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Las vergüenzas de la Zarzuela

La imputación de doña Cristina no ha caído bien en los foros de la Caverna. No ha caído bien, les decía, porque tanto La Razón de Marhuenda como las páginas de Rubido – director de ABC – han puesto "a parir" a Castro por cuestionar la "honorabilidad" de la Infanta. Las declaraciones que hizo la hija del exrey, el pasado mes de enero, al juez instructor del caso Nóos se basaron en evasivas, monosílabos y gestos de sorpresa; como si esa "película" – los negocietes de su marido – no fueran con su persona o, dicho de otro modo, como si en "los diálogos de su matrimonio", el trabajo de Iñaki fuese tabú de puertas para adentro. No olvidemos, que don Juan Carlos, ya advirtió a su yerno que se dejase de "tonterías", puesto que estos flirteos entre negocios y monarquía no iban a traer nada bueno para la Casa Real. Tanto es así, que el matrimonio vivió durante un tiempo en Washington para evitar, entre otras cosas, manchar la idílica labor de S.M., al frente de la Corona, durante sus tres décadas y pico de reinado.

Las argumentaciones de Castro para imputar a la Infanta se basan, principalmente, en el sentido común y en la existencia de una "colaboración silenciosa" entre doña Cristina y su marido al frente de Nóos. Si Iñaki Urdangarín no hubiese sido el esposo de la Infata, o sea el yerno del exrey, probablemente otro gallo cantaría, hoy, en los corrales de la Zarzuela. Es, precisamente, el vínculo sentimental entre el duque de Palma y su señora, el que sirvió a él y a su socio – Diego Torres – para hacer "negocios de paja" a costa de la Monarquía. Probablemente, doña Cristina se dejó llevar por las brisas del dinero y el talento de su esposo. Probablemente, firmó con la ingenuidad de una niña, los papeles que le ponía encima de la mesa su marido. Ahora bien, lo cierto y verdad, queridísimos lectores, es que si el juez Castro no tuviese indicios jurídicos para imputar y, posiblemente, procesar a Cristina no lo hubiere hecho. No lo hubiere hecho, les decía, porque obrar de tal manera, en la jerga de las togas, se llama "prevaricar". Y no creo, – creemos – que este señor haya prevaricado por una cuestión de narcisismo mediático, como algunos medios han subrayado.

"Si don Juan Carlos se hubiera esperado un mes para abdicar – decían esta mañana en la cola del Sabadell – quizás hoy no tendríamos nuevo Rey". Es, precisamente, esta reflexión de las voces mundanas, la que invita a la crítica a reflexionar sobre las "vergüenzas de la Zarzuela". La "reimputación" de doña Cristina, siendo todavía "hija del Rey", hubiese deteriorado, todavía más, la imagen de la Monarquía y entorpecido una "sucesión tranquila", como la acontecida. Así las cosas, durante todo este tiempo, doña Cristina ha sido "escondida" o, al menos, "anulada" de los actos oficiales de la Monarquía. La imagen de la Infanta llegando a los juzgados de Palma – hace cinco meses – perjudicó a la marca España y le restó credibilidad al resto de las instituciones. Aunque el "barro" del caso Nóos solamente salpicara a ella y a su marido, ser "la hija del Rey" arrastraba el "fango" hacia sus más allegados. Tanto es así, que el día de la proclamación de su hermano, ella estuvo "desterrada" al sofá de la Zarzuela. La Casa Real no podía consistir – en conclusiones de la crítica – que ella, la "oveja negra" de la familia, pusiera el acento mediático a una "monarquía renovada para un tiempo nuevo", en palabras del proclamado.

Si el auto del juez Castro se consolida, o dicho de otra manera, si sigue adelante el procesamiento de doña Cristina y, los intentos de la Fiscalía caen en sacos rotos; es muy probable que veamos a la Infanta en alguna prisión de España. Es muy probable, les decía, – aunque cueste creerlo – porque, según dicen los versados en leyes, los delitos que se le imputan superan, con creces, los dos años que establece el Código Penal para librarse de las rejas. Así las cosas, la hermana del Rey y su marido se convertirían en los "nuevos Barcenas" de la parrilla. El encarcelamiento hipotético de doña Cristina sería el notición del siglo, junto a la muerte de Suárez y la abdicación de su padre. Ahora bien, ¿sería justo que doña Cristina fuese a la cárcel por la ignorancia de su pluma? No, pero la "justicia es igual para todos", como dijo don Juan Carlos, y el desconocimiento de las leyes no exime a los ciudadanos de su cumplimiento. Luego, da igual que se llame Cristina de Borbón, que se hija de exrey y hermana de Rey; la independencia del poder judicial debe estar por encima de los títulos y las distinciones de clase. Si no fuera así, volveríamos a las corruptelas palaciegas de Felipe V y otros "jefecillos" que por llevar corona, ancha era Castilla.

Aforamiento exprés

Hoy, El País ha entrevistado a Felipe González. En el encuentro, el expresidente del Ejecutivo ha defendido el aforamiento de don Juan Carlos. El aforamiento, para que nos entendamos, es un privilegio que se concede a ciertas personas por la posición que ocupan o han ocupado en determinadas instituciones. Dicha prerrogativa significa que el aforado solo puede ser juzgado por el Tribunal Supremo. La medida es una práctica centralizadora para evitar la dispersión de los casos judiciales a lo largo y ancho de la geografía. ¿Es lo mismo aforamiento que inmunidad? No. El aforado es responsable de sus actos ante la justicia, como cualquier ciudadano de a pie, pero con la única salvedad que él es juzgado por un tribunal "especial" – el Supremo – a diferencia del resto de los mortales que son – somos – juzgados por jueces y tribunales ordinarios. El aforamiento, valga decirlo, solamente afecta a los asuntos derivados del cargo público que se ostenta o se ha ostentado, dicho de otra manera, los asuntos privados son despachados por los juzgados del partido judicial correspondiente.

Mientras el partido socialista se ha abstenido en la votación del aforamiento de don Juan Carlos, Felipe González, por su parte, ha mostrado su convencimiento de que el exrey sea un señor aforado. Sus argumentos han apelado a la "neutralidad" del monarca, en sus treinta y nueve años de reinado, y a los cerca de 10.000 aforados que hay en España. La primera razón, la verdad sea dicha, deja mucho que desear y, sobre todo, saliendo de la boca de un conocedor de las leyes, como lo es, sin duda alguna, el expresidente. Faltaría más que el Rey no hubiese reinado con "imparcialidad". Si hubiese sido parcial, queridísimo González, habría sido inconstitucional, puesto que la función de la Corona es arbitrar la paz social y representar al país, sin perturbar la toma de decisiones del Ejecutivo. La segunda razón alude a la cuantía de aforados que existen en este país, ¿por qué si hay tantos aforados en España, el exrey no puede ser uno más, entre tantos? Recordemos que hay gustos para todos los colores. Hay países donde los exmonarcas gozan de esta prerrogativa – el aforamiento – y otros en los que no, independientemente del número de aforados que haya en tales territorios. Luego, tan lícito es que el exrey sea aforado como que no lo sea.

Desde la crítica debemos reflexionar y posicionarnos acerca de este debate social, suscitado tras la abdicación de don Juan Carlos. Por coherencia discursiva el exrey no es "apto" para el aforamiento. Su aforamiento rompe con la estética de sus palabras: "la ley es igual para todos", dichas hace tres años, el día de Nochebuena. Gracias al aforamiento, el Rey se convierte en un privilegiado más ante las togas de su pueblo. Será juzgado por el Tribunal Supremo y no tendría que pasar "el mal rato" de acudir a juzgados de provincia como lo hace la mayoría de los españoles. Es, precisamente, esta distinción en el trato judicial, la que convierte al exrey  en un ciudadano distinto, ajeno al talante campechano que ha demostrado en sus tiempos de Corona. El aforamiento establece – en sus interlineados legales – que "las élites sean juzgadas por las élites y no se entremezclen con los banquillos plebeyos". Recordemos que el exrey no es un aforado cualquiera sino un aforado con privilegios con respecto al resto de aforados. Mientras los otros – los 10.000 aforados de este país – solamente pueden ser juzgados por el Tribunal Supremo acerca de los asuntos públicos relativos a sus cargos, el Rey – el mismo que dijo "la ley es igual para todos" – será juzgado por el alto tribunal por sus asuntos públicos y privados, luego una prerrogativa añadida por su condición de exmonarca.

El aforamiento del exrey se ha realizado por la vía rápida – o como se dice ahora en la jerga política "por la vía exprés" -. Se ha votado con toda la bancada en contra, salvo el voto a favor del Pepé y la abstención del PSOE y CiU. Se ha votado, les decía, gracias a la mayoría absoluta del Pepé y por medio de enmiendas a una ley de racionalización del sector público que se cocinada desde hace tiempo en el Congreso. El aforamiento de don Juan Carlos se ha concedido sin el diálogo democrático que debería existir entre la pluralidad de fuerzas que legitiman el hemiciclo. Por todo ello, queridos lectores y lectoras, por las prisas en su tramitación; por ser un aforamiento con "privilegios añadidos" y, por haber sido otorgado por "el ordeno y mando" de Rajoy, el aforamiento del exrey no complace a las voces de la crítica. Una vez más, la "casta política" – que diría Pablo Iglesias – sigue utilizando los instrumentos y "parches" legales a su alcance para que los suyos, – diputados, senadores y, ahora "exreyes" -, no se entremezclen con la plebe. ¡Dios los cría…!

Sobre impuestos e ideología

Mientras las filas conservadoras defienden un Estado minimalista, ajeno a los mercados, las filas progresistas, por su parte, claman por la fórmula "más Estado y menos mercado". Para la derecha, las teorías neoclásicas son, por antonomasia, su marco económico de referencia. Tales teorías, abanderadas por Adam Smith, defienden que los Estados no deben intervenir en las fuerzas de la oferta y la demanda. Desde los tiempos ilustrados, el liberalismo – en toda su extensión – ocupó buena parte del pensamiento occidental hasta que Karl Marx – sociólogo alemán -, escribiera su crítica contra los efectos nocivos del "Capital". Desde aquellos momentos, el marxismo se desarrollo como ideología alternativa al liberalismo y, defendió un sistema económico basado en la igualdad social, como antídoto para curar las heridas de la libertad. Un sistema basado en una economía planificada por el Estado, sin ninguna cabida a los mercados. Sistema, que como ustedes saben, se instauró en la vieja Unión Soviética y fracasó.

Tanto el liberalismo como el marxismo no han servido para solucionar la cuestión social del capitalismo occidental. El Estado del Bienestar surgió como punto de inflexión para equilibrar los polos opuestos de sendas ideologías, libertad versus igualdad. Con el nacimiento de la Seguridad Social, por imperativo constitucional, tanto neoliberales como socialdemócratas moderaron sus discursos para que el intervensionismo estatal tuviera cabida en sus credos ideológicos. Para que haya un Estado de Bienestar fuerte es necesario una presión fiscal elevada; no olvidemos que el sistema de protección social está financiado por las cotizaciones de empresarios y trabajadores – en su modalidad contributiva – y por los impuestos cotidianos – en su nivel asistencial-.  "Subir o bajar impuestos" se convierte en un instrumento necesario para dibujar un Estado con más o con menos "bienestar"; con más o con menos "protección social".

Durante mucho tiempo, los neoliberales y los socialdemócratas han sido fieles a sus principios ideológicos. Mientras las subidas de impuestos siempre ha sido el "hueso duro" de la izquierda para poner en prácticas sus políticas sociales, las bajadas de tributos, por su parte, se han llevado bien con los votantes de la derecha, las clases altas y adineradas que no necesitan de un Estado paternalista que les "resuelva la papeleta".   Fue, precisamente, José Luis Rodríguez Zapatero quien dijo que "bajar impuestos es de izquierdas", algo incomprensible para las siglas de su partido y los principios de la izquierda. Don Mariano Rajoy, por su parte, a su llegada al Gobierno, hizo una política tributaria con los mimbres socialistas y, por tanto, contraria a los renglones de su programa; subió impuestos y, donde dijo digo, luego dijo Diego. Es, precisamente, esta incoherencia ideológica entre los postulados clásicos de los partidos y sus praxis ejecutivas, la que hace que millones de votantes miren a los políticos como una "casta" que hace cualquier "cosa" para seguir el mayor tiempo posible al calor de su escaño.

El otro día, Rajoy anunció una bajada de impuestos; especialmente del IRPF para el 95% de los contribuyentes. Este anuncio sería creíble si tuviéramos un escenario de bonanza económica como el de los tiempos "aznarianos". Tiempos en los que teníamos un Estado del Bienestar sin problemas financieros y con una "admisible" calidad en los servicios públicos. Hoy, sin embargo, los tiempos son otros. Hay más paro que antes, luego menos cotizantes y contribuyentes, menos inmigrantes, para mantener el andamiaje de antaño. La bajada del IRPF, por parte de Rajoy, significa más poder adquisitivo para el presente pero menos protección social para el futuro. Bajar impuestos, queridos lectores, implica una "nula" intención, por parte del Gobierno, de apostar por el Estado del Bienestar que teníamos antes de comenzar la crisis. Ahora bien, no olvidemos – y aquí es donde está la trampa de don Mariano – que la bajada del IRPF ha sido cocinada con una subida de impuestos encubierta. Hoy, el gobierno ha hecho público que a partir del mes que viene, las indemnizaciones por despido dejarán de estar exentas a tributación. Dicho de otro modo, el Estado se quedará con una parte de la indemnización por despido, la misma que, hace dos años, recortó la señora Báñez con su reforma laboral. En conclusión; subida de impuestos encubierta para paliar la bajada del IRPF; hachazo a los intereses de la clase trabajadora y "caramelo" para la patronal.

10 apuntes sobre la proclamación de Felipe VI

1 – El Rey saliente – don Juan Carlos – no ha estado presente en la proclamación de su hijo.
2 – La exinfanta doña Cristina – imputada por caso Nóos – tampoco ha asistido al acto de su hermano.
3 – Todas las potadas mediáticas han elogiado la proclamación del nuevo Rey.
4 – Ha sido un acto laico, desprovisto del simbolismo religioso de las proclamaciones de antaño.
5 – Felipe VI ha citado al Quijote: "No es un hombre más que otro si no hace más que el otro".
6 – El Rey ha terminado su discurso dando las gracias en castellano, catalán, euskera y gallego.
7 – No sabemos cuánto ha costado a los españoles el acto de hoy.
8 – Las Gran Vía madrileña han estado bastante vacía, a pesar de ser festivo en Madrid.
9 – El nuevo Rey ha jurado una "monarquía renovada para un tiempo nuevo".
10 – Doña Letizia, la princesa plebeya, se convierte en Reina

 

Las debilidades de Podemos

Para las filas de Cayo, "el líder de la coleta" es el ladrón de sus poemas y el secuestrador de su poeta. Para los nostálgicos de Felipe González, el tocayo de "Pablo Iglesias" es el veneno que marchitará a los tallos de su rosa. Tanto Izquierda Unida como el pesoe están nerviosos por la amenaza que supone la irrupción de Podemos en las próximas generales. La fortaleza de Podemos radica en el populismo de sus promesas. La formación de Pablo ha sabido conectar con el sentir general de la gente. Ha sabido conectar, les decía, porque "el recién llegado" a la palestra política ha diseñado un discurso que reproduce el hastío que invade a gran parte de la sociedad española. Es, precisamente, este matrimonio social entre "el credo de la gente" y "el discurso de Podemos", el que pone contra las cuerdas al partido socialista y, deja en "paños menores" al mensaje de Llamazares.

Así las cosas, los socialistas se encuentran en un barco a la deriva, sin un patrón que ponga orden a la neurosis de sus filas. Para evitar el hundimiento, el nuevo pesoe debería vigilar cuáles son los puntos débiles de Podemos para traducirlos en sus fortalezas y así convertirse en su troyano. La principal flaqueza del líder de la Tuerka es que su agrupación no cuenta, todavía, con un tejido institucional como los grandes del hemiciclo. Podemos tiene que tejer su aparato de partido nacional mediante delegaciones regionales y locales. Delegaciones necesarias para extrapolar los resultados de Europa a nuestros rincones cercanos. Para ello, el partido de Iglesias necesita delegar el poder en líderes incipientes que sigan "a raja tabla" las directrices de su guía. La ardua tarea que supone la construcción del organigrama juega a favor de Izquierda Unida y PSOE, dos organizaciones institucionalmente consolidadas y con una trayectoria política de casi cuarenta años de democracia.

Otra debilidad del benjamín de la contienda son sus "supuestos tonteos" con las pseudodemocracias de Venezuela. Pseudodemocracias, les decía, marcadas por altas dosis de populismo y utopías comunistas. Estos hechos le vienen como anillo al dedo a las filas socialistas. Gracias a estos argumentos, el partido de la rosa consigue meter el miedo en el cuerpo a los miles de "analfabetos políticos" que piensan que votando a Podemos corren el riesgo de que su país se convierta en una España bolivariana, al estilo de Morales.

Tanto es así, que Eduardo Inda, periodista del diario El Mundo, arremete, en la Sexta Noche, contra Iglesias para que en el ideario colectivo se incruste la idea de que el "líder de la coleta" es la reencarnación de Carrillo o algo parecido. Contra estos ataques – demagogia barata, en palabras de la crítica – se debe invitar a la ciudadanía a que se lea la Constitución y conozcan, de primera tinta, el sistema económico defendido por ésta La Ley de leyes defiende el "sistema de economía de mercado" y no el "sistema comunista", luego Podemos no supone ninguna amenaza, ni riesgo, de vuelta al comunismo de antaño; salvo que se cambiase la Constitución; algo muy improbable. 

Otra flaqueza de Podemos es la abstracción de su discurso, la misma crítica que desde las líneas de este blog se hizo, en su día, al movimiento 15-M. La agrupación de Pablo Iglesias debería bajar de su utopía y, con los pies en la tierra, explicar a las masas cómo van a estrechar la brecha entre "los de arriba" y "los de abajo" sin aumentar, con-si-de-ra-ble-men-te, la presión fiscal. Aumentar los impuestos – vocal primera de la ideología progresista – es condición necesaria para que se enciendan las turbinas de las políticas sociales. Esta medida, antipopulista por antonomasia, es la que debilita y pone al descubierto el tendón de Aquiles de Podemos. El PSOE de Madina, de Sánchez o, del candidato que gane las próximas primarias, deberá  – debería –  modificar su discurso si no quiere hacer "el ridículo" en las próximas generales. Los discursos en política se modifican hacia la izquierda o hacia la derecha. Si el pesoe gira hacia la izquierda se convierte en una copia barata del "líder de Podemos". Si, por el contrario, “derechiza” sus palabras, la huida de sus electores está asegurada. Si se queda como está, aumentará el éxodo socialista hacia UPyD y Podemos. Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿qué debe hacer el partido socialista para recuperar lo perdido? En primer lugar, vender el aparato frente a la desestructuración de Podemos. En segundo lugar, alejarse de la izquierda populista y sus utopías baratas. Tercero, concretar sus medidas frente a la abstracción de Pablo Iglesias. Y, por último, olvidarse de pactos "contra natura", como la experiencia vasca,  y buscar en las debilidades de los otros, las fortalezas de su discurso. Solamente así, el PSOE renacerá de sus cenizas y se convertirá en alternativa.

Los préstamos de Gomendio

Montserrat Gomendio es la secretaria de Estado de Educación o, dicho de otra manera, la mano derecha de Wert. Esta señora, por cierto, es una mujer adinerada; tanto que su patrimonio declarado suma la suculenta cifra de 14.5 millones de euros. Estoy seguro – segurísimo – que por ser "rica de cuna" nunca habrá solicitado una beca de estudios al ministerio que representa. Esta mujer – novia de Wert, desde el año 2012 – y "ex" de Eduardo Roldán – investigador del CIS – dudo mucho que, en sus años de estudiante, haya repartido publicidad por las calles de Madrid para pagarse la matrícula universitaria; dudo, también, que haya trabajado en "Telepizza" para costearse los libros y fotocopias y, dudo, valga la redundancia, que haya compartido piso de estudiantes con hijos de fontaneros, electricistas y barrenderos. Pues bien, esta mujer – la señora Montserrat Gomendio – ha dicho en el Fórum Europa una serie de "disparates" que ojalá – toco madera – no se hagan realidad, por la "paz educativa".

La novia de Wert ha propuesto la evolución del sistema de becas actual hacia un sistema de préstamos a la británica. ¿Qué significa eso?, que los alumnos devuelvan al Estado hasta el último céntimo de euro, de sus ayudas al estudio, cuando hayan finalizado los mismos y obtengan un trabajo. En Inglaterra, los estudiantes tienen la obligación de devolver a las arcas públicas la totalidad del importe de sus "préstamos" cuando han conseguido un empleo de más de 21.000 libras anuales, o sea, 26.250 euros, en términos españoles. Gomendio se sorprende que en nuestro país “los estudiantes – cito palabras de su boca- reciban cuantías importantes de dinero que no tienen que devolver". Montserrat también sostiene que nuestro sistema de becas tiene un "coste muy elevado", en comparación con otros países. Según la OCDE – desmintiendo a Gomendio- España está a la cola en ayudas universitarias. Mientras el Gobierno de Rajoy destina 0.11% del PIB a becas, la media de de los países europeos destinan – de media – el 0.29%. "También hay otros modelos – en palabras de CCOO – como el caso alemán en el que las matriculas son gratuitas y la inversión en becas mucho mayor". Luego, no somos los más protegidos de Europa, como afirma esta señora.

El "disparate" de Gomendio supondría – en el hipotético caso de llevarse a cabo – un desmantelamiento en toda regla del derecho a la educación. La brecha entre "los de arriba" – los niños bien del Pepé – y “los de abajo" – los hijos de los rojos- sería tan ancha que estaríamos, otra vez, en la España gris de la postguerra. La misma España en la que solamente podían estudiar los "hijos de" – la derecha-; una élite afín al régimen de Franco, en contraste con una aplastante mayoría analfabeta, condenada a la incultura. El sistema de préstamos, propuesto por esta señora, estaría bien – aunque no lo comparto, en absoluto –  si todos los estudiantes – sin discriminación por raza, sexo o condición – tuviera derecho a ellos y en este país hubiese pleno empleo, como garantía absoluta de devolución. No olvidemos que un "sistema de préstamos" es algo bien distinto a un "sistema de becas". Mientras las becas son "ayudas" sin obligación a devolución, los préstamos, por su parte, son concesiones con obligación de devolución y, sujetos a garantías, avales y demás. 

Conociendo como conocemos, de sobra, a la derecha,  los préstamos serían concedidos a cuenta gotas a quienes obtuvieran las mejores notas; quedando sin ellos, la inmensa mayoría de los estudiantes; aquellos que, por "h" o por "b", no hubieran sido capaces de obtener la nota establecida por el ministro de turno, o sea, Wert, para tener derecho a los mismos. Así las cosas, miedo me da, lo que esta pareja de "ricos acomodados" – Ignacio y Montserrat – están tramando desde los fogones de Génova. Miedo me da, les decía, porque cuando "el río suena, agua lleva", y esta propuesta informal de "los préstamos a la británica" -planteada por Gomendio- es, más que probable, que algún día llegue a nuestras fronteras. ¿Les sorprendería? A mí no. En ese supuesto, España volvería a los tiempos de Franco. El sistema de préstamos sería una vuelta de tuerca más al endémico Estado del Bienestar; las becas desaparecerían y el Gobierno de Rajoy se convertiría en prestamista de jóvenes necesitados. Muchos jóvenes, ante la incertidumbre que les supondría tener que devolver, cuatro o cinco euros al Estado – al finalizar sus estudios -, optarían por: no estudiar o, estudiar Formación Profesional, más barato que una carrera; justo lo que pretende este Gobierno con los préstamos "thatcheristas". Una vez más, el cierre de la derecha a la movilidad social de la izquierda vuelve a ser manifiesto, tras los disparates de Gomendio. ¡Toquemos madera!

Los ausentes

Don Juan Carlos – reza el titular de ABC – no asistirá a la proclamación de Don Felipe". No asistirá, según el monárquico de la mañana, porque el Rey quiere cederle todo el protagonismo del acto a su hijo. Si yo fuera don Felipe – lo digo como lo siento – me molestaría bastante que mi padre no acudiera al acto más importante de mi vida. Pienso en cómo habría sido el día de mi boda – por citar algún ejemplo – sin la presencia de mi padre y, aunque el protagonista era yo, una cosa no quita a la otra. Aunque don Juan Carlos no esté presente en el acto de su hijo, no olvidemos que él forma parte de la escena y es coprotagonista del día. El próximo jueves convergen dos momentos históricos en este país. Por un lado, el fin del juancarlismo, tras treinta y nueve años de reinado, y por otro, la apertura del felipismo, la proclamación de Felipe VI. Sale uno y entra otro. Luego ambos, padre e hijo, son noticia, aunque el Rey haya preferido ver el discurso de su hijo en el sofá de su casa. La ausencia del Monarca también puede ser entendida, por las lenguas de la crítica, como un gesto de "plantón" y descortesía ante un acto institucional, de tanta magnitud histórica, como es, sin duda alguna, el "relevo institucional" de la Corona.

El Rey, queridos lectores y lectoras, no será el único ausente en la ceremonia del jueves. La Infanta doña Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín, tampoco estarán presentes en la proclamación de Felipe. Las "vergüenzas de la Zarzuela" serán escondidas para que el caso Nóos no manche de "chismes y diretes" el discurso del heredero. Así las cosas, al acto solamente asistirán doña Sofía y las infantas: Doña Elena; Doña Pilar y Doña Margarita. Son, precisamente, las figuras más desgastadas de la Monarquía – el Rey, la Infanta y su yerno – las que serán invisibles el día de la Corona. La cacería de Botsuana; los rumores de Corinna; la imputación de la Infanta y, los supuestos chanchullos de Iñaki, algo habrán tenido que ver para que estas tres figuras monárquicas prefieran quedarse en casa, con el pretexto de "no restarle protagonismo a Felipe", que asistir como legítimos al discurso de su vida. Ahora bien, la no asistencia al acto, no garantiza el silencio mediático pretendido, sino que alimenta la escenificación de la "mala prensa” que la Monarquía ha tenido en los últimos años.

Otras ausencias confirmadas al acto de proclamación serán los 40 diputados provenientes de la Izquierda Plural (IU-iCV-CHA); Esquerra Republicana de Catalunya (ERC); el Bloque Nacionalista Gallego (BNG); Compromís; Geroa-Bai y, Amaiur. Todos ellos, como ustedes saben bien, votaron en contra de la Ley de Abdicación, salvo los diputados de Amaiur que se ausentaron del hemiciclo en el momento de la votación. Por coherencia política es admisible, por parte de la crítica, que tales fuerzas políticas no estén presentes en el acto. No sería estético que tras la votación en contra, los cuarenta diputados aludidos aplaudiesen el fervor monárquico, desde la bancada del Congreso. Ahora bien, su asistencia al acto, aunque fuese incoherente con su votación en contrario, podría justificarse como un gesto democrático de respeto al 85 por ciento – o sea, de la mayoría – que votó "sí" al relevo de la Corona. Así las cosas, Iñigo Urkullu – del PNV – a pesar de la abstención de su grupo, en la votación a la Ley de Abdicación, ha confirmado que asistirá a la proclamación por "responsabilidad al acto institucional de las Cortes", a pesar de que seguirá por la vía constitucional para la consecución de un modelo de Estado que tolere "una mayor soberanía a la demanda nacionalista".

Una Monarquía que esconde a sus vergüenzas entre las bambalinas de la Zarzuela no responde a la altura de un acto institucional como lo es "la proclamación de un nuevo Rey para España". Es cierto que la presencia de doña Cristina y su marido enturbiarían las nuevas aguas de la Corona, pero en todas las familias – nobles y plebeyas – existen "ovejas negras" y, no por ello, hay que desplazarlas en los días señalados. La ausencia de los 40 diputados resulta admisible por coherencia política pero es, sin duda alguna, una falta de respeto hacia nuestra forma de Estado. Aunque defendamos la República debemos acatar lo escrito en la Constitución, la Ley de nuestras leyes, y utilizar los mimbres establecidos para abrir un debate democrático acerca de la cuestión monárquica. Un debate, les decía, por la vía del referéndum para que el pueblo hable y se manifieste acerca de las reglas de juego. Aunque Felipe VI sea el protagonista del día, no olvidemos que lo es gracias a su padre, el único hombre que rompió con las reglas de juego establecidas por Franco.

Los antojos de Rosell

En febrero del 2012 se aprobó, como ustedes recordarán, la reforma laboral de Fátima Báñez. Una reforma, les decía, que desmanteló el Estatuto de los Trabajadores y le costó dos huelgas generales al gobierno de Rajoy. El texto modificó y eliminó de un plumazo la mayoría de los derechos logrados por los agentes sociales desde los tiempos progresistas. La prestación por desempleo se recortó en un diez por ciento, a partir del sexto mes de duración; los despidos colectivos no necesitaron el visto bueno "a priori" de la Administración Laboral para su ejecución; el preaviso empresarial para un despido por causas objetivas se redujo en quince días;  se creó un nuevo contrato laboral de carácter indefinido para emprendedores con un periodo de prueba obligado de un año; se otorgó mayor libertad a los empresarios para modificar las condiciones sustanciales de los contratos y, se admitió como causa de despido objetivo "la disminución de los ingresos empresariales durante nueve meses consecutivos". En fin, la escoba de la derecha barrió para los portales de la patronal en detrimento de los proletarios del PP.

Hoy, algunos periódicos afines a la caverna mediática han destacado, en sus páginas "salmón", el documento que ha preparado la patronal para el ministro de Economía, Luis de Guindos. En dicho informe, las filas de Rosell proponen al gobierno de Rajoy una nueva reforma laboral para antes de que finalice la legislatura. Una reforma, les decía, de corte liberal y más radical que la aprobada hace dos años. La nueva perla de la CEOE insta al Ejecutivo a que amplíe "el periodo de prueba obligado de un año" a todos los contratos indefinidos, sean o no de emprendimiento. Dicha propuesta implica, queridos lectores y lectoras, un arma de doble filo para las balanzas laborales. Por un lado, el empresario contaría con un instrumento legal para despedir gratis durante el primer año de contrato, luego ello supondría un estímulo para la contratación y la reducción del paro. Por otro lado – y ésta es la cruz de la medida – los trabajadores perderían el derecho a su indemnización de 33 días por año de servicio, en caso de ser despedidos al año, de forma improcedente.

Otro antojo de Rosell y, reflejado en el informe de la patronal, es aumentar la temporalidad. El presidente de la CEOE propone la firma de contratos inferiores a dos años sin la condición de especificar la causa de los mismos (circunstancias de la producción, obra o servicio determinado…), así como "eliminar las restricciones al encadenamiento de los mismos". Más temporalidad y, por tanto, menos estabilidad son sinónimo de más "precariedad". No olvidemos que el principal problema del mercado laboral español es su dualidad. Gracias a la alta tasa de temporalidad en perspectiva comparada con Europa, el tejido empresarial español ha podido deshacerse de su "mercancía laboral" durante el tránsito de la crisis. Esperar a que finalicen los contratos es garantía de flexibilidad organizativa para navegar por las aguas turbulentas del entorno económico pero, también – todo hay que decirlo –  es garantía de  una "patada en el culo" – perdón por la expresión -,  para millones de empleados que a la más "mínima de cambio" se ven de "patitas" en la calle y haciendo cola en el paro.

La patronal, también, propone a Guindos que potencie el contrato a tiempo parcial. Para ello, Rosell invita a que los contratos a tiempo completo, susceptibles de despido, puedan reconvertirse en documentos a tiempo parcial, por el "artículo 13" del "ius variandi" empresarial. Conclusión: más facilidades para despedir, más temporalidad y más parcialidad, es justo lo contrario que necesitamos para que la norma de consumo cambie de sentido. Para que haya consumo pesado – casas y automóviles -, estimados señores de la patronal, es necesario que se cumplan tres condiciones simultáneas. La primera: "salarios dignos", que permitan al empleado cubrir las necesidades básicas de comida, vestido, desplazamiento y seguridad. La segunda: confianza. Confianza en forma de estabilidad laboral – contratos indefinidos sin la zancadilla del periodo de prueba – para que el crédito vuelva a fluir. La tercera: un Estado del Bienestar; que garantice la continuidad de las obligaciones de pago de los trabajadores ante contingencias coyunturales (enfermedades y accidentes). Actualmente, en el mercado laboral español no se cumplen ninguna de las tres premisas anteriores. No tenemos un "salario digno" sino un SMI de 645.30 euros al mes, congelado desde el año 2013. El fomento de la temporalidad y la parcialidad no ofrecen la confianza necesaria para que vuelva a fluir el crédito. Y, por último, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, por parte de la derecha, hace que cada día, "los proletarios" tengan – tengamos – que recurrir a familiares y allegados para hacer frente a las deudas con los bancos.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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