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¿Dónde está el paisaje?

La "marea del ladrillo" ha borrado el tinte verde del paisaje en pro del simbolismo vertical de las ciudades.
La "altura" ha sido sinómino de poder en el devenir social del ser. Desde la antigüedad las construcciones han sido el reflejo fiel de las estructuras inmateriales del pensamiento. La arquitectura ha sido el espejo de la desigualdad. A través del lenguaje urbano, el arte ha retratado en sus edificios la lejanía de las élites políticas en comparación con las casas humildes del pueblo llano.

Desde los tiempos egípcios, los templos eran el reflejo del poder. La quietud ante el tamaño del coloso marcaba las distancias entre los faraones sagrados y el pueblo desprovisto de nobleza. Durante la Edad Media, las catedrales han reflejado "quién mandaba en el reino de los cielos" a través, de la altura de sus bóvedas y la lejanía de sus cruces.
La industrialización cedió la piedra a los proletarios y la verticalidad que era monopolio de los ricos pasó a ser el símbolo de los "monos azules de la hacinada urbe". Las viviendas plurifamiliares de la Gran Bretaña del XVIII se fueron extendiendo a occidente y se incrustraron en la idiosincrasia popular como signo de una clase media resignada a vivir en la verticalidad.

El ladrillo ha ido tapando la alfombra verde del paisaje. La limitación del espacio y la construcción exacerbada de los últimos años nos hace reflexionar sobre la crisis paisajística actual. Los "rascacielos" han sido el símbolo de la modernidad en la cultura occidental. La fórmula de ciudades altas retrata a los países avanzados en detrimento con las construcciones bajas del tercer mundo.

Desde la indignación ante la desolación irresponsable del paisaje por parte de las máquinas acelaradas de la era capital, debemos  solicitar a gritos el desarrollo normativo de la sostenibilidad como cumplimiento al imperativo constitucional.
La mentira de la "responsabilidad social corporativa" debería convertirse en verdad y cumplirse mediante una política basada en una conciliación entre las "fábricas" y los "árboles".

La celebración del día del medioambiente por parte de "la cadena sueca" junto con la tala indiscriminada de árboles para realizar armarios en formato "kit";  nos hace poner los puntos sobre las íes,  sobre la alienación maquiavélica del consumidor engañado.
La frivolización del discurso medioambiental por el primo de Rajoy, aquél que dijo que "el cambio climático no es importante" pone en evidencia la actitud de la élites conservadoras ante una subida ansiosa de  "la marea del ladrillo".

El escudo

Decía Fernando de Rojas (1465-1541) que "el silencio escuda y suele encubrir la falta de ingenio y torpeza de las lenguas". Los retóricos aludían al silencio como la coma "a priori" en la cúspide del lenguaje. Mientras hablamos estamos en el riesgo perpetuo de equivocarnos.  Rajoy optó por las recomendaciones del autor de la Celestina. En la manifestación de su lenguaje, a diferencia de los estoicos anunció como broche de su discurso el silencio por respuesta.

Después de muchos meses con ruedas de prensa huérfanas de preguntas, ahora el líder de la derecha nos sorprende con convocatorias mediáticas sin respuestas. A la pregunta: qué opina usted de Rubalcaba, el registrador de Santa Pola, contestó "Mejor no decir nada".
Ante el temido interrogante tabú, sobre la corrupción política de su partido, utilizó "la callada por respuesta". De nuevo el escudo del silencio sirvió para no censurar "las vergüenzas de su partido".
Desde la crítica, debemos reflexionar sobre la ética y el comportamiento del "futuro presidente" en su diálectica con los medios. La profesión del periodista es el arte de la noticia, o dicho de otra manera, destacar aquello que normalmente no sucede. La búsqueda del hecho extraordinario no entiende de palabras, ni de gestos, ni de silencios. La estrategia del señor de la derecha no reocgió los ecos mediáticos en los rotativos de la izquierda. El discurso ausente de palabra fue la noticia del momento. El efecto propagación de las nuevas tecnologías ha encriptado en la opinión público el silencio como noticia. La ocultación del mensaje a una masa periodística enfadada por los "protocolos silenciosos de la derecha", ha tenido el efecto contrario al buscado por el rival de Rubalcaba.

El protocolo utiliratista y maquiavélico que los señores de Génova hacen de los medios de comunicación invita al espectador a reflexionar sobre la "transparencia informativa que tanto reclaman los señores de los trajes y las corbatas".
Con las elecciones ganadas y el riesgo "de la torpeza de las lenguas" pasado, la derecha ha vuelto a convocar "ruedas de prensa democráticas" basadas en el libre guión de la pregunta y la respuesta.
Mariano ante el asunto espionoso de la corrupción ha pasado  "de puntillas", como aquel niño que ante la duda moral de su travesura;  se descalza para que el silencio de sus pasos suavice el ruido de sus palabras.

La marca Rubalcaba

La perspectiva diacrónica del devenir temporal explica las  hipótesis planteadas en la razón del momento.  La primavera ha hecho brotar los frutos del árbol otoñal socialista de hoja madura que, el día 20 de octubre del pasado año, dejó vacías sus ramas más frondosas.
El cambio de los tonos agudos por los graves en el hemiciclo de los escaños,  rompió la paridad del gobierno y  fraguó la marca Rubalcaba  como nuevo puño de la rosa.
Después de siete meses en el ojo crítico de las encuestas, el árbol ha resistido el duro frío del invierno frente aquellos otros apellidos, que no han tenido los cuidados necesarios de regadío.

La cesión de Fernández de la Vega sentó el punto de inflexión en la transición de Zapatero y el paso del testigo al velocista de la Moncloa. Con una dilatada carrera política en su haber, el ministro de Felipe se convierte en el mejor químico para combinar los ingredientes necesarios y componer la fórmula idónea para apartar de la alfombra roja al registrador de Santa Pola.
El producto Rubalcaba ofrece similitudes y diferencias con el producto bandera de las "gaviotas". 
Las críticas arrojadas por Arenas al candidato socialista reflejan la falta de ética kantiana y perspectiva histórica de las élites populares. La crítica auspiciada por la derecha al pasado político de Rubalcaba;  contrasta con la falta  de autocrítica  interna sobre la gestión llevada a cabo por el ex-ministro del ciclo político del "aznarismo".

Mientras el opositor brillante a Registrador de la Propiedad sigue aprobando con "raspado" las oposiciones demoscópicas de su pueblo, el "sprinter socialista", aquél que consiguió correr los "cien" en 10.9 segundos, sigue avanzado a golpe de zancada en la pista de las encuestas.
Mientras el "continuismo político" será utilizado por la derecha para seguir con el rédito electoral de la marca ZP, las encuestas, o dicho de un modo más claro, el pueblo sigue respondiendo con buen gesto al futuro inquilino de la Moncloa.
La retirada de Zapatero ha tambaleado la estrategia electoral del teórico conservador Pedro Arriola. A un año vista de las elecciones generales, el sustituto de Chacón, aplicará los conocimientos bélicos adquiridos en sus 16 semanas en defensa,  para conseguir vencer a una derecha desarmada ante la caída de su diana.

 

El cetro

Después de una década con los instrumentos guardados, la música de la sucesión vuelve a sonar con fuerza en las filas progresistas. 
La renuncia expresa de la señora Chacón a la pugna por el cetro, ha abierto la rumorología mediática sobre el "know howw" interno de la organización socialista.
Mientras la cultura de la imposición identifica el debate sucesorio de la derecha; las primarias son la marca procedemintal en el devenir sucesorio de la izquierda.

La transición del "felipismo" al "zapaterismo" estuvo marcada por una crisis interna de liderazgo entre los procontinuistas de González y los rupturistas afines al "cerrojo del ciclo".
La lucha de sables entre los barones profelipistas y el bando de la cantera (Zapatero, Blanco, Pajín…)  sembró un caldo de cultivo propicio, para ganar cuotas de liderazgo y levantar los suspensos metroscópicos y sucesivos, del "señor del bigote".
La lección histórica de aquellos años demostró a la joven democracia que los "errores del poder", o dicho de otro modo, los castigos de la izquierda a sus élites políticas,  no deben perpetuarse por la "experiencia política de sus seguidores".

Las etiquetas impuestas a la marca de un partido mediante el mensaje cuantitativo de los escrutinios electorales, debe ser entendida como símbolo cualitativo para la valoración de sus políticos.
El deterioro de la marca ZP por parte del mensaje demagógico de la derecha y el castigo abstencionista de una izquierda desencantada, deben ser tenidos en cuenta en clave de conjunto y no como análisis unicausal de líder del partido.
La renuncia de Zapatero a su liderazgo de partido,  no ha conseguido amortiguar  los presagios electorales auspiciados por las encuestas.

El desgaste sistémico del "zapaterismo" incluye no sólo a su líder sino a todos sus ministros y compañeros de ciclo político.
El "rubalcalismo" como así ha sido llamado por sociólogos afines a la izquierda, a pesar de su larga trayectoria política, simboliza el escenario de un "felipismo tardío y herido por la corrupción económica de aquellos años", así como a un fin de ciclo político del "zapaterismo" marcado por altas tasas de paro y crecmientos lentos.
La brillantez de Chacón como gestora de defensa no es condición "sine quam no" para aumentar los números bajos de los sondeos metroscópicos. Carme seguirá con la etiqueta crónica de "la ministra de Zapatero".

El continuismo del "felipismo" auspiciado por primarias debatidas entre Almunia y Borrell, demostró que la elección de ministros representativos de gobiernos cuestionados no era la receta adecuada para ganar a una derecha recién llegada.
La irrupción en el escenario político de Zapatero, político sin manchas ni aristas y sin sujeción a períodos políticos salpicados, devolvió al electorado socialista a su líder perdido.

Zapatero devolvió a los militantes, con su talante y capacidad diplomática,  ese fervor político que teníamos los socialistas por ese político de   "la chaqueta de pana", aquél que supo dar un giro a la izquierda a una España anclada en una crisis social y "económica" de ¡cuarenta años de involución y de valores conservadores!

Tiempos de derecha

El vuelvo bajo de las gaviotas ha conseguido saborear la carne trémula del desgaste político de la rosa. El giro a la derecha del líder de la izquierda no ha recibido el indulto de un pueblo llano indignado. Después de una campaña huérfana de programas y rica en reproches y descalificaciones, las élites azules de la derecha  han conseguido el poder territorial de una izquierda desencantada.
Mientras la calle Génova se inundaba del fino aroma de la victoria en Ferraz se fraguaba las "caras largas" de una derrota anunciada. La mano invisible de los mercados ha evaporado los cimientos ideológicos de un partido en pro de un neoliberalismo exacerbado.

La dicotomía entre el mantenimiento de los principios ideoólogicos de un político de principios, y la espada afilada de una Europa sin escrúpulos ideológicos, puso en mayo pasado la fecha de vencimiento al ciclo histórico de Zapatero.  La debacle de las filas socialistas ha dibujado un nuevo escenario político más plural con la subida de UPyD e IU en detrimento del bipartidismo anglosajón incrustrado en los últimos años. La pluralidad en la balanza progresista ha fortalecido el discurso democrático en correlación con una nueva izquierda fragmentada en matices y sujeta a la "llave" de los recién llegados.
La llegada de Bildu al segundo peldaño del pódium vasco; así como la caída del PSC por las siglas de CiU ha puesto el punto sobre las íes en debate y la idiosincrasia nacionalista del norte.

La España azul, como así ha sido llamada por medios afines a la derecha, abre un periodo de autocrítica en las filas socialistas. Ahora con "el partido de los trajes y las corbatas" liderando el poder territorial, se abre un probable cambio del discurso económico en el monólogo diacrónico del aspirante gallego.
Mientras la madera carcomada del banquillo judical espera la presencia irremediable de Camps y los suyos, el pueblo soberano clama a vítores a su líderes  imputados.

Con la confianza depositada en  las élites de la derecha y las aguas pasadas del "zapaterismo enlosado",  milllones de parados esperan entusiasmados que  las próximas cifras de la EPA desciendan de forma "súbita", ante la llegada de las "gaviotas".

La rebelión de las masas

El efecto sorpresa ante la conglomeración de miles de jóvenes y no tan jóvenes en la plaza del Sol de Madrid,  ha sido la guinda que le faltaba a la derecha para conseguir la victoria deseada en pro de la probable abstención de la masa indignada.
Los paralelismos entre el efecto llamada del invento de  Mark Zuckerberg, y las concentraciones de grandes aglomeraciones en plazas simbólicas del país,  nos recuerda a los brotes de la insurgencia árabe en Túnez, Egipto y Libia.
Mientras los indignados de los países del sur pedían a gritos la democracia, los indignados de Madrid solicitan un modelo democrático  más participativo y menos sujeto al servilismo de los mercados.
El "descontento social por la organización sistémica del poder" es el nexo invisible que une los paralelismos sustanciales de estas revueltas sociales.

La generación "ni, ni", o dicho en términos sociológicos; aquella que "ni estudia ni trabaja" ha levantado los ecos del mayo francés para hacerse oír y salir del letargo escéptico de los últimos años.
Los incumplimientos constitucionales del "pleno empleo" y la "vivienda digna" en contraste con tasas de desempleo juvenil del 45% y las "trabas continuas de la élite pudiente bancaria" para salir del nido familiar han sido el caldo de cultivo propicio para que explotase la olla a presión en la plaza del Sol.
El oscurantismo político de los manifestantes, así como el conglomerado ideológico de una "supuesta izquierda descontenta", tendrá sus repercusiones en las urnas electorales.
Mientras la derecha tiene a todos sus disciplinados votantes con el sobre preparado en las "entradas de sus casas", los votantes de izquierda temen que el probable efecto abstencionista de los escépticos disgustados;  otorgue una holgada victoria a esa "derecha pasiva" que realiza las gestiones  para desalojarlos de inmediato, como si fueran esos "mendigos de Gallardón".

Hoy más que nunca se debería realizar un sondeo metroscópico a estos miles de jóvenes indignados para, sobre una base probable, tener una evidencia empírica de sus intenciones de voto.
El hombre – masa definido por Ortega y Gasset como aquel que su vida carece de proyectos y va a  la deriva; es el joven  "ni ni" contemporáneo que contra la losa de su prejuicio social,  quiere gritar para que la historia lo ponga en su lugar.
El movimiento 15-M, o dicho en términos propios, la plataforma "Democracia Real Ya" será recordada por aquella masa de jóvenes al estilo francés del 68 que en mayo del 2011,  y a pocos días de unas eleccines municipales y autonómicas, ocuparon las calles de distintas capitales con el objeto de mostrar su "cabreo" y salir de la "masa".

La coherencia de la indignación

A pocos días de las elecciones locales y autonómicas, miles de jóvenes manifiestan a golpe de pancarta y tienda de campaña su descontento con las élites políticas y económicas del país.
Siguiendo los postulados teóricos del ensayista francés Stephane Hessel, la globalización ha radicalizado la ideología neoliberal y exacerbado los valores individualistas y privados, en contraste con gobiernos occidentales espectadores de la mano invisible de los mercados.
La suma de discursos emitidos por esta masa indignada, – "no somos mercancía de políticos ni de banqueros" -, muestran la coherencia entre la causística multivariable de la crisis económica y la situación actual. La orientación del descontento hacia las élites económicas, políticas y sociales pone de manifiesto la objetividad de un grupo sin identidad política, y difícil de adjuntar al rédito electoral del partido popular.
La estrategia maquiavélica de la derecha no ha conseguido calar en la mente de estos jóvenes que;  conocedores de la multicausalidad del problema, han comprendido que la correlación: crisis igual a ZP refleja la incompetencia económica de aquellos que aspiran a gobernar bajo el marco izquierdista del discurso neoliberal.

Al margen del ruido mediático de los espectáculos mitineros deberiamos realizar un ejercicio antropológico para conocer cuáles son las diferencias que separan las finas líneas del mítico discurso de la derecha y la izquierda de este país.
Entre las preguntas necesarias para desnudar el programa electoral del partido popular, cabría preguntar al señor Rajoy,  las siguientes:

– ¿Qué partidas presupuestarias concretas van a recortar ustedes?
– ¿Qué derechos sociales concretos, garantizados en ciclos progresistas,  van ustedes a mantener?
– ¿Qué modelo de despido concreto con días y dinero van a proponer ustedes?
– ¿En qué cuantía o porcentaje van a revalorizar las pensiones mínimas?
– ¿En qué porcentaje van a subir el número de becas?
– ¿En qué porcentaje van a incrementar o mantener la oferta de empleo público?
– ¿Cómo van a reformar, con medidas concretas;  el criticado Tribunal Constitucional?
– ¿En qué plazo concreto van a conseguir que la tasa de paro vuelva a tasas del ocho por ciento?

El descenso de la abstracción a la concreción por parte de la oposición debería servir para ejercer el derecho al voto con la base racional de cualquier decisión.
El voto emocional motivado por la desesperación, será el equivalente de comprar un producto sin previamente consultar por su funcionalidad y tiempos de garantía.

Lorca temblores de reflexión

Las entrañas de la tierra volvieron a vibrar. Una vez más, la lógica terrestre venció a las débiles estructuras materiales del ser. Después de dos meses de la tragedia nipona, los grados de Richter volvieron a subir dejando la huella de la desolación en las estructuras emocionales de un pueblo castigado por el maleficio de la cifra de los "dos unos".
Con la huella histórica borrada y el dolor irreparable de nueve vidas humanas,  el nombre de Lorca se suma al discurso drástico de Haiti y Japón, pueblos alejados en el espacio pero hermanos empáticos en el duelo postraumático de sus escombros internos.
Con los cimientos de la pirámide de Maslow en el suelo, miles de lorquianos duermen a la luz de la luna, envueltos en la manta de sus recuerdos con la angustia de recuperar sus sueños rotos.
La falta de cultura preventiva se ha hecho sentir en la leyes de la siniestralidad. La explicación de los accidentes por parte de la doctrina, nos invita a reflexionar sobre la causística multivariable de los siniestros y la necesidad social de establecer las correspondientes medidas preventivas.
La construcción salvaje de los últimos años y la maximización de los beneficios por parte de la ambición promotora, ha puesto de manifiesto la calidad precaria de estructuras jóvenes y seriamente dañadas por las vibraciones terrestres. En contraste con Japón, la cultura constructiva de occidente y la falta de concienciación antisísmica se suma como el principal factor de aquellas grietas evitables mediante técnicas arquitectónicas antisísmicas.
Desde las aulas se debería transmitir de forma transversal una "educación para la siniestralidad", basada en evaluaciones de riesgos urbanos y prácticas humanas y simulacros de actuación ante posibles escenas de sacudidas sismícas. La salida de miles de lorquianos a la calle fue la principal causa de las vidas perdidas, ante la materialización del principal factor del riesgo de derrumbe.
La protección y refuerzo del patrimonio histórico sería la asignatura pendiente de todo gobierno para perseverar la historia de sus naciones, ante las probables y esporádicas sacudidas de las fuerzas terrestres.
La descoordinación en el reparto de ayuda humanitaria y la ineficacia habida en el terremoto de Haiti del pasado año, contrasta con la coordinación eficaz y masiva respuesta de solidaridad del pueblo español, como rasgo distintivo de la marca España.
La interrupción consensuada de la campaña electoral ofreció una imagen de civismo internacional y unión institucional donde las personas estuvieron unidas por encima de sus ideologías.
Sólamente la señora Esperanza Aguirre y  el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, siguieron con la campaña electoral en sus respectivas comunidades en discordancia con el sufrimiento histórico de un pueblo desolado.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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