El ser humano es único e irrepetible. Estas cualidades – decía Kant – le otorgan el valor de la dignidad. La dignidad debe ser defendida ante las intromisiones de los otros. Y esa dignidad viene protegida por los Derechos Fundamentales contemplados en la Constitución. Existen conductas como el racismo, la xenofobia, la homofobia y la aporofobia, entre otras, que atentan contra los derechos naturales. Lo ocurrido en Ceuta pone a prueba nuestra calidad como humanos. Más allá de las connotaciones políticas del fenómeno, debemos ser respetuosos con aquellos que, por un motivo u otro, han llegado a nado a nuestras orillas. La cara de la tragedia no es otra que un centenar de fallecidos y seiscientos hospitalizados. Entre ellos, padres, hijos y hermanos que, de un día para otro, han visto en España un lugar para cambiar sus vidas. Dicho esto, respetada la dignidad, es cuando debemos reflexionar sobre la cara geopolítica de lo sucedido.
En medio de una crisis humanitaria, los intereses políticos deben ser apartados. Luego, una vez solucionada, es cuando procede una comisión de investigación y la depuración de responsabilidades. Esta "crisis migratoria" ha sacado los colores a Europa. Han sido necesario que 45.000 personas llegaran a nuestras costas para conocer, de cerca, cómo están posicionadas las fichas en el tablero. Así las cosas, varios países han señalado a Sánchez como el principal responsable de lo sucedido. Tales países junto con la derecha y la ultraderecha han montado un relato conforme a sus intereses partidistas. El relato no es otro que la regularización. Si Sánchez no hubiese regularizado a miles de inmigrantes, no se hubiese producido la "invasión". Este argumento no tiene en cuenta que con el gobierno de Aznar se regularizaron alrededor de medio millón de inmigrantes no comunitarios. Una regularización que no suscitó ninguna crisis migratoria. Este fenómeno, sin precedentes, podría ser – entre otros motivos – la tasa de paro del 9,87%, una tasa que nos sitúa muy cerca del pleno empleo. Hay otras voces que hablan de "guerra híbrida" y otras teorías conspiratorias.
Lejos de las causas, lo cierto y verdad es que el Gobierno ha mostrado eficiencia en la gestión de la crisis. En 48 horas, miles de inmigrantes han regresado a su origen. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado se han empleado a fondo en devolver la normalidad a Ceuta. Estos hechos contrastan con todo el arsenal de artillería pesada vertido por los medios afines a la derecha. Lejos de las líneas editoriales, el periodismo debería ser neutral con el tratamiento de la información. Gobernar implica subsanar los errores sobre el camino. No olvidemos que primero va el hecho y después el derecho. A partir de ahora, y tras aprender la lección, es cuando el Ejecutivo debería tomar medidas extraordinarias para proteger nuestras fronteras ante futuras "invasiones". La inmigración afecta, más o menos, en dependencia de la situación geopolítica de los países. Ahora, aunque la derecha no lo reconozca, España va bien. Y como va bien, existen brotes migratorios, que se deben gestionar mediante el Estado de Derecho. Un Estado que, lejos de los sesgos ideológicos, debería velar por la existencia de una diversidad social tolerante, pacífica y segura.










