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La España ña, ña, ña

Tras varias semanas, alejado de la actualidad, ayer volví a las calles del vertedero. Mientras deambulaba por aceras, llenas de chatarra y maleza, encontré lo que se cuece en los fogones de la política. Leí que la derecha y la ultraderecha se reparten la tarta como si fueran viejos amigos en una fiesta de cumpleaños. Y leí que Zapatero ha vuelto a la palestra. Ha vuelto para poner en valor la socialdemocracia, defender a Pedro Sánchez y evitar, a toda costa, que Feijóo cruce la puerta de la Moncloa. Acto seguido, recordé los artículos que dediqué a ZP en sus últimos años de reinado. Siempre defendí que existieron "dos Rodríguez Zapatero", uno fue el de la primera legislatura – rojo hasta la médula – y otro, el de la segunda legislatura, donde su derechización hizo que Mariano Rajoy fuera su sustituto. Zapatero, aparte de sus errores en torno a la Gran Recesión, también tuvo sus aciertos. Consiguió grandes derechos o hechos inmateriales. Gracias a él, se consiguió el regreso de las tropas de Irak, el desarme de la banda terrorista ETA, la subida de las pensiones y el SMI, aprobación de la Ley de Igualdad, de la Ley de Dependencia, de la Ley de Reproducción Asistida, de la Ley Integral contra la Violencia de Género, de la Ley Antitabaco y la Ley del Matrimonio Igualitario, entre otras.

Hoy, con Sánchez "en la cuerda floja", ZP entra en la opinión pública. Y lo hace dentro de la soledad en que se encuentra el Presidente del Gobierno. Una soledad que se manifiesta por el silencio de algunos barones de su partido. El sanchismo ha seguido por la senda del primer Zapatero. Ha reconquistado los derechos que Rajoy desmanteló durante sus años de reinado. Sánchez ha devuelto parte de las cuotas de igualdad perdida en la sociedad española. Ha insuflado oxígeno a una clase media moribunda por los recortes en tizas y ambulancias. Una clase media que, en forma de mareas, reivindicó la recuperación de sus derechos en las principales avenidas. Sánchez no ha caído en el error principal de ZP. Un error, la derechización y el cumplimiento de los dictámenes de Merkel, que le costó el castigo socialdemócrata. Hoy, Zapatero vuelve. Y vuelve como lo hizo el conde de Montecristo para hacer justicia con el pasado. Para decir que el castigo a la desideologización de su partido trajo consigo una España más desigual. Una España donde las consecuencias de la crisis, las pagaron los de abajo en detrimento de los de arriba. La "herencia recibida" fue el mantra que utilizó la derecha para justificar la brecha social que dejaron como legado.

Las elecciones del 23-J buscan, tal y como hizo la derecha en los tiempos de Zapatero, destruir la marca Sánchez. Se trata de poner en valor la "inmoralidad del pacto". De un pacto legal y legítimo que la derecha trata de manchar. De manchar por su "radicalidad". La misma derecha que ahora, en muchos ayuntamientos y comunidades, osa pactar con la ultraderecha, o dicho de otro modo, la "radicalidad". En el ideario colectivo no han calado las políticas sociales del sanchismo. Nunca en la historia de la democracia ha habido tantas medidas en favor de la clase media y trabajadora. Los marcadores económicos no son tan graves como parecen. Existe una inflación multicausal – que cada día va a menos -, una recuperación post pandémica – que ha devuelto la demanda turística y la plena ocupación hotelera – y un aumento de las ofertas de empleo. Feijóo no ha prometido, o al menos no lo hemos oído, grandes políticas sociales que mantengan a raya a la clase media. No sabemos, a ciencia cierta, si su mandato será una segunda parte del rajonismo. Ni siquiera cuáles serán las líneas maestras que compartirá con su posible socio de gobierno y cómo las compartirá. El 23-J, es posible, o no, que España atisbe un cambio de ciclo político que pase por decretar la muerte del sanchismo. Una muerte que traerá consigo nuevos pactos de gobierno con la radicalidad. Con la misma que tanto se ha criticado desde "la España ña, ña, ña".

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2 COMENTARIOS

  1. Juan Antonio Luque

     /  26 junio, 2023

    Mucho miedo da de hacia dónde nos dirijimos. Si los españoles siguen votando a la ultraderecha no creo que nos repngamos en cuatro años.

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  2. Ramón Ballester López

     /  27 junio, 2023

    Certero y lúcido análisis lo mejor que he leído en muuuuuuuucho tiempo.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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