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Las portadas del debate

En los debates sobre el estado de la nación ocurre algo parecido a lo que sucede el día después de unas elecciones generales. Los datos son interpretados por cada partido desde el prisma de sus colores, de tal manera que esa leyenda relativa de los mismos hace que todos los bandos hayan ganado las elecciones, salvo en situaciones puntuales de aplastante mayoría o debacle electoral. Las portadas del 26-F pasarán a las bolsas de la basura por la ausencia de crítica en el análisis del debate. Como no podía ser de otra manera, las portadas de la mañana han contentado a sus clientes de quiosco sin ofrecer una visión contrastada de lo acontecido en el patio de los leones.

Sin ir más lejos, la prensa de la caverna ha tejido "el lienzo del ahora" en términos deportivos como si de un combate de boxeo se tratara. En la portada de Marhuenda: "la ambición de Rajoy derrota al apocalipsis de Rubalcaba"; en el monárquico de la parrilla, ABC: "Rajoy descoloca a Rubalcaba con una gran rebaja de las cotizaciones" y, en La Vanguardia de Màrius: "Rajoy promete mejoría, Rubalcaba pide realismo".  El titular más amarillo se lo ha llevado El País: "Rajoy da por concluida la crisis y da estímulos y anuncia estímulos al empleo". Finalmente, El Mundo de Casimiro ha optado por el titular más moderado: "Rajoy presume de daños y Rubalcaba le culpa de el sufrimiento de la gente".

 

Si analizamos los titulares del párrafo de arriba, nos damos cuenta, de que no hay ninguno dedicado a la cuestión soberanista; al desarme de ETA; a las "pelotas de goma"; a Bárcenas y, mucho menos, a la ley del aborto. Tampoco existen alusiones a la falta de consenso entre los principales partidos del hemiciclo en políticas económicas y sociales. El debate de este año pasará a la historia por sus tintes mitineros y las huellas del bipartidismo reinante en la Hispania de Mariano. Más que un foro político para discutir los principales temas que preocupan al conjunto ciudadano, hemos presenciado una suma de monólogos encendidos cuyo final ha sido levantar el aplauso de los suyos. Rajoy ha pintado con datos encontrados un lienzo de optimismo y luces encendidas. Rubalcaba, como era predecible, ha dibujado un óleo de nubarrones oscuros y tinieblas inquietantes. Tanto el uno como el otro – tanto monta, monta tanto – no han sido fieles a la realidad de nuestros días. Don Mariano nos ha recordado al ZP que sacaba "conejos de la chistera" y don Alfredo ha sido Rajoy en tiempos de Zapatero. El diagnóstico de la realidad no ha sido el correcto. Ni el enfermo está tan grave, ni el enfermo está para correr la San Silvestre Vallecana. 

Es, precisamente, esta distorsión de los datos, por parte del bipartidismo agonizante, la que invita al espectador de la butaca a mirar para otro lado cuando se habla de política. La realidad que vislumbran – vislumbramos – los españoles es la de un gobierno que ha desmantelado el Estado del Bienestar y una oposición carente de liderazgo. Un gobierno, les decía, que gobierna sin programa con el ordeno y mando de su mayoría; un presidente, que se esconde detrás de un plasma para no desgastar su figura ante las preguntas de los periodistas; un PP con su extesorero entre rejas por una supuesta financiación ilegal del partido; una oposición, que no ha levantado cabeza desde que ZP nombró por el "artículo 13" al ministro preferido;  un país con seis millones de parados y miles de desahuciados por no poder pagar sus hipotecas; una Infanta cuestionada por los tejes y manejes de su marido. Esta es y no otra, señores y señoras del debate, la España que tenemos en las portadas internacionales.

Las armas de ETA

Como sabéis hace dos meses salió a la venta "El Pensamiento Atrapado", una compilación de los mejores artículos de "El Rincón de la Crítica", prologado por Javier Valenzuela y, editados por La Lluvia. Antes de la publicación mantuve varias conversaciones con la editorial. Dialogamos acerca de la estructura y título de la obra. En primer lugar, el título elegido fue "los pobres de Bergoglio", en honor a un artículo publicado en el blog con ocasión de la elección del nuevo Papa. Al final optamos por "El Pensamiento Atrapado". "Lo más importante de un libro – en palabras de mi editora – es el título y la sinopsis de la contraportada. Es lo primero que ojea el lector cuando coge un ejemplar de las baldas de una librería. Acto seguido, lee unos cuantos renglones de la primera página y si éstos le enganchan, es cuando, muy probablemente, opte por comprarlo". Durante tres meses: el trabajo de estructura, título y "comienzo de la obra", estuvo orientado a satisfacer los principios de mi editora. De todos los artículos recopilados, el elegido para el comienzo de la obra fue "sombras de paz". "Sombras de paz" fue un "post" que escribí la tarde antes de que ETA anunciase su final. A partir de ahí, de ese momento histórico, comienzan los once capítulos de El Pensamiento Atrapado: la educación atrapada, la cultura atrapada, la economía atrapada… Todos ellos, son una reflexión pausada y crítica de los fenómenos acontecidos en la Hispania reciente desde que la banda terrorista anunció su final, la España post-ETA.

En ese "primer artículo" reflexioné sobre la inseguridad en las tierras vascas; las secuelas del terror; las "víctimas", y critiqué el fracaso de Zapatero en su diálogo con ETA. Diálogo frustrado por el atentado de la T4 y el "hazmerreír colectivo" por la liberación del asesino Iñaki de Juana Chaos. También apunté la ruptura de la tregua en los tiempos aznarianos. A través de la narración hice una relación de los últimos asesinatos del "hacha y la serpiente" y los éxitos cosechados por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en la desintegración y debilitamiento del organigrama terrorista. El artículo concluye con una serie de preguntas en voz alta, preguntas que, en su día, algunas de ellas, no tenían respuesta, y hoy – dos años y medio después – varios interrogantes han sido contestados por la evidencia de los hechos. El artículo concluía así: "¿Puede deducirse con rotundidad que estamos inmersos en su final? Probablemente sí. ¿Supondrá esta noticia – el anuncio del final de ETA – el cierre de un capítulo marcado por cuarenta años de tensión terrorista? Probablemente sí. Pero para las "víctimas" evidentemente no. El final de ETA no cierra el capítulo del dolor.

¿Se pondrán los partidos la medalla de esta supuesta "manifestación unilateral de la paz"? Probablemente sí. ¿Se producirá la legalización de Sortu y el acercamiento de los presos a las cárceles vascas? La democracia lo dirá". Nunca creí, la verdad sea dicha, las palabras de ETA y, muchísimo menos, cuando éstas salieron – como de costumbre – de rostros tapados; voces distorsionadas y lienzos de fondo, con el simbolismo de la banda. Siempre tuve la hipótesis de que el "final" anunciado por ETA no era más que un "arma" para conseguir su cometido: el acercamiento de los presos y la legalización de Sortu. Si antes, el "buque insignia" de la organización criminal eran el fomento del miedo civil ante el cumplimiento constante de sus amenazas, ahora es la fobia social ante la vuelta impredecible a los gatillos de antes. Son, precisamente, "las armas de la banda", la principal carta que esconden los etarras para poner contra las cuerdas al gobierno de Mariano. Así las cosas, mientras el armamento esté en las vitrinas de ETA, la banda seguirá viva, a pesar de su quietud. Sigo pensando – os lo digo sinceramente – que las "paz y las armas" nunca han casado bien en el sentido común de los mortales. Gracias a las armas, la banda dispone de poder para negociar con el gobierno su "final definitivo", o sea, su final. El gesto del otro día: "la escenificación de la entrega con verificadores incluidos", no fue más que una puesta en escena del juego sucio de ETA. Un juego sucio, he dicho bien, para negociar con Rajoy: el acercamiento de unos cuantos presos dispersos a cambio de "3 pistolas, un fusil, 2 granadas y unos kilos de explosivos". 

La liberación de Bolinaga por su "cáncer terminal"; la excarcelación de presos por la supresión de la doctrina Parot; las concentraciones recientes de "exetarras" en Bilbao y San Sebastián; el supuesto arsenal con toneladas de armas escondidas; los zulos ocultos en lugares malditos y, la renuncia al arrepentimiento por los daños producidos a las "víctimas" son, entre otros, algunos de los indicios de que ETA sigue activa, a pesar de su "paz". Hoy, dos años y medio después del "final unilateral de la violencia" visionamos en la televisión las mismas imágenes del ayer. Los rostros tapados; "el hacha y la serpiente" y, el simbolismo marcado por el lienzo del Guernica. El toro, símbolo de "brutalidad y oscuridad" – en palabras de Picasso-; la bombilla, metáfora de bomba y forma de destrucción de las guerras modernas; el caballo, símbolo de las víctimas inocentes de la batalla; la mujer con los brazos al cielo, retrato del horror, y la paloma, símbolo de la paz rota.

La cuestión catalana

Este verano, el alcalde de mi pueblo – Javier Pérez, Callosa de Segura (Alicante) – escribió en su muro de facebook acerca de los catalanes. Decía este "pepero" de las tripas mediterráneas: "¡Que les den la puñetera independencia a estos mierdas ya y nos dejen tranquilos!, pero que se construya un muro de 10 metros de altura para no verlos más". Si esta frase la hubiese escrito un tal Ernesto – el cuñado de Jacinta – probablemente no habría sido titular en las páginas internacionales, pero tratándose de palabras emitidas por un cargo público, la repercusión de las mismas corre por otros derroteros. Son, precisamente, afirmaciones de este calibre, las que invitan a la crítica a reflexionar sobre los efectos colaterales del debate territorial. Otorgar la independencia a "estos mierdas", en palabras del alcalde, no es condición necesaria para que el resto – "los españoles" – vivamos "tranquilos". No lo es, les decía, porque dicha concesión – la independencia – supondría un precedente para el derrumbe gradual del Estado de las Autonomías. 

El patriotismo de nuestros vecinos de arriba ha beneficiado al líder catalán y al patrón de la derecha. Gracias a la contienda separatista, Mas ha conseguido para los suyos: disimular la pésima gestión económica de su feudo al frente del Parlament. Tanto es así, que por un lado: clama a los cuatro vientos el "derecho a decidir" de su querida Cataluña y, por otro: saca su mano de mendigo a las puertas de la Moncloa.  Rajoy, por su parte, también está sacando tajada de la crisis catalana. Gracias al rifirrafe acerca del "querer y no poder" del líder autonómico; don Mariano ha tejido en las telas de su partido el argumento que Franco cosió en sus cuarenta años de "reinado". En días como hoy, la derecha – la de toda la vida – apela a la unidad de España como baluarte estrella de sus vocales conservadoras. "Mientras no se reforme la Constitución – en palabras de Manolo, facha hasta las cejas – seguiremos disfrutando de Cataluña hasta que, de una vez por todas, pase el nubarrón de la crisis económica y podamos sacar cabeza". Así las cosas, el espectador de la butaca sigue atento a la jugada, mientras come pan y fabada los miércoles al mediodía.

"Con el mango de la ley en la mano – decía esta mañana el carnicero de Mercadona – los catalanes no tienen nada que hacer en este chiringuito". Es, precisamente, esta lucha entre los sueños quijotescos de Artur y la realidad de su escudero – las leyes-, la que enquista el discurso catalán en un pozo sin fondo, de retórica barata, y pasatiempos mundanos. La reforma constitucional es, queramos o no, la única luz para que el pueblo catalán despierte de su letargo. Por ello, sería más inteligente, por parte de algunas élites, plantear el referéndum en términos constitucionales. ¿Desea usted – ciudadano de a pie – que se reforme la Carta Magna para fines separatistas: sí o no? A partir del resultado, arrojado por las urnas, es cuando podemos preparar, o no, el andamiaje para construir el "muro de 10 metros", aludido por el alcalde. Mientras tanto, queridos lectores y lectoras, "estamos – como diría Andrés, el dueño de la taberna – hablando por hablar para no decir nada".

Así las cosas, a pesar de que la cuestión debería plantearse en votación libre y secreta, hay colectivos e instituciones que se han pronunciado acerca del debate. Entre las voces discordantes con el licor separatista suenan con fuerza los "noes" provenientes de Europa, el tejido empresarial y buena parte del Congreso. El desmarque de la patronal y la troika con la propuesta de Mas, pone en evidencia los puntos débiles de Cataluña en el DAFO de su proyecto. Tanto es así, que los cuellos blancos catalanes – los empresarios – miran con recelo la hipotética "vertebración del país", por las consecuencias nefastas que ello supondría para la economía. El cierre de puerta al nuevo vecino – "Cataluña" -, por parte de Europa, pondría en jaque nuestras cuentas internas. Probablemente, sin Cataluña, otro gallo cantaría en nuestro PIB agonizante, posiblemente moriría. Llegados a este punto, luchemos desde las trincheras nacionales para que el pueblo catalán no se salga con la suya. Sigamos luchando, les decía, para que el día de mañana no acabemos como "negritos de África", saltando la valla de espinas que, supuestamente,  separase a España de Cataluña.
Incrédulo.

Pelotas de goma

Guardamar del Segura es un pueblecito turístico situado al sur de Alicante, a diez kilómetros de Torrevieja. Durante el invierno no hay ni un alma por sus calles pero, en julio y agosto, el pueblo se transforma en una ciudad cosmopolita de biquinis y bermudas. Lo peor de Guardamar – dicen las señoras, al calor de sus sombrillas – son sus playas. "No es raro el verano- afirmaba doña Juana – que tres o cuatro bañistas pierden sus vidas ante sus olas traicioneras". La bravura de sus aguas; los remolinos internos y la confianza de algunos en el disfrute de su baño son, entre otras, las razones que explican tales infortunios. Tanto es así, que hace unos años presencié cómo un señor, de unos sesenta años, luchaba con sus brazos para llegar a la orilla. Recuerdo que era un domingo de agosto, a eso del mediodía, cuando a lo lejos vimos – mi familia y yo – aspavientos de socorro provenientes de poniente. En ese preciso momento, de angustia e impotencia, el señor que estaba junto a nosotros no se lo pensó dos veces y nadó contracorriente para salvar al señor que se ahogaba. Después de diez minutos luchando contra la muerte, nuestro vecino de toalla, consiguió sacar sano y salvo al bañista. Tras conversar con el héroe de la playa, nos confesó que era guardia civil y que dentro de sus funciones estaba: servir al ciudadano por encima de su vida. Aquellas palabras me impactaron tanto, que mi actitud ante los tricornios de Hispania cambió hasta hace escasos días.

Hasta hace escasos días – decía en el párrafo de arriba – defendía, a "bombo y platillo", en cualquier bar de mi pueblo a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Los defendía hasta que Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior, admitió el pasado jueves – en el Congreso- que "sí", que "sí se dispararon bolas de goma en Ceuta", lugar donde murieron 14 inmigrantes ahogados. A día de hoy, a pesar de la afirmación del susodicho no ha rodado ninguna cabeza por lo sucedido; ni siquiera la del director de la Guardia Civil y, muchísimo menos, la del Delegado del Gobierno en Ceuta. No han dimitido, ni probablemente lo harán, porque, como todos sabemos bien, en este país, de burócratas y "comodones", no dimite ni Dios. Lo peor de todo esto, es que: si en lugar de "inmigrantes negros", hubiesen sido señores como el de "Guardamar del Segura", probablemente en lugar de recibir pelotas de goma para "rematar la faena", habrían sido rescatados y trasladados hasta la orilla. Pero, desgraciadamente eran "negros e inmigrantes" en aguas "ilegales"; asustados como gatos; luchando contracorriente en la oscuridad de la noche y, todo ello, por "ganarse la vida". Por eso, se les disparó pelotas de goma con "carácter disuasorio" desde las rocas de enfrente. 

Así las cosas, "Bruselas – según reza el titular de El País, amenaza a España con un expediente por disparar pelotas de goma". Las mismas bolas que "su-pu-es-ta-men-te" impactaron con el ojo izquierdo de Ester Quintana – en la huelga del 14-N – e hicieron que lo perdiera. Son, precisamente, las 14 muertes de Ceuta y casos como el destacado, los que invitan a la crítica a denunciar el uso de tales "pelotas" por los "tricornios" de Mariano. El uso legítimo de la violencia, en este caso la utilización de bolas de goma por parte de guardias y policías, entraña dos perjuicios subsanables para el resto de los mortales. El primero: el descontrol de la trayectoria. Desde el instante en que la pelota sale proyectada de la escopeta, el tirador pierde el cotrol de su recorrido. El aire y la física del movimiento impiden al policía – en la mayoría de las veces – controlar el objetivo exacto de la pelota. El segundo: los daños producidos. A la perdida de control, por las probables desviaciones en la trayectoria de la bola, hay que sumarle: los daños indeseados a terceros. Terceros, o dicho de otro modo, ciudadanos de a pie que se hallan en el escenario de la batalla y sufren injustamente las heridas de la bola. 

Lo más grave de todo este desaguisado es la supuesta transgresión de los Derechos Fundamentales por parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado. La llegada de inmigrantes ilegales a las costas españolas nunca debe ser gestionada al margen del Estado de Derecho. Nunca, y lo digo con toda runtundidad, porque la Constitución garantiza, en su articulado, los derechos sin ningún tipo de dis-cri-mi-na-ción por razón de raza, sexo e ideas. Por ello, no es admisible y, por tanto denunciable, el trato desigual que recibieron seres humanos a nado, por el simple hecho de sus "circunstancias personales". Lo acontecido en Ceuta ha sido, desde la perspectiva de la crítica, una lección más de nuestras grietas democráticas. Mientras a Rajoy se le llena la boca cuando habla de la "marca España", en Bruselas, y en casi todas las portadas internacionales, nos ponen "a parir" por el uso “cuartelario”, que algunos hacen del uso legítimo de la violencia. La misma violencia que cada día es más "injusta y desproporcionada", desde que la Ley de Seguridad Ciudadana se cocinó en los fogones de la derecha.

Prensa ética

No comparto las palabras de George Orwell (seudónimo de Arthur Blair). Decía este escritor y periodista británico que: "periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, todo lo demás son relaciones públicas". No comparto tales palabras porque este razonamiento no cumple con los mínimos necesarios de una prensa ética. Según el argumento de Blair, cualquier información que dañe los intereses de una persona, institución o país debe ser publicada para la construcción de una sociedad del conocimiento veraz y sin censura. Si Owell levantara hoy la cabeza, y supiera el debate internacional que han suscitado las publicaciones vertidas por Edward Snowden al periódico The Guardian, otro gallo hubiera cantado en sus afirmaciones.

El maquiavelismo periodístico – como así se conoce a los simpatizantes de Owell en los paraninfos madrileños – se caracteriza por la realización de una prensa amarilla desprovista de toda ética. Una prensa, les decía, donde el fin – las ventas de periódicos – justifica las informaciones que se publican. Las recientes publicaciones de la foto y el video de doña Cristina, mientras declaraba ante Castro en los juzgados de Palma, ilustran con creces las palabras del británico. Desde la crítica intelectual debemos reflexionar sobre tales prácticas "profesionales" con el fin de trazar el modelo mediático que anhelamos. La burla del Estado de Derecho por parte de los autores – los responsables de la grabación – no debería haber traspasado los muros periodísticos. Es, precisamente, esa complicidad entre los medios y el delito, la que impide a la democracia vehicular un código ético para sus ciudadanos.

La difusión de tales imágenes – de calidad deplorable y audio deficiente – no aportan información relevante para el espectador de la mañana. Solamente, el morbo por su visionado y el acto heroico de publicar "lo prohibido", es el que garantiza las ventas al quiosquero de la esquina. Así las cosas, los medios se convierten en una institución "barriobajera" al servicio de unos mercados donde el "chisme" y el "daño ajeno" pesan más para sus "jefes", que las informaciones respetuosas con los valores constitucionales. ¿Deberían los medios haber omitido la noticia? No, el ciudadano de a pie tiene el derecho a ser informado por lo acontecido en los juzgados de Palma. "La transgresión de la norma por parte de algunos de los presentes en la Sala", es noticia por la extraordinariedad y relevancia del suceso; ahora bien, "las imágenes del delito" – la filtración del video con la Infanta declarando en el juicio -, no debería nunca ilustrar al titular de los hechos. No lo debería, les decía, porque existe una contradicción ética entre el fenómeno que se denuncia – la noticia – y la imagen que lo ilustra – el delito -.

Llegados a este punto, cabe que nos preguntemos: ¿se debe publicar todo aquello que sea ilícito? Rotundamente no. No, porque la difusión de imágenes e informaciones prohibidas atenta contra la seguridad y principios del Estado de Derecho. ¿Deberían los medios que han difundido las imágenes reflexionar sobre la ética de sus prácticas? Sí, pero probablemente no lo harán porque el periodista dispone de las herramientas legales para publicar "lo prohibido". El derecho a la reserva de las fuentes y la libertad de prensa impiden que la legalidad vigente sancione tales prácticas "amarillas". Mientras sigamos con estos mimbres legales, las palabras de Owell tendrán cabida en nuestra enferma democracia. Los medios de comunicación continuarán publicando "lo que otros no quieren que se publique". Lo harán, con tal de incrementar sus ventas aunque hagan daño a personas, instituciones y/o países.

Sobre líderes y populismo

Las palabras de Antonio, un viejo profesor de historia, siempre las guardaré en las vitrinas de mi memoria. Decía este docente de las aulas alicantinas que "en este país sobra información y falta formación política. Todavía, a estas alturas de la democracia – decía – muchos ciudadanos de a pie no saben distinguir entre la izquierda y la derecha". Probablemente, la escasez de debates plurales en televisión; la prensa de partidos que nos informa; el discurso "atrapa todo" de nuestros políticos; la invisibilidad y distancia de quienes nos gobiernan – me refiero a Rajoy -, por sus escasas apariciones mediáticas y la fórmula del "plasma"; la escasa lectura de los programas electorales por parte de los votantes; son – entre otras -, las variables que explican el "analfabetismo político" existente en los mentideros de la calle. No se ofendan por la expresión "analfabetismo político", porque, lo cierto y verdad, es que existe una tendencia social a entender la política como una "casta de ladrones", que solo buscan el poder para lucrar sus bolsillos y el de los suyos. Esta actitud social, derivada de nuestra idiosincrasia como país, nos sitúa al borde de caer en los precipicios del populismo. A lo largo de la historia, las dictaduras han sido legitimadas por la fuerza de las armas y las políticas populistas. Tanto es así, que los regímenes dictatoriales actuales han conseguido sobrevivir gracias a sus "programas del bienestar", con el fin de acallar a las voces disidentes.

Desde el "decretazo" de Zapatero, allá por mayo del 2010, nuestro sistema de protección social ha perdido  fuelle en favor de los mercados. Así las cosas, los recortes de la derecha han dibujado un país de servicios públicos endémicos, más cercano a los lienzos americanos que a los idílicos norteeuropeos. Desde que don Mariano llegó a la Moncloa: los ricos son más ricos y, los pobres más pobres, dicho de otro modo, la brecha de la desigualdad es más ancha en el precipicio neoliberal. Un precipicio – un Estado -, que ayuda a los mercados y se olvida de los ciudadanos. Llegados a este punto es normal que los últimos sondeos del CIS muestren el descontento social con las "élites tóxicas" del poder. Es, precisamente, esta indignación civil por el deterioro del Bienestar, la que alimenta la llama de las modas populistas. Tanto es así, que últimamente son muy aplaudidos los discursos provenientes de "líderes de plató". Líderes, que arrojan a las "audiencias cabreadas", los mensajes que desean oír. Los mismos "jarrones blancos y con flores" que Hitler, Mussolini, Evita  y Chávez, entre otros,  regalaron a sus "pueblos analfabetos" para legitimar, a posteriori, sus dictaduras y pseudodemocracias.

Casi todas las semanas tenemos en la Sexta o en Tele-5 a Miguel Ángel Revilla. Como ustedes saben, este señor – expresidente de Cantabria -, es uno de los autores que más libros de "no ficción" vende en España. Si analizan su discurso observarán que recoge los mismos ingredientes que los líderes populistas. En momentos de crisis económica; indignación social y escepticismo político, es cuando el poder de la palabra es capaz de destronar al "príncipe" que nos gobierna. El discurso de Revilla representa el ideario colectivo de millones de españoles. Millones de españoles, les decía, de-sen-can-ta-dos con Mariano y Zapatero, que lo único que buscan es un líder – del partido que sea -que articule en los platós, el discurso de los bares. La misma fórmula barata que utilizó Obama con los suyos, y le fue reconocida con el Nobel de la Paz. 

Desde la crítica debemos reflexionar sobre las consecuencias que entrañan los discursos populistas. En un país como el nuestro, sometido a Europa, no tiene sentido emitir juicios fantasiosos a una masa analfabeta. No lo tiene, les decía, porque defender tales prácticas es lo mismo que sembrar: "comida para hoy, y hambre para mañana". Por mucho "yes, we can" que vendió Obama al mundo; a día de hoy, sus palabras han caído en el saco roto de los hechos. Han caído en los lagos de la "nada" porque  las aguas de la Tea Party – la mayoría en la Asamblea Legislativa -, soplan contracorriente en los aposentos de la Casablanca. Algo parecido ocurriría, en la Hispania que vivimos, si Miguel Ángel se presentara a las Generales. Los mensajes de Revilla – desde el respeto de la crítica – son similares a los que emitió Barack para ganarse a los suyos. Es, les decía, la empatía de las palabras populistas con el ideario colectivo, las que hacen, que las audiencias no cambien de canal cuando habla el expresidente de Cantabria. 

Rajoy utilizó una estrategia parecida a la denunciada en el párrafo de arriba. Utilizó en las Generales: la incoherencia de Zapatero – el "decretazo" – y el descontento de muchos, para prometer la luna a cambio de la "nada". La misma "nada" que mencionó Cospedal para referirse al PSOE desde lo alto de la tribuna. Es, precisamente, la desolación del pueblo ante las promesas incumplidas de Obama y Rajoy, la que invita a la crítica a denunciar el empleo maquiavélico del populismo para conquistar el poder. Así las cosas, tanto los libros de Revilla como los discursos de Izquierda Unida son, y serán, promesas incumplidas mientras sigamos en Europa. No estoy defiendo la salida de Europa para la resurrección de la izquierda, sino un discurso realista que se ajuste a los mimbres merkelianos. Un discurso, les decía, integrador y veraz para que las promesas electorales no se conviertan en un vehículo pasajero para engañar a los mortales. Los mismos mortales que, en su día, creyeron a Hollande y, meses después, se encontraron con otro Sarkozy. ¡Café, por favor!

Las sombras de Báñez

Todos los años, por estas mismas fechas, imparto el módulo: “legislación y relaciones laborales". A través de él, les explico a mis alumnos todo lo concerniente al derecho laboral. El primer tema del bloque temático, lo dedico a narrar el proceso histórico de las relaciones laborales, desde la edad clásica hasta nuestros días. A continuación, hablamos de las diferentes modalidades contractuales existentes en España; de la jornada laboral; el salario y, finalmente, vemos la modificación, suspensión y extinción del contrato de trabajo. Desde hace varios años, cada vez que abordo este bloque de "alfabetización legal en derecho laboral", observo sesgos repetidos en los alumnos, arrastrados desde la calle. La Comunidad Autónoma en la que trabajo – Murcia – presenta una de las tasas de paro juvenil más altas de España. En las aulas hay un público numeroso de alumnos y alumnas provenientes de las colas del SEPE (antiguo INEM). 

En clase, no es raro el día, que algún que otro alumno levanta la mano para contar los "abusos laborales" que ha sufrido en sus anteriores trabajos. Sin ir más lejos, el otro día una alumna me contaba que trabajó en una empresa hasta doce horas diarias por ochocientos euros "miserables" y, para asombro de muchos, con un contrato a tiempo parcial de tan solo quince horas semanales. Hablando del derecho "irrenunciable" a las vacaciones, otro pupilo contó en el aula que trabajó durante ocho años y disfrutó, tan solo, una semana de vacaciones por cada año de servicio, semana, por cierto, que nunca se la pagaron. Así, os podría contar, queridos lectores y lectoras de este blog, un sinfín de historias similares, todas con el mismo común denominador: la precariedad y el abuso de poder del "cuello blanco" del capital sobre los "monos azules" de la balanza. 

Como ustedes saben bien, la reforma laboral de Fátima Báñez – aprobada en febrero del 2012, hace ahora dos años- afectó de forma transversal a todo el Estatuto de los Trabajadores. En palabras llanas – la reforma -, situó a los derechos laborales, como dirían en mi pueblo, "a la altura del betún"; y todo para fomentar la "precariedad". Digo precariedad, y digo bien, porque a "toro pasado", la política laboral de la derecha no ha servido para enderezar las curvas del paro. Hay menos parados en las colas del SEPE desde el año 2.007 -cierto- pero hay – hay que decirlo todo -menos cotizantes a la Seguridad Social durante el mismo periodo. Menos parados y menos cotizantes desde hace siete años implica, una de dos: o que la mayoría de los exparados han tirado la toalla en la ardua empresa de buscar empleo o; que muchos "parados" están haciendo sus "chanchullos" en la economía sumergida. Tanto la una como la otra, son noticias nada halagüeñas para una país que ha "vencido a la crisis", en palabras de Rajoy.

Cuando analizamos – en clase – la legislación laboral, les digo a mis alumnos cómo estaban las normas laborales – en los gobiernos de Zapatero, Aznar y Felipe – y cómo están ahora – en tiempos de don Mariano -. Algunos de mis alumnos se quejan de que "politizo las clases" pero, muy lejos de mi intención, lo único que pretendo es que con el contraste de los hechos – y dado que en este país las leyes tienen color político – mis alumnos y alumnas desarrollen un sentido crítico ante la sociedad y sus lecturas. Cuando les hablo de la prestación por desempleo, les digo cómo estaba el escenario antes y después de Báñez. Antes, queridos alumnos, a partir de los 180 días de prestación se cobraba el sesenta por ciento de la Base Reguladora, ahora – por desgracia – solamante el cincuenta, un diez por ciento menos. Antes los contratos indefinidos ordinarios, los fijos de toda la vida,  tenían una indemnización, en caso de declararse la improcedencia del despido, de cuarenta y cinco días por año de servicio; ahora – después de Fátima – treinta y tres días, doce días menos.

Esta mañana hemos hablado del "contrato indefinido para emprendedores". Les he explicado a mis discípulos, que es un contrato que nació con la reforma laboral de hace dos años; que solamente es válido para empresas de menos de cincuenta trabajadores y que se puede realizar hasta que la tasa de paro esté por debajo del quince por ciento. También les he explicado que, a diferencia de los otros contratos, éste tiene un periodo de prueba de un año. En ese momento un alumno ha levantado la mano: "profesor – dime – haber si lo entiendo, eso que usted ha dicho: ¿quiere decir que el empresario puede despedir a un trabajador, durante el primer año, sin ningún tipo de indemnización, o sea, gratis?". Cierto.

Asuntos turbios

Como sabéis, a pesar de mi tendencia progresista, suelo leer todo tipo de prensa, ya sea de un bando u de otro. Lo hago para desarrollar el sentido crítico a través del contraste y la diversidad de opiniones. Ayer, sin ir más lejos, compré el ABC, bastión monárquico y "pepero". Antes de leer cualquier periódico realizo el mismo protocolo; primero, leo a "vista de pájaro" todos los titulares; segundo, hago un "plieguecito" en la esquina superior de aquellas páginas en las que deseo profundizar. Tanto las editoriales como las columnas de opinión son de lectura obligada, las leo, sí o sí, sin necesidad de pasar por el filtro del "plieguecito". El ejemplar que compré, como no podía ser de otra manera, barría hacia sus "lectores ideológicos", señores y señoras afines al discurso de la derecha. La primera perla de sus páginas la encontré en su sección de editoriales. El primero de ellos se titulaba: "el sector público debe seguir a dieta"; el segundo: "Ahora también violencia anticatólica". En el primero, subrayaba el editorialista de Rubido (director de ABC), que: "el adelgazamiento del aparato estatal ha sido clave para reducir el déficit y recuperar la confianza exterior" y criticaba que "no es admisible que el Estado vuelva a engordar sus estructuras". Según este editorial hay "ayuntamientos y diputaciones que han aumentado su número y empleados en 18.400 personas en los últimos doce meses". En el segundo, atentaba contra la izquierda por los altercados de Femen cuando al señor Varela le restregaron por la cara bragas manchadas de rojo. "La agresión sufrida por el cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Ruoco Varela – palabras recogidas del editorial -, es la demostración del fanatismo antidemocrático de una parte de la izquierda, que se aprovecha del silencio cómplice del resto del llamado "progresismo". En lo que se refiere a violencia anticatólica, esta izquierda tiene históricamente acreditadas sus credenciales de manera indubitable". En el pie de página, ABC tiene un apartado titulado: "protagonistas", en él elige tres personajes de la actualidad y a continuación les sitúa justo al lado de sus declaraciones un triangulito verde o uno rojo. El verde es sinónimo de aplauso; el rojo, indica "tirón de orejas". Como no podía ser de otra manera, las declaraciones hechas por la izquierda se llevan el rojo y las de la derecha el verde. Ayer le tocó el rojo a Griñán y el verde a Alicia Sánchez Camacho. 

En la Tercera – página emblemática de ABC – leí un artículo a tres columnas firmado por Benigno Pendás, este señor es director del "Centro de Estudios Políticos y Constitucionales". Con el título: "Apuesta por la moderación", el autor defendía, en sintonía con el discurso de Rajoy, los "logros" del PP en sus dos años y pico de mandato. Decía Benigno que "nadie habla ya de rescates ni de intervenciones. Muy al contrario, España está de moda en los mercados", también dijo, cito textual que "nadie puede negar los aciertos de una política económica que afronta con serenidad los problemas y renuncia al aplauso”. Al leer el artículo tuve la necesidad de escribir una Tercera al director del periódico con el objeto de rebatirle los argumentos a Benigno. Probablemente dicho artículo nunca saldrá publicado en ABC, entre otras cosas porque Abel Ros tiene connotaciones progresistas y no sería bienvenido a los focos de la Caverna; por otro lado, un artículo de ese calibre supondría un enojo para sus "lectores ideológicos". Por tanto, como tengo la convicción que no será publicado he decidido contestarle a Pendás desde los renglones de mi blog. 

Si usted examina los últimos datos del paro registrado – señor Pendás – se dará cuenta que la España que usted dibuja – "la apuesta por la moderación" – no se corresponde con la realidad de los bolsillos. Lo cierto y verdad es que el paro ha subido en enero, será por la estacionalidad o como ustedes lo quieran llamar, pero el dato – insisto – no es para brindar. El dato es malo a nivel cuantitativo, porque sube el paro; y malo a nivel cualitativo, porque el empleo que se ha creado sigue siendo temporal y parcial, o sea, tenemos más precariedad. Dicho esto, los efectos de la panacea contra el paro – me refiero al segundo aniversario de la Reforma Laboral – están siendo visibles en forma de contratos basura sujetos a un SMI congelado y altas dosis de economía sumergida. Por ello, señor Pendás, a pesar de que no hayamos sido rescatados seguimos sin salir de la crisis. Seguimos sin salir del "agujero", por mucho que diga Rajoy que "España se ha llevado a la crisis por delante". Son, precisamente, estas palabras de retórica barata emitidas por las élites, las que invitan a la crítica a hacer pedagogía para abrirle los ojos a quienes sueñan con las mismas. Mientras siga subiendo el paro – y lo ha hecho en el mes de enero – las economías domésticas – la de ustedes y la mía – seguirán sin rascarse los bolsillos para comprar con alegría. De nada sirve lanzar cohetes al cielo mientras el enfermo – España – sigue esperando el alta de su médico.

Hoy, como ustedes saben bien, ha sido publicado el último baremo del CIS. Entre los problemas que más preocupan a los españoles son la corrupción y el paro. El paro, a pesar de lo que diga Rajoy, sigue siendo el foco de preocupación de la mayoría de los encuestados. Después de dos años y pico con el cetro en la mano, la "derecha prometida" no ha conseguido enderezar el volante de la recuperación. Estamos – como diría José, un viejo conocido de mi pueblo – ante los mismos mensajes que en su día nos lanzó Zapatero. El mismo "optimismo quijotesco" que vislumbró ZP cuando no visionó la crisis, es el que está sembrando Mariano ante sus deseos patológicos de querer ver los "brotes verdes" que en su día percibió el socialista. Quiere verlos, les decía, porque esa será la única razón para justificar, en las próximas elecciones, el incumplimiento de su programa. Salvo la Ley del Aborto, don Mariano ha incumplido, desde que piso la Moncloa, todos los puntos y comas de sus promesas electorales. A pesar de tanta mentira y  tomadura de pelo, si se celebrasen hoy elecciones las ganaría el PP, no lo digo yo, lo dice el CIS. ¿Qué les parece?

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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