A las ocho de la mañana, los pasillos del instituto se convierten en una romería de jóvenes cargados de mochilas. Mochilas repletas de sueños e incertidumbre ante la vida. Son chavales que han nacido en un mundo de rectángulos digitales. Mientras camino, endirección al aula, me viene a la mente ese adolescente que soñaba con la Luna. Miro, por el retrovisor de la vida, y recuerdo, conpasión, a aquellos profesores que despertaron, en mí, el amor por la sabiduría. Paso lista y pronuncio, uno a uno, el nombre de mis alumnos. De alumnos que se encuentran en plena adolescencia. Mientras sacan sus cuadernos, escribo la fecha en la pizarra. La clase está atenta y relajada. Repaso los rasgos distintivos de la filosofía. Les hablo de la "madre de las ciencias" y su necesidad en nuestros días. En días de Internet, redes sociales e inteligencias artificiales. En días inundados de ondas digitales.
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