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La masa cadáver

La filosofía, desde la Revolución Científica, se convirtió en una disciplina de carácter reflexivo. Y en esa reflexión, el intelectual crea corrientes de opinión. Ese bohemio, que ama a la sabiduría, se convierte en una pieza incómoda para el sistema. Incomoda porque, en la mayoría de las ocasiones, su mirada nos lleva a patios interiores. Patios, como les digo, repletos de chatarra y maleza. Es, precisamente, en esos lugares lúgubres, donde cohabita lo insólito de la sociedad. El crítico, por despistar al rebaño, se convierte en alguien que destruye el establishment. En alguien que reorienta la mirada hacia otros horizontes. Y en esa tarea, el intelectual paga el precio de la incomprensión y la soledad. Una incomprensión derivada de sus contradicciones, dilemas y angustia existencial. Así las cosas, el crítico se halla fuera del mercado. Su pensamiento no transita enlatado en las baldas del capitalismo, sino que pasa – en muchas ocasiones – desapercibido.

Los críticos nunca han sido bien vistos por los acomodados. Sócrates, Jesús de Nazaret, Giordano Bruno y Galileo Galilei, entre otros; fueron apartados del sistema. Fueron voces que despertaron audiencia en la sociedad de su tiempo. Hoy, queridísimos amigos, la intelectualidad no encuentra su soporte material. Y no lo encuentra porque las estructuras están al servicio del capital. El columnista de periódico escribe dentro de un corsé editorial. Un corsé que marca las directrices de su pensamiento dentro de un canon ideológico. El mismo canon que sigue una determinada comunidad lectora que paga, y elige, una línea argumentativa, a priori, predecidle. Este seguidísimo desemboca en una "masa cadáver". Una masa que posterga la acción y se aposenta en la intención. Esa masa habla en lugares inadecuados. Critica desde la barra del bar o desde los rellanos de las escaleras. Sin embargo, no emprende una acción de presión contra las estructuras vitales. Esa acción se lleva a cabo por una partidocracia de intereses parciales. Intereses en detrimento de un interés general. Un interés general ambiguo  y difuso entre la multitud.

La "masa cadáver" es el resultado de un alienamiento tecnológico que secuestra el sentido. La gente anda cabizbaja por la senda de lo urbano. La mirada incesante al móvil impide que los ojos atisben el horizonte. La estrechez de la mirada, nos sitúa ante aquellos "otros" que fuimos en nuestro tránsito al bipedismo. Hoy, el Sapiens se ha convertido en un animal pasivo, o dicho de otra forma, en un receptor de una información cocinada desde arriba. Estamos cubiertos de un manto de pesimismo, catastrofismo y tragedia. La tragedia se viste de noticias carroñeras, imágenes hirientes y dolor ajeno. Un dolor que nos recuerda la fragilidad de nuestra especie. Y un dolor que nos hace susceptibles ante los avatares de la vida. El consumo de carroña informativa nos ha llevado a razonamientos falaces. Tanto ruido mediático, tantas noticias repetidas al unísono, nos ha ubicado ante una sociedad de riesgo neurótico. Un riesgo que se basa en una extrapolación de los fenómenos aislados – las noticias – hacia lo cotidiano. De ahí que el temor se ha apoderado de nosotros. Y ese miedo nos sitúa ante una vida descendente de zombies enmascarados por una senda de falsas ilusiones.

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2 COMENTARIOS

  1. El Decano

     /  28 octubre, 2023

    Totalmente de acuerdo con tu acertado artículo.
    Efectivamente, el capitalismo promueve la degradación de los medios de comunicación. Se incentivan las redes sociales para captar toda nuestra atención, para manipularnos y, no menos importante, para captar nuestros datos. La información no es un servicio público sino una mercancía y a nosotros, los lectores, se nos considera tan solo como consumidores y no como ciudadanos con derecho a pensar y decidir nuestro compromiso.

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  2. Juan Antonio Luque

     /  28 octubre, 2023

    Lo has definido muy bien, Abel, ahora todo está al servicio del capital y la información se convirtió para el «aborregamiento» del ser humano y lo ha conseguido plenamente. Por ello la filosofía y los pensadores son más necesarios que nunca.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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