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Las semillas del vacío

Estamos ante una relajación intelectual que pone en jaque a los ojos de la crítica. El consumo de "reels" (videos cortos en las redes sociales) y titulares está cambiando nuestra forma de relación con la realidad. Existe un aumento de "lo corto" – de lo superficial -, en detrimento de "lo largo" – de lo profundo -. Estamos en un proceso de transformación social. Pasamos de una sociedad analítica a otra sintética. Y esa "sociedad sintética" determina el futuro del conocimiento. La tormenta de cientos de titulares y reels impide una digestión y reflexión sobre los mismos. Esa fugacidad suscita la proliferación de tópicos, prejuicios y estereotipos; tres tóxicos que ponen en riesgo la salud actitudinal de cualquier colectivo. De ahí que la postverdad inunde de suciedad los jardines de la verdad. La vuelta a lo simple, y el auge de rumores, trae consigo corrientes de escepticismo, que merman – de alguna manera – el entusiasmo por aprender. Todo este cóctel, nos conduce hacia la ”desintelectualización”  y  al retroceso.

Más allá de esta amenaza, la sociedad camina hacia lo superfluo. El auge de las redes sociales y el estímulo del "like", nos sitúa ante una especie que mendiga reconocimiento. Un reconocimiento que ha cambiado su diana. Ya no estamos ante el aplauso por la consecución de logros académicos y materiales, sino que cabalgamos hacia lo irrisorio. Se aluden y comentan fotografías de una taza de café, la foto delante de monumentos archiconocidos o simplemente el selfie de alguien ante el espejo de un ascensor. Ese aplauso hacia aquello que nos sitúa en la masa, nos inyecta una autoestima de bajo vuelvo. Otorgamos el beneplácito de la calidad a manifestaciones que cualquiera puede ofrecer. Y en esa cultura, de recompensa hacia lo fácil, están las semillas del vacío. Nos hemos convertido en cultivadores de maleza. Sembramos una tierra de semillas salvajes que, en un medio plazo, solo serán arbustos sin fruto. Una sociedad que invierte en pobreza intelectual, se convierte en un país vagón en lugar de locomotora. Esta situación no tiene signos de frenada. Y no los tiene, queridísimos amigos, porque existe agua en la fuente equivocada.

En la cultura del postureo, de los dientes blancos y los retoques digitales; cualquiera se convierte en un "don alguien". Y ese "don alguien" trabaja, y produce, día a día para perpetuar su título. Para ello, muestra aquella fotografía que selecciona después de decenas fallidas. Muestra su mejor versión a un rebaño de iguales. Estamos ante una admiración de ovejas que caminan por una polvareda. Ovejas, todas blancas, que no son conscientes del lugar del precipicio. Y en esa senda, de estímulos baratos, las grandes plataformas se convierten en los nuevos pastores. Pastores en forma de influencers que recomiendan y asesoran – mediante videos en directo – a su audiencia. Este rebaño, de creadores de contenido, desorienta a los medios tradicionales. El consumidor digital se ha convertido en un director de programa. Él confecciona su tabla de programas y decide cuándo los consume. Un consumo que no respeta franjas horarias, ni pautas de consumo. Ante esta coyuntura – ni mejor, ni peor que la anterior sino simplemente diferente – se necesita, más que nunca, el desarrollo de un pensamiento crítico. Un pensamiento que ponga en valor la necesidad del contraste de fuentes, los orígenes de las mismas y los intereses que las envuelven.

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2 COMENTARIOS

  1. Vacía de lo bueno, a rebosar de podredumbre!

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  2. Sol

     /  22 febrero, 2024

    Para mí está coyuntura si es peor q la anterior.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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