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Maduro, Trump y el efecto colateral

Hace nueve años, en los pergaminos de este blog, escribía "De Trump y la pseudemocracia". En ese post reflexionaba sobre el probable estilo del republicano en contraste con Obama. Hoy, tras el "secuestro" de Maduro, miro por el retrovisor de los tiempos y veo el mismo paisaje de los tiempos olvidados. Veo un estilo de gobierno que invita a la reflexión. Un estilo basado en un presidencialismo exacerbado. No olvidemos que el presidente de los Estados Unidos tiene potestad para decidir sobre cuestiones de política militar e internacional. Dicha potestad le otorga visibilidad y relevancia mundial. Lo hizo George Bush con Irak y ahora Trump con Venezuela. Sea – o no – legal la detención de Maduro, lo cierto y verdad es que no es la costumbre en Derecho Internacional. No es lo normal que un presidente capture a otro y lo ponga a disposición judicial. Y no es lo normal, como les digo, con independencia de que la acción sea conforme a la legalidad. Estamos ante algo extraordinario que tambalea los cimientos cotidianos.

Llegados a este punto – y con los hechos sobre la mesa – desde la crítica, nos debemos preguntar sobre el nuevo orden mundial. La amenaza y los temores de Maduro sobre el "imperialismo yanqui" se han hecho realidad. Ahora el "caballo de Troya" cabalga por las sendas de Caracas. Y ahora es cuando el pueblo venezolano está más dividido que nunca. Por un lado, tenemos aquellos que resentidos con el "madurismo", encuentran en Trump al mesías que hará realidad su sueño americano. Y por otro, los "maduristas", que ven en el presidente de los EEUU a un "neocolonizador proveniente del siglo XIX". Ven al inquilino de La Casablanca como alguien que se apodera de sus recursos naturales. Estamos, por tanto, ante un conflicto de actitudes entre hermanos de una misma patria. Un conflicto, que a su vez, traspasa sus fronteras y tiene sus reflejos al otro lado del charco. Con Maduro detenido, surgen nuevos relatos para pescar votantes en los ríos europeos.

En España, por ejemplo, Venezuela siempre ha estado presente en los debates políticos. En días como hoy, Podemos-Sumar condena abiertamente la "agresión imperialista" de los EEUU. El PP, por su parte, evita criticar a Trump por su intervención en Venezuela. Y Sánchez condena abiertamente "la reciente violación de la legalidad internacional en Venezuela". Así las cosas, observamos un progresismo que condena la actuación del americano. Y una derecha que calla y clama a la prudencia ante sus dudas sobre la legalidad de la detención del venezolano. Más allá de las posiciones partidistas, la detención de Nicolás sirve de cortina de humo ante los problemas españoles. Más allá del rédito electoral, la detención de Maduro despierta los fantasmas del pasado. Recuerda a aquellas viejas glorias que, guiadas por la pasión y la ambición, pusieron patas arriba al mundo de su época. Pensemos que la detención de Maduro sea un gesto benévolo, por parte de quien fue candidato al Nobel de la Paz.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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