Cada día soy más crítico con el grado en periodismo. Pienso que su plan de estudios necesita una revisión urgente. La Inteligencia Artificial se convierte en la máquina de finales del Siglo XVIII. La industria de la cultura puede sobrevivir sin las manos de un humano. Hoy, en pleno siglo XXI, el ChatGPT, por ejemplo, sintetiza y analiza información. Compila datos y elabora relatos. Y los elabora igual o mejor que Manolo, “el plumilla de opinión”. La IA es capaz de crear personajes, inventar tramas y elaborar un guión para una película de acción. Aunque, de momento, el "programa" no ha superado al "programador", la IA avanza a una velocidad de vértigo. De ahí que muchas profesiones entrarán en crisis e incluso morirán. De nada servirá sacar Matrícula de Honor. Nuestra mente tendrá un rival. Y ese rival no será ni el tigre ni el león sino un artefacto, o soporte material, capaz de pensar. Y ese artefacto, nos robará la dignidad. Ya no seremos los únicos seres con inteligencia superior, sino unos más dentro de la selva mental.
Una profesión, entre muchas, que tiene los días contados es – sin duda alguna – la prensa escrita. Ayer, sin ir más lejos, le pregunté al ChatGPT: "¿Qué efecto puede tener la ausencia de Feijóo en la inauguración del año judicial? Por favor, actúe como si fuera un destacado analista político, que trabaja para un periódico de renombre." En síntesis, la respuesta fue la siguiente: "Feijóo ha convertido un gesto aparentemente menor en un movimiento estratégico de alto riesgo, busca mostrarse como el garante de la regeneración judicial, pero corre el peligro de que la opinión pública lo interprete como una renuncia a la solemnidad institucional". Esta respuesta, sin la cita de la IA, pasaría por un análisis acertado en boca de cualquier politólogo. Un análisis que lo podría utilizar cualquier todólogo en una mesa de debate. Lo podría utilizar, y quedaría bien, sin necesidad de ser un especialista en política. Esta nueva realidad, o "Revolución Artificial", pone en peligro a la sociedad del conocimiento. Estamos ante un acceso fácil hacia la episteme, que diría Platón.
Platón hablaba de la episteme como un saber científico. Un saber que requería el ascenso dialéctico, o dicho de otro modo, el esfuerzo para llegar al mundo inteligible. En ese mundo se hallaban las Ideas, o formas. Las ideas contenían la esencia de lo que existía en el mundo sensible. De tal modo que para conocer la "mesa en sí". Para saber cómo era una "mesa perfecta" se debía estudiar, en profundidad, su esencia. Solo unos pocos, aquellos que gozaban de "un alma racional destacada" podían salir de la caverna y conocer la verdad. La IA ha derribado la caverna. Ahora, cualquiera y sin esfuerzo, puede ascender a la cima. No hace falta cruzar el barro para llegar al asfalto. El conocimiento, con mayúscula, está a golpe de clic. Ahora el ChatGPT es el sol que ilumina a quienes contemplan las sombras de la cueva. Ante este panorama, la filosofía hace más falta que nunca. Filosofar no será otra cosa que la capacidad de desconfiar y cuestionar. De desconfiar en el programa y poner los ojos en el programador. De cuestionar a la máquina, De una máquina cuyo creador no es Dios sino Manolo, un ser imperfecto, infeliz y mortal.










