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Sobre twitter y política

Ayer, mientras tomaba café en "El África", hablé con Juan sobre los tuits del concejal de Carmena. Qué necesidad tenía de meterse con los judíos, las víctimas de ETA y Marta del Castillo. Aunque se tratara de humor negro – me decía Juan -, la libertad de expresión tiene sus límites. Si no fuera así, los derechos fundamentales serían papel mojado; cualquiera podría insultar al prójimo y "santas pascuas y alegría". No olvidemos, que la democracia es el marco institucional para la gestión de libertades. Libertades entendidas como "márgenes de acción", dentro de los frenos del Estado de Derecho.

Los elegidos representan nuestros intereses, motivaciones y valores. Luego, el comportamiento de las élites es determinante para construir el andamiaje de la ética. Una ética basada en la tolerancia, como principio fundamental de la sociedad plural en que vivimos. La dimisión de Zapata, como "concejal de cultura", es condición necesaria, pero no suficiente para la higiene política. En días como hoy, en los que tanto se habla de "regeneración democrática", no es admisible que los elegidos hagan humor negro con las desgracias ajenas. No lo es, porque el oficio de la política; es algo más que gestionar presupuestos y asistir a plenos. El político – en palabras del filósofo – debería ser, ante todo, un educador en valores.

En días como hoy, algunos políticos no hacen un buen uso de las redes sociales. No lo hacen, porque emiten mensajes al diálogo global; sin percatarse de la diversidad receptora. Por ello, antes de lanzarse al ruedo – como diría Matías Prats si nos oyera – deberían inspeccionar el terreno, para conocer de cerca al toro que les mira. Si no lo hacen, si escriben como si hablaran con los suyos en una tarde de domingo; tendrán los días contados en la plaza que torean. Los tendrán, porque cualquiera podrá escarbar en sus tierras y descubrir el secreto que disimulan. Por ello – me decía Juan – lo mejor es que no escriban en twiiter; o  que lo hagan con mesura, y siendo responsables de los efectos provocados.

Si yo fuera Carmena – me contaba Juan – hubiese cesado de inmediato a Guillermo Zapata. Lo hubiese cesado porque sus tuits son una falta de respeto a las víctimas. Con el tuit: "¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero"; el autor se mofa de los campos de concentración nazi; del sufrimiento de miles de judíos que fueron asesinados por los caprichos de Hitler y, de los familiares de tales difuntos. Otros tuits del exconcejal de cultura, como: "#Rescateficción Rajoy promete resucitar la economía y a Marta del Castillo" o “ser comunista nunca había sido tan sencillo. Es solo un poco más sencillo que ser de ETA"; ponen en evidencia la gravedad del asunto.

La Z de Zerolo

El otro día, le pregunté a Jacinto por Aurora; una vieja conocida de la universidad, que milita en el partido socialista. Es – como diría mi abuelo, si me oyera – una activista de pura cepa. Está metida en todos los embrollos. Es vocal del AMPA del colegio de Irene, su hija. Vicepresidenta de la asociación de amas de casa. Presidenta de la comunidad de propietarios por sexto año consecutivo. Secretaria de la comisión de fiestas de su pueblo. Y, por si fuera poco, la acaban de nombrar presidenta de honor de una asociación dedicada a la digitalización de periódicos republicanos. Le pregunté a Jacinto por ella -como digo – porque a sus 39 años – hace un año y medio – le diagnosticaron un cáncer de colon. Se lo diagnosticaron – casualidades de la vida – el mismo mes que a Zerolo

Hace tres meses fui a verla. Su casa parece – y no exagero en absoluto – un museo del partido socialista. En la vitrina del salón, tiene fotos con Felipe González, Alfonso Guerra, Trinidad Jiménez, Joaquín Almunia y Zapatero, entre otras. La más reciente, es una con Pedro Sánchez. Se la hizo el año pasado, cuando el líder socialista acudió a su pueblo durante las primarias del partido. El cenicero, que hay en la mesa de la cocina es una reliquia de los tiempos “felipistas".Felipe aparece con veinte años menos, pelo negro y una chaqueta de pana marrón. Bueno lo de pelo negro, no es del todo cierto; en el cenicero lo tiene gris – dice Aurora – de tanta ceniza que le ha caído encima a lo largo de estos años. En su dormitorio, cuelga una foto de Zerolo; lleva un jersey verde y una bufanda a rayas. Luce sus rizos azabaches, – los mismos que le arrebató el cáncer – y una sonrisa sincera y llena de energía, que nunca consiguió borrarle el "bicho".

Aurora es presumida, coqueta y adicta al maquillaje. En la universidad no pasaba desapercibida. Solía vestir con vaqueros desgastados, camisetas de Benetton y pañuelos de mercadillo. Ropa barata pero muy bien conjuntada para un cuerpo lleno de vida. En aquellos tiempos ya ocupaba cargos en colectivos estudiantiles. Luchaba, para que los hijos del barrendero tuvieran las mismas oportunidades que las hijas de Alejandro, el banquero de su pueblo. Le indignaba que los gays y lesbianas no pudieran casarse en plena democracia. No soportaba a los curas. Tanto es así, que estaba en contra del bautismo y todos los sacramentos juntos. No se casó por la Iglesia, ni acudió al funeral de su suegra. Fiel seguidora de Nietzsche, no entendía por qué Dios seguía vivo en las sociedades avanzadas. Por muchos Padrenuestros que rece – decía – si no fuera por la ciencia, ya estaría enterrada en el panteón de mi abuela.

El cáncer ha secuestrado su cabello dorado y el rosado de sus mejillas. Hablé con ella de Podemos, del caso Errejón, y de libros. Me dijo que estaba leyendo "Garzón: el hombre que veía amanecer", un libro viejo; escrito por Pilar Urbano, que le había comprado su cuñada en la feria de Madrid. Después de un rato, acabamos hablando de salud. Le pregunté cómo llevaba el tratamiento. "He aprendido a morir", me dijo. "Gracias a la enfermedad, ahora estoy más viva que ayer. Hago deporte, voy al cine y como pizzas los sábados por la noche". Mientras hablaba, la miré atentamente a los ojos; estaban sanos; brillaban como las estrellas en una noche de San Juan. Me dijo que no servía de nada rezar, ni llorar, ni lamentarse por la enfermedad. Me llamó la atención una “Z” que lucía en su mano izquierda. La miraba y no le encontraba sentido. El nombre de su marido empieza por jota; su padres son Antonio y María, y su hija se llama Irene. No lo pude remediar, y le pregunté: Aurora: ¿Y esa zeta? "Es la zeta de Zerolo", me contestó.

Gregorio, Platón y Maquiavelo

Tras las elecciones autonómicas y locales, el cuñado de Rodríguez – Gregorio – reunió en su casa a los filósofos del pasado. Desde Grecia – a millones de años del siglo XXI – llegaron Platón y Aristóteles. El primero, portaba un libro bajo el brazo, titulado "La República". El segundo, "La política", un compendio sobre leyes, ciudades y revoluciones. También asistió Maquiavelo, un funcionario de las tripas italianas que se hizo famoso – después de muerto – por "El Príncipe", un tratado sobre el oficio de la monarquía. Mientras tomaban café y alguna que otra copa de whisky, llegó un señor de barba blanca y aspecto desaliñado. En sus manos llevaba "Das Kapital", una crítica ácida al juego sucio entre opresores y oprimidos. Adam Smith y Keynes fueron los últimos en llegar. Ambos, como saben, son la noche y el día en asuntos económicos.

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Respetar el veredicto

Aunque la derecha haya obtenido más votos que el resto de sus rivales, lo cierto y verdad, es que lo tiene crudo para gobernar en buena parte de Hispania. Lo tiene crudo, como digo, porque los posibles tripartitos entre Podemos, PSOE e Izquierda Unida impedirán que los principales bastiones de Rajoy: Valencia, Madrid y Castilla la Mancha, sigan en pie tras el veredicto ciudadano. Así las cosas, mientras el Pepé pierde fuelle de cara a las próximas elecciones generales, los partidos emergentes atesoran las llaves de sus castillos azules. Tanto es así, que hasta la señora Aguirre solicita pactos antinatura – entre populares y socialistas -, con tal de impedir que "los populistas" – Ahora Madrid – consigan la alcaldía. Son, precisamente, estos gestos de desesperación, por parte de la expresidenta madrileña; los que sitúan a la marca Rajoy al borde del precipicio.

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Sobre bilingüismo y demagogia

El otro día leí: "ni bilingüe ni enseñanza", un artículo de Javier Marías, publicado en el Magazine de El País. En su texto, el literato criticaba los "programas bilingües", que se imparten en muchos colegios e institutos españoles. Los criticaba, como digo, porque según Marías, cito textual: "esos profesores – los bilingües – poseen un conocimiento precario del idioma, de nuevo salvo excepción; lo chapurrean, por lo general tienen pésimo acento o ignoran la pronunciación correcta de numerosas palabras, su sintaxis y su gramática tiende a ser mera copia de los del castellano, y además, en cuanto se encuentran con una dificultad insalvable, recurren un rato a esta última lengua, sabedores de que es la que los estudiantes sí entienden". Para escribir, aparte de conocer la lengua y ser un espadachín de la palabra – como es el caso de Marías – , es necesario saber de que se habla. Es necesario porque si no, corremos el riesgo – los escritores – de caer en la demagogia y confundir a los lectores. 

Poner en cuestión la profesionalidad de los docentes, acogidos a los programas bilingües, es una falta de respeto al colectivo. Lo es, estimado Marías, porque el requisito mínimo para impartir una asignatura en un idioma extranjero; es poseer un nivel B2 de tales conocimientos. Dicho nivel equivale a seis cursos de la Escuela Oficial de Idiomas (EOI), según establece el "Marco Europeo de Referencia para las Lenguas". Aparte de dicho título, algunas Comunidades Autónomas exigen a sus docentes "el certificado de capacitación para la enseñanza en lengua extranjera", como es el caso de la Comunidad Valenciana para impartir clases en valenciano. Decir que los "profesores poseen un conocimiento precario del idioma" es un insulto, ya no solo a los docentes sino a las instituciones que se ocupan de expedir tales acreditaciones. Javier Marías escribe sin basarse en ningún estudio sociológico que sostenga sus afirmaciones; afirma sin concretar institutos ni colegios que avalen sus palabras y, escribe solo del ruido que le llega de conocidos y allegados. Algo nefasto, queridísimos lectores, tratándose de un escritor de renombre; capaz de influir en la opinión pública.

Aunque los profesores tengan acreditada su competencia lingüística para impartir determinadas materias en una lengua extranjera, lo cierto y verdad; es que esta condición es necesaria pero no suficiente para que los alumnos aprendan el idioma. No lo es, como les digo, porque una lengua es algo más que conocer la jerga de una disciplina cualquiera. El aprendizaje de idiomas necesita de la "praxis". Una praxis, que faculte al alumnado para pensar en la lengua adquirida como si fuera la nativa. Para ello, para que los pupilos practiquen la teoría; es necesaria la implicación de los políticos. Es necesario, como digo, que tales programas sean complementados con largas estancias en el extranjero; bibliotecas bilingües en colegios e institutos; prensa extranjera en las salas de profesores, y conversaciones entre alumnos de distintos países mediante Skipe y aplicaciones similares. Para conseguir este cometido hace falta dinero. Dinero en forma de becas y, dinero mediante dotaciones a los centros, para que los docentes bilingües perfeccionen su herramienta y sus pupilos logren la competencia.

Una vieja amiga, me contó; que su marido había sacado un diez en el carné de conducir pero, sin embargo era un pésimo conductor. Un pésimo conductor porque casi nunca cogía el Audi. Le daba mucho miedo la carretera. Tanto, que cuando conducía se ponía tenso como una estatua; le temblaban las manos y los pies cuando entraba en la autovía. Me contaba que conocía todas las señales de memoria; las distancias de seguridad; las multas por exceso de velocidad; e incluso entendía de mecánica. Era brillante en la teoría pero un nefasto conductor. Hasta tal punto que nadie de la familia quería montar con él en el coche, porque su inseguridad era percibida por los otros. A su marido – me contaba esta sabia amiga – le hacía falta muchas horas al volante. Solamente así, a base de práctica – de ensayo y error – conseguirá vencer sus miedos y enfrentarse al asfalto. Lo mismo sucede con miles de docentes acogidos al bilingüismo. Profesores con matrículas de honor en las Escuelas Oficiales de Idiomas pero, sin embargo, con "suficiente raspado" en las artes oratorias. Siempre, según las palabras de Marías, un escritor de renombre.  

Indignados de Podemos

Como saben, siempre he sido muy crítico con el movimiento 15-M. Desde sus inicios, denuncié la ambigüedad de sus fines y los mecanismos para lograrlos. En un artículo titulado "el silencio de las plazas", con motivo de su primer aniversario, hice una crítica severa sobre las cenizas de la indignación. Intenté, desde las turbinas de mi pensamiento, entender cuáles eran las razones que apagaban la llama de los "camorristas y pendencieros" de la señora Aguirre. Me preocupaba, y así se lo hice saber a Javier – un indignado de Hessel – que con "la que estaba cayendo en la Hispania de Rajoy", la gente no gritara como ayer. En varias columnas del Rincón, reivindiqué la necesidad de que la indignación se materializara en una fuerza política. Una fuerza política, que institucionalizara el malestar de millones de españoles, a través de un programa político; cocinado desde abajo. Solamente así, mediante una articulación política del movimiento 15-M, se lograría reinventar la democracia.

Transcurridos unos meses, surgieron las primeras plataformas ciudadanas, o dicho de otro modo, los primeros cimientos políticos del movimiento. Plataformas como: "Stop Desahucios", "Afectados por la Hipoteca" y "Afectados por las preferentes", entre otras; sirvieron para ponerle los agudos y graves a ese grito desgarrado, llamado indignación. El silencio de las plazas fue sustituido por los escraches. Escraches a banqueros y políticos, por ser ellos – en palabras de Manuela – los principales culpables de nuestras vergüenzas internacionales. En aquellos tiempos, escribí un artículo titulado "Los Martínez", donde narraba las penurias económicas, por las que atravesaba una familia española. Tras publicarlo, recibí más de cien correos de lectores. Correos donde me contaban que sus vecinos y amigos también eran "Martínez". Después de aquello, supe que la indignación no era una moda pasajera sino el síntoma de un cáncer social, que amenazaba la salud de nuestra querida democracia. Supe que Rajoy no estaba a la altura del problema. No lo estaba, porque se escondía detrás de plasmas para no ser preguntado; "le interesaba más – en palabras de Jacinto – los números macroeconómicos que las hambrunas de su pueblo".

El año pasado, como saben, surgió Podemos. La irrupción de Pablo Iglesias fue una bocanada de aire fresco para millones de nostálgicos con el movimiento 15-M. El "líder de la coleta" culminó la institucionalización de la indignación mediante la creación de una nueva identidad política. Una nueva identidad, como digo, que representó el enfado de millones de indignados. Indignados con: la corrupción de los políticos; el "clientelismo" de los partidos; el favoritismo hacia los bancos; la desigualdad entre los de arriba y los de abajo; los recortes sociales; el éxodo de talentos; las altas tasas de paro; la Ley Mordaza; el incumpliendo del programa electoral, por parte de Rajoy; el aumento de las tasas universitarias y, las reducción de la Oferta de Empleo Público, entre otras. La ubicación de Pablo Iglesias en el lado de los indignados, sirvió para que éstos recuperaran la ilusión por la política. Así las cosas, Podemos – para sorpresa de muchos – irrumpió en las elecciones europeas y obtuvo cinco diputados; algo histórico para una colación de "frikis", en palabras de Arriola, el sociólogo de Rajoy.

Después de aquella victoria, el partido del morado ha ido perdiendo fuelle de cara a los próximos comicios. Lo ha ido perdiendo, por una serie de torpezas políticas. Torpezas, como digo, que han servido para que sus representados – los indignados del 15-M – ya no vean a Podemos como un partido distinto, sino como uno más de la parrilla. El caso Errejón; el plantón de Pablo Iglesias al programa de TeleCinco; la moderación de sus medidas; la ubicación ideológica en tierra de nadie -ni de izquierdas, ni de derechas -; el resultado de las elecciones Andaluzas, alejado de sus expectativas; la dimisión de Monedero y, la tardanza en presentar su programa en las próximas autonómicas son; entre otras razones; las que explican el desencanto del hechizo. Para reconquistar a su posible electorado, la agrupación de Podemos debería radicalizar su discurso, como lo hizo en las pasadas europeas, y ubicarse en la izquierda. Si no lo hace, si continúa moderando su mensaje para pescar en río revuelto a los indecisos del centro; probablemente será castigado por los indignados del ayer; los mismos que hace cuatro años abarrotaban la plaza Sol.

Dilemas ideológicos

El otro día, María me decía que estaba sorprendida por el último sondeo del CIS. Me comentaba – esta humilde señora de las tripas alicantinas – que no se explicaba por qué las encuestas daban ganador al partido popular, a pesar del desmantelamiento del Estado del Bienestar. No entendía por qué la gente seguía creyendo a Rajoy; después de haber gobernado de espaldas a su programa. Probablemente, la derecha perderá la mayoría absoluta – me decía – pero seguirá gobernando con el beneplácito de Ciudadanos. Luego – concluía María – seguiremos con las políticas de austeridad; a pesar de que la formación de Albert de Rivera se declare: "liberal en lo económico y progresista en lo social".

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Repensar el periodismo

A menudo tengo ganas de tirar la toalla; ganas de dejar de escribir. En este país “juntar letras" no sirve para nada. Somos el país que menos lee de Europa. Un país donde, la escritura es un oficio de frikis y la lectura una tarea de aburridos. A pesar de ello, sigo juntando letras en los lienzos de mi blog. Sigo escribiendo como una expresión de humildad y rebeldía contra el argumento de autoridad. Son tantas, las ideas que cuelgan por mi mente, que el único camino que encuentro para liberarlas de su prisión; es la senda de mi Rincón. En esa senda, de pensamientos mundanos, las ideas se convierten en mis principales enemigas. Me convierto en un esclavo para ellas. Un esclavo, como digo, por sacarlas de mi mundo interior; por desnudarme en una selva de serpientes y leones. La escritura no hace libre a su autor, sino todo lo contrario. La escritura es un oficio de valientes para una jungla de cobardes.

A todos los que dicen que "estamos ante una prensa libre, plural e independiente", les contesto que "naranjas de la China". La prensa nunca ha sido un oficio libre en términos absolutos. Ha habido más o menos libertad de expresión, en función de las circunstancias históricas del momento; pero nunca ha existido – ni probablemente existirá – un tejido mediático, cosido por las agujas de la crítica. Los críticos no somos bienaventurados en los corrales de la democracia. No lo somos, como digo, porque existen intereses económicos; encargados de manipular a los tranquilos. Intereses para que el pueblo "no piense". Intereses para que el lector no descubra quién le escribe las noticias. No olvidemos que las noticias son selecciones subjetivas de la realidad. ¿Qué significa eso?, que mientras en el mundo ocurren millones de sucesos, solamente unos pocos se convierten en noticia. Son, precisamente, los poderes mediáticos, quienes deciden qué fenómenos interesan – o no – a la gente.

La prensa se ha convertido en un sinfín de historias repetidas; de millones de titulares al unísono, circulando por la red durante fracciones de segundo. Ante este caos informativo, el lector no tiene tiempo para digerir sus lecturas; para discernir entre información y opinión, y para excavar en las rocas de los renglones. No tiene tiempo, porque lo que está leyendo ahora, caducará en los próximos minutos. Es, precisamente, este ritmo frenético de noticias, y no otro, el veneno que destruye al crítico contemporáneo. En días como hoy, casi nadie se acuerda de los fallecidos por el Ébola. Son muy pocos, los que siguen el devenir de Sierra Leona. Y muy pocos, los que reflexionan sobre futuras epidemias. Al final, como dicen en la calle: "el muerto al hoyo y, el vivo al bollo". Algo lamentable, cierto, pero real como el dolor de mi garganta.

Ante este panorama desolador, es momento de repensar el periodismo. Es necesario un nuevo periodismo, con menos cantidad, y más calidad en sus contenidos. Calidad entendida como la capacidad del periodista para seleccionar, publicar, analizar y reflexionar sobre los hechos. Hace falta un periodismo crítico; alejado del servilismo a los partidos. Hace falta que la prensa se convierta en una oportunidad para la voz de la intelectualidad. Una prensa que abra sus puertas a nuevos talentos en sus secciones de opinión. Nuevos columnistas que reemplacen a los "articulistas de siempre". No es bueno, para una democracia que la opinión dada sea ostentada por una minoría de “escritores de renombre”. No es bueno, como digo, porque ello supone un sesgo para la construcción de la sociedad del conocimiento. Así las cosas, es necesario que los periódicos se conviertan en el motor de la cultura. Solamente así, con la ayuda de la prensa, los nuevos pensadores podrán salir del anonimato; demostrar al mundo su talento y, conseguir hacerse un hueco en la jungla de la escritura. Mientras la prensa no ayude a la cultura, mientras sea reacia a deshacerse de lo viejo, seguiremos alienados por los escritores de siempre.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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