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Dos Españas

Decía Joaquín, profesor de Historia de los paraninfos alicantinos, que en España aún siguen abiertas las heridas de la Guerra Civil. Decía este rojo de las aulas mediterráneas que: "si juntamos en un bar, al hijo de un republicano con el hijo de un franquista, probablemente terminen peor que el rosario de la Aurora".  Las palabras de Joaquín las he llevado siempre conmigo y, la verdad sea dicha, con los años le doy toda la razón. A día de hoy, todavía siguen vivos los bandos de la contienda. Tales bandos – rojos y azules – son los que impiden el desarrollo de una crítica acorde con los tiempos democráticos.

Las dos Españas, que decíamos atrás, se manifiestan continuamente en la prensa que cuelga del quiosco de Inés. Los medios reproducen los círculos de los tiempos belicistas. Mientras las columnas de José María Ansón, Ussía, Alfonso Rojo Pedro J. Ramírez saben al aroma conservador de la Derecha fraguista. Los artículos de Iñaki, Maruja Torres y Sopena saben al café de los tiempos felipistas. Es precisamente, este corsé discursivo de los unos – la Caverna – y los otros – la otra Caverna-, el que estrangula a la crítica y la convierte en una mercancía más del clientelismo partidísta que nos aliena.

Las portadas de ABC nunca tirarán piedras al tejado de la Monarquía. La Razón de Marhuenda buscarán siempre el dato que favorezca al PP y pasarán de puntillas por aquellas noticias que suelten toxinas contra las cúpulas de la Derecha. El Plural de Enric, se lo pensará dos veces, antes de llevar la contraria a las siglas de Rubalcaba. 
Periodista Digital arrojará sus municiones, sin duda alguna, contra toda sombra roja que sea objeto de sospecha.
Sin margen al error, diría que el diario de Ignacio Escolar y sus excompañeros de  Público; callarían como tumbas todo aquello que manchase la alfombra roja de sus "socios de periódico". La adhesión al grupo y el etiquetado del periodista en los cuadrados de la derecha o en los círculos de la izquierda, impide a los lectores oír voces discordantes con la línea editorial que les seduce.

Después de cuatro años de crisis. La denuncia de los sobresueldos del PP, por parte del diario de Pedro J. Ramírez, ha incendiado en las redes sociales a muchos fieles del Mundo o, lo que es lo mismo, seguidores de los valores tradicionales. Leyendo tuits, antes de poner el móvil a cargar, me sorprendió uno que decía: "la portada de Pedro J. es la mayor falta de ética periodística que ha existido en treinta años de democracia". Es precisamente, esta confusión entre ética y crítica, la que encierra a los periódicos de la España "plural" en sus jaulas de mercado. Cuando el diario se sale o "contradice" su línea editorial, como expresión libertad en su ejercicio de informar, la "partidocracia mediática" pone su grito en el cielo. Lo pone, confundiendo ética y libertad.

Por ello, queridos amigos y amigas, le doy la razón a Joaquín. Le digo que sí, y pienso como él. En días como hoy, lamentablemente no existe una corriente de intelectuales libres e independientes con la realidad social. Hay, y mucho además, opinadores alienados con su editorial, que día tras día pisan estudios de radio y platós de televisión para decir aquello coherente con el color político que hay detrás. Ante ello, la crítica ha perdido la batalla que ganó en los tiempos de Unamuno. El intelectual – a diferencia del opinador – es aquel que critica desde la butaca de su libertad. El intelectual – a diferencia del opinador – cuestiona al poder y las instituciones de hoy. El intelectual – a diferencia del opinador – defiende la individualidad, o dicho de otro modo, no vende su discurso al corsé editorial. Mientras sigamos recreando los bandos del ayer, el intelectual ha muerto en las Españas de Joaquín. Mientras tanto, seguiré leyendo tuits.

Garabatos

La rúbrica del zócalo ensuciaba los mármoles del pergamino como si se tratase de un graffiti abandonado en la Atocha de Madrid. El estruendo de los picos en la firma del autor; dibujaba el mismo cardiograma de Martina, mientras buscaba yogures caducados en las afueras de Aranjuez.. La presión de las grafías eclipsaba los bucles que caían desde los puntos de las íes. Los barrotes del garabato impedían vislumbrar el apellido prisionero en la celda de Luis. Mientras la antropóloga decodificaba el mensaje del hallazgo, sus manos temblaban como flanes ante los fogones del ayer. Las sombras de los renglones de aquel antiguo papel, sostenían los mismos forjados agrietados de la Hispania de Rajoy.

A través de la escritura – decía la becaria de la UNED – nuestros pensamientos más ocultos fluyen al papel como un meteorito a la deriva sin el imán de la gravedad. La inclinación de los caracteres  muestra a los ojos del lector: las dudas de  la balanza entre: los proyectos del futuro o los recuerdos del ayer. La separación de las letras indica a las lupas del grafólogo, la mayor o menor predisposición del escritor a descorrer las cortinas que envuelven las infidelidades de su alcoba. La pulcritud de los márgenes y la horizontalidad de las líneas descubre al transeúnte, las prioridades por el orden y la disciplina enfermiza del autor. Los circulitos en los puntos de las "jotas" desnudan al detallista que se esconde detrás del pergamino malherido. Los adornos en las mayúsculas muestran el gusto por la estética y el arte de un albañil que esculpe con sus martillos, palabras de marfil. El respeto por la ortografía siembra de lealtad la invisibilidad del escritor hacia las leyes que regulan su selva interior.

Los garabatos del pergamino se entremezclan con los trazos en negrita de la portada de El País. Las cuadrículas de la tabla recuerdan a los barrotes que enclaustraban a la rúbrica de Luis. El sombreado amarillo de los epígrafes de la UNED se confunden con el sabor amargo a café que distingue a las vergüenzas del PP. En la tabla de El País, la inclinación de los renglones hacia la derecha del papel son propios de aquél que mira hacia delante sin volver la vista atrás. El tamaño de las letras muestra nuestra posición de introversión en el trato con el otro. Las letras publicadas por el diario de Cebrián reflejan al tímido que se esconde entre las lenguas del qué dirán. Los adornos en las "g" y el trazo gótico de las "A" muestran al gusto por el arte y la estética de quien escribió el supuesto apunte en B.

La historia – en palabras del marqués -representa la secuencia de fragmentos escritos por los escribas del Rey. A través de sus relatos, la historiografía muestra las voces de plumas sintonizadas con las obras de Lope en los teatros del ayer. En los fósiles escritos hallamos los mensajes escondidos entre los interlineados del pergamino. Es precisamente, entre esos recovecos cuando los muros de palacio se convierten en frágiles cristales para que los plebeyos rían como reyes los chistes de los bufones. Mientras tanto, las fotocopias de El País sirven al protegido, como escudo medieval, para luchar contra la verdad que se esconde en el desván de sus grafías.

Nominación al Mejor Blog Político del Año en los Victory Awards 2013

Marketing Político en la Red (@MPelR) vuelve a organizar este año la POLI Conference 2013 que se llevará a cabo del 28 al 30 de Marzo 2013 en la ciudad de New York. POLI Conference es el evento internacional más relevante e innovador de habla hispana en el campo del marketing político que se desarrolla en los EE.UU. Este evento reúne anualmente a líderes de Latinoamérica, España y Estados Unidos, candidatos, asesores políticos y profesionales de la política; y lugar de convergencia de ideas novedosas, nuevas tecnologías y especialistas en la región hispanoamericana.

En el marco de POLI Conference 2013, se llevará a cabo la segunda entrega de los “Victory Awards”, unos premios que son un símbolo de excelencia e innovación en el cambiante mundo del marketing político. Gracias a las distintas categorías, estos premios son una oportunidad de mostrar al mundo los logros y talento de los profesionales del marketing y la comunicación política; y la oportunidad de tener más visibilidad para ser conocido a nivel internacional; además de contribuir a una mayor profesionalización de las Campañas Políticas en Latinoamérica, EE.UU. y Europa.

Este Blog, “El Rincón de la Crítica”, ha sido nominado para los Victory Awards en las categorías de Blog del año Marketing Político. Mención “Impacto Informativo”, “Impacto Educativo” y “Mejor Blog Político del año (voto popular)”, en esta última categoría entre otros 32 blogs propuestos de España (18), Venezuela (3), Colombia (2), México (2), Ecuador (2), USA (2), Paraguay, Uruguay y Brasil.

Es un honor formar parte de una lista de nominaciones con grandes profesionales y amigos, independientemente del resultado final. Por ello, si te gusta este blog y te parece interesante lo que escribo, te agradezco tu voto (puedes votar aquí, en la página en Facebook de POLI Conference, dándole a me gusta y luego al blog que quieras, hasta el 20 de febrero e incluso cada 24 horas), además de votar a otros compañeros y conocer otros interesantes blogs y ampliar el campo de conocimiento de esta materia que tanto nos interesa.

Darwinismo educativo

La desigualdad de la selva – decía Charles, mientras oía en su interior el silencio de los reptiles – impide al ratón sobrevivir con acierto en el escenario de los leones. Solamente los más aventajados tienen voz en la jungla de los otros. El determinismo de la cuna marca los agudos en el llanto de los cachorros. Los criterios de variación y selección son los jueces que deciden: quién se queda y quién se va en los reinos de la prueba. Mientras las uñas del gato ponen nervioso al más capaz de los roedores, el barrito del elefante pone los pelos de punta al más gallito de los felinos. Es la dialéctica entre los atributos de los unos y las debilidades de los otros, la que mueve los hilos en la lógica de las especies.

En las tablas de los hombres se repite la misma danza cruel que en los árboles darwinianos. Los principios de variación y selección – aludidos por el vecino de arriba – son los que rigen la felicidad en los escenarios goffmanianos. La diversidad de los humanos marca las líneas que separan a los más capacitados de los menos agraciados. Hay – en palabras de la abuela – quien nace con estrellas y quien se despierta estrellado. Solamente los que viven estrellados, necesitan el calor del elefante para moverse con seguridad por las sombras de los leones. Es el Estado y no el mercado, la institución que debe igualar a las sotas con los reyes y a los caballos con los bastos. Sin el intervencionismo del gobernante en el sino del desgraciado, el contrato de Rousseau se convierte en  papel mojado en los matorrales de Hobbes.

Las aulas de la Lomce impedirán que sobreviva el roedor ante las garras del león. La resurrección de las reválidas y la restricción de las becas; harán  que "sólamente" los fuertes de la manada, consigan rugir en la selva laboral. Los menos pudientes y los "justitos" de la clase, verán como el sueño de sus padres se convierten en la jarra rota del cuento de la  "lechera". La frustración ante el "querer y no poder"; desviará a las aulas hacinadas de FP a miles de talentos truncados por los caprichos de Wert. Ante este pastel, cocinado con los fogones más avivados del liberalismo de Smith, la educación se convierte en un espacio similar a los tiempos del ayer. Las mismas aulas de Franco donde solo: los "hijos de" podían aprender las cuatro reglas del saber.

La "niña de Rajoy". La misma que le hizo perder al discípulo de Aznar, su debate contra ZP. Será la adulta que no podrá estudiar por culpa de Wert. La misma mujer, que por razones de "nacimiento" y "Ley", no podrá desplegar su talento y demostrar su valor ante las corbatas de Madrid. Es, una vez más, la "falta de piedad" que decíamos atrás, la que pone de relieve las tesis de Charles. En días como hoy, como diría Juan Ramón en su programa de las seis, los "mendigos de Gallardón" no se mezclan con los cisnes del capital. La libertad para elegir – que tanto gusta a los hombres de Rajoy – ha ganado la batalla a la débil igualdad. En tiempos de derecha – ya lo dijo el tuerto de Lavapiés – los ratones no tienen nada que hacer.

Réquiem por Narejo

Desde la separación de sus padres. Las vidas de Santiago y Gregorio corrieron por sendas alejadas. Las semillas de “los Narejo” crecieron como árboles endémicos al acecho de sus huertos. Después de quince años sin oír el timbre de sus ruidos, las desgracias de la vida juntaron en el silencio del tanatorio a los hijos de Francisca. Entre lágrimas y lamentos, los familiares y amigos del "señor del sombrero", mostraban el pésame a los versos de la oda. Las miradas de los corrillos y las habladurías de la gente, ponían de relieve el contraste de colores entre la entereza de Santi y el derribo de su hermano.

Con la que está cayendo – decía el cuñado de la viuda, mientras hablaba con el tendero -, cada vez que veo a "los sinvergüenzas de la Derecha", solo pienso en ir a Génova y arrojar por esta boca: todo el arsenal de mala leche que corre por mis venas. No es la Derecha – le replicó el sobrino de Francisca -, sino la idiosincrasia política; la que invita a los mediocres a no creer en sus elegidos. Mientras nosotros -los hoestos – hacemos malabarismos para pagar nuestras hipotecas.  Los otros – los corruptos – se aprovechan de nuestra ignorancia  para moverse como ratas por las cloacas del Estado. Recuerdo en los tiempos de Felipe – afirmaba el señor de las muletas – cuando el Diario-16 destapó el melón de las verdades. Mientras en aquellos tiempos eran: "Roldanes, Veras y Barrionuevos", ahora son: "Bárcenas, Urdangarines y Correas", los que lucran sus bolsillos a costa de nuestro dinero.

Entre la columna y la cortina, los hijos de Aurelio intercambiaban impresiones sobre el periplo de sus vidas. Recuerdas – decía Gregorio, mientras miraba las canas de su hermano -, cuando jugábamos en la cama a tirarnos los cojines. Siempre se levantaba mamá a poner paz en medio de la contienda. El pijama azul que te regaló la abuela, terminó en  la basura tras el enganchón que le hicimos con el canto de la mesita. Eran tiempos de alegrías. Lo único que nos preocupaba era hacer bien los deberes para que los papás nos llevasen a la feria de la plaza. La vida, querido hermano, es como las cebollas: cuanto más cerca las miras, más lágrimas caen en el seno de sus capas.

En la cafetería contigua, el sabor amargo a café envolvía los discursos de los sobrinos de Narejo. Mientras Jacinto leía El País, su primo José comentaba en voz alta las vergüenzas del Duque. ¿Qué necesidad tenía el yerno del Rey de querer volar tan alto, si por el simple hecho de casarse con Cristina podía disfrutar del mejor de los manjares? Al final por mucho que atesores en vida, todos somos iguales en los mares de Manrique. Mira el tío – exclamaba un Jacinto entristecido – luchó como un condenado para atesorar riqueza en vida y sin embargo, con todo el oro que tenía; no pudo comprar su salud al ejército de células rebeldes.

La lluvia del día después, cubrió de paraguas al asfalto sevillano. El adiós a Aurelio Narejo convirtió a la plaza de la iglesia, en una procesión de humildad ante los restos del amigo. Las corbatas de la Derecha y los “monos” de la Izquierda se entremezclaron como gotas amarillas en los tiempos de tormenta. Es una pena – dijo Francisca al enterrar a su marido – que solamente los pueblos se unan por las penas de los otros. En los tanatorios muchas familias recobran las palabras suspendidas, después de romper los muros construidos con los ladrillos del orgullo. El reencuentro de los hermanos, sirvió a los hijos de Narejo para reconocer que: hasta los pijamas enganchados siguen descosidos en la memoria de los adultos.

Las cebras

La oratoria de Sócrates servía de melodía a la paz que reinaba en los claustros de Salamanca. Todos los días al finalizar sus clases, el catedrático de filosofía,  se reunía con su discípula para hablar, largo y tendido, del sentido de la vida. Las cebras del suelo, reproducían las mismas  luces y sombras que sustentaban las columnas de Nebrija. El diálogo de los tuertos, como así le gustaba a Alejandra, titular el encuentro con las canas de su maestro. Le servía de terapia – a la hija del banquero -, para olvidar las pesadillas ocultas, entre los barrotes de su celda. Desde el asesinato de Dios, por los cuchillos de Nietzsche; hasta los gemidos de Teresa, por sus experiencias metafísicas. Todos los discursos tenían cabida en el baile de palabras entre el clásico y la moderna. 

Al atardecer – exclamaba  Alejandra, mientras abría la última de Reverte – siento como las cebras del claustro, pierden el blanco y negro que las viste cada día. Todo se evapora en el tiempo que nos toca. ¡Hasta las sombras pierden su forma al caer el sol de la mañana! ¿De qué sirve discutir de lenguas y dialectos, si no somos capaces de morir como personas? La educación – respondió Sócrates – es el lubricante que mantiene la calma en la selva de los tuyos. A través de la inculturación, construimos los muros del carácter para domesticar, con acierto, la llama que nos mantiene. Sin educación, el ser que llora en la cuna, nunca llegaría a ser persona. Por ello, querida moderna, no tiene sentido que los señores de Moncloa,  se empeñen en educar en valores, y se olviden en enseñar,  las vocales de las emociones.

La tristeza, la ira, el miedo, el enojo… ¿Quién nos enseña en el aula a distinguir tales verdades? Nadie. Los fundamentos biológicos de la conducta, son necesarios para domesticar al dóberman que nos ladra. Pero, sin embargo, el analfabetismo emocional de nuestros días, nos impide oír los ladridos en los preámbulos del enfado. Tenemos que gritar, ¡clamar con pancartas si hace falta!, una educación emocional para evitar la lluvia de locuras que acontecen cada día. Los suicidios, los malos tratos, los arrebatos… son la manifestación de un can mal domesticado. ¿Dónde está la razón para educar a la emoción? En la escuela debería – dijo Sócrates – pero la Educación a la Ciudadanía y el debate catalanista, pesan más para Wert que todas las emociones juntas.

Los maullidos de la noche espantaban a las cebras de los suelos agrietados. A las nueve de los martes, el encuentro filosófico entre la musa y su poeta, moría en el mar como los ríos de Manrique, a su paso por la vida. El regreso al mundanal ruido era como un sueño roto por el ruiseñor de la mañana. Las aguas de Heráclito, a las que tanto aludía el profe de filosofía, erosionaban las rocas de los acantilados interiores. Aquella tarde, cuando las sombras del suelo marcaban el preámbulo de la despedida, los apuntes de Alejandra se volaron de un plumazo entre las columnas de Salamanca. Las ráfagas de viento envolvían la ética kantiana y el método de Descartes, en un huracán de contrastes amarillos entre recuerdos y olvidos. Los pájaros de papel volaban sobre los oídos de las letras marchitadas, mientras la moderna miraba de reojo al clásico de sus oídos. En la vida, querida discípula:  ¡ mientras unos ven las cebras blancas y negras; otros, las perciben negras y blancas! El silencio de los gatos, mantuvo la noche hasta el canto de la mañana. Luna llena.

Doña Elvira

Mientras el reloj de la cocina, marcaba las horas en los adentros de Elvira; el espejo de la entrada, retrataba la misma fotografía desde sus tiempos de princesa. A través de los años  – decía esta sabia anciana, en sus diálogos internos – he presenciado, como los caballos de la democracia han ganado la batalla a los verdugos de mi infancia. El nacionalcatolicismo nunca consintió que mostrase mis encantos femeninos, en mi juventud evaporada. La mujer de aquellos años era un mero "ente reproductor", sin estímulos ni deseos. ¡Cuántas veces tuve que callar en el ruido de sus ronquidos, mis deseos más profundos de una "mala mujer" encerrada en sus jaulas reprimidas! Mis hijos -pensaba doña Elvira, mientras calentaba la comida – los eduqué con los rombos de la censura. En aquellos tiempos oscuros, los "maricones" – como así se les llamaba en los mentideros de la calle,  a los gays de Zapatero – eran perseguidos por los tricornios de Francisco y, encerrados como "asesinos" en las cárceles del delito. La doble moral servía a los "machos" del ayer, para ostentar su poder sobre el "reducto social" de la mujer.

Las arrugas del lago contrastaban con el bello lienzo en blanco y negro, que colgaba en las paredes de su alcoba. Su tersa piel de moza enamorada se había convertido en un conjunto de "pelos y pellejos"  dentro de un rostro castigado por los azotes de la vida. La belleza – seguía doña Elvira, en su rum rum de cada día – es tan efímera que en cualquier momento se derrumba delante del detenido. Recuerdo el primer beso de mi marido en la calle de "la Paca". Fue tanto el deseo por  la manzana prohibida que "el pecado" envenenó nuestras mentes de inmorales pensamientos. ¡Eran otros tiempos! Las sotanas de monjes, monjas y monaguillos cabalgaban como galgos por los pasillos pedregosos de las culpas divinas. La misa de los domingos servía a las conciencias manchadas para lavar las penas en las pilas bautismales. La libertad de expresión era el instrumento de los pasivos para decorar con palabras los filos de la tijera.

La muerte de mi hijo hirió de por vida el mejor rincón de mi vitrina. En aquel momento de su larga agonía, comprendí que somos tiempo y espacio en una misma estructura. El recuerdo es la huella que dejamos para el presente de los otros. Sin recuerdo, el ser humano se convierte en un perro abandonado en los márgenes del asfalto. Un animal sin dueño, en búsqueda de un gesto que comprenda el sufrimiento de su silencio. Hoy, se cumplen diez años de la muerte de Gregorio. Fue un 18 de enero, cuando oí como sus ojos me decían el último "te quiero". La vida es la misma para todos pero, cada uno la mira desde diferente perspectiva. A los quince años soñaba con la vida de los treinta y, a los noventa siento nostalgia por el vestido de mi boda. Todavía recuerdo, cuando mi padre estaba desterrado en las plazas de Granada. Nos levantábamos temprano para vender en el estraperlo del mercado, las sobras que teníamos de las cartillas de Paquito. Un día, cambiamos mis zapatos de las "palmas" por un puñado de habas y patatas, del huerto de Jacinto.

Siempre le suelo decir a la hija de mi Aurora, que: "no corra demasiado por las carreteras de la vida". Los acelerones no han traído nada bueno a esta España de Rajoy, endeudada hasta las cejas. Ella, me mira y se ríe. No se da cuenta que su abuela, lleva consigo dos procesiones en sus adentros. Una que le empuja hacia los jóvenes y otra, que le retiene entre sus rejas. Es la incomprensión entre jóvenes y viejos – decía para sus adentros, una Elvira malherida – la que justifica que: unos vivan despacio, y otros viajen a toda prisa. Mientras tanto, el diálogo de los recuerdos sigue su rumbo en las sendas paralelas.

El cascabel

La evolución de la razón ha manchado a la burocracia de codicia y corrupción. Las superestructuras marxistas de la democracias neoliberales, manifiestan a los civiles, la decrepitud de los valores en las "élites tóxicas" del poder. Es precisamente, la politización de las normas y las intromisiones interrólicas en las fronteras de Rousseau, las que han convertido, al pacto de los demócratas, en un manjar de gestores legitimados al servicio de sus bolsillos. La opacidad y complejidad de los abstractos permite al controlador de lo nuestro, cabalgar a sus anchas por los desviados durkheinianos. La Crítica intelectual no puede pasar de puntillas por los errores formales, heredados de las burocracias comunistas.

El cambio de perspectiva – en palabras de Gasset – sirve al indignado del ahora, para mirar lo que se esconde entre las grietas de sus orillas. Es el lastre institucional de ciertos organismos del Estado, el que impide vislumbrar la luz en las balanzas ejecutivas. Con la que está cayendo en las penurias mundanas, no nos podemos permitir, el mantenimiento "insoportable" del Senado y la Corona. Los adornos democráticos – decía esta mañana, el enfermo catedrático -, deben ser descolgados de las ramas constitucionales. Las leyes orgánicas y ordinarias podrían aprobarse, sin necesidad – faltaría más – de pasar por la Cámara segundona. Son la suma de "seis mil cuatrocientos euros mensuales" – de media-, multiplicados por doscientos sesenta y seis encorbatados, la cifra que nos cuesta  mantener el tinglado del Senado.  La Monarquía necesita para oxigenar su "tren de vida", unos ocho millones y medio de euros – contantes y sonantes – de los Generales del Estado. Llegados a este punto – el retórico de Santiago, se pregunta – ¿Podríamos vivir sin Senado y Monarquía? Probablemente sí, pero son los intereses de las élites, los que secuestran a los truenos, en la caja de Pandora.

Los EREs consecutivos de Canal 9 y Telemadrid, destapan para el Rincón,  la "misteriosa gestión" de la Derecha, en sus cavernas autonómicas. El ejército de "innecesarios" en los platós territoriales, pone sobre el tapete, el tercer  lastre oxidante, de las máquinas burocráticas. En días como hoy, es de recibo entender: el coste desmesurado que supone para los bolsillos mileuristas, el mantenimiento tributario de las "parrillas autonómicas". Desde los renglones de este blog, nos preguntamos: ¿Se podría vivir sin televisiones regionales y locales, con tal de evitar  recortes, en otros servicios sociales? Sin duda alguna, sí. Bastaría con otorgarle a la Primera – la de todos -, conexiones autonómicas para acercar el zoom de la noticia, a sus feudos territoriales. Solo así, conseguiríamos aliviar las endémicas cuentas del Estado, por otras vías distintas a los recortes indiscriminados a los funcionarios de siempre.

Las subvenciones a Sindicatos y Fundaciones, son otra piedra angular, que impide al caballo democrático trotar por las calles de lo público. Sin ayudas a tales instituciones, el Estado conseguiría mayores transfusiones para sus órganos vitales. Sin subvenciones – decía el sociólogo convencido – se rompería, de una vez por todas, el servilismo de tales organizaciones a la partidocracia presente. Sin caramelos, el juicio de Sindicatos y Fundaciones, cobraría objetividad y credibilidad en los sótanos ciudadanos. Lo más importante de todo – decía un interino despedido – es que: los ingresos por  tales causas, sería redistribuidos en pupitres y ambulancias. Mientras sigamos alimentando a los agentes sociales con el dinero de todos, recibiremos a cambio: hipocresía discursiva, envuelta en retórica barata. 

Los cuatro lastres del sistema – Senado, Monarquía, duplicidades autonómicas y subvenciones a Sindicatos – hacen que los justos -la clase media – paguen los desaguisados de los pecadores – las élites tóxicas del poder -. Sin tales cargas en el debe, el achatamiento de nuestra pirámide, abriría un balón de oxígeno para los pulmones ciudadanos. El filo de la tijera en las entrañas institucionales, serviría a los demócratas para ver la justicia, en las balanzas de la crisis. Es precisamente, el despilfarro de "lo público" y los intereses de algunos, los que impiden poner – de una vez por todas – el cascabel al felino.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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