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Jarrones chinos

Todos los domingos suelo comprar El País.  Lo compro, la verdad sea dicha, para leer los artículos del suplemento semanal. Entre sus firmas destacan: Javier Cercas, Rosa Montero, Almudena Grandes y, el que más me gusta de todos: Javier Marías. A pesar de no ser politólogos ni sociólogos o, dicho de otra manera, expertos en la materia, escriben sobre temas actuales: Cataluña, Cañete, Valenciano, paro, desahucios y demás. Sus textos adolecen del valor periodístico o técnico que tienen las columnas de Juan Cruz; Vicenç Navarro; Miguel Ángel Aguilar; entre otros. Muchos intelectuales han criticado a tales escritores por la superficialidad de sus discursos, o sea, la falta de rigor en el planteamiento de los mismos. Dicen que para escribir sobre algo es necesario primero documentarse e informarse, antes de opinar y criticar. En fin que para hablar u escribir con "fundamento", como diría Arguiñano, lo más importante es saber de qué hablamos. El suplemento de El País también lo suelo leer por las entrevistas. Normalmente el entrevistado suele ser un personaje de renombre perteneciente al mundo del cine, de la literatura o, incluso de la política. 

Hace dos semanas, el entrevistado fue el expresidente, José María Aznar. A través de diez páginas, el "padrino" de Rajoy alardeó de su "importante" vida desde que dejó La Moncloa, allá por el año 2004. Dijo que le "costaba mucho ganarse honradamente la vida", a pesar de ingresar, según sus propias palabras: 200.000 euros por asesoría; 40.000 por conferencia y, 75.000 como expresidente. Fazmatella, empresa que gestiona junto a su esposa, Ana Botella, tiene un patrimonio neto de 2.5 millones de euros. Y para "envidia de millones de parados y mileuristas" se acaba de comprar una "casa" en Marbella, valorada en dos millones de euros. Aznar también habló de su "espléndida figura". Para conseguir ese "cuerpo Danone": corre 14 kilómetros y realiza dos mil abdominales diarios; necesarios para lucir "tableta de chocolate” en las playas de Cerdeña. El expresidente contestó con evasivas a las preguntas referentes a la continuidad de su legado. A la pregunta: "si el partido sigue el proyecto que él inició", contestó: "hablemos de otra cosa". También pasó de puntillas por la corrupción de su partido y, por supuesto, no dijo ni "mu" acerca de su demanda contra El País. Así las cosas, la entrevista sirvió para que José María rompiese el silencio con El País, tras catorce años de guerra fría con las tropas de Polanco. 

Esta semana, sin ir más lejos, A-Z-N-A-R ha sido el protagonista de la parrilla. Lo ha sido, les decía, por el rifirrafe mantenido con sus colegas de partido acerca de las elecciones europeas. El "jarrón de la derecha" se quejó, en el foro de ABC, de que no se hubiera contado con él para compartir tribuna mitininera con su amigo Cañete. Tanto es así, que los peones de Génova se pusieron manos a la obra para que el "Dios" de su partido estuviera con los suyos. Después de arreglar el entuerto, Aznar alegó cuestiones de agenda para no estar presente en la campaña electoral. El orgullo del expresidente – dicen las malas lenguas de la gaviota – es el causante del "donde dije digo ahora digo Diego". Por fin y, tras un sinfín de suplicas y rogaciones, Aznar compartirá tribuna con su amigo Cañete en las próximas semanas. Una vez más, el fundador de FAES ha conseguido salirse con la suya; demostrar quién manda en el partido y, acaparar el sumario de todos los informativos.

Desde la crítica debemos repensar la funcionalidad de los expresidentes en la democracia de nuestros días. Mientras Suárez se apartó de la política cuando abandonó La Moncloa, otros sacan tajada de su estancia en la palestra. Cuando digo: "Otros", me refiero – claro está – a Aznar y a Felipe. Ambos han aprovechado su paso por la política para lucrarse en lo privado. Tanto uno como otro han sido consejeros de grandes compañías; han vendido libros con el sello de sus nombres y, han obtenido – y obtienen – "golosas" cantidades por impartir conferencias en foros y paraninfos. O sea, que su periplo por la política, les ha venido como anillo al dedo para vivir entre algodones el resto de sus vidas. Así las cosas, el discurso de los "ex" sirve de "historia viva" para sus discípulos de partido. A pesar de no tener autoridad formal en el seno de sus filas gozan de un liderazgo informal que les sitúa en las portadas cada vez que abren la boca. Es, precisamente, esta forma de trato privilegiado a los expresidentes de España, la que hace que los mismos sean "sagrados" para el común de los mortales. Son como aquellos "jarrones chinos" que heredé de mi bisabuela María; reliquias del pasado con un altísimo valor histórico pero discordantes, a su vez, con los muebles de Ikea.

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1 COMENTARIO

  1. Cuando era niño me decían que cualquiera podía ser presidente, ahora, estoy empezando a creerlo. Clarence Darrow ( Abogado Estadunidense)

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