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De líderes y PSOE

Ayer compré la prensa, necesitaba papel para el suelo de la galería. Mi perrita, como saben, hace ahí sus necesidades. Las hace desde que tenía un mes y, desde entonces, el papel de periódico no ha faltado en la república independiente de mi casa. Antes, leí las noticias y disfruté con las opiniones sobre Trump, las primarias del PSOE y el Zipi Zape de Podemos. Tras pasearme por los escombros del vertedero, tomé café en El Capri. Estaba dos semanas sin dejarme caer por allí y, la verdad sea dicha, echaba de menos a Peter y la música ambiental de Caligari. Estando allí, llegó Gregorio. Gregorio, por si no lo saben, es un socialista de pedigrí. De esos que votan con el corazón, con independencia de que el líder sea Sánchez, Patxi o "la rubia de Andalucía".

Con Gregorio no suelo hablar de política. No lo hago, queridísimos amigos, porque sus convicciones socialistas, le impiden mantener un diálogo autocrítico acerca de los problemas de su partido. Tanto es así que votaría a Trump, si este se presentara como líder de la causa socialista. Ante esta dificultad, Gregorio y yo hablamos del FC Barcelona y del Atlético del Cholo Simeone. Tras tomar café, entré en Google; necesitaba ponerme al día sobre la crisis del PSOE. Para ello, hice un repaso de los titulares recientes. Unos con más salsa y otros con menos, al fin y al cabo, todos decían lo mismo. En esencia, venían a decir que Sánchez y Patxi medirían su talento en las primarias. Lo medirían a la espera de que Susana Díaz, y no Díez como dicen la mayoría de tertulianos, diera el esperado paso al frente.

Tras inundarme de retórica política, llegué a la siguiente conclusión: "es absurdo hablar de liderazgo en un sistema parlamentarista". Es absurdo, como les digo, porque en esta orilla del charco – en España – las reglas de juego son distintas a la América "Trumpista". Aquí lo que importan, queridísimos lectores, son los partidos y sus programas. Tanto es así que el día de las urnas, salvo que "el cabeza de cartel" se presente por nuestra circunscripción, no conocemos con detalle al diputado, o diputados, que abanderan la lista de nuestra papeleta. El líder electoral – el que todos conocemos – puede pasar, si quiere, al anonimato; tras la conversión de los votos en escaños. Y para más inri, el líder – salvo casos excepcionales – siempre respetará la disciplina de voto, es decir, lo que diga su partido. Luego, el líder no es más que una "cara bonita", con escaso margen de maniobra, de cara a la galería.

Llegados a este punto, no tiene sentido esta pérdida de energía en saber quién pilotará la nave socialista. No lo tiene porque esto no es América. En Estados Unidos, el líder no es elegido por el Parlamento sino por un electorado directo o indirecto – colegio de electores -. El líder, como saben, es independiente del Legislativo. El líder americano – y perdonen por la redundancia – es un gigante ante una organización débil y casi rota como es su partido. Por ello, lo que interesa es la reconstrucción del PSOE. Una reconstrucción, ideológica y estratégica, para "ensanchar el lugar que ocupa, en su baile con la derecha". Así las cosas, el partido socialista debe buscar su "nicho de mercado" y, si no lo encuentra, optimizar sus fortalezas y reorientar sus debilidades. Las fortalezas del PSOE son su pasado – tres mayorías absolutas consecutivas -, sus avances en derechos sociales – durante el periplo de Zapatero – y, su discurso antipopulista – basado en realidades, alejadas de utopías -.

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