Recuerdo, como si fuera hoy, el último año de Zapatero. En España existía una crisis galopante que afectada a casi todos los estratos sociales. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el incremento de la tasa de paro, los recortes de Bruselas y la prima de riesgo por las nubes. Ante esa coyuntura, la derecha lo tenía muy fácil para ganar las generales. "La mejor política social – decía el PP – es el empleo". Y así, el relato caló en los electores y Mariano Rajoy despojó a ZP de La Moncloa. Hoy, las tornas han cambiado. En contraste con aquel escenario, y a un año de nuevas elecciones, la economía va bien. Con Sánchez, a la cabeza, tenemos una tasa de ocupación similar a los años aznarianos. Sin recortes en los servicios públicos, el Estado Social cumple su función asistencial y hay, por tanto, una reducción de la desigualdad. Sánchez ha puesto en valor la socialdemocracia ante la barbarie del mercado.
Ante estos hechos, Feijóo se agarra a la otra cara del sanchismo. Sin hablar de economía, critica los casos de corrupción que acechan al PSOE y a la familia del presidente. También a la "inmoralidad" de los pactos de Gobierno. Pactos con partidos nacionalistas que cumplen con la legalidad vigente. No olvidemos que, de acuerdo con las reglas de juego, el presidente del Gobierno es investido por la aritmética parlamentaria. Luego, Pedro Sánchez – salvo que convoque elecciones anticipadas o sea desplazado por una moción de censura – será siempre un presidente legítimo. Feijóo como líder de la oposición le corresponde, entre otras funciones, realizar una crítica constructiva al Gobierno y proponer una alternativa de poder. Esa alternativa es la que muchos ciudadanos no ven en el líder popular. Lejos de su crítica despiadada al Ejecutivo, no ofrece un proyecto alternativo de país.
A un año de las elecciones, las recientes encuestas – arrojadas por el CIS – otorgan a Pedro Sánchez como ganador. Y todo a pesar de la corrupción y el ruido de sables contra su hermano y su mujer. Tales casos no afectan al bolsillo de los españoles. A la gente le importa el balance de sus vidas. Y cuando no falta el pan, lo demás es secundario. En el hipotético escenario que no hubiera casos de corrupción, pero que la economía y el Estado del Bienestar fuese nefasto, otro gallo cantaría en los intramuros de la Moncloa. En ese escenario, cualquier líder de la oposición tendría el suelo aplanado. Sin embargo, la coyuntura actual necesita un líder que ofrezca una alternativa de Gobierno. Un líder que exponga su programa de gobierno. La ciudadanía necesita saber qué sucederá con la educación, el empleo y la sanidad en caso de votar a alguien diferente. Existe, por tanto, mucha incertidumbre en torno a la figura de Feijóo. Ni siquiera se ha pronunciado acerca de sus futuros pactos de gobierno. Hace falta claridad en medio de tanta oscuridad.











Sabas Barriga Gonzalez
/ 30 julio, 2026Cuando no hay razones de peso esta oposicion se dedica a insultar y a buscar ayuda extra en jueces y otros estamentos, pero no ofrece ni una sola propuesta de mejora y las que propone el gobierno como el nuevo reparto economico, las torpedea sistematicamente dejando de percibir las mejoras propuedtas. Lo que yo no entiendo de todo esto es, porque la gente los vota, ¿ignorancia? ¿Desinformacion¿ ¿ideologia,? La verdad no
lo entiendo