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Precariedad

La temporalidad y la precariedad como instrumentos adelgazantes del abultado desempleo supondrán al interés colectivo, "comida para hoy y hambre para mañana". Una vez más, las circunstancias keynesianas han justificado las decisiones del presente. Mientras hace aproximadamente un año,  se apostaba  por la estabilidad laboral como garantía de crecimiento sostenido a largo plazo. Ahora, casi doce meses después, la tuerca ha vuelto a rodar, con el consiguiente perjuicio para el consumo pesado.

La apuesta por la  cantidad contractual en detrimento de su calidad solucionará la pesadilla estadística de los próximos dos años, pero supondrá un efecto volátil al final del espejismo optimista. Dicho de otro modo, el encadenamiento contractual de la temporalidad aliviará "temporalmente" los datos amargos de la EPA, pero la caducidad de la propuesta supondrá una vuelta atrás a las angustias del presente.
La temporalidad insuflará liquidez a los mercados pero no será la receta para otorgar confianza a las aguas financieras. La gestión de hipotecas se verá cortocircuitada por el handicap de la temporalidad. Los bancos se lo pensarán dos veces antes de abrir el grifo a aquellos que pongan sobre la mesa, la confianza documentada mediante papeles temporales.
Mientras tanto, el mercado inmobiliario seguirá paralizado durante dos años esperando que la masa temporal resurgida por la medida, pase a la esfera indefinida y se  convierta en una demanda potencial de vivienda residencial. 
Conclusión; el aumento de la temporalidad resolverá el consumo de baja intensidad, alimentación y vestido, pero retrasará la materialización del consumo pesado, automóvil y vivienda. Las decisiones de compra de casas y coches  necesitarán la ayuda estatal oportuna para otorgar la confianza a los proveedores de "cash" ante sus clientes temporales.
Mientras tanto;  seguiremos siendo los líderes de Erostat en tasa de temporalidad.

La otra medida; el cambio del requisito de la edad de los contratos de formación, sí el aumento de los 25 a los 30 años, supondrá un aumento paulatino de la actividad pero, desde el prisma de la precariedad. La figura contractual servirá para que miles de jóvenes desplazados del sector de la construcción y sin formación, puedan obtener mediante esta modalidad contractual la posibilidad de formarse y encauzar su vida laboral hacia otros sectores distintos al ladrillo. Ahora bien, el nuevo contrato tampoco paliará los problemas del consumo financiado. La remuneración de este tipo de contratos (75% del SMI) o dicho de otro modo, los casi 500 euros que se llevarán los trabajadores a sus bolsillos a final de mes servirá, como la medida anterior, para incentivar el consumo de corto alcance pero, sin lugar a dudas, no activará la compra de miles de viviendas paralizadas y "muertas de risa", en espera de potenciales compradores al amparo de sus credenciales.
Conclusión; los retoques del contrato de formación servirá para disminuir las cifras de paro, pero sin embargo, el sueño de la vivienda tendrá que esperar hasta que los sujetos  de tal medida puedan firmar contratos a largo plazo. Mientras tendrán que soportar el portazo del gestor bancario, al presentar como credenciales de compra, el contrato de formación.

Una vez más, la sinrazón se ha apropiado de la desesperación. Las contradicciones han sido la tónica de este "saber hacer" político que justifica precariedad y temporalidad como sinónimos de estabilidad y solución al coma profundo del consumo pesado.
La vuelta al término “basura”, como así fueron adjetivados en los ochenta,  los contratos de  Felipe,  ha vuelto a resurgir en la crisis del presente. Increíble.

Adiós Papa, adiós

Desde el dolor, el hombre toma conciencia de su sentido y cuestiona los abismos de su fe. La enfermedad es la palanca que abre la grieta entre la religión y la razón. El creyente enfermo sufre el azote de Dios y siente por primera vez desde la frustración de su camilla, el vacío existencial de su razón. El destino en manos de Dios le ha permitido vivir sujeto a los hilos de la religión pero, sin embargo, solamente la ciencia puede explicar la lógica de su afección.
En esos momentos de tanto dolor, es cuando los representantes del "supuesto Dios",  deben esforzarse por elaborar un mensaje de tranquilidad basado en la esperanza y la credibilidad. En los golpes de la vida, es cuando el creyente se plantea una "libertad sin Dios".

La premisa religiosa, o dicho de otro modo, los cimientos que sustentan la razón de ser de la institución eclesiástica,  se basan en la idea metafísica de Dios. Desde la improbada "existencia de Dios",  el peregrino baila, canta y aplaude un discurso sujetado por un mensaje huérfano de base empírica. La fe ha dirigido la existencia de mil millones de creyentes en el mundo. Fieles de una fe determinada por la moral artificial del hombre y justificada por el argumento de autoridad. La ciencia, tan criticada por la escolástica, ha servido para salir de la cárcel espiritual de la creencia. El hombre sepultado en la dogmática divina,  durante siglos,  ha conseguido la libertad, liberándose de los mandatos divinos. Gracias a esa "libertad sin Dios", el científico ha conseguido construir la verdad y descubrir las leyes de la naturaleza. Leyes secuestradas por Dioses antropomorfos cuya misión ha sido,  asignar fatalidad, casualidad, culpabilidad e impedimentos a “la libertad de verdad”.

El existencialista vive sin Dios. Él es el verdadero dueño de su yo. No existe el destino ni el más allá. La vida tiene un punto y un final. Vivir es una oportunidad para crecer y desarrollarse como humanos al margen de "premisas surrealistas" y creyendo en la construcción de su proyecto vital. El ateo vive cada momento desde la responsabilidad. La vida es el producto de nuestras decisiones; y solamente, nosotros somos los dioses de nuestro personaje. La enfermedad es llevada desde la razón sin la frustración del abandono de la mano divina. El hombre sin Dios vive incrustado en la incomodidad y siente su figura como la existencia de "tiempo y espacio" en un mismo envoltorio. El destino es la construcción de su presente.

La JMJ ha servido para que la iglesia haga una puesta en escena de su poder, sí aquel que se sustenta en el "argumento de autoridad" y la hipótesis indemostrable de la "existencia de Dios".
El negocio de la fe ha insuflado aire fresco a las arcas de Madrid. Mientras miles de monjas bailaban y hacían la ola a Su Santidad;  miles de niños lloraban y lloran lágrimas de hambre en el paisaje desolador de Somalia. ¿Dónde estará Dios? se preguntarán tales niños;  desnudos y desnutridos "tirados en el suelo" e inmovilizados de manos y pies por las consecuencias de su hambruna. En estos  momentos de enfermedad, es cuando el Papa y su séquito, debería bajar del escenario de “cuatro vientos” y comportarse como su tan aludido, Jesús.

Gracias Papa por venir. Has conseguido que miles de laicos corroboremos la ineficacia constitucional del Estado Aconfesional. Su llegada ha servido para que  el derecho a la información haya sido monopolizado por su protagonismo. La televisión pública, en sus tres canales retransmitió simultáneamente sus discursos, si tener el ciudadano laico libertad de elección y su derecho a  la diversidad de información. 

Enseñen estas imágenes de  color y diversión, a aquellos miles de moribundos del Cuerno de África, y por favor, no se les olvide decirles que esta fiesta de la fe ha sido sufragada por las arcas públicas españolas, donativos de jóvenes y empresas de renombre. Sí señor,  50 millones de euros. 50 millones que hubieran bastado para erradicar de un plumazo, o mejor dicho, en cuatro días de jornadas;  el hambre de estos creyentes “sin libertad con su salvador”.

Adiós Papa, adiós. Vaya usted con Dios.

La marca Rajoy

A Mariano le ha venido como anillo al dedo,  los casi cinco millones de parados. Gracias a ellos,  ha conseguido disimular y esconder, bajo la alfombra de la abstracción,  los verdaderos rasgos distintivos de su marca.
El discurso de la crisis ha servido al "líder" de la derecha,  para exprimir el limón amargo de la desesperación y conseguir así, el jugo dulce del ansiado poder.

La "marca Rajoy" ha suavizado las formas para limar el contenido imborrable de su pasado. La crítica destructiva y huérfana de alternativa ha sido la imagen de un producto compuesto por los mimbres frágiles del humo. Desde la butaca, el señor Mariano ha sabido absorber como una esponja el "malestar social" ante las turbulencias los mercados. Desde el hemiciclo democrático, la "apuesta fallida de Aznar" ha sabido hablar sin decir nada, o dicho de otro modo, adherirse a la comodidad de los genéricos para no "pillarse las manos" y ser descubierto, por aquellos incrédulos engañados por el discurso izquierdista de la derecha.

A lo largo de dos legislaturas sentado en el banquillo de la oposición. El "ex-registrador de Santa Pola" ha ido creciendo en el uso magistral de la retórica. Desde la ambigüedad hemos visto engrosar el maquillaje de la mentira. Mariano ha sido el "líder" empático de las desgracias ajenas. Ha sabido crispar la coyuntura económica de España. Ha sido sutil en compararnos con Grecia, Irlanda y Portugal con tal de conseguir su sueño frustrado. La Moncloa.
La "marca Rajoy" se distingue por la inconcreción, la contradicción y, sobre todo, la falta de carisma. El producto de Aznar no ilusiona a la mayoría, como así lo atestigua el 80% de los encuestados en el último barómetro del CIS.
El producto de Mariano se ha caracterizado por su innovación en la forma de hacer periodismo en este país. Gracias a Rajoy, cientos de “buscadores de información” se han visto resignados al servicio del  titular enlatado de Mariano. Las "ruedas de prensa sin preguntas"  han servido al candidato popular para pasar de puntillas y esquivar las incómodas cuestiones sobre corrupción.

A pocos meses de la cita con las urnas. La "marca Rajoy" aumenta conforme crecen los parados, o dicho de otro modo, a más paro más Rajoy, pero, ojo,  no por su carisma sino por la  indignación izquierdista contra las turbulencias de los mercados.
Pero, cabe preguntarse. ¿Qué existe detrás del envoltorio popular? Nada. Detrás del envoltorio existe un presidente en potencia  llamado Mariano Rajoy. Ahí veremos, el auténtico color del regalo. La alfombra roja se levantará para ser sustituida por la azul. Debajo veremos la concreción. Los recortes sociales al estilo catalán. El copago al estilo de las intenciones de Valcárcel, las privatizaciones al estilo Cospedal… y, sobre todo, veremos durante cuatro años un episodio similar a Castilla la Mancha, sí; sacar los trapos sucios del antecesor, para justificar la incapacidad para inflar el salvavidas prometido.  La nueva expresión del ideario popular, aquella que figura en sus argumentarios de partido será, sin duda alguna: ¡mirar españoles cómo nos han dejado el país! y con esta frase lapidaria conseguirán consolar a aquellos miles de votantes que soñaron con el final de la crisis y se chocaron con el principio de los “verdaderos recortes populares”.

Mientras Rubalcaba se equivoca a diario y es criticado por los medios conservadores por sus propuestas electorales; MIR para profesores, impuesto a la banca, escaño 351, destino del beneficio de la obra social a la creación de empleo, moderación salarial, y, otras más. Rajoy, la marca de Mariano sigue callada, sin decir nada, para mantener quieta a la izquierda. Claro, es mejor así, no sea que hable y,  a la tercera, no sea la vencida.

El hombre incómodo

La necesidad ha ganado la batalla a los parámetros de la  comodidad. El "hombre incómodo" ha expulsado la rabia contenida de su infelicidad. El "rasgo común" ha servido de aliento al átomo social para liberar la tensión de su hastío. La manifestación pública ha canalizado la frustración de un rebaño descontento con las directrices de su pastor. La mano invisible del señor Smith ha agotado la crisis de los paradigmas económicos del presente. La cláusula "ceteris paribus" ha perdido sus aptitudes analíticas. La complejidad del ahora no invita a la comodidad simplificadora de los modelos weberianos. La fórmula "más mercado y menos Estado" no visionó la interconexión y las turbulencias en las economías integradas. La mano invisible, por si sola, no ha enderezado el volante de los mercados. El exceso y el defecto han desestabilizado las balanzas en la quietud de lo privado. 

El "homo economicus" llora la muerte de la comodidad en la fría butaca de la desconfianza. El interés exacerbardo por la satisfacción del "yo" ha inundado el egoísmo sin mirar en el desván de la escasez. La indignación por el "querer y no poder" siembra las tierras del odio hacia las élites tóxicas del poder. La selva de Hobbes ha dejado en el suelo al débil y al soñador. La clase media ha despertado de la pesadilla cómoda de su alienación. El proletariado resucita en forma de indignación. El títere social quiere romper los hilos de su atracción. El polvo levantado por el ganado ha impedido  a la oveja vislumbrar las ruinas visionadas por el guardián de su pastor.
El mercado ha sacado los dientes a los intrusismos del poder. ¿Dónde está la identidad? Los roles ideológicos han cambiado su patrón. El maldito mercado ha roto los cánones de la ilusión de todo elector. El soberano ha vivido estupefacto el desengaño y la traición. El "preferidor racional"  se ha puesto el atuendo político del oportunismo. Salvar el interés de partido por encima del estatal. El león ha rugido pero esta vez, las ratas han dicho basta desde la alcantarilla de su represión.

La incomodidad ha levantado los pies de los avances. La sinergia de las emociones ha construido las moléculas de la manifestación. Es hora de gritar y  expulsar la ira económica para liberar  la pena latente de la comodidad. Llora el hombre incómodo por la nostalgia de su placer. El "homo economicus" ha pagado su coste de oportunidad. El virus del egoísmo ha terminado con el confort del ahora. La desconfianza ha sido el despecho del animal social ante las grietas de su individualidad.

«Feedback» democrático

La dictadura es la  jaula de la palabra. A través del corsé de su organigrama, el mensaje fluye enlatado bajo el control de la censura. El "feedback", o dicho de otro modo, el recorrido de ida y vuelta del discurso social entre el pueblo sometido y la cúspide de su pirámide, es vigilado por los prismáticos represores de sus instituciones.
En los regímenes dictatoriales la libertad termina en el límite existente entre el pensamiento y el lenguaje. La palabra mal sonante, aquella que marca la discordancia entre la ideología dominante y la cadena disidente es duramente castigada por los tentáculos receptores de sus oyentes.
La estrangulación de la semántica impide que fluya el rumor existente en todas las organizaciones informales. El camino del discurso solo conoce la senda libre del descenso. El ascenso, o dicho de otro modo, la elevación del mensaje del pueblo a las élites dominantes, es analizado y depurado para que los residuos de libertad no crispen el "orden legítimo" de sus autoridades.

Este control férreo del sentido ascendente del significado es extrapolado a todos los canales de emisión social y, en especial, a las artes como transportistas de la cultura.
El artista no es el dueño de su obra. La creación es cortocircuitada por el pensamiento vertical de la censura. La pintura es el resultado de un pincel secuestrado por el ojo crítico de la política. El materialismo es sometido al idealismo del poder y convertido en un simbolismo forzado,  representante de unos valores impuestos y huérfanos de expresión artística.

En la democracia la palabra no entiende de barrotes ni de tijeras. El discurso fluye en doble sentido; de las élites al soberano y de éste a los áticos de sus delegados. El "feedback", o dicho en otras palabras, la guinda de todo mensaje sólo es posible en el marco de las libertades, sin la cortapisa de la censura. La libertad del pensamiento no necesita poner el freno en la antesala del lenguaje. 
Los medios de comunicación en marcos democráticos gozan del derecho a informar dentro del respeto y el rigor en el tratamiento de la información. La noticia, o mejor dicho, aquello que normalmente no sucede, se vuelve cotidiano en la quietud del presente. El titular al servicio de la línea editorial sirve de jaula a una palabra encorsetada en la uniformidad de sus receptores. Solamente el contraste de información nos hace tener una aproximación a la verdad parcial de la extraordinariedad. ¿Dónde está la libertad si vivimos en una democracia inmersa en el capitalismo salvaje de la palabra?

En la dictadura, el político habla y el pueblo calla. Esta fórmula rompe el circuito del acto comunicativo en su fase final. No existe retroalimentación, no existe la aprobación o desaprobación del receptor. No hay lugar a la réplica. Las ruedas de prensa son instrumentos para canalizar el sentido único y descendente del mensaje. El periodista no pregunta y si lo hace, lo hará desde el miedo al veto de su pregunta y, en ocasiones, la palabra es el precio de su vida.

Los blogs y, sobre todo, la prensa digital han liberado al lenguaje de los residuos dictatoriales de la televisión y el papel frágil del periódico. Tales instrumentos de comunicación moderna han conseguido que el circuito del discurso finalice con el feedback, o dicho de otro modo, que el emisor conozca el acierto o desacierto de su mensaje.
Estas herramientas de la modernidad presente sirven al escritor para conocer la reacción de su estímulo. Ya lo dijo el filósofo, todo mensaje lleva implícito una provocación. Gracias a las redes sociales, en los "post" podemos observar aquellos símbolos, tan reconocidos hoy,  como, "me gusta", "twittear", "compartir", "+1"… Estos signos han permitido la conexión necesaria entre la pluma y la emoción que todo escultor de la palabra  necesita. En el comentario de todo artículo electrónico,  el discurso democrático se enriquece y conseguimos ser actores y no espectadores, sentados en las butacas simbólicas del régimen dictatorial que nos reprime.

¡Yo tampoco le espero!

La pedagogía de austeridad, en tiempos de vacas flacas,  llevada a cabo por las élites políticas europeas no ha calado en la praxis diaria de las sotanas. El despilfarro, como instrumento propagandístico para enderezar la crisis de fe occidental,  contrasta con la dogmática discursiva de su ética divina.
A pocos días de la macro fiesta madrileña. La visita del líder del catolicismo,  pone de relieve, una vez más,  "la mentira constitucional" del artículo 16.3. Los privilegios económicos, políticos y sociales a la élite clerical, ponen en burla la ineficacia legal de la "neutralidad religiosa".

La gracia de Dios, o dicho de otro modo, la causa que legitimó cuarenta años de silencio y sometimiento a los caprichos de un dictador;  continúa, treinta y seis años después,  ostentando buena parte de las prerrogativas obtenidas en la España del Nodo.
La censura al conocimiento científico en pro de las creencias,  puso la venda en los ojos a un pueblo sometido a las tinieblas de la verdad hasta bien entrada la modernidad. El argumento de autoridad y la fatalidad esgrimió la lucha entre razón y religión.  Durante años, no tan lejanos a nuestros días, la inquisición, o dicho de otro modo, la "presunción de culpabilidad" quemó en la hoguera  a millones de  rebeldes ante los dogmas de fe impuestos desde la ley. Mientras miles de moriscos se comportaron como cristianos en público y musulmanes en la intimidad. La mentira como herramienta para vivir y vía de escape del "qué dirán", sentó las bases de la hipocresía católica actual.
Hoy en día, la iglesia, o dicho de otro modo, ese jarrón que permanece ciego a los avances sociales y tecnológicos del presente, sigue enclaustrada en las paredes del medievo. Su discurso retrógrado no encaja en el puzzle de los avances. La incoherencia e irresponsabilidad de sus teorías, ponen de relieve, la obstinación por aferrarse al pasado sin considerar los daños prácticos de sus predicados. 

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), sí esa que nos cuesta a los españoles de nuestros bolsillos 25 millones de euros,  debería servir para poner los puntos sobre las íes, y abrir el debate sobre la revisión de los postulados obsoletos de la institución papal. La visita debería abandonar la retórica protocolaria de la misa y otorgar el testigo al debate intergeneracional para construir la iglesia del mañana.
Desde la crítica, y sumándonos a los 78.500, en números redondos, de seguidores del grupo de facebook, cuyo hilo que les une es su disconformidad con los postulados eclesiásticos,  debemos realizar una reflexión sobre la función de la iglesia  en la sociedad actual. Para ello, cabría preguntar en voz alta al señor del "papamóvil"; ¿por qué no se sube al vehículo del progreso, si en la carroza del pasado, solo contempla el paisaje infiel de sus seguidores?
La hipocresía vestida de fiesta será la excusa perfecta para rezar y cantar ante su santidad. Miles de jóvenes con el preservativo en sus carteras cantarán boquiabiertos y rezarán, mientras millones de hambrientos del tercer mundo, mueren a diario por su honradez y coherencia ante los dogmas de su fe.

Con la indignación escondida bajo la alfombra de Sol. En defensa de la coherencia y como crítica a la doble moral occidental. Señor Ratzinger, ¡yo tampoco le espero!

Bienes culturales

La ausencia de empatía justifica el gozo y la barbarie de miles de espectadores eufóricos y sin escrúpulos ante los ojos doloridos del toro que les mira.  La depredación vestida de fiesta y maquillada de cultura es el argumento esgrimido desde la fuentes conservadoras para justificar la sangre de un animal, cuya mayor debilidad es la bravura de llamarse toro.

La modernidad no ha superado el argumento de tradición. La ética envuelta de costumbre y la razón de las mayorías como apelación de autoridad, ha permitido la correlación falaz "cultura igual a toro". Las diversiones del medievo han perdurado en las sociedades tecnológicas del mañana. 
El "hombre sin escape", o dicho de otro modo, la contención de la sumisión alienada que tanto defendió Karl Marx, permite aflorar en la plaza de la sangre;  la agresividad contenida de las frustraciones cotidianas.  
Los derechos universales se olvidaron de nuestros antecedentes, los animales. El toreo es contemplado como una buena praxis social, alimentada por los medios y consentida por las élites populistas de la defensa tradicional. ¿Dónde está la línea entre el bien y el mal?, ¿es ético  aplaudir la muerte de un animal?, ¿es moral asistir a una muerte anunciada? Preguntas envueltas de reflexión pero huecas de movilización. ¿Dónde está la indignación? La crisis, diría Rajoy, no entiende de tales frivolidades.

Desde la crítica debemos reactivar en época preelectoral el discurso incómodo de los toros. Es la tauromaquia una identidad política más. Es compatible votar "x" y al mismo tiempo proclamarse defensor de este "asesinato animal" llamado fiesta nacional. Ya lo dijo Esperanza Aguirre, "los toros son un bien cultural a proteger" y apeló, sin ninguna responsabilidad, a la cantidad argumental en detrimento de la calidad. Las cornadas del torero, aquellas que abren la empatía de la herida de miles de taurinos, son las mismas que a lo largo de cientos de años, siente el animal cuando le clavan la banderilla que pone el punto y final a su vida y termina la corrida.  

La iniciativa del Parlament Catalâ de prohibir las corridas de toros encendió la mecha del debate y afloró el discurso pro taurino de Rajoy para ganar tajada electoral y envenenar el Estado de las Autonomías. La intolerancia conservadora no comprendió la compatibilidad entre el no a los toros de los catalanes y la vertebración autonómica del resto.
Una vez más, el  "país de los toros" como así se nos conoce en buena parte del globo,  clamará con orgullo ¡olé! y ¡olé! para beneplácito de Rajoy y síntoma de cohesión de una marca llamada España. Indignante.

Pros y contras del adelanto electoral

Una vez más, las caras largas de Génova no han digerido todavía la sopa amarga servida por el CIS. ¿Por qué Rubalcaba inspira más confianza que yo?, se preguntará Rajoy.  A pesar de lanzar  balones fuera y cuestionar al organismo estadístico. El "principio de realidad", apelado por ZP en el debate sobre el estado de  la nación,  gana la batalla al veneno lanzado desde la bancada popular.
La instantánea pone un claro punto de inflexión en el sueño de Mariano. A pocos meses de finalizar la partida, las fichas de Rubalcaba, van poniéndose de cara en el tablero de Ferraz. 
Con los índices económicos recuperándose del coma crónico de los últimos años y la corrupción en el tejado de Rajoy. El "jaque mate" auspiciado por el jugador confiado del dorsal azul;  quizás sufra un duro revés en el último tramo de la jugada.

Con la herida del 22-M en fase de cicatrización. El anuncio de Zapatero, o dicho de otro modo, el adelanto electoral para el día 20 de noviembre,   ha dividido la autocrítica socialista, entre los detractores y simpatizantes de la medida. 

En el bando de los simpatizantes, aquellos que ven con buenos ojos, la decisión de ZP. Estiman oportuna la medida, en base a los siguientes argumentos:

1 – Valoración positiva del líder de la izquierda por encima del conservador según el último sondeo del CIS.
Un 80 % de los encuestados, sostiene que Rajoy les inspira “poca o nada confianza”. Mientras, Rubalcaba es percibido como más dialogante, más conocedor de los problemas del país, tiene mayor visión de futuro, mejor negociador y, lo más importante, más eficaz que su rival.  En términos cuantitativos, la valoración de Alfredo suma 4.62 frente al 3.58 obtenido por el líder conservador.

2 – Descenso del número de parados en el segundo trimestre en 76.500 personas, según la EPA del segundo trimestre. Situándose la tasa de paro en el 20.89% y alejándonos de la barrera psicológica de los cinco millones, para “disgusto de la derecha”.

3 – Coincidencia temporal de la cita electoral con el asiento de Camps en el banquillo judicial.
La comparecencia del "soldado raso del Consell" en plena campaña electoral servirá para avivar el fuego de la corrupción y utilizarlo como arma arrojadiza contra el Partido Popular.
Desde el partido socialista se pondrá toda la “carne en el asador” para inculcar en el ideario social, la ecuación “partido popular igual a corrupción”.
Camps, probablemente no abrazará a Mariano en el mitin de Valencia,  pero el seguimiento paralelo de su juicio oral, ocupará buena parte de los telediarios otoñales. Luego “Gürtel y Brugal” formarán parte de la estrategia electoral.

4 – La percepción social del “giro a la izquierda” del candidato socialista.
La fórmula "escuchar, explicar y hacer" comienza a calar en los "cabreados" de la izquierda. El giro ideológico ha enderezado la flor marchitada de Ferraz y levantado los ánimos de aquellos que el 22 – M decidieron quedarse en el sofá  y no votar ideología socialista envuelta de praxis neoliberal.
El guante recogido por Alfredo a los miles de indignados ha servido para canalizar su discurso hacia la alfombra roja de los obreros.
Los "descamisados de Dragó" y "perro flautas indignados", así llamados por el servilismo mediático de la derecha; ha servido para crear la identidad de izquierda que este conglomerado social necesitaba.
El líder de la derecha ha dado el "tirón de orejas" a la banca. Para ello, ha responsabilizado a las mismas del despilfarro del crédito en los últimos años.
La penitencia; destinar parte de la obra social a la creación de  empleo, así como, gravar las  transacciones financieras. Tales medidas, han sido la semilla que miles de indignados querían oír en boca de sus delegados.

5 – Finalmente, en palabras de Zapatero, el adelanto electoral servirá para calmar a los mercados y encauzar el nuevo ejercicio fiscal 2012 con un nuevo ciclo político.

En el otro lado de la balanza, los detractores del adelanto, arrojan las siguientes armas al debate:

1 – Las elecciones anticipadas suponen otorgarle la razón a la derecha.
Ahora nos van a "pitar los oídos" de oír hasta el aburrimiento, la expresión en boca de Santamaría y los suyos: ¡lo llevamos diciendo desde hace mucho tiempo!", "¡ya era hora!", "¡por qué no lo han hecho antes!", etc., etc.

2 – Los datos estadísticos son puntuales y todavía no marcan tendencia diacrónica.
Las encuestas comienzan a despegar y la perspectiva de la tendencia no está suficientemente clara para poder poner el "do de pecho” y convencer a los miles de votantes de izquierda,  que el 22 – M castigaron a su partido.

3- Alfredo aun no ha conseguido despegarse de la losa del Zapaterismo.
Seis meses no ofrecen un margen de maniobra suficiente para conseguir despegar de la marca Rubalcaba el "adhesivo continuista"  incrustado en el discurso popular. La derecha seguirá desmontado todas las propuestas del líder conservador con el ya sonado; ¿Por qué usted no tomó antes las medidas que anuncia ahora?

4 – El final del ciclo económico negativo no coincidirá con el cambio de ciclo político otoñal.
La doctrina económica tanto intervencionista como neoliberal no vislumbran en un horizonte cortoplacista el final del túnel. La economía comienza a brotar pero el umbral para que dicho crecimiento se traduzca en incrementos regulares de empleo, no llegará, siempre según los técnicos, hasta mediados de próximo año.
En marzo del 2012, la salida de la crisis probablemente sería percibida por los ciudadanos con mayor claridad. Las tasas de desempleo habrían acentuado su tendencia bajista el discurso político de la recuperación habría ganado peso en credibilidad,

Llegados a este punto y con el debate sobre la mesa, es momento de reflexionar y preguntarnos: ¿Se habrá equivocado Zapatero con esta arriesgada decisión?, ¿habrá manejado mal los tiempos?, ¿existe el efecto Rubalcaba? La respuesta, el 20-N.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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