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Sobre amores y política

Esta mañana, me ha contado María, que su amiga Gabriela había roto las fotografías de su boda. Las había roto, porque no soportaba ver, cómo el hombre que la besaba, con tanta pasión y dulzura. Años más tarde, se hubiese convertido en el verdugo de su vida. Después de una década de matrimonio, Gabriela y José se han separado. Se han separado porque no echaron suficientes troncos a la lumbre en las frías noches de enero. "Recuerdo – en palabras de María – que al principio de la relación, mi amiga estaba tan enamorada de su marido, que se creía todas sus mentiras". No olvidemos – me decía – que Gabriela, durante cuatro años, no quería saber nada de hombres. Antes de esta relación, estuvo casada cinco años. Felizmente casada, hasta que descubrió que su ex – el mismo que le regalaba bombones de Mercadona, el día de Nochebuena – se acostaba con Andrea, una compañera de oficina. Una hostia en toda regla, para odiar, durante una larga temporada, al mejor de los galanes.

Artículo completo en Levante-EMV

Analfabetismo científico

La Secretaria de I+D+i – Carmen Vela – presentó, el otro día, los resultados de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia. Un estudio, para que nos entendamos, que estudia el grado de alfabetización científica de los ciudadanos. Pues bien, agárrense porque vienen curvas: "el 25% de los españoles – o sea un cuarto de la población – cree que el Sol gira alrededor de la Tierra". Y – como diría Súper Ratón – ¡no se vayan todavía, aún hay más! "El 30% cree que los dinosaurios convivieron con los humanos", tal y como sucede en los dibujos animados de "los Picapiedra". Estos datos no serían noticia si los encuestados fueran ciudadanos de países subdesarrollados. Países, como digo, sin un Estado del Bienestar como el nuestro y, sin un derecho a la educación reconocido por una Constitución. Son, precisamente, las dificultades para cubrir las primeras necesidades de Maslow, las que justificarían su ignorancia científica en contraste con nosotros.

Nuestro caso es muy distinto al de los países del Tercer Mundo. La Hispania del ahora responde al ideal de una sociedad avanzada. Una sociedad alejada de la losa del franquismo y de su alto analfabetismo. En días como hoy, España es un país con un derecho a la educación, reconocido por la Carta Magna; donde la escuela es obligatoria hasta los dieciséis años y, el acceso a la información está al servicio de la mayoría, gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Vivimos – en palabras de Manolo, el cuñado de Gabriela – tiempos abanderados por la ciencia y la tecnología, donde las letras han perdido el lugar que ostentaban en los años de Quevedo y, la filosofía ha sido castigada por los caprichos de la derecha. Tiempos, como digo, donde lo que sobra es información y lo que falta es pedagogía para encontrarla. Con estos mimbres sobre la mesa, resulta inverosímil que con tantas facilidades para el conocimiento, doce millones de españoles no sepan, en pleno siglo XXI, aquello, que a Galileo le trajo tantos quebraderos de cabeza.

La mayoría de los ciudadanos – según se desprende del estudio – acceden a la información científica a través de Internet; siendo la "Wikipedia", el sitio más recurrido para estos menesteres. A pesar de que dicho sitio Web reciba millones de visitas y se haya consolidado como diccionario de consulta, lo cierto y verdad, es que esta enciclopedia está editada, de forma libre. Una página  formidable para el enriquecimiento de la sociedad del conocimiento y la libertad de expresión en el limbo de los píxeles pero, al mismo tiempo, criticada por científicos y expertos por la indeterminación de sus fuentes. Aunque la mayoría de los ciudadanos acuda – acudamos – a la Wikipedia y páginas similares para buscar respuestas inmediatas a nuestras necesidades de conocimiento; se debe – debemos – realizar un uso responsable de las mismas. Un uso responsable, basado en un contraste de las fuentes y, en una mirada crítica hacia todo aquello que leamos. Ingredientes necesarios para la toma acertada de decisiones. 

Aunque los ciudadanos busquemos respuestas a través de la Wikipedia u otras páginas similares, lo que está claro, es que el mensaje de la ciencia no está calando en el ideario colectivo. Luego, algo estamos haciendo mal para que las vocales de la rama no hayan sido bien digeridas por el común de los mortales. Hace falta, como digo, una nueva pedagogía de la ciencia; para que el avance del conocimiento, no se convierta en un rumor distorsionado por el boca oído de sus interlocutores. Para ello, para que el saber científico circule sin deterioros, es necesario acercar la ciencia al ciudadano. Un acercamiento, señoras y señores, basado en una mayor visibilidad de los científicos en los medios de comunicación; en la divulgación de programas científicos, al estilo de  "Érase una vez… el cuerpo humano" o "Érase una vez … la vida" y, en la recuperación de las enciclopedias de papel. Acercamientos necesarios para que estos datos vergonzosos no se reproduzcan en años venideros. Aún así, tres cuartos de los encuestados saben que la Tierra da vueltas alrededor del Sol. Un dato atractivo, si tenemos en cuenta que la mayoría de los españoles leen el Marca; consumen programas de cotilleo y están enganchados al "wasap".

El efecto Rato

El otro día, cuando me enteré del caso Rato, acudí a comprar el diario La Razón. Me interesaba saber cómo los escribas de Marhuenda trataban el tema de Rodrigo, sin molestar a la derecha. Así las cosas, José María Marco – autor de La Jungla, nombre de su columna, echaba balones fuera sobre lo sucedido. Balones fuera, queridísimos lectores, porque según el articulista de Paco: "los hechos protagonizados esta semana por Rato no están motivados por un caso de corrupción". No lo están porque – siguiendo su argumento – forman parte de lo privado o, como dijo Sáenz de Santamaría "se trata de un asunto particular” o dicho en palabras llanas: "el Gobierno en este asunto ni pincha ni corta".  Con el titular "Probar la culpabilidad", el editorialista de Marhuenda apelaba a la presunción de inocencia y situaba a Rodrigo como una víctima del sistema. Una víctima juzgada por "la pena del telediario", por temas que no guardan relación con los cargos que ocupaba en sus tiempos de gloria, sino por asuntos cotidianos de un "ciudadano cualquiera".

Con la noticia "Hacienda halla evidencias contra Rato y pone la lupa en su exmujer", La Razón disparaba todo su arsenal de retórica barata contra Ángeles Alarcó. Un titular magnífico, cierto, para descafeinar las vergüenzas del Pepé y "pasar el marrón" a la "ex" de Rodrigo, a pocas semanas de las elecciones. "Pasar el marrón" – en la jerga carcelaria – es la táctica que utilizan los pillos para "escurrir el bulto" por sus tejes y manejes. Aunque la exmujer de Rato estuviera metida en este berenjenal y existieran indicios de ello, lo cierto y verdad es que ella no sería noticia, sin la caza de su exmarido. No lo sería, estimados señores, porque Ángeles Alarcó – actual presidenta de la empresa pública Paradores – es una anónima de cara a la galería. Alguien, cuya hipotética detención sería "un asunto particular" – sin relevancia mediática – en el más amplio sentido del término, expresado por Soraya.

Como cortina de humo, los escribas de Marhuenda han aludido, en varias columnas, a la polémica suscitada por las formas en que los agentes de Aduanas introdujeron a Rato en el coche oficial. Lo introdujeron, como saben, con la mano sobre la nuca; del mismo modo que se introducen a los violadores, delincuentes y asesinos. Esta práctica – en palabras del experto – es el protocolo habitual que llevan a cabo los agentes para que los detenidos no se golpeen la cabeza cuando entran en el coche. Así las cosas, la Ley es igual para todos, y aunque la imagen haya sentado como un jarro de agua fría a más de uno, es lo que hay cuando se vive en un Estado de Derecho. Es, precisamente, la fotografía de: un exvicepresidente del Gobierno; exministro de economía; exdirector del FMI, expresidente de Bankia y Honoris Causa de la universidad Rey Juan Carlos, entrando en el coche para ser traslado a comisaría, la que sitúa a la "marca España" en el hazmerreír ante los ojos internacionales.

A pesar de que Rato tenga el derecho – como todo ciudadano, faltaría más – a la presunción de inocencia. A pesar de que su caso sea un "asunto particular", ajeno a los quehaceres de Rajoy. Y, a pesar de que su detención no haya gozado de la estética deseada. Lo preocupante de todo este desaguisado es saber si, la “Amnistía Fiscal”, orquestada por el Pepé, tiene algo que ver con las fechorías de Rato. Si así fuera, si se demostrara que detrás de la amnistía hay una intención partidista en beneficiar a los peces gordos de Génova, entonces el caso Rato se convertiría en un "asunto público" y el Pepé no tendría escapatoria. No la tendría, porque se demostraría que la "mayoría absoluta" ha sido utilizada para “ayudar" a los suyos. Aún así, aunque no se demuestre tal ecuación – probablemente nunca se demostrará – el hundimiento del buque insignia del Pepé – por supuestos delitos de fraude fiscal, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales – deja muy tocado a Rajoy de cara a las próximas elecciones. Lo deja, porque la palabra Rato será tabú en los próximos mítines. Y lo deja, porque sin Rato en el discurso mitinero, resultará complicado sacar tajada del "España va bien" de los tiempos aznarianos. Un silencio forzado por el "efecto Rato".

Los tiempos del mercadillo

Aparte de escribir en el blog, soy profesor de secundaria. Desde que hice el CAP (el curso de adaptación pedagógica) tuve claro que mi vocación era la educación. En esta vida – en palabras del anciano -, cada uno cumple una función. Y la mía, sin duda alguna, son los libros y las tizas. Aunque el trabajo docente sea duro, por la lucha diaria que supone el trato con el público, el salario emocional supera con creces a los euros de la nómina. Gracias a este trabajo, no necesité estudiar psicología. No lo necesite, como digo, porque el mejor entendimiento del comportamiento ajeno es el calor de la gente. Antes de dedicarme a la enseñanza; trabajé en tropecientos oficios: desde repartidor de publicidad y mozo de almacén en Mercadona, hasta serigrafista y vendedor ambulante. 

Fue, precisamente, debajo de las lonas del mercadillo, vendiendo abrigos de mujer en las frías mañanas de enero, donde conocí el arte de la venta. Comprendí que mucha gente compra por envidia; que algunas mujeres pasan de plebeyas a princesas cuando se suben a unos tacones y, que "la mona", por muchas sedas que se ponga, mona se queda. En la calle, queridísimos lectores, conocí a hombres buenos y gente con muy mala leche. Aprendí, que para algunas personas quinientos euros son calderilla y para otras, sin embargo, son la comida de cinco semanas. En el mercadillo entendí; que en un mundo tan ruidoso, hay mendigos de palabras. Gente en búsqueda de curas sin sotana a cambio de consuelo. Debajo de la lona, conocí a Joaquín – un gallego afincado en Alicante -. Joaquín – ya fallecido – tenía setenta años y se ganó, como el decía, las lentejas en las Américas. Me contaba, con pelos y señales, las características del taller que regentaba en una calle de Caracas. De vez en cuando, me regalaba quesos de tetilla y tartas de Santiago.

En el mercadillo también conocí a José, el vecino de las camisas. Todos los jueves, a eso de la una del mediodía – mientras recogíamos la parada – hablábamos, largo y tendido, de política. Rojo hasta la médula, me comentaba que no había nada más absurdo que un albañil de derechas. No soportaba a la derecha. Tanto es así que siempre repetía: "¡los fachas, ni en pintura!". A su padre lo mataron los franquistas en el campo de Albatera. Era tanta la rabia contenida, que los ojos se le encharcaban cada vez que sacaba la foto de su padre de la guantera de la Iveco. La sacaba para enseñársela a Manolo, un limpiabotas de la plaza de los Luceros, que los jueves acudía al mercadillo. Manolo se mantenía gracias a una pensión que cobraba, por una hernia que se hizo cuando trabajaba cargando camiones en el puerto de Melilla. Aparte de la pensión, se sacaba un "contento" – como él solía decir – limpiando botas a los "peces gordos" de la Diputación.

Todas las semanas, Enrique – el vendedor de periódicos – pasaba por el puesto. "¡Moreno – me decía – ahí te dejo la prensa, luego me la pagas!". A la hora, cuando pasaba a cobrar, se sentaba un rato debajo de la lona a fumarse el cigarrillo. Me contaba lo mal que lo pasó, cuando lo operaron de la próstata. A los cincuenta y tres años, le tocó la peor de las loterías. Un bicho se había apoderado de su próstata y amenazaba con su vida. Durante meses recibió quimioterapia y hoy, diez años después, toca madera cada vez que recuerda lo mal que lo pasaba, cuando las enfermeras le inyectaban la dosis de “matasanos". Aurora, su mujer, falleció hace dos meses. Me enteré por casualidad por un viejo conocido de mis tiempos de mercadillo. La señora de Alberto solía comprarme, todos los años, un chaquetón para acudir a misa de los domingos. Recuerdo que era una señora con mucha barriga y, la verdad sea dicha, lo tenía muy complicado para encontrar una prenda que se ajustara a su figura. Me costaba, como digo, porque los chaquetones que le paraban bien de hombros, no se los podía abrochar por su abultada barriga. Y, los que se podía abrochar, le quedaban anchos de hombros. Una vez me enseñó una foto de cuando era joven. Era una mujer guapa y esbelta, de esas que no pasan desapercibidas cuando andan por la Gran Vía.

UPyD, luces y sombras

A pocas semanas de las elecciones autonómicas y locales, el partido de la exsocialista Rosa Díez se debate entre la vida y la muerte, por los embates recibidos tras las europeas y andaluzas. En días como hoy, la formación Unión Progreso y Democracia, se halla inmersa en una grave crisis interna; provocada por la grieta abierta entre: quienes prefieren "caminar por libre" y quienes optan por "viajar acompañados". Son, precisamente, estas discrepancias de enfoque; las que han suscitado la dimisión de Toni Cantó – el buque insignia de la formación magenta -, Álvaro Anchuelo e Irene Lozano, miembros – estos últimos – del Consejo de Dirección del partido. Tanto es así que el próximo mes de junio se celebrará un Congreso extraordinario para decidir qué bando liderará la batalla por la supervivencia. Si ganan los "libres", o dicho de otra manera, los afines a Rosa Díez, la probable consagración de Ciudadanos, en los próximos comicios, será un cáncer letal para UPyD.  Si, por el contrario, ganasen "los del encuentro" (los afines a Rivera), el partido de Díez se convertirá en "un enfermo terminal conectado a una máquina artificial".

El partido magenta nació como una escisión del partido socialista. No olvidemos que Rosa Díez fue militante del PSOE hasta el año 2007. Ostentó cargos de diputada foral por Vizcaya, consejera del Gobierno Vasco y, europarlamentaria. Así las cosas, UPyD ha sido, desde sus inicios, el refugio para los náufragos del centro. Náufragos, como digo, cabreados con las políticas últimas de Zapatero y nostálgicos de los tiempos de UCD, el partido de Adolfo Suárez.  UPyD encontró su cuota de mercado en una tierra de nadie; habitada por miles de almas neutrales y abstencionistas en potencia. Gente, como digo, de ideología blanda, o dicho de otro modo, sin pasión por la política, que encontraron en las siglas de Díez, una excusa perfecta para levantarse del sofá y acudir a las urnas. Aunque el partido de Díez comenzó siendo un partido "progresista" – lo digo por lo de su nombre y el pasado socialdemócrata de su fundadora -, el devenir de los tiempos ha demostrado que detrás de sus siglas hay grandes afinidades con Ciudadanos.

Así las cosas, queridísimos lectores, muchos simpatizantes de Rosa Díez – ex votantes del partido socialista – regresarán a su triste morada  – a la casa de Sánchez -, tras descubrir que detrás de la "P" de " Unión, Progreso y Democracia", se esconde una "nueva derecha", similar a Ciudadanos. Por otra parte, muchos afilados a UPyD – de ideología neoliberal – han emprendido el éxodo hacia Ciudadanos. Lo han hecho, cierto, porque el partido de Albert Rivera representa, con mayor nitidez, los valores conservadores. Es, precisamente, la ambigüedad del discurso de UPyD, la que explica por qué: un partido que prometía la luna, se encuentre en "bancarrota". Llegados a este punto, sería un milagro que el partido magenta saliera airoso de la quema. Milagro, cierto, porque Ciudadanos ha llegado para quedarse y milagro, porque en vísperas de unas elecciones autonómicas y locales, el liderazgo de Rosa Díez se encuentra bajo mínimos. Tanto es así, que la fuerte autocrítica interna de su partido, ha hecho que afloren a la luz los platos rotos de la cocina. Luego, con una crisis de liderazgo galopante y un partido desunido, por la debacle andaluza, es de recibo que estamos ante los preámbulos de una muerte anunciada.

Como saben, el próximo mes de junio, Irene Lozano competirá con Rosa Díez para liderar el partido. Si gana la primera – Irene Lozano – se realizará – según ella – una consulta a las bases sobre si UPyD debe adherirse a Ciudadanos o seguir en solitario. Si gana la segunda – Rosa Díez – no habrá ni preguntas ni tutías, el partido seguirá como hasta ahora; aunque cientos de afiliados salten del Titanic por el hundimiento de su proa. Si la primera realizara la consulta y ganase la adhesión a Rivera, UPyD se consagraría como un partido de derechas; algo que, sin duda alguna, beneficiaría al PSOE. Lo beneficiaría, estimados lectores, porque las bases de centro-izquierda, hospedadas en UPyD, buscarían nuevas identidades progresistas. Así las cosas, UPyD lo tiene bastante crudo para seguir en el presente. Lo tiene, por dos razones. La primera, el casamiento con C's sería comida para hoy, y hambre para mañana. No olvidemos, que al final el pez grande (Ciudadanos) se comería al chico (UPyD). La segunda, andar en solitario, supondría volver a tropezar con la misma piedra que en Andalucía. Un tropiezo, que convertiría el sueño de Rosa en el cuento de la lechera.

La España ingobernable

Con Ciudadanos mediante, otro gallo cantaría en los corrales de Génova. Otro gallo cantaría, como digo, porque el partido de Rivera representa la resurrección del suarismo y la crisis del fraguismo. Tiempos, no tan lejanos, donde Alianza Popular era una organización fragmentada por el ala radical de la Falange y los moderados adolfinos. Tanto es así que durante años, el partido de Rajoy no daba palo al agua hasta que José María – Aznar en términos formales – reestructuró el partido, y metió en el mismo saco a nostálgicos de Iribarne con desencantados de Suárez. Gracias a esta maniobra, el expresidente del Gobierno consiguió una derecha fuerte, frente a una izquierda dividida por socialdemócratas y “comunistas". Comunistas entre comillas, cierto, porque todavía hay quien reduce Izquierda Unida a un partido retrógrado de tintes leninistas. Desde aquellos años, en España, como digo, se instauró para quedarse un escenario político, representado por una derecha unida y minoritaria, frente a una izquierda fragmentada y mayoritaria. 

Con la llegada de "la nueva derecha" – tal y como Sánchez ha etiquetado al partido de Rivera -, las siglas de Rajoy pierden fuelle de cara a las próximas generales; algo que favorece, sin duda alguna, al principal bastión de la izquierda, el partido socialista. Lo favorece, como digo, por dos principales razones. La primera: los tiempos de Pedro no son los de Rubalcaba. Las políticas de austeridad, llevadas a cabo por la derecha, han cerrado gran parte de las heridas del zapaterismo, cuestión necesaria para que los exiliados de Alfredo regresen a su nido. La segunda: con los resultados de Andalucía sobre la mesa, los mordiscos de Podemos se los lleva Izquierda Unida. Algo que sucederá – muy probablemente – en los comicios de noviembre, si tenemos en cuenta que el discurso de Podemos comparte más puntos y comas con las siglas de Garzón que con los pétalos de la rosa. Así las cosas, si se cumpliera este razonamiento, el hemiciclo de los leones quedaría compuesto por una derecha fragmentada – liderada por el Pepé – frente a una izquierda tripartita – abanderada por el partido socialista y seguida por Podemos e Izquierda Unida -.

El Partido Popular, UPyD e Izquierda Unida serían, por tanto, las fuerzas más castigadas en los próximos comicios. El Pepé perdería su holgada mayoría por tres razones de sentido común. La primera: el desmantelamiento del Estado del Bienestar y, por tanto, el aumento de la desigualdad social. La segunda: sus polémicas leyes. La ley Mordaza, la Lomce, el proyecto de reforma universitaria, la subida del IVA, la reforma laboral y las "gallardonadas" de Alberto, entre otras. Y, la tercera – aunque en menor medida -, la corrupción por el caso Bárcenas, Gürtel y demás. UPyD pasaría, probablemente, a la historia política de este país por el golpe de Ciudadanos. La casa de Albert Rivera sería, por tanto, el refugio para los desencantados del PP y los cabreados con la exsocialista, Rosa Díez. Y por último, Izquierda Unida sería – como dije antes – la fuerza más herida por el influjo de Podemos. Así las cosas, el lienzo postelectoral estaría representado por una derecha débil, por el influjo de Ciudadanos, frente a un PSOE fuerte por las grietas de su izquierda. Escenario que traería consigo un hemiciclo plural, sin mayorías absolutas, donde gobernaría la lista más votada. Estaríamos pues, ante una jaula de grillos a la italiana, donde los adelantos electorales y las posibles mociones de censura serían el rasgo común de toda la legislatura.

Con estos mimbres, no es extraño que se produzcan acercamientos preelectorales entre bandos enfrentados. Tanto es así que el Partido Popular ya está flirteando con Ciudadanos, y los socialistas con Podemos. Flirteos, queridísimos lectores, para evitar lo que sería la España ingobernable. Una España desorientada por la ruptura del bipartidismo acostumbrado. Un bipartidismo, que desde las columnas mediáticas ha sido muy criticado y hoy, cuando estamos muy cerca de perderlo; muchos se preguntan si hubiese sido mejor quedarnos como estamos. El pluralismo político tiene, como saben, sus ventajas e inconvenientes. Las ventajas, las leyes son consensuadas o, dicho de otro modo, cocinadas a fuego lento por distintos cocineros. La negociación y el talante se convierten en las condiciones necesarias para que el chiringuito funcione. Los inconvenientes, la falta de entendimiento entre las fuerzas del hemiciclo, suscita la formación de alianzas entre los afines de la batalla. Alianzas, como digo, que – en España – moverían el péndulo político hacia el bipartidismo, y pondrían el punto final al "tiempo nuevo", anunciado por S.M. en su discurso de investidura.

Mentes peligrosas

Desde que obtuve el carné de conducir -allá por los años noventa -, lo paso muy mal cada vez que monto con alguien en coche. Tanto es así, que cuando el vehículo se acerca a una señal de Stop – por poner un ejemplo-, mis pies buscan automáticamente el pedal de freno y mi cuerpo activa todo su arsenal de respuestas ante el miedo. Aunque el conductor allá sacado un diez en las pruebas del autoescuela y lleve más de cuarenta años de kilómetros a su espalda, me siento más seguro si soy yo, quien está al frente del volante. Me siento más seguro, como digo, porque nunca se sabe lo que puede estar pasando por la mente del otro. Nunca se sabe, si ha dormido lo suficiente; si ha discutido con su mujer; si tiene problemas para pagar la hipoteca; si su jefe la tiene tomada con él o, si antes de coger el coche se ha bebido una copa de Ponche. Por ello, para evitar tales temores, lo mejor es que sea uno quien tome las riendas del caballo. 

En América, como saben, está permitido el uso de armas. Tanto es así que, de vez en cuando, a algún que otro descerebrado se le cruzan los cables y se carga de un plumazo a un colegio entero. Siempre sucede el mismo patrón: tipo normal, que nadie sospecha de su mala intención hasta que el día menos pensado aparece en la portada del periódico. Y es que, queridísimos lectores, aunque la cara sea el espejo del alma y a los cincuenta tengamos el rostro que merecemos; es muy complicado saber lo que pasa por la mente del otro, por muchos test psicológicos que se le practiquen, y por muy avanzada que esté la psiquiatría. Aunque en España está prohibida la venta libre de armas. Si por éstas entendamos aquellos instrumentos capaces de matar a la gente; doy por hecho que cada mañana hay quienes cogen una al salir de su casa. La cogen, como digo, porque tanto un coche como un avión – por poner dos ejemplos – son medios de transporte y armas al mismo tiempo. A lo largo de la historia, ha habido conductores suicidas, que a la primera de cambio han apretado el gatillo, y se han llevado por delante la vida de cientos de personas. Personas que confiaron la seguridad de su viaje al factor humano y, sin embargo, éste estaba tarado.

Me produce indignación, por no utilizar otro calificativo, que algunos medios de comunicación se refieran a lo sucedido en los Alpes franceses con el calificativo de accidente. Si por accidente entendemos cualquier suceso repentino, no previsto ni deseado, que causa daños a las personas y/o a las cosas, les puedo asegurar que lo acontecido en Francia, es – supuestamente-  lo mismo que ocurre cuando un desequilibrado dispara contra decenas de inocentes, ya sea en colegios; en plena calle o incluso en maratones. Así las cosas, la tragedia francesa no es un accidente sino un presunto acto cometido por un trastornado con toda la mala leche del mundo. Aunque no podamos recuperar la vida de quienes, por las malas pasadas del destino, tomaron ese maldito vuelo; lo cierto y verdad, es que se deben tomar las medidas preventivas para evitar desgracias futuras. Medidas, tales como, no dejar que en la cabina de mandos vaya solo un piloto sino un mínimo de dos. Segundo, que sean los médicos – y no los pilotos- quienes comuniquen a las compañías aéreas, las bajas de sus pacientes en el momento en que se produzcan, tan solo bastaría con hacer clic en una tecla del ordenador de la consulta y que en la compañía aérea apareciera el mensaje: "fulano de tal: BAJA". Y tercero, aumentar la frecuencia de los reconocimientos médicos periódicos. 

Hace diez años, monté por primera vez en avión. El vuelo fue tranquilo hasta llegar a Italia. Las fuertes turbulencias hacían que el aparato se moviera más de lo debido. Al principio, la verdad sea dicha, no le di importancia. Pensé: "serán cosas normales de la meteorología. No tengo nada que temer. Al fin y al cabo, el avión es el transporte más seguro del mundo y los pilotos son gente muy formada". Después, conforme las turbulencias aumentaron, el miedo se apoderó de mí. Tanto es así, que la tensión en el ambiente se podía cortar con las caras de preocupación del pasaje. En ese momento, señoras y señores, sentí miedo. Miedo ante lo desconocido. Miedo por la inseguridad que me producía estar metido en un tubo a nueve mil metros de altura y sin ningún margen de maniobra. En ese momento se me pasaron por la mente, cientos de pensamientos negativos; desde la probable avería del avión hasta los preámbulos de un atentado suicida. Cuando me enteré de la tragedia francesa, y de que el avión tardó ocho minutos en impactar contra los Alpes, pensé en la angustia que sufrirían los 149 pasajeros. Pasajeros, como digo, presuntamente asesinados por una mente peligrosa. Una mente sin escrúpulos que controlaba sus destinos.

Lecciones andaluzas

Mientras conocidos y allegados lloran en Andalucía por el cadáver de UPyD, en el hospital postelectoral se hallan en estado crítico los exsocios de Susana. En el campo de batalla, entre el polvo de los caballos, se encuentra el cuerpo moribundo del Partido Popular. Por su parte, las filas socialistas mantienen sus efectivos después de la contienda; los mismos que lucharon, hace tres años, a las órdenes de Griñán. Mientras las medidas abusivas del gobierno de Rajoy han pasado factura a su anfitrión de Andalucía (Juanma Moreno), el caso de los ERE no ha causado mella en el electorado socialista. No la ha causado, como digo, porque el PSOE ha logrado el mismo resultado, que obtuvo con José Antonio en el 2012; cuando no existía Podemos, ni las siglas de Rivera. Desde la garita de Génova, don Mariano mira con recelo el triunfo de "la hija del fontanero", Susana Díaz. Lo mira, queridísimos lectores, porque teme a que los resultados de Andalucía, sean el toque de queda para abandonar La Moncloa.

Artículo completo en Diario Información

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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