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De ministros y talentos

Hace años publiqué, en los pergaminos de este blog: "Sobre política y machismo", un artículo que reflexionaba sobre el Gobierno de Tsipras. Un Gobierno, como recordarán, formado única y exclusivamente por voces masculinas. Una periodista de El Mundo, en una tertulia de RNE, trató al presidente griego de machista. En aquel artículo, lejos de defender a la tertuliana, me puse de parte de Tsipras. Entre los argumentos esgrimidos, dije que la definición de machista no tenía nada que ver con la paridad de un Ejecutivo. Por estética política, un gabinete mixto resulta más equilibrado que otro formado por "faldas" o "corbatas". Dicho esto, lo más importante – lo defendí antes, y lo defiendo ahora – es que en el Gobierno residan los mejores; con independencia de que sean hombres o mujeres. Así las cosas, aunque Sánchez haya optado por un Ejecutivo de mayoría femenina, dicha condición no es necesaria, ni suficiente, para que el mismo sea mejor, o peor, que sus antecesores.

La elección de Màxim Huerta ha sido, según algunas voces críticas, la principal torpeza de Sánchez. Y lo ha sido, como saben, porque el contertulio de Ana Rosa odia el deporte. Esta actitud, manifestada en su Twitter, no sería objeto de reproche; si no fuera porque él es, desde hoy, el nuevo ministro de cultura y "deporte". No es lo mismo que Del Bosque sea el máximo represente del deporte, a que lo sea un señor, donde el fútbol o el baloncesto; ni fu, ni fa. Por ello, por una cuestión de actitud manifiesta, Máxim "no pega", para muchos, con su cartera. Ahora bien, esta paradoja no determina que Huerta vaya a ser un mal ministro. No olvidemos que, a lo largo de nuestra democracia, han habido ministros con trayectorias, educativas y laborales, a años luz de sus carteras. La elección de Pedro Duque tampoco garantiza una gestión exitosa de su cometido. El hecho de que sea astronauta no significa el Cum Laude como ministro. Así las cosas, lo importante no es la carrera profesional de cada uno, sino el "saber hacer" del elegido.

En España, a diferencia de Francia, no existe un itinerario educativo para lo público. Aquí, cualquier ciudadano puede ser nombrado como ministro, más allá de sus estudios y trabajo. Recuérdese que hemos tenido ministros electricistas; y seguimos teniendo alcaldes y diputados sin carrera. La gestión de un país es igual o más compleja que la contabilidad de una empresa multinacional. Mientras que para gestionar una gran empresa se buscan a los mejores economistas, para la gestión de un presupuesto local, autonómico o estatal se busca, en muchas ocasiones, al gancho electoral. Por ello, para desempeñar cualquier cargo público se debería, por imperativo legal, pasar por un examen de capacidad. No puede ser que Manolo, "el panadero", – con todos mis respetos por el oficio -, sea Concejal de Hacienda, sin saber diferenciar entre "el Debe" y "el Haber". Decía el filósofo de Siracusa que los gobiernos deben estar compuestos por los mejores.  Así las cosas, por encima de la marca mediática y el sexo de las ministras y ministros de Sánchez, lo más importante debería ser su talento.

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1 COMENTARIO

  1. Realmente interesante …

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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