación contra el gobierno de Sánchez. Un desprestigio basado en reproches. Reproches por afear a quienes le hicieron presidente.

Aún así, con todo el "calvario" por en medio. La fragmentación de la derecha juega a favor de Pedro Sánchez. Recuérdese que Ciudadanos ha pasado de tener la llave del hemiciclo a ser uno más del gallinero. La limpieza de corruptos en los patios de Génova insufla esperanza a quienes, en su día, abandonaron la gaviota. Un PP nuevo bastaría para que miles de simpatizantes emigraran de la casa de Rivera a los tejados de Génova. El mal perder de la derecha invita a dibujar una oposición debilitada y huérfana de autoridad. La cuestión nacionalista sería, sin lugar a dudas, el principal escollo de Sánchez. Para ello, el nuevo presidente ha creado un nuevo ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación. Fortalecer España con los tentáculos de Europa es una idea formidable para ganar pulso de cara al independentismo. Los catalanes – tanto unitarios como separatistas – han sido partícipes de echar a Rajoy de La Moncloa. Un gesto que demuestra su repulsa a la corrupción institucional, y que abre una intención de diálogo de cara al conflicto territorial.

De ministros y talentos

Hace años publiqué, en los pergaminos de este blog: "Sobre política y machismo", un artículo que reflexionaba sobre el Gobierno de Tsipras. Un Gobierno, como recordarán, formado única y exclusivamente por voces masculinas. Una periodista de El Mundo, en una tertulia de RNE, trató al presidente griego de machista. En aquel artículo, lejos de defender a la tertuliana, me puse de parte de Tsipras. Entre los argumentos esgrimidos, dije que la definición de machista no tenía nada que ver con la paridad de un Ejecutivo. Por estética política, un gabinete mixto resulta más equilibrado que otro formado por "faldas" o "corbatas". Dicho esto, lo más importante – lo defendí antes, y lo defiendo ahora – es que en el Gobierno residan los mejores; con independencia de que sean hombres o mujeres. Así las cosas, aunque Sánchez haya optado por un Ejecutivo de mayoría femenina, dicha condición no es necesaria, ni suficiente, para que el mismo sea mejor, o peor, que sus antecesores.

La elección de Màxim Huerta ha sido, según algunas voces críticas, la principal torpeza de Sánchez. Y lo ha sido, como saben, porque el contertulio de Ana Rosa odia el deporte. Esta actitud, manifestada en su Twitter, no sería objeto de reproche; si no fuera porque él es, desde hoy, el nuevo ministro de cultura y "deporte". No es lo mismo que Del Bosque sea el máximo represente del deporte, a que lo sea un señor, donde el fútbol o el baloncesto; ni fu, ni fa. Por ello, por una cuestión de actitud manifiesta, Máxim "no pega", para muchos, con su cartera. Ahora bien, esta paradoja no determina que Huerta vaya a ser un mal ministro. No olvidemos que, a lo largo de nuestra democracia, han habido ministros con trayectorias, educativas y laborales, a años luz de sus carteras. La elección de Pedro Duque tampoco garantiza una gestión exitosa de su cometido. El hecho de que sea astronauta no significa el Cum Laude como ministro. Así las cosas, lo importante no es la carrera profesional de cada uno, sino el "saber hacer" del elegido.

En España, a diferencia de Francia, no existe un itinerario educativo para lo público. Aquí, cualquier ciudadano puede ser nombrado como ministro, más allá de sus estudios y trabajo. Recuérdese que hemos tenido ministros electricistas; y seguimos teniendo alcaldes y diputados sin carrera. La gestión de un país es igual o más compleja que la contabilidad de una empresa multinacional. Mientras que para gestionar una gran empresa se buscan a los mejores economistas, para la gestión de un presupuesto local, autonómico o estatal se busca, en muchas ocasiones, al gancho electoral. Por ello, para desempeñar cualquier cargo público se debería, por imperativo legal, pasar por un examen de capacidad. No puede ser que Manolo, "el panadero", – con todos mis respetos por el oficio -, sea Concejal de Hacienda, sin saber diferenciar entre "el Debe" y "el Haber". Decía el filósofo de Siracusa que los gobiernos deben estar compuestos por los mejores.  Así las cosas, por encima de la marca mediática y el sexo de las ministras y ministros de Sánchez, lo más importante debería ser su talento.

Repensar el PP

Mientras Pedro Sánchez confecciona su gabinete, el Pepé se desinfla como un globo al final en una fiesta de cumpleaños. La dimisión de don Mariano siembra de espinas la pugna por el cetro. En días como hoy, el aroma del fraguismo resurge, con fuerza, en los mentidores de Génova. Ante este berenjenal, los jarrones chinos buscan su lugar en medio de la derrota. Sin líder, sin programa y sin partido, la derecha necesita reconstruir su proyecto para ilusionar a los suyos. Para ello, para reinventar el "centro derecha" de los tiempos aznarianos, el Partido Popular debería modernizar sus estructuras. Recuérdese que el partido de Iribarne todavía cuenta con reductos del pasado. Todavía, los sucesores son elegidos a dedo y, todavía las sotanas mandan mucha romana en las leyes educativas. Estamos, como diría cualquier facha de pura cepa, ante las mismas solapas de la España, en blanco y negro, de los tiempos postfranquistas.

El PP siempre ha sido hábil en las bancadas de la oposición. Una habilidad para reconquistar La Moncloa, marcada por el desequilibrio del modelo mediático y las armas de la crispación. Más allá del debate programático, la derecha española se ha caracterizado por su ruido maquiavélico. Un ruido que sirvió para que Aznar tumbara el felipismo y Rajoy al zapaterismo. Así las cosas, la legislatura que comienza, se presenta con tormentas y granizos. Tormentas, por la frustración que supone el visionado de un gobierno socialdemócrata, gestionado con presupuestos liberales. Granizos, por la indignación que implica reconstruir un partido desde las cloacas de la Gürtel. Con estos mimbres, el nuevo PP debería lavar su imagen de cara a los próximos comicios. Para ello necesitaría un nuevo líder, un nuevo programa y un nuevo partido. Un partido nuevo pasaría por cambiar el modelo sucesorio. Un modelo diferente al "dedazo de Aznar" serviría para insuflar aire fresco a la democracia interna del aparato. Por ello, el nuevo líder debería salir de unas elecciones primarias. Un líder joven, y sin manchas en la solapa, sería el mejor activo para pescar, con garantías, en los ríos de Ciudadanos.

El PP necesitaría un programa nuevo. Un programa europeísta, de centro derecha y alejado de las sotanas. Un programa creíble que atienda a lo económico, sin olvidar a lo social. Recuérdese que Rajoy ha gobernado de espaldas a sus promesas electorales. Ha gobernado para los suyos en detrimento de mileuristas, pensionistas y funcionarios. Una torpeza que ha servido para que Ciudadanos se proclame como la "nueva derecha", en términos de Sánchez. Estamos, en palabras del politólogo, ante  una derecha herida por los azotes de Cifuentes y "la Gürtel". Ante este panorama, aparte de la reconstrucción absoluta, hace falta tiempo. Tiempo necesario para que el Pepé reconsidere su posición ante un hemiciclo, abanderado por socialistas, nacionalistas y populistas. Roto el pacto a la alemana, el Partido Popular se ha quedado sin muletas en medio del desierto. Sin Ciudadanos ni PSOE donde apoyarse, el único argumento para reconquistar La Moncloa sería el fracaso del Sanchismo. Solo así, con la fórmula: "cuanto peor te vaya a ti, mejor para mí", el nuevo PP recuperaría el mango de su rodillo.

La herencia de Rajoy

El otro día, Mariano Rajoy, en su discurso de "despedida", dijo que dejaba un país mejor que el que se encontró. Dicho así, en términos absolutos, la afirmación carece de matices. Y carece de matices porque, en tales palabras, no es oro todo lo que reluce. Aparte de salvarnos del rescate, bajar la tasa de paro y enderezar el crecimiento económico; el ex presidente del Gobierno pasará a los interlineados de la historia por el desmantelamiento del Estado del Bienestar. En días como hoy, la Hispania de don Mariano es más desigual que la España de Zapatero. Los efectos de la reforma educativa – más conocida como Ley Wert – y la reforma laboral han traído consigo, entre otras cosas, mayor distancia entre nobles y plebeyos. Hoy, la precariedad laboral, el darwinismo educativo, el empobrecimiento de los mayores y la Ley Mordaza, entre otras ocurrencias, ponen en evidencia la sinrazón de don Mariano.

En I+D+I, la Hispania de Rajoy ha bajado su inversión en tres puntos porcentuales con respecto a la España de ZP. La deuda pública ha ascendido del 69.5% a más del 100% del PIB, siendo su traducción en más de un billón de euros. Y siendo España, el país Europeo, en 2017, con más déficit público. Durante el reinado de don Mariano, ha aumentado la tasa de personas que tienen dificultades para llegar a final de mes. Desde que gobierna Rajoy, la percepción negativa sobre la situación del país ha aumentado. La corrupción y la mala imagen de los políticos ocupan el ranking de las preocupaciones del ciudadano de a pie. Estamos, como diría Manolo si levantara la cabeza, ante un país con más desigualdad, más brecha salarial entre ricos y pobres, hombres y mujeres, y españoles e inmigrantes. La herencia de Mariano, a diferencia de la herencia de ZP, no es otra que el lienzo de una España fragmentada por los efectos de la escoba neoliberal. Una escoba que ha barrido para curas y burgueses, en detrimento de quienes han hecho malabarismos para llegar a fin de mes.

Mariano deja un país mejor en lo cuantitativo y peor en lo cualitativo. Deja un país con menos paro – fruto de la recuperación económica – y más precariedad laboral – fruto de la reforma de Báñez -. Un país con más crecimiento económico – aumento considerable del PIB – y más desigualdad – mayor brecha social entre ricos y lazarillos -. Un país con menos manifestaciones – descenso significativo desde el 15-M – y menos libertad de expresión – aprobación de la Ley Mordaza -.  El periplo de Rajoy ha pasado de puntillas por los principales ejes del Zapaterismo: la memoria histórica, la igualdad de género, la alianza de civilizaciones y, la dependencia. El empleo ha sido el buque insignia del ex presidente del Gobierno, más allá de otros problemas sociales. Rajoy deja para su rival "la cuestión catalana", un hueso duro de roer. La aplicación del artículo 155 y la convocatoria inmediata de elecciones, en Cataluña, han sido “comida para hoy y hambre para mañana”. La herencia de Rajoy se convierte en los retos del "sanchismo". Una nueva etapa llena de obstáculos e incertidumbres, que pone a prueba, una vez más, el devenir del pluralismo.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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