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Réquiem por el multipartidismo

Según la última encuesta del barómetro de SigmaDos para Antena 3: "la crisis del coronavirus refuerza el bipartidismo y eleva la intención de voto a PP y PSOE". Este sondeo arroja resultados similares al realizado, hace unos días, por El Plural.com. Según su encuesta: "el bipartidismo volvería a conseguir la hegemonía. El PSOE volvería a ganar las elecciones con el 28,4% de los votos". Al leer esta información – de fuentes dispares y resultados similares – abrí un debate en el muro de Facebook. Pregunté, a los míos, si el coronavirus traería consigo la vuelta del bipartidismo. Y para sorpresa, la mayoría de los participantes contestaron que no. Dijeron que el Covid-19 no cambiará la intención de voto. Y que seguiremos con una coyuntura multipartidista; con "el tiempo nuevo" que anunció S.M. el día de su investidura. Con los datos sobre la mesa, es misión de los sociólogos y politólogos interpretar – y predecir – los resultados demoscópicos.

El multipartidismo surgió en la Hispania del 15-M. Una Hispania, como saben, sacudida por la crisis económica, los recortes merkelianos y el decretazo de Zapatero. A pesar de la transversalidad del movimiento, Podemos – la nueva fuerza emergente – pescó millones de votantes en los caladeros de la izquierda. Caladeros de peces desorientados y frustrados por la derechización de su partido. Más allá de esa grieta, hay que sumar la defunción de UPyD. Un partido absorbido por Ciudadanos. El rostro de Albert Rivera, y la ambigüedad de su mensaje, insufló una alternativa a la derecha retrógrada de Rajoy y a la herida del zapaterismo. Los nuevos partidos supusieron el fin del bipartidismo. Un bipartidismo – o turnismo como diría Benito si viviera – que estuvo en vigor desde los tiempos felipistas. El multipartidismo, como saben, ha estado marcado por varias elecciones generales y una moción de censura. Un escenario propio de una cultura política inmadura y torpe en el arte del diálogo.

Hoy, con el Covid-19 azotando nuestras vidas, es posible que se cumplan las encuestas. Y es posible, queridísimos lectores, porque los enemigos comunes fortalecen las alianzas y liman las asperezas. Las críticas de VOX al Ejecutivo, en medio de la tempestad, contrastan con la brisa que traerán los nuevos Pactos de la Moncloa. Esa nueva cultura – que trajo consigo la España del suarismo – vuelve a nuestros días. La impresión de una izquierda unida deja atrás los rifirrafes entre rojos y morados. La moderación de Casado deja fuera de combate a sus socios preferentes. En tiempos de consenso y lucha contra el enemigo, el Estado, tarde o temprano, gana la batalla a la partidocracia y al nacionalismo. Una batalla donde el Estado del Bienestar es el único que puede salvar a millones de españoles de caer en el abismo. Así las cosas, Podemos y PSOE pierden la oportunidad de andar por separado. El PP de Casado gana la oportunidad de andar en solitario. Y los partidos nacionalistas pierden vanidad, y protagonismo, ante la fuerza del enemigo.

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