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De Podemos, Ciudadanos y la victoria socialista

Tras conocer el resultado electoral, puse el collar a Diana y deambulé cabizbajo por las calles del vertedero. Necesitaba, la verdad sea dicha, reflexionar sobre la derrota de Podemos. Una derrota que ha servido para que, en cientos de pueblos como el mío, Ciudadanos baile con la fea. Manolo – un pepero de mi barrio – se cruzó en mi camino. Se cruzó, como les digo, para darme el pésame por la caída del tripartito tras cuatro años de gobierno. Acto seguido, recibí un wasap de Puig, un amigo de las tripas parisinas. Me decía que no entendía por qué las filas de Rivera tonteaban con la derecha y las de Macron con la Izquierda. En España, le respondí, el centro se ha convertido en "el comodín de la llamada". Por mucho que se hable de pactos programáticos, lo cierto y verdad, es que en la Hispania de Unamuno hay mucha hambre de sillones.

En este país, de timbales y panderetas, no hay vergüenza de cara a las hemerotecas. Y no la hay porque las palabras valen menos que los ceros a la izquierda. Y digo esto, queridísimos lectores, porque fue precisamente las filas de la derecha quienes, en tiempos marianistas, abrieron el debate acerca de la lista más votada. Un debate donde los conservadores defendían que en los pueblos gobernara el partido con más papeletas en el saco. Hoy, esos mismos señores, más allá de la lista más votada, claman el feudo madrileño por cuestiones de aritmética. Es precisamente este posible gobierno de carambola, en el feudo de Carmena, el que insufla algo de oxígeno al cáncer de las gaviotas. Gaviotas moribundas en prados repletos de rosas vigorosas. El efecto Sánchez ha contagiado de rojo a miles de pueblos. Pueblos que han votado por la municipalización de los servicios, las ayudas sociales y las políticas verdes.

El fenómeno Vox no ha sido tan fiero como parecía. El discurso populista no ha calado, como se esperaba, en la España vaciada. Esa Hispania de campo, de agua en los botijos, boinas descosidas y camisas anudadas por encima del ombligo. Gracias a ese retroceso, el PP ha salvado los muebles en buena parte del mapa. Y los ha salvado, aparte de este inciso, por el beneplácito de Ciudadanos. Por el beneplácito, y disculpen por mi enfado, de quienes nunca han ido de cara. De quienes, bajo el pretexto de proclamarse los árbitros del tablero, han defenestrado al PSOE en las tierras andaluzas. Y lo han defenestrado a pesar de proclamarse liberales progresistas y cosas similares. Por ello, el enemigo número uno de la izquierda no es la derecha sino las filas de Rivera. Con Podemos agonizando en el campo de batalla, ellos – Ciudadanos – son los únicos que pueden pintar los ayuntamientos de rojo. Gracias a ellos, la derecha resucita. Resucita de su crisis de liderazgo, de los mordiscos de Vox y de la bofetada socialista.

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2 COMENTARIOS

  1. Pilar Martinez

     /  28 mayo, 2019

    Muy acertada reflexion. Saludos

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  2. Un buen análisis. Lo de Ciudadanos recuerda a la UCD (Unión de Ciudadanos con los Defenestrados), que saben sacar partido de las aguas revueltas …

    Saludos

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