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Cinco apuntes sobre las elecciones catalanas

1 – El populismo de derechas asoma la patita
El 'sorpasso' de Vox al Partido Popular pone sobre la mesa la radicalización del voto conservador. Un voto que representa la ideología populista occidental. Una ideología de tintes lepenistas y trumpistas que dibuja, a su vez, a una Cataluña divida – in extremis – entre unionistas y separatistas. La irrupción de Vox en tierras catalanas inyecta fuerza al músculo nacional. Estamos ante la punta del iceberg. Una punta – el radicalismo y todos sus derivados – que deja desnuda a la derecha española. A una derecha descosida, y fragmentada, como lo fue en los tiempos retrógrados del fraguismo y la Falange.

2 – El "factor Illa"
El efecto Illa se ha convertido en "factor Illa". La decisión, arriesgada de Sánchez, de hacer cambios, de última hora, en el tablero electoral no ha sido tan descabellada como pronosticaba Casado. Y no lo ha sido porque el PSC atesora un resultado histórico en Cataluña. El desalojo del patrón del barco – del ministro Illa – en medio de la tormenta – de la pandemia – no ha hundido al  "Titanic". Una buena parte de la población catalana ha votado en clave social. Ha votado por la reactivación de las políticas sociales en detrimento del móvil separatista. El discurso estadista de Illa ha caído bien en la sociedad catalana. Sus rodaje comunicativo, al frente de la pandemia, ha surtido efecto en la complejidad de Cataluña.

3 – La baja participación
La pandemia ha interferido en el resultado electoral. Las elecciones catalanas han registrado un bajísimo índice de participación electoral. El miedo al contagio ha hecho que muchos votantes optasen por el pijama y el sofá en lugar de votar el día de las urnas. Aún así, la baja participación – tan baja que nos recuerda a los índices americanos – no ha perjudicado tanto, como lo esperado, al PSC. Los socialistas catalanes han conseguido movilizar a buena parte de su electorado. A un electorado seducido por un discurso "a lo Biden" por parte de Salvador. El mensaje pacificador e integrador ha tenido el efecto deseado. Sin pandemia, por en medio, otro gallo hubiese cantado en el resultado socialista.

4 – Gana el independentismo
Tal y como pronostiqué en "El efecto Illa, luces y sombras", la aritmética electoral no suma para el sueño socialista. Las fuerzas independentistas, separatistas o nacionalistas (como las quieran llamar) suman los 68 escaños necesarios para atesorar el cetro catalán. En las democracias representativas, el voto es condición necesaria pero no suficiente para acariciar el poder. Tanto es así que Salvador Illa corre el riesgo de morder la manzana podrida de la derrota. La misma que mordió Inés Arrimadas en las pasadas elecciones. Una manzana contaminada por el efecto – legal y democrático – de las reglas de juego. Así las cosas, tal y como reza el titular de un diario digital "Illa gana las elecciones frente a una mayoría absoluta del independentismo"

5 – Casado y Arrimadas deberían dimitir
La política catalana y nacional forman parte de un mismo cuerpo. Es cierto que una cosa son las autonómicas y otras las nacionales. Es verdad que una cosa es "Barcelona" y otra "Madrid" pero, no es menos cierto, que – a lo largo de la historia – las elecciones catalanas han sido un preludio de las nacionales. Por ello, la derrota del PP deja en mal lugar a Casado. Tanto que, por ética democrática, debería dimitir. Dimitir porque sus siglas han perdido "el partido" clave de la liga . Inés Arrimadas, por su parte, deja a Ciudadanos a la altura del betún. Lo deja, en Cataluña, como lo dejó Rivera en Madrid. Y por esta sencilla analogía, la líder naranja debería dimitir.

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1 COMENTARIO

  1. Juan Antonio

     /  15 febrero, 2021

    Para mi es evidente que los que vieron en Rivera el azote del independentismo se han marchado a VOX. Lo malo es que me da que estos votantes son los emigrantes, obreros, andaluces y de otras regiones de España, hartos de oír hablar de independencia y en los que caló profundamente ese «a por ellos oe» y que han visto que ni PP ni C’s son capaces de hacer frente al problema catalán.
    En lo que concierne al PP ya se han encargado de echar la culpa a Sánchez de su debacle, ellos nunca son culpables de nada, ellos saben que ya les queda muy poco como fuerza política en España.
    En lo concerniente a los pactos posibles seguirá siendo una aberración que la izquierda catalana siga pactando con la derecha catalana solo por la palabra independencia, porque de sobra es sabido que la burguesía catalana no desea la independencia.
    Si verdaderamente los políticos catalanes desean lo mejor para su «país» la izquierda pactaran juntos, pero esto es una utopía. La política española y catalana es lanzar continuas cortinas de humo para esconder la realidad.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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