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Derechización

En época de vacas gordas – recordaba esta mañana, el vendedor de "los iguales" – la tijera aznariana, recortó hasta la médula: los logros alcanzados por las filas de Felipe. El castigo de la Izquierda a la desideologización de Zapatero, ha servido para que el discípulo de José María; barra para los suyos con la escoba de la  izquierda. Sin duda alguna – exclamaba Jerónimo, mientras apagaba la colilla – la Hispania de hoy: ha sacado el pedigrí de los felinos "thatcherianos". Es ideología y no recortes, la que siembra de espinas la "derechización", que en su día otorgó el cetro, al Merlín de la Moncloa. El cierre del grifo – en palabras de Antonio, el cuñado de Josefa – ha hecho que los "pringados de siempre" – se refiere al rebaño de los mediocres – descendamos al sótano olvidado, de los tiempos de Paquito. Son precisamente, las hipótesis de Marx las que invitan a la Crítica a solicitar conciencia de clase al ejército de reserva.

La frase falaz: "hemos gastado por encima de nuestras posibilidades", ha servido a las trincheras de la Derecha, para ayudar a los bancos en la lidia contra su crisis. En días como hoy, el llanto de los "rojos" se convierte en las lágrimas del verdugo al final de la tortura. ¿Qué políticas hubiese hecho la derecha sin la crisis por en medio? Las mismas, querido amigo, que hizo Aznar en sus tiempos de alegría – contestó un Antonio enfurecido-.

El recorte en tricornios y medallas situó a los barrios adinerados de las periferia madrileña, en manjares de tentaciones para los "chorizos" de la calle. La "tartana" del Yakolev,  refleja el estigma y el afán de la gaviota por adelgazar el cinturón de las arcas de lo publico. Es, querido Antonio, el clientelismo político de la derecha casposa y retrograda de siempre, el que mira a los suyos por encima de los todos. Sin crisis mediante, la libertad neoliberal seguiría por encima de la igualdad socialdemócrata. Sin vacas flacas en el prado, el Mercado seguiría por encima del Estado. Con dinero por en medio – seguía un enérgico Jerónimo -, la cuentas se cuadrarían por el lado de los débiles. Sin crisis mediante, las privatizaciones en pupitres y ambulancias abanderarían los mástiles de la nobleza. Es la Derecha y no los recortes – o dicho de otro modo – la causa y no la excusa, la que nos sitúa en un escenario de desahucios, paro y suicidios en los titulares de la mañana.

La Crítica intelectual debe aflorar, los cadáveres que se esconden en el fondo de los mares. Es precisamente, la escarcha del "analfabetismo ideológico", imperante en nuestros días,  la que no deja ver las señales que nos guían en el tránsito por la vida. El servilismo de la prensa al clientelismo de partido, ha hecho de las fuentes del demócrata, un veneno paulatino para el ideario colectivo. El envenenamiento de los cuerdos por las mentiras de las élites nos lleva un día sí y otro también, a reflejarnos en los mismos espejos de Venezuela. El "maquillaje democrático" de los cielos de Caracas inundan de tempestades y huracanes las luces apagadas al final de nuestro túnel. La misma "niebla" espesa del incomprendido Stephen,  ha empañado los ojos de millones de españoles, en una cárcel construida con los barrotes de sus creencias. Triste.

La ceguera

La ignorancia de los hombres ha servido al pensamiento de arriba, para manejar al rebaño por el túnel de la mentira. A través de la ceguera, el tuerto se convierte en los ojos del creyente, a su paso por la vida. Es precisamente, este abismo entre los tontos y los listos, el que mueve los hilos del saber tergiversado. Durante los tiempos de Aquino, las sotanas ostentaban el cetro del ideario colectivo. A través de sus sermones, los analfabetos del medievo, miraban hacia "el más allá" para justificar sus destinos. La personificación del conocimiento, desde las tribunas de la eucaristía, escenificaba el argumento de autoridad en una sociedad, orquestada por los dogmas. Las verdades de Umberto en: "El Nombre de la Rosa", sientan las bases de la Crítica para entender, a través de sus metáforas, el diálogo presente entre: los sacerdotes de la banca y sus ciegos feligreses. La incoherencia de los mártires – en palabras de Unamuno -, ha servido a las negras del rebaño para ir por libres, en la búsqueda de las luces.

Las posiciones desiguales, sobre las tablas de Goffman, alimentan la duda entre: las palabras del médico y el dolor de su paciente. Las diferencias entre el léxico de las batas blancas y, las manos ásperas del analfabetismo mundano, nos remiten a las fricciones chirriantes entre: el poder de los claros y las creencias de los oscuros. El acierto del mecánico en el arreglo de sus coches, le sirve al taller de Alejandro, para mantener el poder del conocimiento ante los clientes de su barrio. Es precisamente, este tándem entre: "ignorancia" y "confianza"; el que utilizó Adolf para engañar a su rebaño.  Las mayores estafas – desde Madoff hasta Ponzi – han transcurrido, gracias a la miopía de algunos, por no distinguir a tiempo: los duros de las pesetas. Es el baile entre "el gato y la libre", el que ha envenenado durante siglos, el queso de los ratones.

La historia de la pillería – decía el autor de Julieta –  está escrita por las plumas del escriba y la confianza de la ceguera. Si observamos el lubricante que nutre los motores de la estafa; nos damos cuenta, que se reproduce el simbolismo gráfico entre el mecánico y su cliente. El "analfabetismo económico" ha servido al "argumento de autoridad", para encauzar la energía por las sendas de la trampa. Las manos ásperas de la "Universidad de la Vida", han motivado a los cuellos blancos del capital para vestir de palabrería y zalamería, los precipicios de la ruina. Decía mi tío, en la tertulia del mediodía que: "al director de su banco, solo le faltó pedirle de rodillas, el depósito de su dinero, en el saco roto de las preferentes".

Es la ecuación perfecta: "ignorancia más confianza igual a engaño", la que indigna a miles de peces atrapados en el plomo de sus anzuelos. La ceguera – a la que tanto aludió Saramago – ha servido a los despiertos para que el invidente tropiece dos veces, con las piedras del camino. Hoy la irreversibilidad de las heridas, solo invita al llanto del confiado a llorar como niños, el engaño de los otros. El contrato viciado por la firma de la confianza, desgraciadamente, no sirve con las leyes sobre el tapete, para borrar de un plumazo los párrafos que arropan las palabras "preferentes". Desde la Crítica, clamamos a la moral colectiva para que, el intérprete de sus penas equilibre, de una vez por todas, la balanza nefasta entre: los "tontos y los listos". Incrédulo.

La herencia

El recuerdo es lo único que queda de los años evaporados. Decía el catedrático de Salamanca que: "al final de la vida, solamente recordamos,  una décima parte del trazo que nos identifica". El tiempo es más largo o más corto, en función del momento percibido. Un minuto de amor – exclamaba el poeta, en los tiempos de Rosalía – deja tanta huella en la emoción, que tarda años en borrarse de las tablas de la razón. Sin embargo, las informaciones que no nos acarician las fibras del corazón, se convierten en humo perecedero a la salida del cigarrillo. "Los minutos de mi parto – exclamaba María, con sus amigas de tertulia – se convirtieron en horas eternas de dolor y desesperación, hasta que no oí el llanto de mi Andrea". Es precisamente, la relatividad de Albert, la que explica las horas al margen de los relojes. La quietud de los momentos son las aguas que dibujan los lagos del olvido. Las mareas y las olas de poniente son las fieles candidatas a las páginas del mañana.

El 2012 – queridos lectores y lectoras- será recordado, por las lápidas de la historia, como los "oídos sordos" de un gobierno ante el descontento de su pueblo. "El año que nos deja – decía esta mañana, el borracho de Carrasco – ha sido como un amor fracasado, que para olvidarlo necesitas litros de vino tinto para engañar a tus penas y convertirlas en alegrías". Es, sin duda alguna, el peor año vivido desde los tiempos de Francisco. "El año de los patos – contestaba Alberto, al alcohólico de Carrasco – no tiene comparación con los malos tiempos de Felipe". "La única alegría del año que nos llora es la cara del Ecce Homo, después de su retoque por las manos de Cecilia". Son estos discursos, extraídos de los coros callejeros, los que construyen el discurso oficial de los juglares mañaneros. El baile entre "acción" y "reacción" ha sido, sin duda alguna, el  retrato nefasto del abucheo colectivo. El paso del tiempo – en palabras de Alejandro – pone a cada uno en su sitio. Puedes ser un golfo con el disfraz del honesto pero al final de los días la verdad aflora al bajar la marea.

La muerte de Miliki – ha dibujado para los ojos de la Crítica – la pérdida de alegría de millones de niños aplaudiendo sus sueños, en los circos de sus adentros. La pérdida de Fraga y Santiago han simbolizado la muerte de los contrastes en la pluralidad del presente. El adiós de Whitney  ha sido la pérdida de voz de los últimos reductos que quedaban del carisma de las élites. La vela apagada de Neil nos sirve a los optimistas para no perder nunca de vista a las lunas que  iluminan,  las estrofas de Federico. La victoria de La Roja,  las medallas de la Olimpiada y las manos de Cecilia: han sido  los saltos de alegría en las colchonetas rotas del ahora. En días como hoy, a una semana de poner punto y final al año de "los patos", el sociólogo mira con prismáticos ensuciados, los acontecimientos candidatos para el juicio de la historia.

El maleficio del 2003 acompañará al pastor del presente en las sendas del año venidero. El "Décimo aniversario de la foto de las Azores"  traerá a la memoria colectiva, los aromas callejeros de los tiempos aznarianos. "Los oídos sordos", que decíamos atrás, son los mismos, que en su día desoyeron a la voluntad popular al acecho del asfalto. El "No a la Guerra" del indignado de entonces,  no sirvió para frenar a los motores bélicos de los cetros liberales. El 26 de mayo del 2013 se cumplirán diez años del Yak-42. Una década del fallecimiento de 62 militares españoles. 62 hombres de verde, transportados en un "avión de mierda" – en palabras de Fernández, minutos antes del despegue-. En agosto del 2013 – estimados lectores y lectoras del Rincón – se cumplirán diez años del elegido. Una década desde que "el dedazo de Aznar" señaló a Rajoy como discípulo de su mandato. El mismo año en que "el enano" – en palabras de José María – le paso el testigo al Mas que conocemos. El año que comenzamos será recordado por el aniversario del "burbujón inmobiliario", el año en que las viviendas subieron por encima del 15% y el endeudamiento de las familias toco su máximo histórico. El 2013 será, sin duda alguna, el año de la Herencia. La herencia recibida de los "tiempos aznarianos".

Nuevos pobres

Las penumbras de las farolas son los testigos que alumbran los tesoros escondidos en los contenedores de la basura. Todas las noches, a eso de las nueve y media, la procesión de la pobreza deambula con sigilo en búsqueda de Hacendados, provenientes de la vitrina. Las sombras de los brazos reflejan, en el muro de enfrente, a decenas de serpientes erguidas y enfadadas ante el robo de su presa, por parte del fuerte de la manada. El pescado maloliente y los desechos del vecindario, se convierten en los obstáculos de la noche, para miles de nuevos pobres desterrados de su ficción. Detrás de las bufandas y las gafas negras del mediodía, se pintan, con acuarelas de los chinos, los surcos dibujados por las lágrimas del dinero. En las zanjas de sus rostros se hallan ocultadas las miradas de sus hijos, en espera de la cena que: "supuestamente" sus padres les traerán de las cestas de Mercadona. Entre esas procesiones se encuentran padres, madres y hermanos. Todos, huérfanos de medios e invisibles en una sociedad, que mira más al coche del vecino que al mendigo desposeído.

Hoy más que ayer, las teorías de Karl y Malthus se hacen realidad. La pobreza – decía el viejo alemán de la época del XIX  – es el resultado crónico de una ineficiente organización social. El robo persistente del burgués al cuello azul del capital, ha hecho que el "ejercito de reserva" crezca sin piedad en las bambalinas de la postmodernidad. Malthus a diferencia de Marx, criticó a la pobreza. La criticó sin escrúpulos por ser – según él -,  el resultado de un desequilibrio racional entre los crecimientos geométricos de la producción y los aritméticos de la población. Decía este clérigo inglés que: "la capacidad de la tierra no podía soportar los deslices irracionales de la irresponsable fecundidad". Fue precisamente Stuart Mill, quien vislumbró los grises en el debate de la pobreza. Según este señor, el Estado es el encargado de paliar la "desorganización de los mercados" – auspiciada por Marx -, y desculpabilizar al pobre por la casuística de su condición. Sin las falanges de "lo público", la mano invisible de Smith barre para los ricos el polvo de los pobres.

Después de un año en el Ejecutivo. Las políticas de Rajoy barren más para Malthus que para Marx. La solución a la pobreza – diría el padre del Capital – se encuentra en las orillas de la igualdad. El neoliberalismo actual mira al escenario de Rousseau como una jungla de diferentes entre sí,  en búsqueda de salvar su "yo" a costa de los demás. Es precisamente ese "sálvese quien pueda" del gobierno marianista, el que responsabiliza al nuevo pobre actual de su condición social. "El 15-M – en palabras sabias de Ernesto, el cuñado de mi vecina -, se descarriló justo en el momento en que los pringaos de este país habíamos encontrado un salvador para vencer a la mano invisible de Smith".  El traspaso de una "clase en sí" en "otra para sí" es necesario para integrar en el saco de la indignación a las distintas mareas del cabreo civil. Las distintas mareas de la indignación deberían abandonar sus intereses particulares y mezclar su energía en un mismo soplo que convierta las olas tenues de sus olas en el gran tsunami contra Rajoy.

Mientras la Crítica busca sin cesar una teoría que ponga paz a esta convulsión social. En la farola de Mercadona,  se aglutinan las caras de la verdad. Las serpientes del muro, que decíamos atrás, limpian con sus mangas del Primark los desechos que se ocultan en los cubos del capital. Es la fealdad de la pobreza en las tablas de la ostentación, la que invitó hace un año y medio a Ruiz Gallardón a desterrar a los mendigos de las calles de Madrid. El lienzo en blanco y negro de la portada del New York hace visible lo que en nuestro país osamos ocultar. Me hace mucha gracia el anuncio que se cuece en los fogones de Campofrío. Por mucho que queramos poner en un "payaso en África" no conseguiremos solucionar el problema de la pobreza. Hoy, muchos niños de este país han cenado pan y jamón de York proveniente de "Mercadona".

Juegos malabares

Los aplausos a Monti, por parte de los detractores del "Cavaliere", suenan como los tacones del Duce a su paso por la Navona. La paradoja entre: el éxito de la autoridad racional impuesta por la troika y, el fracaso de la autoridad carismática otorgada por el pueblo; resucita del ayer a las reflexiones weberianas. Los paradigmas dictatoriales de la "imposición", contrastan con los mimbres democráticos de la "elección". Desde la Crítica, debemos reflexionar sobre: los pros y contras entre un líder eficiente desprovisto de la voluntad colectiva, o un líder ineficaz pero arropado por las urnas.

La autoridad racional desprovista de carisma no tiene cabida en el juego de lo público. Mientras en las empresas privadas, muchos "jefecillos" dirigen a sus "súbditos" sin dotes de liderazgo. En los marcos democráticos, sin embargo, se necesita la impronta del gobernante para acariciar el cetro de su rebaño. El poder de la atracción sirve al "cabeza de cartel", para amansar a las fieras en los terrenos salvajes de Hobbes. Pero queridos alumnos – nos decía Javier, en los paraninfos de Madrid -, la historia de la política está llena de líderes desprovistos de razón. Hitler conquistó su tribuna con los sables del carisma pero, gobernó sin razón a las pasiones germanas. Las mayores atrocidades del XX, se han producido precisamente por el incumplimiento de una ecuación en las bases legítimas del poder. Llegados a este punto, es lícito decir que, el carisma y la razón son necesarios para mantener el equilibrio en los malabares del poder.

Mario Monti llegó al poder impuesto por la troika de Bruselas. Llegó con los mismos mimbres que centenares de "Francos", vomitados por la historia. Llegó – señores y señoras del Rincón – mediante la "imposición". Mientras las armas del ayer fueron los tanques y los gatillos, las armas de Monti han sido el ordeno y mando de los mercados europeos. En ambos escenarios, el gobernante decide el sino de los otros sin el consentimiento mutuo de las voces ciudadanas. Mientras la tradición y la religión, legitimaban los abusos del absoluto en los tiempos del pasado. La ética de las curvas legitima el cetro del tecnócrata en los tiempos del ahora. Es "por el bien de los mercados" – en palabras recientes del círculo de Monti – el argumento que justifica: el sacrificio del carisma berlusconiano por la cabeza amueblada de Mario. Como decíamos en el párrafo de arriba: "la autoridad desprovista de carisma", tiene los días contados en los pasillos del demócrata.

La impronta de Silvio no sirve a los foros italianos para poner orden en el lío de las cuentas. El comercial sin cabeza para la gestión de sus pedidos, se convierte a largo plazo en un charlatán de mercadillo desprovisto de principios. Es precisamente, esta frase extraída de "las caídas de mi primo",  la que invita al sociólogo para ilustrar lo que ocurre cuando el carisma del político está huérfano de razón. La gestión del poder por parte de Berlusconi,  se convierte en una camarilla de pícaros y granujas, cuya finalidad es  lucrar sus bolsillos, mediante los dimes y diretes que se cuecen en los fogones del "Cavaliere". El control de los medios y la visibilidad aplastante del camarada le sirven al "mujeriego italiano", para perpetuar su periplo ante los ojos de los suyos. Una vez más, las reglas del juego fracasan por los desequilibrios entre  un exceso de carisma y una cabeza desamueblada. Llegados a este punto, lo mejor para Italia sería: un Monti con alma de Berlusconi o, dicho de otro modo, un Berlusconi con la cabeza de Monti. Difícil.

Ramas flacas

Decía el discípulo de Parsons desde las tribunas de Columbia que: "la morfogénesis normativa tiene sus raíces en comportamientos inconformistas y aberrantes".  Los apuntes recogidos por sus pupilos sociológicos, han servido a los intelectuales del ahora para descifrar el mensaje del Merlín newyorkino. En sus reflexiones sobre los cambios normativos – Robert Merton -,  nos dejó un legado vivo para entender las lógicas de dados en los tableros democráticos. Gracias a sus aportaciones, los agricultores del ordenamiento, pueden diagnosticar con acierto las plagas que devoran los frutos de sus árboles.

Después de treinta y cuatro años de ramas otoñales y flores primaverales. El árbol del Derecho, muestra síntomas de agotamiento en el huerto de los hechos. Los frutos del presente – decía Pepe, mientras contemplaba sus mástiles – no son los que brotaban en los tiempos de Cisneros. Aquellos limones de la España efervescente – sentenciaba el agricultor, con su boina descosida por los enganches de las ramas-  eran como puños amarillos. Puños agarrados como "bebés succionando leche a la sombra de sus madres". Hoy las aguas limpias que regaban los limoneros de José, han sido sustituidas por los lodos arrojados desde los vertederos del vecino. Con las raíces intoxicadas por el silencio del subsuelo, los picudos cabalgan a sus anchas por los troncos carcomidos.

El descontento civil ante la estampa de su huerto, se manifiesta mediante corrientes de indignación contra las plagas de sus árboles. La piedra angular de nuestro ordenamiento jurídico – el texto constitucional -,  se desploma día tras día ante las distancias que separan la proclama de sus artículos, y la praxis de la empírica. El 25% de paro pone a la "altura del betún" el "pleno empleo" anunciado por la Suprema. Las "gallardonadas" del exalcalde ponen en jaque la "justicia igual para todos" manifestada, en el mensaje de nochebuena, por la deteriorada Corona. Las manifestaciones de discapacitados en las calles madrileñas dejan en evidencia la "no discriminación en el empleo" de la Ley de nuestras leyes. Los recortes en pupitres ridiculizan las garantías constitucionales de una educación de "calidad" para "todos" los españoles. Los embates de Mas a las velas de la fragata pone en cuestión el Estado de las Autonomías contemplado en la Suprema… Pepe – el agricultor de arriba –  tenía razón, mientras no injertemos savia nueva el tronco que nos cobija, seguiremos, año tras año, festejando nuestro fracaso.

Sin filosofía

La intelectualidad literaria de los tiempos de Confucio ha perdido su estatus en la era de los números. A través de las humanidades, los antepasados de las ciencias miraban a su alrededor con los prismas de la lógica. La argumentación de los filósofos, en los foros académicos, servía al maestro de los clásicos para iluminar a sus pupilos en el arte de la retórica. La filosofía sembraba de preguntas los campos vírgenes del conocimiento. A través de la poesía – exclamaba el incomprendido, escondido en sus estrofas -, se expulsaban al recinto del lenguaje, las mayores verdades de una orquesta silenciada. Los molinos de Saavedra, eran los castillos imaginarios que se levantan, día tras día, en los sueños del plebeyo.

Los dientes amarillos y las uñas ennegrecidas del mendigo madrileño, representaban las miserias y vergüenzas de una sociedad dibujada por los ojos galdosianos. Las gafas de Quevedo, eran las lentes apropiadas para descubrir las faltas de ortografía en los lienzos de la vida. Las melodías de Rosalía y los armónicos de Bécquer, dibujaban en el aire los sueños imaginarios de una sociedad entristecida, por los marcos de su época.  La agonía de las letras en la era de los móviles, invita al nostálgico del presente a mirar en sus adentros la brújula de su sino. Sin literatura – decía el filólogo en la sala de los cultos -, nos volvemos miopes en un mundo dominado por la aritmética de los números.

Las humanidades han perdido el aroma a café de los tiempos de Delibes. El monopolio de la interpretación por parte de los medios ha socavado la grandeza de la poesía en las frivolidades de unos pocos. El llanto de las rimas, ha perdido su encanto en la España de la prima. La prosa de las columnas ha desplazado el cincel de la metáfora por los martillos de los datos.
El divorcio entre periodismo y literatura, ha dejado para el olvido: las crónicas de Larra y los artículos de Camba. Hoy, el lector de poesía, es el bicho raro que sueña en un mundo dominado por los lectores de novelas. El realismo de Benito no encuentra su espacio en las librerías de la rambla. Ante esta crisis de lectura, solamente se leerán libros de instrucciones. Instrucciones para manejar las máquinas que sepultan las semillas del intelecto en los escombros de la ciencia.

La Crítica sociológica debe mirar desde arriba a las lecturas de los pueblos. La ausencia de pensamiento y el vivir a toda prisa, ha desembocado en una sociedad de arrepentidos al acecho de su llanto. Sin filosofía,  la inculturación de los mortales se convierte en un camino de adornos materiales marcados por los principios del tanto tienes, tanto vales. Si hubiéramos pensado antes de ejecutar compras precipitadas. Quizás hoy – afirmaba esta mañana el cartero de mi pueblo – no estaríamos donde estamos. Ha sido precisamente esa crisis de reflexión la que marca de perdición el camino de los máximos. Desde la Crítica debemos repensar los pilares que sujetan las cúpulas del conocimiento; para corregir desde las ideas. las malas praxis que decoran nuestras vidas. Para ello, las humanidades deben enseñar al transeúnte a mirar lo que se esconde entre las sombras de los árboles. Mientras no lo hagan, seguiremos enclaustrados en un sistema fracasado por la ausencia de sus letras.

Cuestión de geometría

El punto de la troika al verso suelto de Hispania, ha frenado de un plumazo los caballos díscolos de la  Diada. El miedo griego al destierro de Europa – en sus pasadas elecciones -,  ha contagiado su virus a los vecinos de Cataluña. La "cruzada nacionalista", emprendida por los laureles de Mas, ha sido cortocircuitada por el veredicto de las urnas. La cartera – en palabras del tertuliano – ha desplazado a la bandera en sus aspiraciones separatistas. Las aguas sucias de la campaña -vertidas por El Mundo a las cloacas del Estado – y, la nefasta gestión del Príncipe de CIU, durante sus dos años en los atriles del Parlament; han cocido los caldos del ridículo en los fogones estéticos del patriotismo frustrado.

En el campo de batalla, luce el mástil carcomido de las tres franjas de España, en un desierto ideológico de rosas marchitadas y puños cadavéricos. Las carnes trémulas de la contienda, atraen el vuelvo bajo de las gaviotas a través de las sombras dibujadas por el fantasma helénico de Europa. Los supervivientes de la tragedia miran con recelo las intenciones del otro en los polos opuestos del reparto de su feudo. La palabra "fracaso" hunde en el descrédito de sus súbditos el carisma sagrado de su jefe de emociones. Hoy más que ayer, las lentes de Lleida miran de reojo los laureles del Cesar desde el balcón endémico de la promesa. La guerra está perdida.

El resultado de las urnas catalanas, pone sobre la mesa de las verdades; los mismos mimbres antinatura, que en su día acercaron a Patxi y Basagoiti en su pugna por el cetro. Entre las mozas del salón. Probablemente, el príncipe de las ocurrencias tendrá que bailar con la más fea, si quiere mantener en pie su licor separatista. El tango antinatura entre "derecha – CiU  – e,  izquierda – ERC -" será, sin duda alguna,  la opción suicida para investir a Mas: president de Catalunya. Mientras el referéndum soberanista une las orillas entre los puertos ideológicos de los extremos nacionalistas La línea de recortes de CIU en contraste, con las curvas keynesianas de ERC, siembra de espinas las sendas de CiU para conseguir su alianza con las filas de Junqueras. Por su parte, el tándem CiU con otras fuerzas votadas resulta inverosímil por la divergencia principal en cuestión territorial. Ante esta tesitura, la postura de la Crítica opta por la geometría variable, como la opción menos mala  para gobernar con acierto en los mentideros catalanes

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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