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De Hobbes y el contrato digital

El otro día, recibí un correo de Alejandro, un periodista afincado en Madrid. Me invitaba a que escribiera algo sobre filosofía y tecnologías de la comunicación. Le dije que la principal crisis del siglo XXI no es otra que la pérdida de autenticidad. Las Redes Sociales, lejos de fomentar seres únicos e irrepetibles, tejen el comunismo digital. Cuando hablamos de las RRSS, nos dirigimos a ellas en plural: "las redes han dicho", "en las redes se comenta". Esa pseudoinstitución activa espirales del silencio, atenta contra la dignidad y construye líderes de paja. Las redes se han convertido en un coliseo de fieras y gladiadores. Las redes han roto la erótica del valor. Cualquiera puede brillar. No existe una cultura del mérito y esfuerzo, sino una especie de palo y zanahoria donde lo que antes era aplaudido ahora es abucheado y viceversa. La gente se ha convertido en periodistas de su propia vida. Ahora, todos somos directores de contenido. Cada uno diseña la programación para su medio. Tanto es así que la mayoría de los ciudadanos preparan su intervención como si de actores se tratara.

Nos estamos volviendo esclavos de las tecnologías de la comunicación. Existe una autocracia tecnológica que pelea contra la democracia. En ocasiones, el trámite tecnológico se convierte en la única opción. Las TIC ya no son la alternativa sino la condición necesaria para llevar a cabo diversas gestiones administrativas. Estamos ante una sociedad dividida entre nativos digitales, híbridos digitales y analfabetos digitales. Los últimos sufren en silencio su complejo. Se perciben como juguetes analógicos en una sala de tabletas, móviles y videoconsolas. Las TIC son el nuevo imperio del siglo XXI. Un imperio que avanza, destruye relaciones tradicionales, inculturalización a los conquistados y castiga a quienes se niegan a subirse al carro tecnológico. Ese imperio se hace grande mediante grandes plataformas. Plataformas que dirigen la vida de millones de ciudadanos. Son las nuevas infraestructuras, las nuevas carreteras que sirven para que la globalización sea irreversible. En esas carreteras, estamos nosotros; los tontos, los idiotas. Nos hemos doblegado al imperio sin darnos cuenta que ese imperialismo tecnológico, nos convierte en seres alienados de poderes tecnoeconómicos.

Cada día, me apetece menos participar en las Redes Sociales. Tales plataformas tienen el cetro de nuestras vidas. Controlan nuestros mensajes, estimulan a que participemos y censuran aquello que pueda suponer un éxodo de clientes. Y tales plataformas saben dónde vivimos, cuándo es el día de nuestro cumpleaños, cuáles son nuestros gustos y con quiénes lo compartimos. Saben hasta dónde viajamos, a qué restaurantes vamos y cómo pensamos. Lo saben todo. Y lo saben porque nosotros se lo hemos cedido de forma gratuita. Nos hemos convertido en seres de cristal. Seres que hemos renunciado a nuestra privacidad a cambio de un puñado de "likes". Una sociedad más visible no es sinónimo de una sociedad más unida. La visibilidad aflora nuestras diferencias en el campo de batalla. Y en ese campo entra en juego un libertinaje que aflora nuestros instintos animales. Las redes ubican al ser humano en el estado de la naturaleza que diría Hobbes. En ellas se cumplen los requisitos de una ciudad sin ley. Es urgente que se firme un contrato digital. Un contrato donde la razón gane la batalla al caballo desbocado de la emoción. Si no lo hacemos, la biga descarrilará y el auriga morirá.

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2 COMENTARIOS

  1. Rosa

     /  4 diciembre, 2021

    No sé si un contrato digital, o una norma pueden frenar los caballos desbocados, los maltrechos egos que deambulan a la caza de likes…es triste

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  2. Juan Antonio Luque

     /  6 diciembre, 2021

    Difícil que la razón gane a los sentimientos, ya que no existe una razón universal… pero las RRSS si pueden servir para razonar aunque intenten a veces censurarnos.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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