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Sobre ética y antisanchismo

Decía mi abuelo, que en paz descanse, que "nunca había que vender la piel antes de cazar al oso". Esta expresión que, en su sentido literal no comparto en absoluto, ilustra muy bien lo que percibo en el Partido Popular. Estamos ante el cuento de lechera. Un cuento donde Feijóo habla de ministros de su gobierno. Y donde otorga una victoria a la derecha antes de celebrar el partido. Este optimismo político está fundamentado por los resultados de las pasadas elecciones locales y autonómicas. Elecciones que pueden, o no, servir de preámbulo pero que no sirven para establecer causalidad en términos nacionales. No olvidemos que las motivaciones son distintas. En lo local entra en juego el factor de lo personal. Todo es más concreto y menos abstracto que el marco general. Aún así, Feijóo se ve a sí mismo como el nuevo inquilino de La Moncloa. Un inquilino que está dispuesto a pactar con la ultraderecha con tal de expulsar a Sánchez de las instituciones.

Existe, como en tiempos de Zapatero, una demonización contra el líder en clave moral. La derecha ha montado el relato de la inmoralidad. No es ético, dicen los populares, que un Presidente del Gobierno pactara con "terroristas", "independentistas" y "comunistas". No es bueno que pactara con "quienes quieren destruir España". Dicha inmoralidad queda ubicada por encima de la recuperación económica, de las políticas sociales, de la reducción de la desigualdad y de la paz en Cataluña. Se trata, y lo están consiguiendo, de derribar el sanchismo desde su legitimidad. Ahora bien, este arsenal de dinamita en forma de moralina no concuerda con la praxis del PP. Y no concuerda, estimados lectores, porque en su discurso falla la ética kantiana. Decía el filósofo de Königsberg, en su imperativo categórico, que debemos hacer de nuestra conducta una ley universal. Para saber, por ejemplo, si robar está bien o mal debo generalizar la conducta. Deberíamos robar todos. La respuesta es evidente. Es ético que Feijóo critique a los socios de Sánchez por su "radicalidad" y él hable, con naturalidad, de repartir sillones a Vox.

Pacte, o no, Feijóo con la ultraderecha, cualquier pacto sería legítimo. No olvidemos que vivimos en una democracia representativa. Las reglas de juego invitan a que los elegidos administren el poder encomendado. Un poder que será revalidado o revocado en las siguientes citas electorales. Y lo será, como les digo, por la valoración del mismo por los ciudadanos. Las palabras de Guardiola ponen en valor cómo se resuelven los asuntos de puertas para adentro. Sus convicciones ideológicas no han servido de nada. Sus palabras han caído en el saco roto de la vergüenza. Y al final, una vez más, han ganado las recomendaciones de Maquiavelo. Recomendaciones que sirven, a su vez, para edificar el "antisanchismo". Un antisanchismo que recuerda al "váyase señor González" o "la culpa es de ZP". Estamos ante el mismo estribillo en diferente canción. Se trata de manchar al adversario, ningunear sus políticas y utilizar eufemismos para distorsionar la realidad. Una realidad que tergiversada sirve al rival para edificar su torre de naipes.

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1 COMENTARIO

  1. Juan Antonio Luque

     /  5 julio, 2023

    Sí, querido Abel. La política del PP no tiene ninguna ética . Se ven muy arropados por sus medios afines y el cada vez más analfabetizado votante español.
    Pero lo más inquietante es que cada vez se superan más impulsando como líderes de este partido a gente más manipulable y sin recursos dialécticos. Y cada vez son más votados.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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