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Dos Españas

Decía Joaquín, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Alicante, que en España aún siguen abiertas las heridas de la Guerra Civil. Decía este rojo de las aulas mediterráneas que: "si juntamos en un bar, al hijo de un republicano con el hijo de un franquista, probablemente terminen peor que el rosario de la Aurora".  Las palabras de Joaquín las he llevado siempre conmigo y, la verdad sea dicha, con los años le doy toda la razón. A día de hoy, todavía siguen vivos los bandos de la contienda. Tales bandos – rojos y azules – son los que impiden el desarrollo de una crítica acorde con los tiempos democráticos.

Las dos Españas, que decíamos atrás, se manifiestan continuamente en la prensa que cuelga del quiosco de Inés. Los medios reproducen los círculos de los tiempos belicistas. Mientras las columnas de José María Ansón, Ussía, Alfonso Rojo Pedro J. Ramírez saben al aroma conservador de la Derecha fraguista. Los artículos de Iñaki, Maruja Torres y Sopena saben al café de los tiempos felipistas. Es precisamente, este corsé discursivo de los unos – la Caverna – y los otros – la otra Caverna-, el que estrangula a la crítica y la convierte en una mercancía más del clientelismo partidísta que nos aliena.

Las portadas de ABC nunca tirarán piedras al tejado de la Monarquía. La Razón de Marhuenda buscarán siempre el dato que favorezca al PP y pasarán de puntillas por aquellas noticias que suelten toxinas contra las cúpulas de la Derecha. El Plural de Enric, se lo pensará dos veces, antes de llevar la contraria a las siglas de Rubalcaba. 
Periodista Digital arrojará sus municiones, sin duda alguna, contra toda sombra roja que sea objeto de sospecha.
Sin margen al error, diría que el diario de Ignacio Escolar y sus excompañeros de  Público; callarían como tumbas todo aquello que manchase la alfombra roja de sus "socios de periódico". La adhesión al grupo y el etiquetado del periodista en los cuadrados de la derecha o en los círculos de la izquierda, impide a los lectores oír voces discordantes con la línea editorial que les seduce.

Después de cuatro años de crisis. La denuncia de los sobresueldos del PP, por parte del diario de Pedro J. Ramírez, ha incendiado en las redes sociales a muchos fieles del Mundo o, lo que es lo mismo, seguidores de los valores tradicionales. Leyendo tuits, antes de poner el móvil a cargar, me sorprendió uno que decía: "la portada de Pedro J. es la mayor falta de ética periodística que ha existido en treinta años de democracia". Es precisamente, esta confusión entre ética y crítica, la que encierra a los periódicos de la España "plural" en sus jaulas de mercado. Cuando el diario se sale o "contradice" su línea editorial, como expresión libertad en su ejercicio de informar, la "partidocracia mediática" pone su grito en el cielo. Lo pone, confundiendo ética y libertad.

Por ello, queridos amigos y amigas, le doy la razón a Joaquín. Le digo que sí, y pienso como él. En días como hoy, lamentablemente no existe una corriente de intelectuales libres e independientes con la realidad social. Hay, y mucho además, opinadores alienados con su editorial, que día tras día pisan estudios de radio y platós de televisión para decir aquello coherente con el color político que hay detrás. Ante ello, la crítica ha perdido la batalla que ganó en los tiempos de Unamuno. El intelectual – a diferencia del opinador – es aquel que critica desde la butaca de su libertad. El intelectual – a diferencia del opinador – cuestiona al poder y las instituciones de hoy. El intelectual – a diferencia del opinador – defiende la individualidad, o dicho de otro modo, no vende su discurso al corsé editorial. Mientras sigamos recreando los bandos del ayer, el intelectual ha muerto en las Españas de Joaquín. Mientras tanto, seguiré leyendo tuits.

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1 COMENTARIO

  1. Siempre digo que en España se hace política de contienda. No se votan partidos, o ideas, se votan bandos, y cambiar de idea es alta traición. Así no hay crítica que valga.

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