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De Redondo y politólogos

En la Hispania del ayer, las carreras universitarias eran sota, caballo y rey. Aparte de Derecho, Medicina e Ingeniería, no había más agua en los lagos del paraninfo. En los tiempos de Franco, la mayoría de los pudientes, los "hijos de", estudiaban para médico o abogado. Las carreras como Relaciones Laborales, Ciencias Medioambientales o Trabajo Social, por poner algunos ejemplos, eran las grandes desconocidas. Con el paso de los años, la fragmentación del saber dio lugar, como saben, a nuevas disciplinas. Casi todos los saberes se independizaron de su madre, la filosofía, y consiguieron la "mayoría de edad". Psicología, Sociología o Ciencias Políticas se convirtieron, entre otras, en las nuevas disciplinas de la postmodernidad. En días como hoy, tales carreras todavía son ninguneadas por los foros académicos. Tanto es así, que muchos tertulianos cuestionan las técnicas de investigación social. Técnicas utilizadas por sociólogos y politólogos para entender la complejidad del mundo actual.

El otro día, mientras ojeaba las páginas del vertedero, conocí a Iván Redondo; el nuevo Arriola de la política española. Gracias a él, Pedro Sánchez vehiculó la moción de censura. Y, gracias a él, el líder del "puño y la rosa" conquistó La Moncloa y se hizo con el cetro. Redondo, es licenciado en humanidades y experto en comunicación. Es, como dicen en mi pueblo, un asesor político. Un profesional que diseña estrategias para sus clientes, los partidos. Hoy en día, los sociólogos y politólogos no estamos lo suficientemente valorados por los caprichos del mercado. Comentarios como "las encuestas no sirven para nada", "fallaron las encuestas" o "los sociólogos no acertaron" son, entre otros, las perlas que ilustran el poco reconocimiento de nuestro conocimiento. Mientras el paciente necesita un médico para diagnosticar su enfermedad y trazar el remedio. Los partidos políticos necesitan sociólogos y politólogos para sobrevivir en la batalla. Aún así, muchos líderes no se dejan aconsejar por las voces del experto, y recurren a otros profesionales, menos idóneos, para solucionar sus problemas.

Sin ir más lejos, este blog nació, en parte, para romper una lanza contra quienes piensan que la sociología y la politología son ciencias de segunda. Tras siete años escribiendo sobre asuntos políticos, muchos días recibo correos de lectores y lectoras. Todos ellos agradecidos porque, gracias al Rincón, aprenden los interlineados de la política. Por ello, me alegro que, de vez en cuando, los medios se hagan eco de personas como Redondo. Gracias a este eco, la opinión pública toma conciencia que detrás de los políticos existen asesores. Profesionales, que trabajan en la sombra para que los líderes sean percibidos como tales. Un trabajo que se apoya en técnicas cuantitativas, como las encuestas, y cualitativas, como las entrevistas, historias de vida y grupos de discusión, entre otras. A partir de tales técnicas, el politólogo construye el relato para vencer al adversario. Un relato basado en la integración de cientos de pensamientos en el discurso del candidato. Gracias a ello, a la investigación del "mercado", el líder está en condiciones de competir con garantías. Ojalá algún día, los sociólogos y politólogos seamos tan respetados como los médicos y abogados.

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1 COMENTARIO

  1. Buen artículo …

    Saludos
    mark de Zabaleta

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