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El diamante socialista

En democracia existen cargos públicos que gobiernan sin pasar por la legitimidad de las urnas. Esto ocurre cuando el titular de la plaza, por causas accidentales, deja su cargo y es reemplazado por su segundo de a bordo o por su designado. En España existen varios ejemplos que ilustran lo afirmado. En la Comunidad Valenciana, sin ir más lejos, gobierna Alberto Fabra desde la dimisión de Francisco Camps, hace casi tres años. La Comunidad y la ciudad de Madrid, como ustedes saben bien, están dirigidas por Ignacio González y Ana Botella, respectivamente; ninguno de los dos han sido elegidos por el pueblo, sino que accedieron al poder por la dimisión de Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón. En la Junta de Andalucía, ocurre más de lo mismo, Susana Díaz ostenta el poder tras la dimisión de Pepe Griñán y la celebración de primarias sin rival. Son, como les decía, políticos autorizados por la Ley pero carentes de la voluntad popular; cargos provisionales en espera de una reválida electoral que los legitime como tales. 

Si leemos los interlineados de las pasadas elecciones europeas observamos que mientras en la Comunidad Valenciana y Madrid – ambas gobernadas por políticos sustitutos -, el Pepé ha caído de forma significativa, en la Junta de Andalucía – gobernada por Susana, política sustituta de Griñán -, el PSOE ha ganado con holgura. No olvidemos que la irrupción de Podemos, el partido de Pablo Iglesias, ha hecho mella en los resultados madrileños. Ahora bien, ¿qué hubiera sucedido, en Madrid, si en lugar de Ignacio y Botella, hubiesen gobernado Aguirre y Gallardón?, probablemente otro gallo cantaría, hoy, en los balcones de Génova. El PP – dicen las malas lenguas peperas – está muy preocupado por la cosecha recogida. Está muy preocupado, les decía, porque saben que detrás de sus pésimos resultados se esconde algo más que los mordiscos de Podemos. El PSOE, sin embargo, ha descubierto al diamante perdido tras los tiempos felipistas. Gracias a Susana Díaz, el último bastión socialista – Andalucía – recupera la hegemonía perdida tras las últimas regionales. Probablemente, con "la reina sureña" a la cabeza, los socialistas podrán desprenderse de sus socios de Izquierda Unida, tras los próximos comicios.

La decisión de Susana de "no dar el paso a la dirección nacional de su partido" debe entenderse como una táctica política, más que "una renuncia a sus ambiciones personales". Mientras en Andalucía, Díaz tiene una victoria asegurada para las próximas elecciones regionales, en Madrid, sin embargo, sería una copia barata de Rubalcaba; una líder de boquilla sin el beneplácito de miles de papeletas. Así las cosas, el salto de Susana a la política nacional habría sido "comida para hoy y hambre para mañana". Los socialistas no se hubiesen conformado con que fuera la Secretaria General de su partido sino que la hubiesen presionado para que fuera la cabeza de cártel a las próximas generales. Ahora bien, ¿quién garantiza a Susana que las ganaría?, nadie. Probablemente las perdería por la ruptura del bipartidismo y porque de aquí a ese momento, España estará más cerca de la recuperación económica que de la crisis presente. Luego, "naranjas de la China", Susana pasaría a la historia de su partido como una presa fácil para los leones de Génova. "El diamante socialista" se convertiría en hojalata política y, Andalucía atravesaría por una grave crisis de liderazgo.

Probablemente, es más estoy convencido de ello, el candidato a las próximas primarias será un cadáver político y condición necesaria para la consagración de Susana. Da igual que el candidato se llame Sánchez o Madina; que sea vasco o madrileño; que sea monárquico o republicano. Todo ello, lectores y lectoras, no es suficiente para ganar las próximas generales. Para que el PSOE remonte y, le de la vuelta a las encuestas, es necesario que recupere la identidad perdida y el alineamiento electoral de los tiempos "zapateristas". Recuperar la identidad implica hacer uso de su experiencia política, revitalizar las heridas del pasado y poner nerviosos a los pensionistas. El "miedo" sería el mejor instrumento para paralizar el éxodo de simpatizantes hacia las utopías de Podemos. Eduardo Madina ha cometido dos errores garrafales en su conquista por el cetro. El primero, ser el ahijado de Rubalcaba – el líder fracasado – y el segundo, actuar con hipocresía política ante la cuestión monárquica. Mientras en la calle ha manifestado su interés por abrir "el melón" de la República, en el Congreso, sin embargo, ha votado sí a la Ley Orgánica que permitirá la coronación de don Felipe. Pedro Sánchez – el otro candidato – , por su parte, ha salido a la escena con los mimbres de la retórica; ha hablado de alternativa pero no ha concretado los trazos de su proyecto. Mientras tanto, "el diamante socialista" – Susana Díaz – espera en Andalucía a que su holgada mayoría en las próximas regionales, la legitime para poner su sonrisa en los carteles de la rosa. Atentos.  

Lecciones para un Príncipe

La abdicación de don Juan Carlos ha revitalizado la visibilidad de la Corona y el simbolismo histórico de su figura. Tanto es así que el próximo día 19 de junio, el príncipe Felipe jurará su cargo vestido de militar, tal y como lo hizo su padre hace treinta y nueve años. Una vez más, las Fuerzas Armadas recobran el protagonismo social de los tiempos posfranquistas; la España de los uniformes y la seguridad nacional vuelve a los asfaltos de Madrid para rendir homenaje al hijo del Rey, como símbolo de poder. Es precisamente este continuismo con los protocolos de la tradición, el que invita a la crítica a reflexionar sobre cómo será el reinado de Felipe. Si será una bocanada de aire fresco para las turbinas democráticas o, seguirá todo igual tras el estruendo de la noticia.

En el Renacimiento español afloraron los libros sobre Príncipes. Eran manuales de ética y protocolo dinástico acerca de cómo se debía comportar un monarca en el arte de reinar. Hubo un texto, especialmente polémico, titulado "El Príncipe" de Maquiavelo. Este libro fue muy polémico, les decía, porque supuso una guerra abierta contra el imperio de la escolástica. La escolástica, para que nos entendamos, era una corriente de pensamiento basada en un conocimiento, legitimado por la fe. Gracias a esta forma de pensar, la Iglesia mantenía su poder sobre un pueblo analfabeto a través de la moral cristiana. Tanto es así, que los monarcas debían obrar conforme a los valores y principios de lo "bueno" y lo "malo", dictados por las sotanas. Maquiavelo, más allá de su conocida máxima: "el fin justifica los medios", fue un hombre incómodo para el tejido institucional de su tiempo. El autor del Príncipe defendió en su obra que los reyes debían gobernar sin las ataduras a la moral cristiana. Dicho de otro modo, los monarcas debían gestionar su poder conforme a los dictados de su conciencia. Esta recomendación maquiavélica suponía el alto riesgo de que el poder desembocase en tiranía. Sin moral cristiana y sin Derecho mediante, el arte de reinar se convertía en un peligro para las ciudadanía, más que en una garantía de la paz.

Saavedra Fajardo, hombre de convicciones religiosas y muy versado en leyes, escribió "empresas políticas", obra antagónica con los principios de Maquiavelo. Para Fajardo, la razón del Estado era la moral cristiana. Las decisiones de un monarca no podían basarse en su libre albedrío sino que debían someterse a los límites de la ética. Una ética, como les decía, de corte eclesiástico. En contra de Maquiavelo, Saavedra dio un pasó adelante y defendió una monarquía limitada por el pacto social del Derecho. Son, por tanto, las leyes y el cristianismo quienes neutralizan el riesgo a que un monarca se convierta en tirano y haga un uso pernicioso de su cetro. Hoy en día, quinientos años después de aquellas recomendaciones, coexisten en nuestro espacio monarquías democráticas con otras dictatoriales. También, por qué no subrayarlo, coexisten repúblicas libres con otras militarizadas y autoritarias. En España tenemos una Monarquía Parlamentaria donde el Rey reina pero no gobierna. Luego, los ciudadanos – gracias a la labor histórica de don Juan Carlos – no debemos tener miedo sobre el uso que hará el Príncipe cuando empuñe el cetro; puesto que su autonomía está muy bien delimitada en "el capítulo de la Corona".

El futuro Rey debería convertirse en alguien único e irrepetible y, no pasar a la historia como una copia imperfecta de su padre. A pesar de que don Juan Carlos se ganó la simpatía y el respeto de España por traernos la democracia, su hijo será proclamado Rey en unas condiciones históricas muy distintas a las suyas. Felipe VI reinará a un país con una sólida mayoría parlamentaria pero con una clara tendencia a la ruptura del bipartidismo – de celebrarse hoy elecciones generales, según un sondeo realizado para el Periódico de Cataluña, Podemos obtendría 58 escaños – . El futuro monarca reinará una España agrietada por las tensiones que genera la hipotética consulta separatista, anunciada por Mas, para el próximo noviembre. El nuevo Rey será coronado con el aplauso mayoritario de España y los abucheos de las voces republicanas. Aunque no se convoque el referéndum acerca de Monarquía o República, el futuro Rey debería convertirse en un ejemplo de pureza institucional para ganarse la simpatía de los suyos. Una voz, les decía, que invite al consenso y la negociación en la España plural que se avecina. Una voz que sancione la corrupción y el despilfarro de lo público. Un ejemplo de honradez y honestidad que detenga ante su figura a los curiosos que transiten por el museo de Cera. Los mismos curiosos que, en los últimos tiempos, pasan de perfil ante los muñecos de su hermana y su cuñado por lo que todos sabemos.

La cuestión monárquica

Aunque muchos columnistas de ABC y La Razón elogien la figura histórica de don Juan Carlos y las fortalezas de la Monarquía, lo cierto y verdad es que detrás de la abdicación del Rey hay algo más que un simple "relevo generacional". Su decisión se produce en plena tormenta política por la cuestión catalana y el derrumbe del bipartidismo, tras las elecciones europeas. Gracias a la mayoría absoluta del Pepé, la aprobación de la Ley Orgánica, necesaria para la transición monárquica, está garantizada. Si en lugar de gobernar Rajoy, lo hiciera un conjunto plural de fuerzas antagónicas, abanderadas por la izquierda, quizás hubiésemos tenido que esperar algunos años para que la abdicación se produjera. La hipotética consulta separatista en Cataluña también explica el porqué de las prisas del Rey para deshacerse de su corona. ¿Qué hubiera pasado si don Juan Carlos se hubiese esperado a que los catalanes resuelvan su consulta y ésta, por casualidades de la vida, ganase por aplastante mayoría? Probablemente, el Rey no estaría en condiciones de plantear la sucesión monárquica ante una España vertebrada por "el derecho a decidir" de una parte de sus feudos. Así las cosas, las primeras palabras de Felipe, tras la abdicación de su padre, han aludido a que reinará para una "España unida y diversa", clara "bola baja" para las voces críticas de CiU y la Esquerra Republicana.

El papel histórico de don Juan Carlos, como artífice de la Transición, no legitima la figura de su hijo. La Hispania de hoy no es la misma que el país en blanco y negro de los tiempos fraguistas. "En aquellos años – en palabras de mi abuelo – daba igual que el nuevo régimen se llamase: república o monarquía, lo que quería – queríamos – la mayoría de los españoles era tener el derecho a decidir, tras cuarenta años de boca cerrada por los esparadrapos de la dictadura. El país estaba tan en deuda con SM, por devolvernos la libertad, que su figura fue respetada por España durante todo su reinado". Tras la etapa "juancarlista" se abre un punto de inflexión en la vida democrática de este país. Mientras el Rey legitimó su figura – de alguna manera – por su hazaña democrática, su hijo subirá al trono sin más mérito que su lotería genética. Da igual que tenga una carrera y varios másteres en universidades americanas; da igual que tenga los máximos galones de las solapas militares; da igual que tenga "buena percha" y sea un buen deportista. Todo ello, queridos lectores y lectoras, da igual. Lo único que lo legitima como Rey es ser el "hijo de don Juan Carlos". Aunque no hubiese tenido carrera universitaria ni títulos militares sería investido Rey el próximo día 19 de junio. Es, precisamente, esta "imposición", garantizada por la Constitución, la que invita a los demócratas a solicitar su revisión para que nuestra democracia no esté sesgada por la "sangre azul" de los tiempos "Alfonsinos".

En este país, los políticos utilizan la retórica cuando se ven en la encrucijada de tomar decisiones que afecten a las cuotas de sus partidos. El otro día, sin ir más lejos, Zapatero habló en una tertulia televisiva acerca de la posición de sus siglas sobre el modelo de Estado. Parece mentira que el mismo expresidente que cambió la Constitución de un día para otro, hable de "piedra sagrada" e intocable, cuando el retoque de la misma afecta a la monarquía. De esa manera, echando balones fuera y escudándose en la Suprema, el expresidente Zapatero pasa de puntillas por los prados espinosos del modelo de Estado. Ahora bien, en el Congreso, su partido – el PSOE – votará que "sí a la monarquía" junto al pepé para aprobar la Ley Orgánica que otorga al Rey el instrumento necesario para garantizar la sucesión de su corona. Luego, es repugnante que muchos socialistas alcen la bandera republicana cuando ganan las elecciones y, voten monarquía cuando la historia se lo pide. Izquierda Unida, por su parte, ha mostrado – en palabras de Cayo – sus sueños republicanos. Su posición ha sido clara y determinante en contraste con las ambigüedades de ZP. De todas las declaraciones políticas acerca del modelo de Estado, la más demócrata de todas ha sido la opción planteada por Podemos. Es el momento – en palabras de Pablo Iglesias – del "derecho a decidir" de los españoles acerca de su modelo. 

Es el "derecho a decidir", planteado por Podemos, el que debería servir para que Felipe VI legitimase su figura, por encima de sus genes. Mientras Cataluña "quiere y no puede" plantear la "cuestión catalana" a sus ciudadanos, el Ejecutivo sí puede plantear a los españoles un referéndum que ponga sobre la mesa "el sentir general" de los españoles acerca de la monarquía o la república. Si el resultado es positivo o, dicho en otros términos, si los españoles aceptan al príncipe como Rey, se acabó para siempre el debate del modelo de Estado. Habrá ganado la democracia y los brotes republicanos serán encerrados, durante muchos años, en las vitrinas del silencio. Si gana el NO; si los españoles dicen que no desean más monarquía, entonces no habrá más remedio que cambiar la Carta Magna o reinar contra el interés general. Ahora bien, ¿quién es el guapo que le pone el cascabel al gato?, con Rajoy en la Moncloa es inverosímil pensar que la utopía de Pablo se haga realidad. Así las cosas, para desgracia de algunos, el próximo día 18 de junio tendremos, probablemente, nuevo Rey sin referéndum mediante. Será proclamado con el aplauso de ABC, los lectores de Maruhenda y, el voto oficial de Rubalcaba. Será abucheado por las filas de Cayo, los votantes de Podemos; los simpatizantes de Mas y, la prensa republicana. De Felipe VI dependerá que los "frikis republicanos” no se conviertan, con el tiempo, en una masa crítica que ilumine a los ciudadanos sobre "los costes y oportunidades" que supone para este país, el mantenimiento de una institución sim-bó-li-ca y retrógrada como es la monarquía.

10 apuntes sobre la abdicación del Rey

1 – La abdicación del Rey no arregla las grietas de la corona.
2 – Después de treinta y cinco años de Constitución Española, parece mentira que sigamos sin una Ley Orgánica que regule el problema sucesorio.
3 – Felipe VI debería hacer uso de su "formación democrática" y preguntar al pueblo si lo quiere como heredero.
4 En pleno siglo XXI, la sangre no debería determinar el poder de la gente.
5 – Detrás de la abdicación hay algo más que un mero "relevo generacional".
6 Los platos rotos de Urdangarín, el barrito del elefante y, la imputación de la Infanta han pasado factura a S.M.
7 Los recientes lavados de cara de la monarquía no han depurado la imagen de don Juan Carlos.
8 El Rey dice adiós en plena crisis territorial por la cuestión catalana
9 Don Juan Carlos fue – y será – una pieza clave para entender nuestro presente.
10 Los problemas de este país (corrupción, paro, desahucios…) no los solucionará ni Felipe VI ni la III República.

Los mordiscos de Podemos

Si "Podemos", el partido de Pablo Iglesias, no se hubiese presentado a las elecciones europeas, hoy, otro gallo cataría en las jaulas socialistas y en los corrales de Cayo. Gracias a las "utopías regresivas de la izquierda", en palabras despectivas de Felipe González, los cimientos del bipartidismo han sentido sus temblores, tras casi cuatro décadas de democracia. Así las cosas, tanto el PSOE como Izquierda Unida tendrán que ponerse las pilas para atraer hacia sus nichos a los exiliados de sus filas. Para ello, para sacarle los dientes a Podemos y recuperar su enseres, los bastiones progresistas – PSOE e IU – deberán radicalizar sus discursos; desprenderse de la vieja guardia y, lo más importante de todo, vender ilusión al pueblo para que éste recupere la energía politiquera de los tiempos "suaristas". Fue, precisamente, la frescura de Felipe y su energía mitinera, la que hizo brillar al partido socialista en la España del fraguismo. Hoy, Pablo Iglesias se ha convertido en el líder que representa a los votantes descendientes de la Hispania efervescente, de los años postfranquistas. Votantes, les decía, con hambre de líderes que les digan lo que quieren oír aunque sea mentira. Líderes de "cuello azul" que vistan a la hippy; versados en política e inquietos por "lo público". Hombres y mujeres comprometidos con las pancartas para que la "casta política" no viva, ni un minuto más, a la "sopa boba", mientras millones de ciudadanos viven como reos en sus "cárceles africanas".

El PSOE no ha levantado cabeza desde los tiempos de Zapatero. El "decretazo" de José Luís, hace ahora cuatro años, fue la losa que sepultó al cadáver socialista en los escombros actuales. La era Rubalcaba, por su parte, ha hecho mucho daño a los tallos de la rosa. Durante dos años y medio en la oposición, Alfredo – la perla de ZP – no ha estado a la altura necesaria para plantar cara al desmantelamiento del Bienestar, propiciado por la derecha. Rubalcaba, verdad de las grandes, formó – y forma – parte del problema (la debacle socialista). Él, fue – y será – una "oveja negra" de la "herencia recibida". Cada vez que ha abierto la boca para criticar a don Mariano, éste le ha echado en cara su "nefasta gestión" al frente de ministerios socialistas. Rubalcaba – dicen las lenguas de su partido – nunca fue un líder consolidado sino un segundón del partido. Un segundón que, a pesar de su bagaje político, no ha orquestado una oposición que pusiera "a parir" a Rajoy por la involución realizada desde que obtuvo la mayoría. Así las cosas, Alfredo – el último error de ZP – ha hecho mal sus deberes, justo cuando mejor lo tenía para ser la alternativa. Ante esta debilidad, causada por la falta de liderazgo y las grietas de su partido, los mordiscos de Podemos han arrastrado para el "morado" de su siglas a los rojos de Zapatero.

La reestructuración del partido socialista, tras los daños causados por la tormenta electoral, pasa por elegir a un nuevo líder que haga frente al joven de Vallecas. El perfil del elegido debería, desde las recomendaciones de la Crítica, ser el polo opuesto al recién destronado. El candidato, o candidata, no debería ser afín a los tentáculos de Rubalcaba, sino alguien ajeno a la "herencia recibida". Savia nueva, como les decía en el último artículo, que no tenga ninguna tara, personal ni contextual, con el pasado de su partido; luego nada de Patxis, Chacones ni Madinas. Otro rasgo o condición del sustituto, o sustituta, de don Alfredo es que su discurso rompa con los centrismos "socioliberales" de los últimos años. Un discurso más radical y con tintes "a lo Obama" es necesario para que el PSOE integre en su seno a las voces radicales, huidas a Podemos. Aunque esté feo decirlo, el nuevo líder socialista deberá hacer lo mismo que en su día hizo Aznar para reconstruir a su partido; meter en una misma olla a los garbanzos negros con los blancos. Otra característica del futuro jefe, o jefa, de la oposición es que sea "guerrillero", o dicho en otros términos, que sustituya a la "oposición tranquila", llevada a cabo por Rubalcaba, por una oposición dura al estilo del "váyase señor González" de los tiempos "Roldanes". Una oposición que levante, si hace falta, a Rajoy de la cama para que comparezca en la tribuna y defienda su honor ante las corruptelas de su partido. Lo mismo que consiguió Pedro Jota, el pasado verano, con sus "tres horas con Bárcenas" y le costó la cabeza (la dirección de su periódico).

Los mordiscos de Podemos a los votantes de IU son el síntoma de que algo va mal en los corrales de Cayo. Desde el Rincón recomendamos a Llamazares y los suyos que hagan autocrítica de todo lo sucedido. ¿Por qué la gente ha comprado Podemos en lugar de IU? por las fantasías de Pablo, respondería el lector de ABC y el oyente de la COPE. Un discurso más utópico y surrealista, pero al fin y al cabo, más "populista" que el mensaje desgastado de las filas izquierdistas. No olvidemos que en este país, agotado por los hachazos marianistas, solamente se compra aquello que garantice el bienestar de la gente. Otra cosa es cómo saldrá el producto una vez adquirido. Probablemente, la victoria de Podemos chocará con la Tea Party europea; su discurso será ninguneado por los gallos de Bruselas y, ojalá me equivoque, el neoliberalismo occidental hará todo lo posible para que la corriente "pablista" sea un cero a la izquierda en las decisiones europeas. De Pablo depende que un millón doscientos mil votantes no pierdan para siempre su ilusión por la política.

Savia nueva

Dice la sabiduría de los bares que la mejor terapia para la curas emocionales es el cambio de perspectiva. Cambiar de perspectiva significa ver las cosas desde el lado positivo, el vaso medio lleno de toda la vida. Esta máxima mundana es utilizada por la mayoría de los partidos el día después de unas elecciones. Gracias a la relatividad de los datos estadísticos, los líderes políticos los cocinan para que sean aplaudidos por la mayoría de sus comensales. Así las cosas, María Dolores de Cospedal dijo que el PP había ganado en Europa, cierto, pero cayó como una monja que su partido había perdido ocho escaños con respecto a las últimas europeas. Rubalcaba habló del fracaso del bipartidismo para diluir su derrota en las aguas de la derecha. Ayer Alberto Garzón escribió en su cuenta de twitter: "por supuesto, los cargos, militantes y votantes de @ahorapodemos son compañeros de proyecto político. No cabe pensar algo distinto".  "Compañeros de proyecto", cierto, pero con mu-chí-si-mos matices. Rosa Diez también habló de victoria electoral. Ganó la etapa – en la jerga del ciclismo -, pero descendió – queridos amigos – en la clasificación general. Izquierda Unida, por su parte, también alardeó de triunfo electoral, pero escondió entre sus camales los mordiscos de Podemos.

Desde la crítica debemos ir más allá del marketing de partido y reflexionar acerca de las tendencias que hay detrás de los resultados del domingo. En términos objetivos, lo cierto y verdad, es que corren nuevos tiempos para la pluralidad política. Hemos pasado de una parrilla capitaneada por "los reyes del mambo" – PP y PSOE, el Real Madrid y el Barcelona de la liga nacional – a un escenario multicolor de proyectos cargados de ilusión y nuevos liderazgos. La irrupción de Podemos, el partido de Pablo Iglesias, ha canalizado para los foros europeos a las voces disidentes contra la desideologización del PSOE y el desgaste de la derecha.  El mensaje del joven madrileño ha calado entre los "camorristas y pendencieros" de Aguirre; "los descamisados de Dragó"; los espectadores de "la Tuerka"; los desahuciados de Rajoy y, los frikis de Arriola. Pablo Iglesias ha sabido integrar en su discurso la queja social que subyace en este estercolero de miseria moral llamado España. A pesar de ello, las malas lenguas de la envidia lo han tachado de demagogo social, oportunista televisivo, populista y, de "moda pasajera".

Susana Díaz, por su parte, ha sido el caramelo que ha endulzado el varapalo de Rubalcaba. La discípula de Griñán ha devuelto al PSOE el discurso ideológico de los tiempos felipistas. La "Aguirre de la izquierda", como ha sido etiquetada por los foros sociológicos, ha defendido, como nadie, el último bastión socialista. Susana se entrevistó con Mas, lo que no hizo su jefe – Alfredo – en dos años de liderazgo. Desde la crítica seguimos reivindicando "un líder, un programa y un partido" para reconstruir los pétalos marchitados de la rosa. Un líder que devuelva al PSOE el espíritu de cambio, protagonizado en la Transición democrática. Un programa, coherente con su ideología; una ideología marcada por la defensa a ultranza del Estado del Bienestar por encima de los intereses merkelianos. Y, finalmente, un partido cohesionado, sin escisiones ni fisuras que sepa aglutinar en su seno los discurso díscolos acerca del modelo territorial. En breve, según anunció don Alfredo, se convocarán primarias para elegir a su sustituto. Ahora bien, por muy bueno que sea el patrón, si las rutas de navegación son ambiguas y el barco no es consistente, estamos – como diría aquél – con un proyecto a la deriva.

Llegados a este punto, existe un claro mensaje de las urnas europeas. La gente, queridísimos lectores, quiere savia nueva que devuelva a este país la ilusión por la política. El pueblo ha dicho "NO" a sesentones como Rubalcaba y Cañete. La gente ha dicho "NO" a señores que llevan toda su vida "calentando escaños" en el patio de los leones. Los ciudadanos están – estamos – hartos de que los intereses partidistas estén por encima de los generales. El ciudadano de a pie no ha visto con buenos ojos – y así lo ha castigado – que durante una semana de campaña solamente se hablase de machismo en lugar del euro, la troika y, las instituciones europeas. El machismo ha sido utilizado, por parte del PSOE, como arma arrojadiza para sacar tajada de las torpezas de Cañete. El pueblo, que de tonto no tiene un pelo, se ha percatado de ello y ha votado en consecuencia. Hoy, tanto Pablo como Susana son los claros vencedores. Pablo, por su capacidad para que le votasen un millón doscientos mil españoles, provenientes del PSOE e IU, y situarse como cuarta fuerza política, por encima de UPyD. Susana, por arrebatar el liderazgo informal a Rubalcaba; por conseguir recuperar el espíritu socialista en las tierras andaluzas y, por consolidar su figura de cara a las próximas autonómicas o "nacionales". Una vez más, los jóvenes han dado una lección de inteligencia y humildad a una nueva forma de hacer política. Ambos – Pablo y Susana – tienen poca experiencia, no están rodados en el tema, cierto. Tampoco lo estaba Obama y consiguió con su discurso el premio Nobel de la Paz.

Sobre crítica y utopía

Hace unos meses recibí un correo electrónico de un lector preguntándome por la funcionalidad de mi blog. Decía este señor de las tripas españolas que El Rincón de la Crítica era un florero más, de las miles y miles de bitácoras que cuelgan en la red. Se refería a que mientras otros blogs ayudan a los lectores en diferentes campos del conocimiento – cocina, informática, leyes, etc.- , éste – el mío – no tenía ninguna razón aparente para aumentar su número de visitas, luego era un candidato idóneo para el fracaso a medio plazo. La verdad sea dicha, cuando comencé con el blog, allá por el año 2011, tenía otra imagen del mundo de los blogs. Pensaba – ignorante de mí – que la escritura de denuncia social tenía más demanda en un país moderno, alejado del analfabetismo de antaño. Creía que con millones de ordenadores conectados a Internet, un blog de opinión sería leído por la inercia de la red. Hoy, tres años después de aquellas ingenuas reflexiones reconozco que me equivoqué. En este país no existe una demanda creciente de escritura basada en la crítica libre, plural e independiente. Seguimos, como denuncié en su día en las "dos Españas" de los tiempos republicanos. Un país dividido entre "lectores de ABC" – conservadores – y "lectores de El País" – supuestamente progresistas -. 

Esta falta de cultura crítica o, dicho de otra manera, esta carencia de medios apolíticos; es la que hace que un lugar como el mío no tenga la aceptación social que tendría otro, ubicado claramente en la izquierda o en la derecha. Así las cosas, cuando escribo un post crítico con el Partido Popular – que son la mayoría – desciende el número de suscritos procedentes de la derecha y, al contrario cuando el post critica al PSOE desciende el número de suscritos progresistas. Es, precisamente, el encasillamiento social de los lectores y, sobre todo, la necesidad de pertenecer a un grupo delimitado, el que desconcierta a miles de lectores cuando pasean por mi blog.

Otra causa añadida, que explica la poca expectación que despierta esta bitácora es el poco número de comentarios que reciben sus artículos. Como sabéis, las reglas para que un comentario no pase por la moderación es que su comentarista tenga otro previamente aprobado. ¿Por qué hago esto?, esto lo hago para evitar que la crítica sea destructiva o, dicho de otra manera, que se realicen insultos hacia las personas citadas en los artículos o, incluso hacia mi persona. No es ni el primero ni el último comentario que se ha quedado en la trastienda de la moderación por contener palabras malsonantes; determinadas por la intolerancia de ciertos lectores hacia las opiniones ajenas.

Si tanto "fracaso" supone este blog, os preguntaréis: ¿por qué razones lo sigo editando? Decía Maeztu – pensador del “regeneracionismo” – que el periodismo debía ser un instrumento pedagógico para ilustrar a las masas en el arte de la crítica. Esa reflexión de Ramiro es la que mantiene viva la chispa del Rincón. La funcionalidad de este blog – y con ello respondo al correo de mi lector – reside en vehicular un pensamiento social desde las turbinas de la crítica. Enseñar a pensar es la tarea fundamental de este humilde blog. Para construir una crítica constructiva y responsable es necesario adiestrar a los jóvenes; como en su día hizo Galván en los paraninfos de Franco. Adiestrarlos, les decía, para que aprendan a analizar los hechos sociales desde la lejanía sociológica. Una lejanía marcada por visiones panorámicas, sin caer en el reduccionismo de la parcialidad acostumbrada. La utopía de la crítica reside en la libertad de pensar con autonomía, sin miedo al qué dirán por expresar las opiniones. Para que este humilde blog aumente sus visitas, y no caiga en el olvido, es necesario que surja un cambio de mentalidad en las estructuras de esta sociedad. Para ello; para que exista un cambio de mentalidad se debe fomentar la filosofía en los institutos; el cine de denuncia social y, el teatro de los tiempos de Vega. Sin filosofía y sin una cultura independiente, de los intereses de la burguesía, es practicamente imposible que el lector lea con buenos ojos un blog, dedicado a criticar desde las bases intelectuales de la libertad.

Así las cosas, los lectores afines a este blog han encontrado en él una "bocanada de aire fresco" – en palabras de una lectora – a la miseria mental que hay detrás de la industria cultural. Una industria de la cultura, les decía, abanderada por una televisión de pandereta al servicio de los mercados. ¿Dónde están los debates y los programas culturales? En la 2, respondería el búho. La segunda de TVE se ha convertido en la "manzana podrida" para acallar a las élites intelectuales, disidentes con las dictaduras del "sálvame", "supervivientes" y otras semejantes. Una televisión basada en el entretenimiento es nefasta para construir la democracia. "En tiempos franquistas – decía mi abuelo – veíamos toros hasta en la sopa". Hoy en día pasa algo parecido. Lo que antes eran toros ahora son magazines. Magazines protagonizados por periodistas de lo frívolo, donde el vocerío y el insulto barriobajero es el antídoto perfecto para entretener a las masas. Es, precisamente, esta miseria intelectual fomentada por los medios, la que impide al Rincón despegar del anonimato y convertirse en un referente social de la crítica objetiva. Salvar la miseria es la condición necesaria para que medios como éste consigan sobrevivir en el horizonte cercano. Si no lo conseguimos; si no alzamos la voz e invitamos a los nuestros para que este proyecto venza a la frivolidad televisiva, probablemente viviremos como borregos al acecho del engaño.

Torpezas políticas

La campaña para las elecciones europeas ha sido un aperitivo de lo que serán las próximas generales. Digo esto porque tanto el PP de Cañete como el PSOE de Valenciano han centrado sus discursos en hablar de España en lugar de Europa. Por una parte, la derecha ha utilizado la campaña para vender la "supuesta" recuperación económica. Por otra parte, los socialistas han hablado del desmantelamiento del Estado del bienestar por parte del adversario. Las perlas de la campaña las han protagonizado Felipe González y  Arias Cañete. El primero por invitar a un acercamiento – pacto o, como ustedes lo quieran llamar – entre el PP y el PSOE y, el segundo por ningunear a Elena por ser mujer. La invisibilidad de los otros, me refiero a los incipientes de la parrilla: Vox y Podemos, ha servido para que sigamos anclados en el bipartidismo galdosiano. Si a todo esto le añadimos que un eurodiputado cobra unos quince mil euros al mes por representarnos, debemos reflexionar sobre la viabilidad social de este chiringuito – o chollo – llamado Europa. 

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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