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Vox, el nuevo centro

Desde que Sánchez llegó a la Moncloa, el PP nunca asumió su derrota. En España, ganar unas elecciones – como las ganó Feijóo – es condición necesaria pero no suficiente para vivir en la Moncloa. La legitimidad última del presidente del Gobierno reside en las urnas y de la aritmética parlamentaria. Alberto Feijóo ganó las elecciones pero no consiguió la confianza de la Cámara. Así las cosas, Pedro es el presidente legítimo. Y lo es, queridísimos amigos, porque sus socios de Gobierno son partidos legales y legitimados para pactar. Por mucho que la derecha insulte – con aquello de "me gusta la fruta" – y alimente el fantasma del "sanchismo", Pedro es, y será – salvo que las urnas o una moción de censura decidan lo contrario – el elegido. Una vez aclarado esto, que son las vocales de la democracia, Feijóo debería ejercer como líder de la oposición.

Un líder de la oposición no es un negacionista que dice "no" a todo lo que decide el presidente del Gobierno. Un rival político se debe convertir en una "alternativa creíble". Y para ello, aparte de criticar la gestión del legítimo, debe crear nuevas narrativas que ilusionen a la gente. En días como hoy, el Sanchismo – lejos de la corrupción de su partido – ha supuesto crecimiento económico para España y bienestar territorial. El pacto con las fuerzas catalanas, y el gobierno de Salvador Illa, ha traído una "paz general". Se ha apagado el ruido de sables entre Cataluña y Madrid. Y se ha mejorado – de forma aguda – el Estado del Bienestar. Se han incrementado las ayudas familiares y ha descendido la brecha de la desigualdad. En términos generales, el gobierno de coalición no era una mala idea. Y no lo era porque gracias al Sanchismo, España progresa adecuadamente. Frente a esta forma de gobierno – basada en pactos -, Feijóo niega la nueva realidad. El bipartidismo de los tiempos felipistas es un canto de otro corral.

Llegados a este punto, Feijóo lo tiene crudo para gobernar España. Su partido yace roto desde el minuto número uno que apareció Vox. Si antes, el partido de Abascal era una formación de extremaderecha, ahora se ha convertido en la alternativa entre "rojos y azules". Estamos, paradojas de la política, ante el nuevo centro. Un centro que se proclama como alternativa ante un sachismo – desgastado por sus casos de corrupción – y un feijonismo – que "quiere pero no puede" volver a lo tiempos de Aznar -. Ante esta situación, Vox se proclama como un giro radical ante el cansancio de la situación. Se proclama como el partido que simboliza el orden frente al caos. Un partido – de corte conservador – que verbaliza un discurso radical. Un discurso que trata de vehicular una nueva moralidad. Una nueva moralidad distinta a la que Podemos protagonizó en su día. Ahora, no es la lucha contra la casta sino el orden contra el desorden. La paz contra la guerra. La amenaza contra la calma. Y, si quieren, la radicalidad contra el reformismo enquistado.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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