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Incoherencias ideológicas

El otro día, escribía en una red social sobre ideología y partidos. Decía que la ideología es una abstracción del pasado que no se corresponde con la realidad del presente. El liberalismo, por ejemplo, exalta los valores del mérito y el esfuerzo, la libertad económica y el individualismo. Dicho de otro modo, un liberal sería algo así como aquel que defiende el Estado mínimo. Aquel que exalta la supremacía de la libertad en detrimento de la igualdad. Este paradigma no guarda relación con el espectro de partidos que se hacen llamar "liberales". En España, contamos con el Estado del Bienestar. Un Estado – garantizado por la Constitución – que no concuerda con el liberalismo radical. Por mucho que se encoja el Estado y se ensanche el mercado; siempre existirá un intervencionismo estatal residual que garantice la protección social. Y esa garantía mínima contiene el ADN de la socialdemocracia. Así las cosas, en las democracias avanzadas, existe una socialdemocracia omnipresente que tira por la borda las utopías neoliberales.

Esa pérdida de coherencia entre ideología y partidos políticos se manifiesta en el Partido Popular. El Pepé se proclama, en su argumentario, como partido liberal y cristiano. Estamos, si lo examinan con atención, ante una contradicción ideológica. Por un lado se defiende el "credo americano" – individualismo, autonomía personal y el "tanto tienes, tanto vales" – y por otro el conservadurismo católico – austeridad, comunitarismo y espiritualidad -. Esa incoherencia pone en evidencia una crisis de verdad ontológica, lógica y moral. Esta incoherencia se solucionaría con un partido democristiano al más puro estilo alemán. Ese partido aglutinaría el voto eclesiástico. Un voto representado por quienes comulgan con los diez mandamientos, asisten los domingos a misa, critican la fecundación artificial, defienden el derecho a la vida y condenan el aborto. Ese votante no tiene, en estos momento, un partido afín a sus demandas ideológicas. Vota a un PP, liberal en lo económico y comunitario en lo familiar, que en su pedigrí arrastra el tradicionalismo cristiano de regímenes cadavéricos.

Estamos ante una crisis de la sociología política causada por la incoherencia entre ideología y partidocracia. Una incoherencia que pone en valor la politología. En días como hoy, más allá de la ideología, la soberanía popular se mueve por el relato sociopolítico. Un relato, sesgado por los partidos y, respaldado por la propaganda mediática. Estamos ante una forma de hacer política que cuestiona e infravalora las ideologías. La búsqueda del voto desideologizado activa las turbinas de la sofística. Tanto es así que ya no se habla, como antes, de partidos sino de lo que han dicho unos y otros: "Sánchez ha dicho…", "Casado ha dicho.." y "Yolanda Díaz ha dicho".  La palabra se convierte en la herramienta para atraer a obreros a caladeros de la derecha y empresarios a las orillas del puño y la rosa. La palabra no se presenta transparente e impoluta sino sucia y confusa. Asistimos ante un renacimiento de Maquiavelo. Asistimos ante un "todo vale" en la pugna por el cetro. Ante este panorama desolador se necesita, más que nunca, la Filosofía. Una filosofía que despierte el espíritu crítico, que busque las tres patas al gato y que vea la paja en el ojo ajeno.

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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