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Rajoy como problema

Después de cuatro años de mayoría absoluta, Rajoy ha hecho santo a Zapatero. Lo ha hecho un santo, como les digo, porque estamos igual o peor que hace cuatro años. Tenemos un déficit por encima del 5%, una deuda superior al 100% y un paro galopante del 20%. Aparte de estas cifras desastrosas, la brecha entre los de arriba y los de abajo ha crecido de forma desmesurada. Rajoy, el profeta que prometió el "España va bien" de los tiempos aznarianos, ha desaprovechado el cetro de la mayoría. Don Mariano ha gobernado para los suyos: las camisas y las corbatas. Rajoy ha olvidado que en el cheque de sus votantes se hallaba la firma de millones de proletarios procedentes de la izquierda; una izquierda rota por la nefasta gestión de Zapatero en sus últimos seis meses de gobierno. Don Mariano pasará a la historia por las ruedas de prensa sin preguntas, el emplasmamiento, la Lomce, la ley mordaza, el papel mojado de su programa, la dimisión de Ana Mato, el desmantelamiento del Estado del Bienestar y el caso Bárcenas.  

El presidente en funciones, aparte de su pésima gestión en La Moncloa, tampoco ha estado a la altura durante esta minilegislatura. En primer lugar, don Mariano le hizo el feo a S.M. cuando éste lo nombró candidato para liderar el debate de investidura. Ni siquiera intento formar gobierno, a pesar de contar con la lista más votada. Le pasó, como saben, la "patata caliente" al delfín socialista. Rajoy esperó como los lagartos en el lago a que Sánchez fracasara en su intento de formar una gran coalición o un gobierno a la valenciana. Durante los últimos cinco meses, España ha perdido visibilidad en el escenario internacional; Rajoy, como recordaran, no acudió al foro antiyihadista convocado por Obama. Y Rajoy, y perdonen por la redundancia, ha pasado de puntillas por el problema que se le avecina a España ante la probable salida del Reino Unido de Europa. Así las cosas, durante esta minilegislatura, Rajoy no ha hecho nada; o como dicen los valencianos "res de res" por apartar los muebles de la quema.

En días como hoy, queridísimos lectores, el presidente carece de liderazgo. En primer lugar,  ha sido cuestionado por Aznar; el señor que lo convirtió en su vasallo. En segundo lugar; ha perdido el rodillo de la mayoría: cincuenta escaños menos en  el hemiciclo. En tercer lugar, "la herencia recibida" y la "culpa fue de ZP" ya no le sirven para disimular su ineficiencia. Y, en cuarto lugar, don Mariano no ha dejado las cuentas saneadas sino unos números rojos; semejantes a los que dejó el socialista en su último semestre. Así las cosas, el Pepé tiene un problema muy serio de liderazgo. El partido de la gaviota no puede contentarse con ganar las elecciones. No puede contentarse, estimados lectores, porque las reglas del juego establecen más de 175 escaños para poder gobernar sin necesidad de pactos y alianzas. Si el PP sacara peor resultado que el pasado 20-D – algo muy probable – Rajoy debería recoger sus bártulos e irse de La Moncloa. Los debería recoger porque muy probablemente Sánchez le dirá, otra vez, aquello de: "no es no, señor Rajoy". Se lo dirá  – por segunda vez – cuando este se acerque a su comida.

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