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Jaulas rotas

La silueta de la realidad se dibuja con pinceles de colores sobre los muros de Internet. La velocidad de la información impide al profesional del papel competir, en términos de igualdad, con los píxeles de la red. El eco social del discurso actual, ha cambiado las tornas de la vieja profesión. La información, ha perdido su valor, en medio de un escenario saturado por millones de titulares repetidos, en los estercoleros del ordenador. En días como hoy – afirma el pensador, en su procesión interior -, las pantallas han ganado la batalla a los intermediarios de la extraordinariedad. Tanto el maestro como el periodista,  han sido los heridos por las espadas de las TIC. Mientras el laicismo y la universalización del saber liberaron a la cultura de las jaulas de la fe. Internet ha arrebatado el argumento de autoridad a los paraninfos de la postmodernidad. El analfabetismo del ayer ha encontrado en "la cultura del click",  la puerta de atrás para comprender al Sócrates que le espera en los recovecos de la luz.

Desde la Crítica intelectual debemos repensar las tildes que acentúan los nuevos paradigmas de la interconectividad. La prensa cabalga contracorriente, en medio de los polvos levantados, por los rebaños de la red. El "tigre de papel" se convierte, en la era virtual, en un producto descatalogado por las megas de la inmediatez.

El ritual de la compra en el kiosco de Andrés, ha perdido su hechizo ante los contaminantes arrojados desde el barco digital. La velocidad de la red social, resulta imposible de imitar por los rotatativos de la tradición. El caos informativo – en palabras del difunto Saramago – sitúa al comensal del XXI, en un banquete de datos y entradillas imposibles de digerir. La rapidez de las lecturas y la fugacidad del titular, impiden al contemporáneo francés desarrollar su reflexión, como herramienta necesaria para desmontar los sesgos esculpidos con los cinceles de la parcialidad. 

El servilismo de los tigres hacia el león del capital, convierte el arte de informar en mercancía adaptada a los esquemas perceptivos de la comunidad. El filósofo ha perdido su provocación ante la soberanía del consumidor. Cliente de discursos que mueven con su dinero las plumas del escritor. El juego de los silencios, ante la incomodidad del titular, pone en evidencia a un tejido periodístico encorsetado en los antojos del burgués. Cuando la supervivencia del papel depende de las subvenciones y patrocinios del pagador, la imparcialidad del observador agoniza lentamente desde las primeras palabras de su renglón.

La interpretación y la reflexión deben ser los pilares que sustenten las cúpulas agrietadas de la información. Sin la profundización en los escritos, la noticia se convierte en un producto perecedero, sujeta a una crítica fugaz de los ejércitos de a pie. Solamente, a través del pensamiento, libre, plural e independiente; conseguiremos construir el retorno a una versión virtual de los foros clásicos del ayer. Mientras no lo consigamos, seremos aquel alienado social, que compra sus discursos enlatados en el kiosco de Andrés.

El cadáver socialista

Después de un año con la derecha en la Moncloa. Las filas de Rubalcaba no han sabido luchar en el campo de batalla. La oposición tranquila – en palabras de Alfredo – no está surtiendo los efectos oportunos en los tableros demoscópicos. Parece mentira – en palabras de la Crítica – que con la que está cayendo sobre las angustias civiles continúen marchitados los pétalos de la rosa. Las luchas internas en la casa de Ferraz y las brisas neoliberales del modelo occidental, impiden resucitar al enfermo socialdemócrata de su cáncer terminal. En días como hoy, el discípulo de José Luis no ha sacado tajada del desgobierno crónico que sufre su país. La mayoría absoluta otorgada a Feijóo y el bofetón social al autonómico de Patxi, pone en evidencia las nefastas técnicas de venta del partido socialista.

El PSOE debe mirar con lupa la estructura de su DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) para así, dibujar la mejor estrategia que le permita luchar en los mercados de la política. Entre las debilidades de su casa, encontramos: los rifirrafes entre "chaconistas y rubalcalistas", las heridas cicatrizantes del giro neoliberal de ZP allá por mayo del 2010, la  desideologización socialdemócrata fruto del merkelismo presente, el enquistamiento social del ya conocido: "vivimos por encima de nuestras posibilidades" y, la falta de liderazgo de un Rubalcaba: más próximo al tradicionalismo hiriente del zapaterismo reciente, que a un futuro basado en las perspectivas de la innovación.

En cuanto a las fortalezas o puntos fuertes del partido socialista, destacan: su posición hegemónica en los cuadros de la izquierda y su adhesión al discurso sindical. La otra cara del DAFO, lleva consigo el estudio detallado de los factores externos, o dicho de otro modo, las Amenazas y Oportunidades.  Entre las amenazas, señalamos: la materialización de los brotes verdes – anunciados por Báñez –  un año antes de las nuevas elecciones y, la cronificación en el ideario de los medios de la fórmula: "la herencia recibida".

La última pata del DAFO, estaría dibujada por las oportunidades del entorno. Oportunidades marcadas por: la gestión nefasta del PP en su primer año de gobierno, el desmantelamiento del Bienestar, el empobrecimiento de los servicios públicos, la cronificación de la crisis económica y el descontento civil manifiesto en forma de huelgas laborales y revueltas sociales. Con esta matriz sobre la mesa. Es momento de ponderar el contenido de sus cuadrantes. Si os dais cuenta, queridos amigos, la balanza del PSOE pesa más en los lados de las "Debilidades y Oportunidades" que en "Fortalezas y Amenazas". Las filas de Rubalcaba están en una situación de debilidad y oportunidad. Ante este resultado es momento de diseñar la estrategia del partido.

Los protocolos de la batalla, deberían pasar por una "Estrategia de Reorientación". Estrategia basada en una vuelta a la tortilla para convertir nuestras debilidades en fortalezas y aprovechar las oportunidades del entorno, o dicho de otro modo, las debilidades del adversario. A través de la reorientación interna,  el partido de Pablo, conseguirá enderezar los pétalos marchitados de la rosa. Para ello, deberán solucionar – de una vez por todas, sus problemas internos; convencer a los enojados de Zapatero de que no "volverán a tropezar con otro mayo del 2010"; ampliar las miras y anteponer el interés general por encima del privado. Con este diagnóstico y sus correspondientes recetas, el enfermo socialdemócrata encontrará mejoría, dentro del tratamiento de su estado reservado.

Primeros síntomas

Durkheim, sociólogo francés del XIX, tenía razón. En tiempos de crisis surgen corrientes de desafección colectiva que terminan por aumentar las curvas del suicidio. Las ráfagas del desahucio y la imitación como solución, han esculpido con los martillos de la desesperación las últimas lápidas del cementerio. En las democracias de banda estrecha – decía el antropólogo de la urbanidad – el Estado se convierte en un espectador simbólico de la escena ciudadana. El anónimo del asfalto se pierde en los laberintos de la diversidad. Solamente sobreviven del perdón depredador, aquellos que consiguen espantar a las fieras de la selva de su periplo vital. Los débiles, aquellos mediocres del párrafo social,  viven sumergidos en las aguas de la mendicidad en búsqueda de plataformas que les brinden la oportunidad de gritar.

Es la nueva España, queridos hermanos, del Estado Asistencial. Los tiempos del corporativismo "prefelipista" dieron lugar a la tranquilidad del Bienestar. En los tiempos de Suárez – decía Galván, en las tribunas de Madrid-, solamente tenían derecho a la protección social "los cuellos azules", dados de alta en la hucha social. Gracias a las maniobras de González, el sistema se universalizó. Hoy, unos cuantos años después, las políticas de Rajoy han retrocedido a los tiempos parciales del ayer. Las políticas merkelianas, de austeridad y contención del gasto social, nos han situado en el espejo roto de roto de Perón. El mismo cristal, que décadas atrás quisieron imitar nuestros coetáneos de ultramar. Mientras Obama saca pecho por el fortalecimiento conseguido en las clases medias del Norte. En la Hispania de Mariano retrocedemos como cangrejos a los postulados del viejo comunista. La distancia entre burgueses y proletarios – decía Marx en el Capital – será tan grande que las manos ásperas del sistema tendrán que tomar conciencia para evitar su retroceso a los tiempos de esclavitud.

La imagen decadente del país nos sitúa en un sistema enfermo con úlceras sangrantes por todos sus órganos vitales. La corrupción institucional, la economía sumergida, el empobrecimiento de los servicios públicos, las grietas territoriales, la desideologización de los partidos, la lenta agonía de los medios, la falta de profesionalidad, el clientelismo político, el éxodo de talentos, el fracaso escolar y la sumisión a la troika son, entre otras muchas, las complicaciones que presenta un sistema enfermo más cercano a la tristeza que a la curva de los ricos. Con este mantel sobre la mesa de los hambrientos es de sentido común comprender la foto merecida desde las portadas de arriba.

Desde la Crítica intelectual debemos reflexionar en términos dialécticos y olvidarnos, por un momento, de los esquemas ideológicos auspiciados por la partidocracia del instante. Solamente alejándonos de los discursos anquilosados de la izquierda y la derecha podremos, entre todos, salir airosos de este desaguisado. Mientras sigamos por la senda de la división estaremos más pendientes de las orillas que nos separan que de las aguas que nos unen. Por ello debemos desintoxicar el intelecto de la prensa parcial de nuestros días, y construir la razón ciudadana con los mimbres de la lógica.

El simbolismo ideológico de las manifestaciones presentes confunde más que aclara el mensaje de los demócratas. Las banderas republicanas y los insultos mediáticos entre ambos lados de las trincheras; solamente nos conducen a la construcción de discursos estancos en medio de mares turbulentos. En días como hoy, somos la misma España de Quevedo. Aquel país de envidiosos y chismosos que describió el escritor en sus páginas del Buscón. Lamentable.

Cinceles de papel

Recuerdo como si fuera ayer los "buenos días" de María, en aquella redacción de la Yuste de Madrid. El sonido de sus tacones caminando por el laberinto de las pantallas, era como un trotar suave de caballos elegantes en las fiestas de Crevillent. La disciplina y la pasión sostenían los abrigos de la "Thatcher de El País". A la hora del almuerzo, solía sentarse en el rincón del gallinero. En él, hablaba largo y tendido con las tres sotas de oro, sobre los tejes y manejes que se cocían en los fogones de la España marbellí. A las once – con una puntualidad, más propia de Londres que de Madrid – nos repartía a todos los redactores, las notas de última hora que iban entrando al terminal de su sillón. Mientras la estoy recordando, me llegan a la mente ráfagas de imágenes sobre la Hispania que se dibujaba en los lienzos del ayer. Las instantáneas del Prestige eran el pan de cada día. La cacería de Fraga y la llegada tardía de Aznar a las tierras del chapapote, decoraban como flores de noviembre, las portadas de Ceberio. 

A la una del mediodía, la tranquilidad de la redacción se convertía en un bullicio de corbatas y barrigas, entrando y saliendo a diestro y siniestro, por las trincheras del poder. Recuerdo que Antonio levantaba "las pirámides de Gizeh" con colillas de Ducados, sobre su desierto de cristal. ¡Qué tiempos, Dios mío! No sé cómo no nos dio un patatús – con tantas prisas y broncas -. Cuando se nos acercaba a la mesa el serio de don Faustino – el corrector del periódico -. Siempre traía una nota de prensa en una mano y, la hoja de estilos en la otra. ¡Menudo era! Estaba tan obsesionado con la "armonía del escrito" y "los puntos y seguidos" que en muchas ocasiones, Alejandro – el superior de María – le llamaba la atención a la "Margaret de El País", por la lentitud de su discípulo. Al final María  – harta de su perfeccionismo enfermizo –  le decía aquello de: “venga Faustino que cualquier día no salimos al kiosco por tus "puntos y seguidos".

Todos los años, durante el mes de marzo, llegaban a la redacción becarios y becarias procedentes de los paraninfos de Madrid. Eran como el tallo verde que todos necesitábamos para recordar nuestros viejos tiempos de locura. Recuerdo con nostalgia y alegría,  las preguntas de la joven Almudena. Siempre debatíamos sobre los pros y los contras del periodismo y la literatura. A ella le apasionaban los artículos de Larra y las crónicas de Gasset. Le gustaba ver al compañero Vicent cómo esculpía  sus columnas con cinceles de papel. Siempre que podía -la estudiante madrileña-, releía una y otra vez, al Buscón y a las joyas de Unamuno. "España duele, ya lo decía Miguel" – exclamaba Almu- mientras buscaba un titular positivo para despertar una sonrisa a los lunes del chapapote.

Desde que estoy jubilado. Todos los días, después de comprar el pan,  voy al kiosco de Carmelo a comprar El País. Me gusta leer, en primer lugar,  las noticias firmadas por AGP -las siglas de Almudena Gómez Penalva-. Su pasión por la profesión y sus horas de dedicación no pasaron desapercibida por las corbatas de la Redacción. Después hago una vista de pájaro por todas las páginas y doblo las esquinas de aquellos pergaminos que han detenido mi atención.

Desde que está Cebrián al frente de la dirección, ya no leo los editoriales de su función. Su falta de determinación y el servilismo a los mercados, han hecho que cada día sienta más repulsión por esta prostitución. El lunes leí el listado con los 129 excompañeros de profesión, incluidos en el ERE de El País. En el listado aparece el serio de Faustino, el corrector; Miguel Torregrosa, el corresponsal de París;  Alberto Cifuentes, el comercial de Madrid; "las sotas de oro"; Javier Gómez, el jefe de opinión;  y Almudena, la joven que firmaba sus noticias con sus siglas: AGP. Parece que fue ayer, cuando Faustino me enseñó las vocales de la profesión. No tengo palabras.

Guantes blancos

La interpretación de la Ley – decía el nostálgico de la balanza – es el arte de ligar abstracción y realidad. Mediante la aplicación normativa, el juez navega por los recovecos polisémicos en búsqueda de un sentido a la empírica del momento. Solamente a través de su mirada; el sino del presunto alcanza la categoría de verdad o las ventajas de la duda. Cuando los renglones están doblados – exclamaba Lorenzo, mientras preparada al futuro magistrado – la justicia cabalga sesgada por el árbol del Derecho. Las leyes democráticas están vestidas con la toga de la política. En función de quién gobierne, los preámbulos de la norma protegen a los débiles o atesoran a los fuertes. Es desgraciadamente esta subjetividad en la fabricación de los moldes, la que invita a la Crítica a repensar la justicia para evitar que los justos recojan las malas hierbas de los pecadores.

El ordenamiento jurídico, o dicho de otro modo, el pacto social ideado por los hombres para garantizar la paz en el mundo de los salvajes, esta sujeto al sesgo de lo imperfecto. Partiendo de esta lógica, derivada de los foros atenienses – decía Karl Popper, filósofo del pasado siglo – que el conocimiento es como un camaleón que cambia de color de conformidad con las luces ambientales. Todo conocimiento es el fruto de cambios paradigmáticos en las formas del pensamiento. El Derecho – como disciplina de la sociedad intelectual – está sujeto a las auditorías de la razón. El jurista  debe cuestionar las líneas escritas por los otros antes de emitir la sanción sin manchas intuitivas.

 

Las circunstancias – decía Ortega y Gasset – son los barrotes que enjaulan al civil en sus celdas existenciales. Si seguimos sujetos a la tradición – afirmaba Lorenzo -,  el Derecho se convierte en una estatua eclesiástica que solo cobra sentido en el simbolismo de su pasado. Ante esta tesitura, el intérprete del lenguaje debe considerar el canal y el contexto del hablante como elementos constitutivos en la decodificación de su mensaje. Los suicidios por desahucios  – tal y como lo recogíamos en la red social – son la expresión de una sociedad descontenta con su pacto democrático.

La interpretación de la Ley Hipotecaria sin la consideración su contexto, ha hecho que las togas europeas tosan en nuestros palacios para levantar la mirada del los jueces alienados. Es precisamente, esta ceguera judicial de nuestros magistrados españoles la que invita al crítico de hoy a cuestionar desde el sentido común la ética profesional de sus balanzas. Gracias a los tribunales europeos y la indignación ciudadana se han frenado los caballos desbocados al ladrón de guante blanco. 

Es humillante que tanto el PP como el PSOE – tanto monta, monta tanto – busquen entendimiento después del inmovilismo partidista y 200.000 desahuciados desde tiempos de Zapatero. 200.000 desahuciados y varias lápidas en los cementerios españoles, esculpidas por la desesperación de aquellos que el día menos pensado no vieron otra luz en su lucha contra los bancos. Indignante.

Dos orillas

Las ráfagas de Sandy han soplado a favor del Nobel de la Paz. Después del rifirrafe entre Estados y Mercados. El líder de los demócratas permanece  inmune en las trincheras del Senado. La reelección de Barack, en medio de la tormenta, sitúa a la izquierda global en los prismáticos europeos. Las políticas de estímulo, la tregua belicista, el fortalecimiento de la clase media  y  la defensa de los derechos humanos; son los mimbres que sirven a la Crítica para analizar los resultados a la otra orilla del charco. Tanto hispanos, jóvenes y mujeres han dicho sí al intervencionismo del Estado. Han dicho sí al barco público como vehículo necesario para navegar por las aguas recesivas. Mientras la crisis europea arrebató de un plumazo, el cetro a Zapatero y Sarkozy. En los salones de la Casa Blanca se mantienen durante cuatro años las cortinas de la izquierda.

Si Obama se hubiese presentado en Europa – decía esta mañana el politólogo en el claustro de Salamanca – probablemente no habría acariciado el éxito con sus políticas de estímulo. Es precisamente esta argumentación extraída de los paraninfos del presente la que explica el réquiem socialdemócrata en los habitáculos occidentales. Mientras en EEUU, el timón monetario está correlacionado con los vientos ideológicos. En Europa, sin embargo, el neoliberalismo anglosajón corta el bacalao con el cuchillo de los partidos. El espacio "merkeliano" – en palabras del economista – ha expulsado del círculo a los márgenes del Estado. Los paradigmas de la izquierda se han convertido en meras utopías en contraste con los logros alcanzados en los últimos años del siglo. En días como hoy, por mucho que se esfuercen Llamazares y Rubalcaba sus discursos tienen las alas cortadas en las jaulas de Bruselas.

El "Plan E" de Barack, o dicho de otro modo, las políticas de estímulos llevadas a cabo por la izquierda americana han sido la clave para descifrar el mandato rojo de Obama. Mientras en Europa, los Estados miembros ha abandonado a sus ciudadanos cuando éstos más los necesitan. A la otra orilla del charco, las políticas keynesianas han sido la vitamina que ha despertado a unos mercados deprimidos. Mientras en España, la desigualdad entre ricos y pobres ha aumentado como consecuencia del desmantelamiento literal del Estado del Bienestar. Los hombres de la Casablanca han luchado contra la Tea Party del Congreso para fortalecer los derechos laborales. Mientras las filas de Rajoy han debilitado el buque insignia de nuestra sanidad universal: copago, euro por recetas, restricción de derecho a inmigrantes sin papeles; las filas de Barack luchan a diario para emular nuestro modelo sanitario de los tiempos de Zapatero.

La victoria de Feijóo – decía esta mañana Isabel Durán, en el "día de menos pensado" de RNE – justifica el éxito de las políticas del PP. Decía la tertuliana que: "el Plan E de Zapatero solo sirvió para levantar las aceras de este país". A día de hoy, los "planes sin letra" de Rajoy, solo han servido para avivar la curva del paro. Con una Tasa de Desempleo del 25% y unas previsiones catastrofistas por parte de la troika merkeliana; sería conveniente – en palabras del sociólogo- mirar hacia el Oeste y tomar ejemplo de aquellos que, en su día, tomaron otra senda alternativa para salir de la penumbra. Ampliando las miras – como diría Chacón en al Rojo Vivo – podemos, entre todos, poner freno a una crisis sistémica cuyo principal problema no son los bancos ni los mercados sino la incompetencia de las élites para hallar sus soluciones.

Botas verdes

En la terraza de Gregorio – bar situado a las afueras de Salobre – todas las tardes juegan a los naipes los "cuatro jinetes del Ponche". Entre partida y partida, afloran los sables ideológicos que se esconden detrás de la baraja. Jacinto, banquero jubilado de los tiempos de Franco, es raro el día que no pone contra las cuerdas al rojo de Ignacio. Su medio bigote al estilo hitleriano, y su discurso adornado con las sombras del No-Do; sirven a Manolo para defender a bombo y platillo las políticas de Mariano. Entre sotas, caballos y reyes; se esconden los "culos de vaso" de Rodolfo, el sepulturero.  Las palabras de Piqueras y las imágenes de Sandy son los cinceles que cortan el silencio en el reino de los bastos.

Cuando era alcalde – afirmaba Nacho, mientras barajaba los naipes- cada vez que sentía los pisotones de la gente subían los votos en las urnas de mi partido. Recuerdo el último día que me puse las botas verdes… Nunca olvidaré el llanto amargo de aquella mujer que en cuestión de dos horas vio cómo el río de la avenida le sustraía de un plumazo todos sus años de trabajo. Las manos temblorosas de Andrés, un niño de seis, y sus dientes tiritantes se clavaron como púas en los rincones de mis adentros. En aquellas inundaciones – seguía el exalcalde, ante los ojos atentos de Rodolfo – aprendí que tanto la amistad como  la política van cogidas de la mano. El político como el amigo, querido don Manolo, es aquel que está disponible a altas horas de madrugada. Las botas de Schroeder le sirvieron al germano para ganar la partida en los últimos instantes de la jugada. El barro resbaladizo de las desgracias mundanas – sentenció el jinete de las espadas – sirve al camarada para acercar las distancias entre los mármoles de palacio y los adobes de la calle.

Los fachas de este país – interrumpió el sepulturero, mientras se desprendía del tres de copas – nunca ha calzado bien las botas de la izquierda. En tiempos del Prestige, recuerdo como si fuera hoy: mientras subían autocares de Salobre a Santiago. Aznar, el del bigote, tardó más de un mes en sentir el olor asfixiante de las manchas de chapapote. Se comportó, queridos compañeros, como "el amigo" al que se refería Nacho. El mismo conocido que pone excusas e impedimentos en los momentos de socorro. Mientras  Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, estuvo al pie del cañón en los atentados del 11-S. Las filas aznarianas se movieron en el fango de la mentira durante los atentados del 11-M. Al final las losas del cementerios son algo más que un catálogo de nombres y fechas esculpidas – sentenció el sepulturero-.

Mientras Jacinto y Manolo metían prisa a Rodolfo e Ignacio para terminar la partida, las sirenas del Madrid Arena –  en la plana de Gregorio – desviaban la atención de sus compañeros de baraja. Mi Nuria – en palabras de Manolo – estuvo allí la noche de Halloween. "Papá no te puedes ni imaginar la gente que habíamos allí metida – me dijo asustada-. Estuvimos literalmente prensados como sardinas en lata, imposible que allí se respetara el aforo. Es más – me dijo entre lágrimas mi hija – ni nos dimos cuenta de lo que sucedió en el pasillo de la bengala". Dice "la Botella"- interrumpió Jacinto – que no se volverán a realizar macrofiestas de este calibre mientras ella sea alcaldesa. La cuestión, querido Jacinto – le replicó Manolo – no está en hacer o no ese tipo de "fiestas" sino en investigar si se respetaron las medidas preventivas y depurar responsabilidades. En este país de granujas – dijo en voz alta un enérgico Ignacio, a punto de perder la partida – es más fácil hacer la vista gorda que poner a gente entre rejas.

Los Martínez

Las lentejas de la abuela habían sustituido al arroz y mariscos de los domingos al mediodía. Desde que Antonio despidió a su marido, la familia de los Martínez se las veía y deseaba para llegar a final de mes. Mientras cobraba paro – charlaba su esposa con la vecina del cuarto – íbamos tirando como podíamos. Mi madre, ya sabes,  nos ayuda con lo que buenamente puede. A veces nos da veinte euros a escondidas sin que se entere mi hermano. Este año – seguía Francisca –  a Victoria le hubiese gustado matricularse de todo tercero, pero ¡de dónde sacamos los mil quinientos que cuesta la matrícula, si ni siquiera tenemos para la comida! Recuerdas Francisca – interrumpió su vecina, mientras esperaba el ascensor – cuando Manolo, el del segundo, nos decía en este mismo rellano con el ABC en la mano, aquello de: ¡Rajoy será quien devuelva a los andamios a vuestros esposos! Cuánta razón tienen esos del 25-S – dijo en voz alta la vecina – cuando en sus pancartas escriben aquello de PP y PSOE la misma "cosa" es.

Mientras tanto, de puertas para adentro, se olía el mismo olor a pena que infecta  todos los hogares a los que no llega dinero. El diálogo con Alberto se había convertido en un monólogo de facturas, impuestos y letras impagadas. Los aniversarios pasaban desapercibidos y la palabra regalo sonaba como un insulto en una reyerta callejera. Las caricias de la noche se habían evaporado por las jaquecas de Francisca.

La hija de los Martínez vivía en el silencio de su habitación, las discusiones que día tras día envolvían la atmósfera gris de aquella casa hipotecada. "Te lo dije – se oía desde la habitación de Victoria – este Rajoy nos va a traer la ruina. Se ha quedado con tus votos y los míos, y si te descuidas, Francisca,  se queda hasta con la pensión de tu madre".  "Has vuelto a beber – le contestaba una triste esposa, entre una lluvia de gotas que inundaban sus mejillas – te lo noto, Alberto, cada vez que bebes te cambia la mirada y te metes con mi madre". "Por favor deja de gritar que te va a oír tu hija". Así un día y otro día en la casa de los Martínez.

Aquella mañana lo recordaré mientras viva – escribía Francisca en su cuaderno de Anaya – una voz en el interior me decía que no sería el mejor día de mi vida. El timbre sonó distinto a como lo tocaba mi madre cuando venía de visita. No era el mismo sonar del novio de Victoria. Él siempre lo tocaba con tanta fuerza que hasta la gata se despertaba. Era distinto y ello me preocupaba. La carta del desahucio fue la última notificación que firmé antes del entierro de mi marido. Por mucho que supliqué y lloré al señor del cuello blanco. Aquello no sirvió de nada para impedir que por doce mil euros "cochinos" nos dejaran en la calle. Cuánta razón tenía mi madre cuando en tiempos de ladrillos nos decía: "nunca os lieis con prestamos. Actualmente tu marido tiene trabajo pero mañana, la tortilla puede darse la vuelta y lo que crees que es tuyo, se lo quedarán los bancos". 

Francisca vive en el presente con la pensión de viudedad en casa de su madre. Los quinientos euros por su difunto marido solamente le dan para comer sin excesos. Desde la Asociación Víctimas del Desahucio" (nombre ficticio), comparte su experiencia con otras personas a las que un día les sonó distinto el timbre de su recreo. A la asociación ha llegado hoy un señor de pelo blanco. Después de un año con trámites burocráticos, le ha llegado la carta de desahucio. Dice Antonio – así se llama esta víctima del sistema – que busca trabajo todos los días, pero a sus 46 años ha perdido la fe de volver a subirse a los andamios de Manolo. Mientras nos contaba su historia, un niño de entre seis y doce años, le decía: papá te queda mucho, quiero ir a casa a jugar con el hermano.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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