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La caricatura de Pierre

Los pequeños ojos de Pierre se convirtieron en dos puntos diminutos en el lienzo de Antoine. Su frente despejada, por la calvicie de ayer, era como un huevo de avestruz sostenido por sus orejas de soplillo. Sus dientes grandes y amarillos sobresalían de la lámina, como si fuesen  los colmillos de una rata hambrienta a las puertas de la cloaca. La nariz de Pierre cambió por una patata fea recién cogida de la cosecha de Inés. Aquella tarde del noventa y tres, los pinceles del francés pintaron en el silencio del papel,  las imperfecciones del burgués. Todos los días al pasar por el salón – Pierre –  tropezaba con los defectos de su ser. La caricatura, dibujada por Antoine, le recordaba, un día sí y otro también,  el sabor amargo de sus derrotas. En la calle, sin embargo, el burgués era visto como un hombre ejemplar.

Entre sus enemigos, decía él, se encontraba la prensa de su país. Siempre, de aquí para allá, buscando entre los estercoleros de su pasado, alguna vergüenza para ilustrar las portadas del qué dirán. Aquella mañana, la maldita liebre saltó en las huellas del ayer. Mientras el huevo de avestruz relucía con fuerza por el ruido del sol, su calva real se protegía con las cremas de la Madame para afrontar los duros azotes del mediodía. Los colmillos del roedor olían con atención los restos de camembert depositados en los platos del salón. Al cerrar la puerta y apagar la luz, la patata de Pierre, cambió de color. El fruto de Inés se convirtió en una copia alejada de los episodios de Galdós. Era precisamente, la caricatura a las penumbras del salón, la que invitaba a un supuesto ladrón a huir de puntillas en plena ejecución.

En la tercera de Le Monde, la caricatura de Pierre decoraba las columnas con los silencios de su emoción. El dibujo del salón había traspasado los ladrillos de su rincón. En las barras de París, los peones de la Citroën inmortalizaban en sus móviles la nariz del francés. El huevo de avestruz – decía André, mientras enviaba el wasap –   es el cofre que esconde: las vergüenzas del Président. Su nariz de patata – respondía Alaric – el olfato para robar a los campesinos de Orleáns. Y los dos puntitos – concluyó Philippe – son la mirada miope de todo liberal. Mientras tanto, la madame de Pierre quitaba el polvo depositado en el original de Antoine.

Cuando el pueblo descubre las caricaturas que cuelgan en las paredes de palacio – decía con voz enérgica, el hermano del Président- las élites del poder se convierten en las cenicientas de Charles Perrault. Es precisamente – en palabras de la Crítica – la ruptura del hechizo entre los silencios de Zarzuela y el retrato público de sus vergüenzas;  los que han acabo con la idealización de la Corona. La misma caricatura que se infiltró a las páginas de Le Monde; es la que trasciende a las vergüenzas del engañado por Napoleón. En días como hoy, la figura de Urdangarín, la imputación de Cristina y la recientes noticias acerca del pasado de Letizia; son el huevo de avestruz, la nariz de patata y los colmillos de roedor. Los mismos trazos grises que, desde la Montmartre de París, pintó Antoine para acabar con la imagen pública de Pierre.

El puzle hipotecario

1- Los bancos
Lo tienen muy claro. Su negocio es prestar dinero a cambio de un beneficio. La dación en pago solamente les crearía inestabilidad a las partes de su sistema. Para los futuros compradores de viviendas, la medida supondría: un endurecimiento de las condiciones del crédito. Una vuelta de tuerca más a los potenciales prestatarios ante el elevado riesgo de frustrar el negocio de sus prestamistas. Para admitir la dación, los bancos necesitarían unas garantías por parte del Estado similares a EEUU. Garantías estatales ante el alto riesgo de almacenar activos inmobiliarios ,procedentes de supuestas entregas de llaves. Una solución viable – decía esta mañana el banquero de la esquina – sería; una dación en pago sujeta a segmentos de las hipotecas, dicho de otro modo, vincular la entrega de llaves a un mínimo de capital amortizado. Ejemplo: un 70% del pago de la hipoteca y carecer de rentas familiares superiores al 75% del SMI.

2 – La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH)
Son las víctimas de la crisis. Compraron sus casas en tiempo de bonanza económica pero las adversidades del momento no les han permitido sufragar sus obligaciones de pago. Entre sus reivindicaciones están: la dación en pago y la paralización de los desahucios. Consideran que las causas objetivas de la coyuntura presente obstaculizan el pago de sus hipotecas. Quieren pagar pero no pueden. El movimiento ilustra, un día sí y otro también, a través de los medios de comunicación noticias referidas al drama de los desahucios: suicidios, ataques de ansiedad, llantos.. 
Entre sus logros destacan: la Iniciativa Legislativa Popular (ILP). Iniciativa solicitando la dación en pago retroactiva, la moratoria de todos los desahucios y la promoción del alquiler social.
Entre sus fracasos: el rechazo de la  dación en pago por la nueva Ley Hipotecaria que saldrá a la luz en los próximos meses.

3 – El PP
Desde que comenzó el drama de los desahucios, el PP se ha mostrado contrario a la dación en pago. La admisión a trámite de la ILP se hizo a regañadientes. Se aprobó en el último instante de la sesión parlamentaria, ante la presiones de la calle y el drama de los suicidios. La presión del sistema financiero pone contra las cuerdas al gobierno de Rajoy. El desmantelamiento del Estado del Bienestar y el rescate a la banca mediante las pasadas inyecciones a Bankia, reflejan hacia dónde barre la escoba de la derecha.
A la Plataforma Afectados por la Hipoteca, el PP les ha dado una de cal y otra de arena. La de arena: admisión a trámite de la Iniciativa Legislativa Popular. La de cal: prohibir la dación en pago retroactiva. Ésta, tendrá que esperar cientos de escraches para que se haga realidad.

4 – El PSOE
El partido de Rubalcaba siempre se mantuvo en contra de la dación en pago en los términos – del todo o nada –  planteados por la PAH. Su principal debilidad ha sido su silencio durante sus ocho años de gobierno. Durante su mandato no plantearon ninguna medida ante el drama de los desahucios. Apoyaron para que la ILP se admitiese a trámite parlamentario pero nada más. Finalmente se han abstenido en la aprobación del proyecto de Ley Hipotecaria presentado por el Ejecutivo. Dicho de otro modo: no se han pronunciado ni en contra ni a favor de la medida. En tierra de nadie, como diría José.

5 – IU, ICV-EUiA y CHA
Este grupo siempre ha defendido la dación en pago. Ha sido el colectivo que más próximo ha estado al movimiento popular de la PAH. Han votado en contra del proyecto presentado por el Ejecutivo. Consideran que el proyecto de Ley Hipotecaria es un parche más de Rajoy para acallar las bocas, temporalmente, a la PAH. Consideran que los bancos son los principales responsables de esta crisis y los ciudadanos unas víctimas del sistema financiero. Desde que estalló el Movimiento 15-M y sus derivados actuales siempre han estado al lado de la calle. “Se han mojado”.

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Los Martínez

La cortina

Decía el cuñado de Sofía que: "los toros se ven muy bien desde la barrera". Es precisamente esta expresión, extraída de los corrillos callejeros, la que sirve al Rincón para arrojar su arsenal contra los gobernantes del ahora. El "emplasmamiento" de Rajoy, hace unos días, ante la prensa de su país; nos traslada a los tiempos en blanco y negro del ayer. El mismo No-Do diario, que servía al caudillo para hacerse visible ante los súbditos de su régimen; resurge, tres décadas después, en la praxis comunicativa del huésped de la Moncloa. Las ruedas de prensa "sin preguntas", o dicho de un modo más claro, el corte de alas al periodista presente, pone en evidencia a un presidente elegido, que se esconde entre el cristal de su pantalla para evitar que las astas de la Crítica sean clavadas en las vergüenzas de su partido.

El 20.1 d) de nuestra Carta Suprema deja en buen lugar al líder de la pantalla. Todo ciudadano, dice el precepto, tiene derecho a comunicar o recibir información veraz por cualquier medio de difusión. Por otro lado, la libertad de expresión recogida tres párrafos más arriba establece el derecho a "expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cual quier otro medio de producción". Por ello, con estos mimbres sobre la mesa, la praxis de Rajoy solamente podemos criticarla desde los ángulos de la ética. El periodista, por su parte, tal y como establece la Ley Orgánica 2/1997 de 19 de junio reguladora de la cláusula de conciencia de los profesionales de la información reconoce el "derecho del periodista a negarse, motivadamente, a participar en la elaboración de informaciones contrarias a los principios éticos de la profesión, sin que ello suponga sanción o perjuicio".

Es precisamente esta última arma legal, la que sitúa al sociólogo en situación de crítica contra los protocolos comunicativos de sus élites. Entre las funciones del periodista está el oficio de preguntar. Preguntar, decía el catedrático de Deusto, para extraer información relevante y articular corrientes de opinión críticas contra las élites. Sin preguntas, el profesional de la información se convierte en un títere al servicio del poder. Un títere, cuya única función le conduce a los tiempos del ayer. La función franquista de otorgar visibilidad y voz a los mensajes interesados del Ejecutivo, sin ningún margen para la Crítica. Cuando el político se esconde detrás de la barrera es porque gobierna a espaldas a su pueblo. Es precisamente, el "emplasmamiento" de Rajoy, el que enoja a los medios e interfiere en los tentáculos de la Crítica.

Desde el Rincón denunciamos esta práctica, conforme con la Constitución, pero cuestionada por la ética. Esta praxis de usar a los medios para lo bueno y esconderse detrás de las bambalinas para lo malo. Salir a la plaza a torear – decía el cuñado de Sofía –  cuando el toro es débil, y situarse encogido detrás de la barrera cuando las astas son bravas. En tiempos de tormenta – decía mi abuelo, que de política sabía lo justo – los perros se esconden detrás de la cortina hasta que los rayos de sol calientan sus hocicos después del mediodía.  Cuando el temporal escampa y las amenazas han pasado, Rajoy – el emplasmado-, saldrá de su pantalla como el mismo can que en su día abandonó la cortina ante los rayos del mediodía.

Jarra fría

El adorno de Nóos, como así ha sido etiqueta a doña Cristina en los foros internacionales, tendrá que explicar a Castro sus supuestas implicaciones en los negocios de su marido. Sin duda alguna -decía esta mañana, el cartero de mi pueblo- sin el florero en la oficina otro gallo hubiera cantado en la vida del "empalmado". Es precisamente, este argumento  extraído de los mentidores de la calle, el que ha servido a Castro para llamar a declarar al ojito derecho de Juan Carlos. La "justicia igual para todos", en palabras del Monarca, ha caído como una jarra de agua fría en sus aposentos internos. Hoy, más que ayer, las grietas de la corona ponen en peligro el contorno de su figura. El perdón de  Boutsuana, la cortina de Corinna y la invisibilidad de Urdangarín en la web de la Zarzuela; ya no sirven a S.M. para lavar su cara ante el castigo ciudadano.

En días como hoy, la reputación judicial ha ganado el pulso a las presiones de la Corona. El "juez del pueblo" ha considerado, a través de su austero auto, que las balanzas de la verdad no distinguen entre las tribunas de la realeza y los portales de la plebe. Tanto la mujer de Torres como la esposa del duque -tanto monta, monta tanto- son iguales ante la toga de Castro. El testimonio de Cristina, por mucho que le duela a S.M. y a la Fiscalía, es necesario – en palabras de José- para encajar todas las piezas en el puzle del delito. Gracias a la declaración de la Infanta, la monarquía pasará la prueba de su prestigio o caerá, para siempre, en las cloacas del descrédito. Desde los balcones de Palma, el sábado 27 de abril, miles de focos procedentes de todos los rincones del globo, mancharán las portadas de medio mundo con las vergüenzas de nuestra marca.

La decisión de Castro pone en tela de juicio  la configuración de nuestro Estado. La estética y la política – tal y como denunciamos en "el otro Feijóo" – vuelven a poner el dedo en la llaga en el discurso de la Crítica. De cara a la galería – seamos monárquicos o republicanos – nos convertimos en el buque insignia europeo de la corrupción y la pillería. El caso Bárcenas, la foto de Núñez y Nóos; envuelven a los demócratas en un manto de desconfianza crónica y hastío ante las aguas que transportan los ríos de lo público. Son las élites tóxicas del poder, como diría el columnista del Clarín, las que etiquetan a los honestos con el sello de los corruptos. La imputación de la Infanta, por mucho que quiera ABC reducirlo al círculo de las anécdotas – nos imputa a todos los demócratas en las páginas internacionales.

Desde la Crítica debemos analizar las luces y sombras de este desaguisado. Entre las luces; gana la independencia judicial ante las presiones de la Monarquía y la "justicia igual para todos", aludida por el monarca. En los claros de la imputación, sale bien parada la "verdad" por el contraste de testimonios. Entre las sombras; la marca España sale perjudicada en su órbita global. Sale tocada, de la decisión judicial,  la Corona en beneficio de los gritos republicanos. Y lo más grave de todo, sale mal parada el devenir histórico de la monarquía. Sale perjudicado S.M. por el mal trago que pasará el día D, cuando su "niña bonita" pise las mismas huellas, que meses atrás dejó su marido. Y también, queridos lectores y lectoras, sale perdiendo el nombre de la Caixa. Sale perdiendo, digo, porque a ninguna entidad financiera, con los tiempos que corren, le cae demasiado bien que en su plantilla exista una empleada cuestionada por la justicia.

El otro Feijóo

Las fotos de Feijóo con su amigo Marcial han caído como un jarro de agua fría en la casa de Marhuenda. Las primeras de La Razón han lanzado todo su arsenal de retórica barata contra los tejados de Cebrián. La erosión del tiempo y la honorabilidad de Dorado, antes de ser empapelado, son los argumentos utilizados por los zócalos de la Caverna para desmantelar la ecuación: Feijóo igual a chorizo. Con el título: "Juicio sucio contra Feijóo", el articulista de la Derecha habla de conspiración contra uno "de los barones más influyentes" del partido y "bien colocado para el futuro". Desde "los chuzos de tinta", nombre de la columna contigua de Javier G. Ferrari. El colaborador de Francisco habla de "chantaje para frenar la ascensión" del líder de la Xunta. Son precisamente, estos argumentos esgrimidos por el brazo mediático de la Derecha, los que invitan a la Crítica a poner los puntos sobre las íes en las vergüenzas de Génova.

La estética y la política, tal y como hemos argumentado desde los miradores de twitter, van cogidas de la mano. No resulta bonito que el Presidente de una Comunidad -elegido democráticamente, faltaría más- aparezca en un barco con el torso desnudo junto a un capo del narcotráfico. A pesar del carácter antiguo de las fotografías – fechadas allá por el 1995 – la imagen pone contra las cuerdas la honorabilidad y prestigio del elegido. Decía el filósofo de los tiempos romanos que: "todos somos esclavos y dueños de nuestro pasado". Hoy, esta máxima del ayer ilustra con creces la desdicha del gallego. Las "amistades incorrectas" de Alberto han supuesto un antes y un después en su impecable carrera hacia los portales de la Moncloa.

La teoría de la conspiración, que tanto gusta a los señores del PP, vuelve a resurgir con fuerza en sus discursos presentes. Probablemente, no tardaremos en leer en el medio de Pedro J. que: Rubalcaba está detrás de Bárcenas y Feijóo. El "no me consta" de Cospedal y el tirar piedras contra el tejado de los otros, sientan las bases de una forma de hacer política marcada por los silencios del presidente. Hoy, Sin ir más lejos, Rajoy ha comparecido ante los medios. Ha comparecido, decía, atrincherado en el plasma de la derecha, para evitar ser preguntado por las vergüenzas de su partido. En tiempos democráticos vuelven a sonar con fuerza las sintonías del No-Do. Las mismas trompetas que, tres décadas atrás, abrían los telediarios del mediodía para difundir las hazañas del Generalísimo. Con el gesto de hoy, el periodista se convierte, una vez más, en un títere de usar y tirar al servicio de su "caudillo". La culpa, y decimos bien, la tienen los medios por servir de trbuna propagandística al Ejecutivo. Un Ejecutivo utilitarista, que solamente utiliza a los medios de forma maquiavélica.

El "caso Bárcenas" y ahora "el marrón de Feijóo", vuelven a manchar al PP de los tiempos de Correas. Por mucho que espere Rajoy a que el temporal escampe, la estética de su partido se evapora día tras día por las chimeneas de los medios. Los mismos altavoces a los que les niegan la voz como signo de cobardía. Probablemente no rodará la cabeza de Núñez pero las alas del gallego ya no volarán los tejados azules de Génova. No volarán porque no estaría bien visto que el supuesto sucesor de Rajoy sea el mismo que en su día se codeaba con Marcial. El contrabandista que años después, de aquel fatídico flash, fuera condenado narcotráfico. Después de este humilde paréntesis, seguiré leyendo La Razón para ilustrar mi próximo post de la Crítica. Próximo post que, salvo imprevistos de última hora, versará sobre la indignación de Francisco Marhuenda ante: la preocupación de Izquierda Unida porque la Casa Real informe sobre los tejes y manejes de su supuesta herencia en Suiza. Según La Razón: "el caso está prescrito".

15-M

15-M

Dogmas y razones

El diálogo entre Marta y Alejandro servía a los poetas de Sevilla para aprender a utilizar la razón en la batalla de los contrastes. La humildad en el manejo de la dialéctica y la templanza en la exposición de los argumentos, eran asignaturas de obligado cumplimiento, en aquella universidad escondida en los rincones de sus adentros. No importaba el contenido de las ideas, sino la capacidad de los pupilos para defenderlas ante el otro, mediante el uso de la retórica. Aquella Semana Santa de los tiempos clandestinos se reunieron en el garaje de Sofía: sus primas creyentes y sus hermanos ateos. Mientras el silencio de las capuchas deambulaba por las esquinas, el incienso de las velas dibujaba en el debate, los trazos amarillos de las emociones encendidas. El turno de  voces entre  agudos y graves marcaba, el ritmo de los tambores, en una noche de encuentros entre laicos y devotos.

En la penumbra del garaje, las lágrimas de Melibea inundaban de fe, el diálogo de los poetas. El llanto de la hija del barrendero nublaba el canto amargo de la saeta a su paso por la rambla. Llora, querida amada, llora. Llora – recitaba Calisto, desde el balcón sevillano- hasta que tus gotas de cristal, rompan con su silencio, la procesión de tus mejillas. Los ríos que surcan los ojos de esta bella escultura no desembocarán con acierto en sus mares deseados. El destino de su vida, dijo el ateo poeta,  es su felicidad y al mismo tiempo su condena. Todo lo que acontece en su sino está escrito en sus pergaminos divinos. ¿Qué libertad hay detrás de tantos barrotes rotos? Ninguna, respondió la gata con sus ojos amarillos. El trote de los caballos tiraba con fuerza del cuerpo sin vida de Cristo. El mismo cuerpo azotado que rompió para los vivos la razón de los ateos.

Sin Dios soy libre y al mismo tiempo esclavo. Soy, dijo el poeta de los tiempos gongorianos, un producto de la naturaleza. Un árbol, un animal, un ser vivo que sabe que nació y algún día morirá. Por eso, porque sé que moriré. Quiero vivir hasta que la nada azote mi presencia en la memoria de los demás. Mientras la predestinación guía los pasos del alienado divino, la vida del ateo se convierte en un reflejo derivado del cúmulo solemne de sus decisiones. Es lo exógeno contra lo endógeno, querida prima, la batalla que se libra en las cúspides de Egipto. ¿Dónde estaba Dios cuando murió mi señora?, ¿Dónde estaba ese ser omnipresente cuando el cáncer acabó con sus cuarenta primaveras?, ¿Dónde estaba el justiciero cuando más lo necesitaba?, ¿Dónde estaba Dios cuando tanto le rezaba? En tu mente, le respondió el búho con sus ojos entornados.

Las luces de los cirios manchaban las sombras de los pies ensangrentados. Los pies descalzos de los sacrificados. Las cruces de sus hombros evidenciaban la angustia de los ateos, ante la razón de sus desgracias. Las lágrimas de Melibea se convertían en la incomprensión de Francisco ante el castigo de su divino. Cuando rezamos por las noches, dijo la hija del barrendero, depuramos nuestras culpas ante los ojos del poderoso. Esa tranquilidad que nos produce a los devotos, la presencia del otro, nos sirve para barrer la culpa en nuestros rincones prohibidos. Somos tan libres como los ateos pero, cuando ellos atribuyen a lo endógeno, el sino de sus equivocaciones. Nosotros, los creyentes, atribuimos al destino el desatino de nuestras razones. Es la dialéctica entre una vida pasiva, dirigida por los dogmas, o una vida activa, dominada por las razones, la que siempre estará presente en los debates oscuros. Mientras tanto, los tambores suenan de fondo.

Lazos rotos

Las mayorías absolutas deberían estar prohibidas en los tiempos democráticos. El diálogo social – decía Jerónimo a sus alumnos del doctorado – se ha perdido desde los tiempos aznarianos. Fue precisamente en la primera legislatura de José María, cuando las aguas turbulentas del sindicalismo felipista volvieron a sus cauces, después de una década de huracanes y ciclones. La bonanza económica de finales de los noventa y la unificación de la acción sindical,  sirvieron al líder de la derecha para obtener su recompensa en su periplo por la tribuna. La mayoría absoluta de Aznar rompió de un plumazo los logros alcanzados en los cuatro años anteriores de pactos y diálogo. El "decretazo" puso los nubarrones a las flores primaverales del año de los patos.

Hoy, once años más tarde de aquel fatídico desenlace, el entendimiento entre Rajoy y los sindicatos se ha convertido en un diálogo de sordos en el contexto de la nada. Con dos huelgas generales en la vitrina de Báñez, el discípulo de José María no ha movido ni un punto ni una coma, al pastel cocinado en los fogones de Rosell. Estos hechos recogidos de los contenedores presentes pone en evidencia la crisis de liderazgo social entre los sindicatos del ayer y los del ahora. Mientras en el año 1988, la Huelga General consiguió poner la marcha atrás a las intenciones de González. Hoy, las manifestaciones laborales se han convertido en agua de borrajas para las corbatas de Génova. Desde la crítica nos preguntamos: ¿qué está pasando para qué los sindicatos hayan perdido tanto fuelle en sus pulsos ejecutivos?

La pérdida de su arma reformista – en palabras de Jerónimo – ha sido el principal escollo que ha debilitado los diálogos aznarianos. En días como hoy, los sindicatos se han convertido en fuerzas de bloqueo a las puertas del Ejecutivo. No existe, como en los tiempos de Suárez, unos agentes sociales en sintonía con el brazo ideológico de los elegidos. El divorcio entre sindicatos y partidos pone sobre la mesa, el éxodo de afiliados de las salas sindicales y su desafección con los atriles ejecutivos. En los tiempos felipistas – antes de la Huelga General – había lazos emergentes entre los puños de la rosa y las manos apretadas de UGT. Lazos forjados desde el Congreso de Suresnes, cuando en la clandestinidad se vislumbraban en el fondo de los rincones a los futuros gobernantes de las tablas democráticas. En aquellos tiempos – exclamaba el catedrático, mientras miraba a sus doctorandos – CCOO mandaba más en las filas de Carrillo que Llamazares hoy, en la casa de Cayo.

Las mayorías absolutas – tanto de Aznar como de su discípulo – han roto el diálogo que existió en la España de los pactos. Es precisamente, este ácido del poder absoluto – legítimo, faltaría más –  sobre el cuerpo de la democracia, el que ha erosionado la influencia social de los sindicatos de antaño. Para retomar las riendas del liderazgo perdido, no basta con una unidad de la acción sindical al estilo mencionado, sino un frente común de la izquierda que les frene los caballos a los recortes de la Derecha. Mientras la Patronal sigue fiel al bastión neoliberal, los sindicatos han roto el matrimonio que les unía con los rojos de la parrilla. Lo han roto, entre múltiples motivos, por el bofetón que Zapatero les dio hace dos años. La misma taza azul en forma de "decretazo primaveral", que ocho años atrás sirvió Aznar al comensal del trabajo, después de cuatro años sirviéndoles café con la cuchara de la izquierda. Jarra fría.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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