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Sobre fracasos y sorpassos

Tras las elecciones generales del pasado 20-D, escribí una tribuna para el diario Información, titulada: "Volver a votar". En ella analizaba la complejidad de la aritmética electoral para alcanzar un acuerdo de gobierno. Cuatro meses después de aquellas reflexiones, la hipótesis se corrobora. El 26-J, como saben, volveremos a votar ante el fracaso del "tiempo nuevo", anunciado por S.M. el día de su investidura. Durante esta legislatura, la más corta de la democracia, hemos comprobado como el interés de los partidos ha prevalecido sobre el estatal. El debate entre "la gran coalición a la alemana" – propuesta por Rajoy – y el "pacto a la valenciana" – auspiciado por Podemos -, han sido el placebo para una enfermedad con pronóstico incurable. Así las cosas, no nos queda otra que asistir a una probable campaña electoral de acusaciones y reproches entre los protagonistas del fracaso.

El contraste entre rastas y corbatas ha servido para descubrir lo que se esconde detrás de las fuerzas emergentes. Gracias a esta minilegislatura, los españoles han aprendido – hemos aprendido – que Pablo Iglesias baila al son de los intereses nacionalistas, que la gran coalición no ha sido posible por el tira y afloja entre Sánchez y Rajoy, y que Podemos y Ciudadanos son como el tocino y la gasolina. Por todo ello, por la baja altura de miras de quienes aspiran a gobernarnos, España está siendo ingobernable. Lo está siendo en medio de una crisis económica, con una tasa de paro superior al veinte por ciento desde hace más de cuatro años, y una corrupción galopante de ángulos internacionales. A todo ello, hay que sumarle la violencia de género, el acoso escolar, la siniestralidad laboral, la cuestión catalana y la crisis de los refugiados. Refugiados hacinados en las puertas de Grecia en espera de que Europa decida sus destinos.

Con el "sorpasso" a la vuelta de la esquina; la campaña que se avecina será distinta a las anteriores. Lo será, queridísimos lectores, porque las circunstancias han cambiado con respecto al 20-D. Las fuerzas emergentes – Ciudadanos y Podemos – ya no son discursos teóricos, huérfanos de praxis. Ahora atesoran cuatro meses de experiencia en las bancadas del hemiciclo. El partido de Pablo Iglesias, por ejemplo, ha demostrado ser uno más de la casta. Ya no es el Robinson Crusoe de las pasadas europeas, sino un flautista de Hamelín como la mayoría de agrupaciones. Desde el comienzo del la legislatura han tejido su estrategia para las próximas elecciones. Bajo el escudo del "referéndum para Cataluña" han permanecido en la trinchera como lo hicieron las tropas de Napoleón en la lucha por Europa. Ahora, con las elecciones de camino, aprovecharán el intento fallido de Sánchez para comerle la merienda. Así las cosas, Podemos se presenta a las nuevos comicios como el abanderado de la izquierda; como el partido que propuso el "pacto a la valenciana" y, por culpa de Sánchez se fue todo al garete.

La derecha, por su parte, tampoco queda bien parada de este desaguisado. Aunque Rajoy diga que la opción menos mala es la convocatoria de elecciones; lo cierto y verdad, es que su discurso queda en bancarrota. No estuvo a la altura en la campaña electoral anterior – no asistió al debate con sus rivales – y tampoco lo estará en la venidera. No lo estará, porque renunció al debate de su investidura; tiró la toalla a la primera de cambio, y ello – en palabras del vecino – le pasará factura el día de las urnas. Mientras Pedro Sánchez llegó a un acuerdo de mínimos con las filas de Rivera; el presidente en funciones ha permanecido pasivo, esperando que su rival fracasara para hacer leña del árbol caído. Abstención mediante, el único que saldrá reforzado en los próximos comicios será Ciudadanos. Lo será porque ha jugado un papel similar al que jugó Adolfo Suárez durante el pluralismo limitado, que caracterizó las primeras elecciones postfranquistas. Un rol necesario para bajar el efecto efervescente de los intereses de partido.

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1 COMENTARIO

  1. Juan García

     /  1 mayo, 2016

    Según el reciente barómetro de La Sexta suben el PP y Podermos. El PSOE continúa cuesta abajo y aparece ante los ciudadanos como el principal culpable de la repetición de los comicios: un 43,6 % de los encuestados señala a los de Pedro Sánchez, mientras que un 20,5 % cree que es el PP el principal responsable de que que no haya un nuevo gobierno. Todos los partidos estaban dispuestos a negociar con los del PSOE pero estos quedaron ante la opinión pública como unos inútiles, no supieron negociar hacia la derecha ni hacia la izquierda. Por otra parte, Garzón desplaza a Rivera como el líder más valorado… De todas maneras, todavía es muy pronto para afirmar qué va a ocurrir, hay unas franjas de voto muy volátiles y aún no está claro que Podemos e Izquierda Unida vayan juntos a las próximas elecciones. De momento, todo son preguntas. ¿Se moverá realmente el mapa electoral? ¿Habrá sorpasso de la izquierda al PSOE? ¿Veremos a Sánchez pidiéndole la vicepresidencia a Iglesias?

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