• Categorías

  • Suscríbete

    Escribe tu correo electrónico:

  • Comentarios recientes

  • Archivos

Entrada anterior
Entrada siguiente

Resanchismo

El Peugeot de Pedro Sánchez ha surtido sus efectos. Como saben, el recorrido por las Casas del Pueblo – a lo largo y ancho de este país – ha tenido su merecido. El "secretario electo" – en palabras de Susana – ha ganado, por segunda vez consecutiva, las primarias de su partido. Las claves del éxito han sido, entre otras: la fidelidad de sus votantes anteriores, el enojo de la militancia con la Gran Coalición a la alemana y, el cabreo de los afiliados con la intromisión de ciertos "jarrones chinos" en la democracia interna de su partido. Hoy, tras la victoria de Pedro yacen, en las calderas de Ferraz, los cadáveres políticos de sus rivales; rueda por el suelo la cabeza del ex portavoz socialista y calla como una tumba el ex presidente del Gobierno, el mismo que – supuestamente – decapitó a Pedro Sánchez y lo defenestró de su escaño.

La victoria de Pedro no es un brindis al sol aunque su espejismo lo parezca. No lo es, queridísimos lectores, porque una cosa es atesorar el aplauso de los suyos – la mayoría de los afiliados – y otra, bien distinta, ganar unas elecciones generales. No olvidemos que Sánchez las ha perdido por dos veces consecutivas; ha llevado al partido socialista al peor resultado de su historia y se ha granjeado la enemistad de los peces gordos de su partido. Aún así, Pedro – y esto hay que reconocérselo – ha evitado el "sorpasso" de Podemos. El "no es no" de su canción, ha servido para devolver, al PSOE, "la pintura desgastada" de los tiempos felipistas. En días como hoy, Pedro cuenta con el apoyo de los incondicionales de su partido; de aquellos votantes de corazón que votan por el PSOE aunque se presentara Popeye o "el vecino de mi Jacinto". Por ello, el triunfo del pasado domingo no es determinante para saber si Pedro resucitará a la "rosa", o la marchitará para siempre.

El triunfo de Sánchez llega justo en el momento en que Podemos anda entretenido con su Moción de Censura, una "bobada política", como argumenté en el pasado post, que servirá como arma arrojadiza para dilucidar quién manda en la Izquierda. A día de hoy, el PSOE se encuentra en una bicefalia política. Existe, como saben, un secretario general que dirige desde afuera a los diputados socialistas. Unos diputados que en su día se casaron con la derecha y hoy, varios meses después, se encuentran con una hoja de ruta equivocada. Con la patata caliente en su tejado, Pedro debería mover ficha para demostrar que el "no es no" de su campaña se podría materializar mediante un pacto a la valenciana. Si Sánchez presentara su moción de censura y Podemos, por su parte, archivara la suya; estaríamos muy cerca de cumplir la utopía. Digo: "estaríamos muy cerca", porque las tornas parlamentarias no son las mismas desde los tiempos veraniegos.

Para que prosperara una moción de censura, ya sea del PSOE o de Podemos, se deberían cumplir con dos condiciones necesarias: una, la prevalencia de la disciplina de voto y otra, el contento a las fuerzas nacionalistas. Sendos requisitos son difíciles de cumplir en la práctica. El primero, porque los diputados del grupo parlamentario están divididos entre “pro sanchistas” y viceversa. El segundo, porque Podemos probablemente pondría, otra vez, su línea roja sobre la mesa. Una vez más estaríamos ante el kilómetro cero de las pasadas elecciones. El carro no tiraría "ni palante, ni patrás" y el único beneficiario sería, como saben, el señor Rajoy y los suyos. Por ello, antes de que las prisas traigan consigo malos resultados; sería conveniente que se ataran bien los hilos. Primero, sería conveniente que Pedro consolidara su liderazgo. Lo sería para evitar, otra vez, que fuera ninguneado por los pesos pesados de su partido. Segundo, sería aconsejable que Podemos "reculara" en cuanto al referéndum catalán. Salvados estos escollos; estaríamos en condiciones de hablar, de forma seria y coherente, sobre un cambio de Gobierno.

Deja un comentario