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El último error de ZP

La incoherencia entre el discurso político del "zapaterismo" temprano y los hechos primaverales de sus  políticas neoliberales,  han sembrado el caldo de cultivo propicio, para que en  la desconfianza ideológica de las filas socialistas se aposente la idea nefasta del latigazo  irreversible de sus intereses de clase.
El último error de ZP, como así se conoce en los foros sociológicos y políticos de este país a la designación "equivocada" de Rubalcaba, tras los últimos sondeos demoscópicos del presente, sienta las bases autocríticas de la izquierda para reflexionar sobre las consecuencias nefastas de las infidelidades ideológicas del partido, en sus "aventuras y coqueteos" con las directrices conservadoras de la señora Merkel.

La dimisión histórica del candidato socialista Joaquín Almunia, tras la bofetada del electorado progresista  al continuismo desgastado del "felipismo decadente"; no ha servido de nada a las élites rojas del presente para asimilar el mensaje histórico y corregir los errores de su pasado. El carisma de un líder, en pedagogía de la filosofía griega,  lleva implícito las manchas imborrables de sus mentores. La extrapolación de la teoría clásica al ejemplo del día a día, nos demuestra que por muy bien que lo esté haciendo Alfredo, siempre llevará consigo las  magulladuras y contusiones de los tropiezos de Zapatero.

Los pronósticos acertados del aquel artículo  titulado "quinielas mediáticas" que rescatamos hoy de la hemeroteca humilde de este blog, nos sirven para glosar, a tiempo pasado, los puntos "a priori" del antes con la base empírica del "después", o dicho de otro modo, la eficacia diacrónica de las decisiones.
La elección "equivocada" de Alfredo en detrimento de la alternativa "incierta" de Chacón,  se explica, entre otras, mediante los siguientes espejismos:
– Ventaja del ministro del interior frente a la ministra de defensa en las encuestas internas de partido.
– Similitudes de experiencias ministeriales entre Alfredo y Mariano.
– Mayores dotes comunicativas del "cabeza de cartel socialista"  frente a la parquedad de Chacón.
–  Desconfianza entre el miedo a lo desconocido y la garantía de lo conocido.

En contra, los riesgos de la decisión y la inclinación por Alfredo, ofrecían las probables realidades:
– Probabilidad de ser percibido como la "segunda parte de ZP" por los "desencantados" del partido.
– Falta de credibilidad entre sus promesas electorales y sus hechos ministeriales.
– Descuido en el planteamiento falaz del enfrentamiento entre líderes. La probable victoria del PP no tiene como causa Rajoy. Cualquier candidato pasivo de la derecha con la misma estrategia de silencio y ambigüedad  hubiese generado los mismos pronósticos positivos que la pasividad de Mariano.
– Similar escenario en Ferraz al ocurrido en su día con Almunia.

Hoy más que ayer, los riesgos históricos de aquella decisión han demostrado la mayor. Ahora con los comicios pisándonos los talones y con la derecha creyéndose ganadora por el mérito de la "nada",  es momento de creer que el voto en España, es un voto de fe. En ausencia de programa y concreción azul es cuando la desesperación existencial eclipsa la toma de decisión y  emergen las creencias como sustitutivas de la razón. El "marianismo" a las puertas del 20-n nacerá bajo la legitimación incrédula de la intuición. Esperemos que el tiempo nos devuelva la razón.

Preámbulos de pobreza

Los efectos colaterales de los actuales "recortes neoliberales"  han infectado la herida colectiva de las angustias civiles. Hoy más que ayer, la "pandemia del desempleo" como ha sido etiquetada por la prensa internacional, sacude por encima de los colores a una España inmersa en ruidos de sables electorales y escéptica ante la lenta agonía de su clase trabajadora.
La paradoja entre los mensajes utópicos de las "élites tóxicas" del poder y la realidad trágica de cuatro millones de vidas amargadas por llegar a final de mes, ponen en evidencia la percepción ciudadana del "vaso medio vacío del CIS" en contraste con las marchitadas hojas de aquellos "brotes verdes" de antaño,  vislumbrados desde el falso espejismo de la ingenuidad.

La lógica interpretativa del peor mes de septiembre en 15 años,  destaca por la finalización de los contratos surgidos de la eventualidad estacional del verano y el incremento de las  "víctimas de paro cualificado",  emergidas  por los recortes en pupitres y camillas auspiciados por el filo azul de las "tijeras marianistas".
La "americanización de España" como se conoce en el registro coloquial a esta involución jurídica del Estado de lo Social, siembra el caldo de cultivo para la agonía económica del millones de "mileuristas" que bajo una adscripción cómoda a la clase media descienden de forma precipitada hacia los preámbulos de la clase baja.
Entre los síntomas de este empobrecimiento paulatino de la "clase trabajadora", cabe destacar, entre otros los siguientes:
Descenso acusado de las ventas de automóviles y envejecimiento drástico del parque automovilístico español. 
Incremento de las ventas en cadenas de alimentación de productos de marcas blancas en detrimento de la apuesta por la marca.
Estancamiento crónico de la demanda de vivienda residencial y parálisis del mercado de alquiler en contraste con el aumento gradual de viviendas compartidas.
Incremento de familias sin ingresos por el agotamiento de su protección social por desempleo.
Supresión del bono-libro y recorte de becas en varias comunidades azules, deja a miles de estudiantes primarios y secundarios, sin la ayuda correspondiente para sus estudios.
–  Los recortes en sanidad auspiciados por Cataluyna debilita la calidad del servicio público y aumenta la distancia social con aquellos que disponen de los recursos para pagarse sus servicios médicos.
Los recortes en profesores abre la brecha entre las élites de la "privada" y el conformismo forzoso de los menos acomodados.

Los pronósticos recesivos para el próximo 2012, según el banco de inversión Goldman Sachs,  junto con la austeridad extrema del gasto realizada por los "probables ganadores del 20-n";  siembran las bases del empobrecimiento acusado de la clase media. Hoy más que ayer, estamos a punto de codearnos con la cultura del extremo. Ya estamos más cerca del modelo americano. Las privatizaciones, el copago sanitario, los recortes sanitarios y educativos, la posible factura del bachillerato, el replanteamiento de la prestación de desempleo, en palabras de Cospedal, y otras medidas de corte neoliberal serán el camino de Rajoy y los suyos que nos elevará a  la modernidad, eso sí, siempre bajo el argumento cómodo de la "herencia socialista" y del calado discurso de "la culpa fue de ZP". 
La defensa exacerbada de los recortes autonómicos, por las filas populares,  y el aumento del desempleo como consecuencia de los mismos,  pone al descubierto la "mentira desnuda" de aquellos que inmersos en la crítica destructiva y cegados por la Moncloa; no son conscientes de los preámbulos de pobreza que están causando sus medidas.  

El silencio de los cantores

La reforma constitucional ha legitimado al "leviatán legal" para someter a sus súbditos a la hipnosis retórica de su malestar de clase. Mientras Aguirre enseña su nómina de 5.000 euros mensuales a bombo y platillo, miles de ciudadanos descendidos al sótano social, se sienten paralizados por la duda existencial entre jugar a votar o retirarse a tiempo de una partida con triste final.
A menos de dos  meses para que suene la flauta electoral, la serpiente roja alienada por las notas azules de sus cantores, siente el miedo a salir de su cajón y sufrir los azotes ocultos de su depredador.
Los recortes drásticos en ambulancias y pupitres por parte del "marianismo a priori  a la Moncloa",  son los factores del miedo colectivo que sienten aquellos que,  bajo el hechizo demagógico de  "la culpa fue de ZP", comienzan a despertar del diván somnoliento de su letargo.

La quietud de los reptiles o, dicho de un modo menos metafórico, la falta de transparencia del partido de los pudientes, invita a la masa crítica de los indecisos soberanos  a ejercer su libertad política sin el bastón cómodo de la razón. La falta de concreción y la ausencia de programa en las filas "rajonianas”,  oscurece las reglas del juego democrático y envuelve la política en un escenario de misterios, inquietudes y ansiedades.
La disyuntiva entre la "agenda oculta" de Mariano y la "segunda parte de Zapatero";  siembran la duda en aquellos que necesitados del Estado para solucionar sus problemas existenciales,  se ven prisioneros entre: el miedo al neoliberalismo exacerbado del "misterioso programa de los pudientes" y la falta de confianza en Alfredo, por su incoherencia entre sus promesas electorales y sus hechos ejecutivos. El indeciso de hoy sufre en su silencio,  la disonancia cognitiva entre el castigo rojo, encomendado por la retórica de su demonio,  por las infidelidades de su partido y,  el voto de confianza que merece todo mortal por  los errores de su pasado.

La sombra del dóberman de los tiempos de Felipe ha vuelto a vislumbrarse en los recovecos ocultos del ideario colectivo. Hoy más que ayer, el ruido vivo del ladrido despierta la duda paralizadora entre; atravesar la frontera del guardián o quedarse quieto ante las consecuencias nefastas de la papeleta. Los recortes en profesores y médicos al estilo de Aguirre y Cospedal sientan los factores del miedo que decíamos atrás. El cumplimiento autonómico del "déficit constitucional" como sinónimo de desmantelación del Estado de lo Social, o dicho de otro modo, la diferencia entre ingresos y gastos por la vía del empobrecimiento de los débiles es el jarro de agua fría que ha despertado miles de equivocados.

La “fórmula mitinera” de toda la vida, o dicho en otros términos,  el "gancho político" de la "chaqueta de pana marrón" y el aplauso incondicional de los fieles de partido, debe reinventarse en otras fórmulas más eficaces de comunicación política. Las redes sociales son el instrumento adecuado para salvar la desventaja política de los partidos minoritarios. Gracias a twitter y facebook, la voz pluralista de la izquierda puede romper los privilegios de pantalla del bipartidismo actual. Las herramientas de la red permiten romper el monólogo mediático del mitin y  abrir diálogos informales ajenos al corsé formal del marketing electoral. Por su parte, el debate como herramienta de confrontación dialéctica permite al elector racional comparar en tiempo real los márgenes de divergencia y convergencia del discurso poli-crómico de sus líderes de partido.  Finalmente, la fórmula de asamblea ejercida en los últimos meses por el candidato socialista  ha emulado los foros clásicos de Grecia tras  la resurrección de dicha práctica por los "camorristas y pendencieros" de Esperanza.

En vísperas electorales marcadas por "programas misteriosos", "agendas ocultas" y "políticos cuestionados por la losa de su pasado" es cuando el "hombre-masa", que decía Ortega y Gasset debe exigir a sus posibles representantes,  programas concretos con objetivos medibles, alcanzables y controlables. La crítica ambigua y ausente de alternativa es la coartada perfecta de la derecha para hipnotizar a aquellos que sin razón votan desde el corazón

«Camorristas y pendencieros»

La intolerancia envuelta de insultos y ejercida desde las altas esferas del poder hacia las manifestaciones democráticas de la sociedad civil, es el combustible propicio para avivar la llama de la indignación. 
Las manifestaciones de la señora Aguirre, con ocasión de la presentación del libro de Pedro J. Ramírez, ponen en evidencia la "política de bar" que se práctica desde los escenarios formales del poder.

La comparación errónea de "la Revolución Francesa" con los "camorristas y pendencieros" del 15 -m, en palabras de Esperanza, forman parte de la "provocación clasista" hacia aquellos que en ejercicio pacífico del derecho a manifestarse, sufren  a cambio el insulto y la demagogia dolosa de sus gobernantes.
Desde la crítica de la izquierda, es de vital importancia para la salud democrática del tejido institucional, poner freno y denunciar con los  instrumentos de la razón, los argumentos sin sentido emitidos desde la "derecha clásica de Madrid",  contra los intereses de la izquierda, en contraste con el silencio de aquel que sin pasar por "el trámite electoral" se proclama, en palabras de Alfredo, como inquilino de la Moncloa.

La consideración del 15-m como el "germen de golpes de Estado" junto con la afirmación de Manuel Moix, Fiscal Jefe de Madrid: "los indignados exteriorizan su ignorancia sobre la convivencia democrática", y las declaraciones recientes de Aznar sobre la  "extrema izquierda" del  movimiento, debe servirnos para reflexionar sobre los prejuicios que la praxis de Hessel está causando en el tejido azul de este país.

Lógicamente, y no hay que se muy inteligente para darse cuenta de ello, la inmensa mayoría de los "camorristas y pendencieros", que decíamos atrás,  no son, sin lugar a dudas, los hijos de las clases pudientes de la derecha.
La indignación surge del sufrimiento y éste tiene sus raíces en los desequilibrios nefastos entre recursos y necesidades. La angustia por no poder pagar la hipoteca, la estructura desigual entre ¨mileuristas" y banqueros, el azote del desempleo y la frustración entre "querer y no poder trabajar" son los trazos que dibujan el perfil del indignado de hoy.

La falta de sensibilidad de la derecha con la sintomatología de una clase media herida y empobrecida por el servilismo político de los mercados, debe servir a la izquierda para canalizar el discurso de los indignados y marcarles los objetivos políticos que siempre han renunciado.
Para ello, es necesario la politización del movimiento, o dicho de otro modo, su adscripción a la identidad de la izquierda como reacción al desplante manifiesto de la derecha.  Para conseguir su cometido, el movimiento 15-m debería plantear la finalidad de sus gritos en un discurso articulado de sus intereses de grupo.
Una vez delimitados sus  objetivos, mediante fórmulas asamblearías, será el momento de ceder sus intereses de plataforma al discurso político progresista para que, desde el poder ejecutivo y legislativo, sus propuestas e inquietudes sean materializadas en instrumentos legales y reales del discurso democrático.

La abstención como vía de repulsa a las élites políticas se traducirá  en una participación democrática de corte negativo, es decir, favoreciendo el poder de aquellos que, probablemente, no les tenderán la mano para salvar sus intereses de grupo. Es repugnante que políticos elegidos democráticamente tengan la insensibilidad y la falta de empatía para criticar y provocar la ira a miles de personas que lo único que quieren es expulsar la disconformidad democrática que llevan dentro.

La izquierda sin voz

El ERE iniciado recientemente  por el Diario Público y el cierre de CNN+, allá por marzo del presente año,  marcan la debilidad mediática de la izquierda en contraste con el poder fáctico de la derecha. 
La "afonía roja", o dicho de un modo más claro, la pérdida de voz de la izquierda en el discurso cotidiano de su pueblo, invita a la crítica a reflexionar sobre las causas y gravedad de este fenómeno,  que pone en tela de juicio los cimientos de pluralidad y objetividad del discurso democrático del presente.

La globalización informativa y la sumisión editorialista de algunos medios al discurso encorsetado de sus fuentes, ha convertido la función periodística de este país, en un instrumento utilitarista al servicio de los partidos para crear corrientes de opinión pública en sintonía con los intereses de sus pagadores. Desde la desventaja mediática del discurso progresista; es de vital importancia innovar y desarrollar formas de comunicación alternativa, para introducir una corriente crítica que ejerza de réplica al "oligopolio informativo" del neoliberalismo occidental.

La búsqueda de la identidad perdida de la izquierda, que venimos analizando en los recientes artículos del blog, debe distinguirse por una defensa a ultranza de la eficacia jurídica del maltratado, artículo 20 de nuestra Suprema.

Entre las causas del deterioro constitucional del derecho a la información y expresión, por parte del "Know how" de la derecha, cabe destacar, entre otras, las siguientes:

Ruedas de prensa sin preguntas con el consiguiente debilitamiento de la crítica y la libertad de preguntar, como factores determinantes en la búsqueda de la veracidad y choque dialéctico de todo régimen democrático.
Insultos al movimiento 15-m desde el poder político de Madrid. Se les ha llamado perro flautas, totalitarios, y algunos descalificativos de índole similar. Insultos en el sentido primitivo del término y sancionables atentados, en toda regla, contra la dignidad personal y colectiva.
Falta de pluralidad en la emisión de programas de debates en cadenas afines a los pensamientos de Rajoy y los suyos, tales como, "el gato al agua" y "Madrid Opina"; ejemplos claros y contundentes del utilitarismo mediático que denunciamos atrás.
Manipulación informativa. El recorte de  "cabezas", gracias al poder del "photoshop", por las "manos descuidadas" del periódico "la Razón" y las manipulaciones famosas de Urdaci, sobre el seguimiento de la huelga general del 20 de Junio del 2002,  retratan maniobras dolosas; orquestadas para ocultar la "verdad" y crear visiones sesgadas de la realidad.
El fénomeno conspirador. A la derecha siempre le ha encantado anunciar fantasmas donde no los hay. Para ello, utiliza el argumento de conspiración. Conspiración de la izquierda en los atentados del 11-M, conspiración de la izquierda en la huelga de profesores ante los recortes de la derecha, conspiración de la izquierda en el movimiento 15-M, y algunas más de índole similar.

El abuso del poder fáctico de la derecha debe ser cortocircuitado desde la izquierda con el objeto de crear un discurso veraz y crítico en los escenarios parlantes de la clase media. Para conseguir su cometido, la misión mediática de la balanza progresista debe enfocar su estrategia en hacer reversibles los sesgos relacionales de la derecha con los medios. Para ello, "la fragmentación roja"   debe distinguir su función mediática por la recuperación de la veracidad, la pluralidad y la dignidad expresiva como elementos necesarios para cultivar corrientes de opinión pública desprovistas de vicios originados por el reduccionismo político del "cuarto poder".  Mientras la izquierda no halle su megáfono social, continuará afónica y luchando en silencio para recuperar su voz.

P.D.  Al finalizar este artículo,  crítico con la falta de objetividad periodística y el utilitarismo mediático del poder, nos hallamos con el siguiente titular: Los consejeros de RTVE supervisarán la elaboración de los telediarios; medida apoyada por el  PP, CiU y la abstención del PSOE. Indignante.

Las aulas de Aguirre

Como bien decía aquel tweet: "Mientras González Pons "aspira" a crear 3.5 millones de puestos de trabajo, Aguirre "despide" a 3.000 profesores. Teoría y práctica del Partido Popular".
Son, desgraciadamente, estos golpes bajos a los avances democráticos del derecho a la educación,  los que empujan a la izquierda a recuperar la identidad perdida que decíamos en "la grieta roja"; y marcar la senda de la diferencia con aquellos que bajo una "retórica barata y oculta" siguen "jugando" con los intereses de la mayoría.

Mientras  la cuota de urna de la derecha, dispone de recursos suficientes para "sufragar y elegir"  la estructura educativa de sus hijos. Las "clases menos pudientes" únicamente  disponen de la voluntad de sus gobernantes para acceder en condiciones de igualdad y trato a la inculturación de los suyos. Esta brecha entre el poder de decisión de los unos, "los ricos"; y los otros, los "pobres"; es el caldo de cultivo propicio para obstaculizar la movilidad de clases y perpetuar la riqueza en manos de "los de siempre".  Una vez más, los intereses del proletariado, en palabras de Marx, son desatendidos por el "discurso populista" de los que más tienen.

La visión neoliberal de la educación como un coste a minimizar en contraste con la visión progresista del concepto educación-inversión debe ser el debate ideológico para marcar la diferencia en el "bipartidismo" actual.
La enseñanza como coste a recortar para mantener a raya la disciplina constitucional de los déficits,  implica una visión taylorista del sistema mixto de mercado y una actitud peyorativa  de las élites  hacia el cuerpo docente, tal y como afirmaba la clásica X de Douglas McGregor. La "mercantilización de la educación", o dicho de otro modo, la medición de la enseñanza en términos cuantitativos en detrimento de lo cualitativo, supondrá para la "marca España", una pérdida de competitividad futura de nuestro capital humano en el sistema productivo global. La "mediocridad de la enseñanza pública",  será la etiqueta que la clase media tendrá que soportar para lidiar en desventaja competitiva contra las oportunidades privadas de los pudientes.
Las consecuencias pedagógicas de la "educación como coste", o dicho más claro, la ampliación del rango de alumnos por profesor, derivará en una pérdida de calidad en la atención individualizada del alumnado. Una vez más, el alumno menos aventajado sufrirá una disminución acusada de su autoestima en el resultado comparativo con los fuertes. El débil de Hobbes será la víctima perfecta que engrosará los tan temidos índices de abandono escolar.

Desde la izquierda, debemos; como decíamos atrás,  defender el concepto de educación-inversión. La enseñanza vista como recurso en lugar de como coste, supone una apuesta por la variable cualitativa en detrimento del neoliberal cuantitativo. El docente ya no es considerado como una pieza más del ensamblaje productivo sino como muy bien decía Elton Mayo, un recurso humano a optimizar. La educación-inversión implica una apuesta por la intensificación del capital humano con la consiguiente ganancia en la profesionalización futura de la producción. La apuesta por esta visión ideológica en contraste con la praxis utilitarista de la derecha implicará para el "Estado del Bienestar",  un bálsamo de fortaleza para las estructuras débiles de la mayoría.

Los recortes educativos al modo neoliberal de la ex-ministra de educación;  son probablemente el aperitivo perfecto del modelo educativo que el señor Rajoy cocina desde el silencio de su tribuna.
Los 3.200 docentes interinos menos en las aulas de Aguirre, probablemente  calmará las aguas turbulentas de los mercados,  pero desgraciadamente,  supondrá  un flaco favor al progreso de los débiles.

La grieta roja

Probablemente, las paradojas del destino proclamen vencedor al líder "a priori" perdedor. La indignación por la lógica democrática y las políticas neoliberales llevadas a cabo desde marcos socialdemócratas pasarán factura a las filas socialistas. La desesperación por vislumbrar la "famosa" luz al final del túnel junto con la terquedad política en negar la mayor, está provocando una  "derechización" de la clase media;  hipnotizada por un discurso centrista, basado en la emoción como instrumento de persuasión.

El sacrificio de las ideologías a cambio de mantener el "statu quo" en una Europa fragmentada por la heterogeneidad de sus débiles estructuras, ha llevado a España a un sistema sociopolítico marcado por la ruptura de sus lazos histórico políticos de la izquierda.
La probable victoria del señor Rajoy será, sin duda alguna, el triunfo del castigo democrático, ante la sumisión socialista a los dictámenes neoliberales de Merkel y Sarkozy. A día de hoy, mucho se tendrá que esforzar Alfredo para que el "giro a la derecha" de su antecesor; justificado por las  "circunstancias y la necesidades del momento" sea comprendido por un proletariado desencantado e ideológicamente herido, ante la pérdida de sus identidad de partido.

Desde la autocrítica de la línea roja, debemos reflexionar para que la política huérfana de principios y referentes formalistas, no se convierta en una subasta de retórica barata, sin paradigmas y  sin expectativas.
La reconstrucción ideológica de la izquierda, o dicho de otro modo, la búsqueda de la identidad perdida de partido;  debe ser, sin duda alguna,  la tarea imprescindible del post-zapaterismo para recuperar a una clase media, sociológicamente de izquierdas, pero desgraciadamente absorbida, en su mayoría,  por el discurso vacío de la derecha.

Entre las causas que han contribuido a esta pérdida del discurso identificador de la izquierda, podríamos citar:
– Supresión del impuesto de patrimonio con la consiguiente disminución de los ingresos. Dicho ingreso era sostenido, en su mayoría por las rentas altas, o dicho de otro modo, la cuota de urna de la derecha.
– Reducción del déficit en mayo del 2010 con un paquete de medidas, todas y digo todas, desde la perspectiva  del gasto, con el consiguiente detrimento de la calidad de los servicios públicos y, golpe bajo, a la clase media como principal consumidora de los mismos.
– Una protección exacerbada de los intereses de las élites. Cero exigencias por la vía de los ingresos. La crisis ha sido vestida de rojo. Las élites ¿han sacrificado sus bolsillos para combatirla? no.

Desde la "vox populi" cabría preguntarle, a los responsables de tales incoherencias:
– ¿Por qué no se cumplió con las exigencias de Bruselas desde el lado de los ingresos? o preguntado de otra forma, ¿era necesario aumentar el malestar de la clase media sin sacrificar los intereses de la "clase pudiente"?
– ¿Desde cuando la izquierda ha mantenido políticas fiscales desde el lado del gasto?, ¿no es de izquierdas subir impuestos para "mantener a raya" las políticas sociales?
– ¿Es justificado que la crisis haya sido una "crisis roja"?, o dicho de un modo más claro, ¿por qué ha respetado la izquierda los intereses de la derecha?

En estos momentos de confusión es cuando la retórica barata, que decíamos atrás, cobra su función principal. Hoy en día, salvo que se suban los ingresos a los “ricos” y se inyecte una jeringuilla de gasto al bienestar social de los “menos pudientes”, la marea roja seguirá perdida. El discurso de Rubalcaba se orienta, aunque tarde; a enderezar el "volante socialista" hacia los suyos.
La clase media, sin embargo,  alimentará la política neoliberal de la derecha como castigo al neoliberalismo de la izquierda. Al final, con el poder en su bolsillo, la derecha, probablemente, actuará conforme a los principios de su partido. La trampa está servida.

Sin referéndum

A pocos meses para las elecciones generales del 20-N, el maquillaje democrático de la marca España se ha derretido de su envoltorio constitucional. 
Las manifestaciones del movimiento 15-M han sido glorificadas por la corroboración de la evidencia empírica. Hoy más que ayer, no les falta razón, a los millones de seguidores de Hessel,  cuando con la garganta reseca y a la intemperie de Sol, gritan y claman aquello de;  ¡le llaman democracia cuando no lo es!.
La "Bastilla", en palabras de Aguirre, no ha sido tomada esta vez por los "descamisados de Dragó". La "revolución indignada" por el "fortalecimiento de las reglas de juego democrático", ha perdido la batalla ante el muro infranqueable de los dictámenes del "bipartidismo anglosajón" y las aguas turbulentas de los mercados.

El referéndum popular, o dicho de otro modo, la oportunidad de palabra a un pueblo sediento de voz;   ha sido vetado por imperativo legal, en beneplácito del servilismo nacional a los postulados de Merkel. Las "élites tóxicas del poder" no podían permitirse el riesgo de recibir un "no" por respuesta. El "sí o sí" de la reforma de nuestra suprema,  ha nacido sin el consentimiento legítimo de la  "Vox populi".  Los 3/5 del hemiciclo han bastado para prescindir del voto de las minorías y la sentencia popular.
El artículo 135, o dicho de otro modo, la "guillotina constitucional", nos hace tocayos de la Carta Magna germana. Hoy, con el retoque constitucional hemos fortalecido el Estado del Malestar. La democracia indirecta ha cerrado las puertas del voto a aquellos millones de ciudadanos,  que son llamados religiosamente cada cuatro años a la cita con las urnas, y después, en momentos como los actuales, en los cuales se mide la talla democrática de un país, son abandonados, como títeres en un cajón, después de acabar su función.

El ajuste de los déficits al modo conservador, o dicho de otro modo, el filo de la tijera  por el lado de los "menos pudientes"  pasará factura a la España del mañana. La tónica actual de los recortes en educación y sanidad;  al estilo de Aguirre y Cospedal,   para ajustarnos a la "legalidad constitucional"; sienta las bases del proceso de involución y pérdida de competitividad que en los próximos lustros situará al sueño español,  en el escenario de la mediocridad.

La reforma del artículo 135, al margen de la disyuntiva de su contenido, ha marcado un antes y un después en el "saber hacer" democrático de este país. Los cimientos del derecho, o dicho de otro modo, las raíces del árbol supremo han sido arrancadas, sin tener en cuenta a los miles de "ciudadanos" que allá por el 78 dijeron sí a la plantación de la semilla.
Hoy, unos cuantos años después, los dos principales partidos de la parrilla política, PP y PSOE,  han realizado un guiso sin tener en cuenta los gustos de sus comensales.
La vuelta al bipartidismo del XIX, que tanto criticó Galdós y tanto daño hizo al maquillaje democrático de la España de ayer, ha resurgido con fuerza para contentar los intereses de la utopía alemana y "quedar bien" ante la mirada internacional.

El próximo 20 – N, los mismos partidos que  han "cortado las alas democráticas de su pueblo" sacarán la flauta para hipnotizar a la serpiente ciudadana e incitarla a votar. Es en esos momentos, justo en esos instantes;  " al sonar la melodía hipnotizadora del interés egoísta del poder";   cuando los sonámbulos debemos despertar del sueño placentero de los votantes, y clamar bien despiertos el tan merecido:  ¡No les votes!

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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