Entrada anterior
Entrada siguiente

Carta a Sartre

Querido Sartre. Las cosas por aquí andan mal. Desde hace más de un año, nos azota una pandemia que recuerda a la mal llamada "gripe española". Una pandemia que ha dejado miles de muertos y que nos obliga a guardar distancias de seguridad, lavar las manos con geles hidroalcohólicos y usar mascarillas. El otro día, te mencioné en mis clases de Filosofía con motivo de Simone. En segundo de bachillerato, los alumnos estudian el "Segundo Sexo", un libro, como sabes, impregnado de existencialismo. En él habita la esencia de tu mensaje, "el hombre se hace a sí mismo". Y habita porque, como bien dijo quien fuera tu compañera de viaje, "no se nace mujer, se llega a serlo". Hace unos años, leí "Ensayo sobre los datos inmediatos de la consciencia" de Henri Bergson, el mismo que despertó tu pasión por la Filosofía. La última vez que hablamos, me preguntabas por los intelectuales. Intelectuales como tú no existen en el siglo XXI. No existen porque todo está supeditado a las estructuras económicas. Admiro, y me quito el sombrero, cuando rechazaste el Premio Nobel de Literatura en 1964. Lo rechazaste porque amabas la libertad y considerabas que cualquier distinción implicaría perder tu condición como filósofo.

La libertad y la filosofía van cogidas de la mano. Recuerdo que tu estancia en prisión, como prisionero de guerra, no cortó tus alas de escritor. Tanto que tus apuntes, en aquellas celdas de Tréveris, tienen un valor, igual o superior, al diario de Ana Frank. Desde que comenzó la pandemia, en España las plazas están inundadas de silencio. El 15-M se disolvió como lo hace una pastilla en el vaso del enfermo. Siempre, he elogiado tu espíritu solidario. Fuiste solidario con el Mayo Francés, la Revolución Cubana y la Revolución Cultural China. Me encantó la entrevista, que junto con Simone de Beauvoir, hiciste a Ernesto Che Guevara. No se me olvida tu oposición a la guerra de Vietnam. Tanto que, junto con Bertrand Rusell, organizaste un tribunal para exhibir los crímenes de guerra en los Estados Unidos, algo similar a los Juicios de Nuremberg. De ti aprendí que los intelectuales y los políticos no pueden viajar en el mismo vagón. Por eso, a pesar de ser un hombre de izquierdas, nunca te afiliaste al Partido Comunista Francés. Siempre fuiste un crítico con la colonización. Tanto que defendiste, con uñas y dientes, la liberación de Argelia. Antes de que se me olvide, recuerdos para Arlette Elkaïn, tu hija adoptiva.

Hace unas semanas, recibí un wasap de Heidegger, el que fuera tu maestro. Hablamos de la nada y la “nadea”. Reflexionamos sobre el Dasein, de ese "ser ahí" arrojado al mundo. De ese ser que tú, en El Ser y la nada (1943), defiendes como un "ser para sí", como un proyecto que debe hacerse. Según tú, "la existencia precede a la esencia". A través de la vida, de la experiencia vívida, construimos lo que somos, nuestro rasgo distintivo. Así, no existe la persona sino las personas concretas. Y hay tantas vidas como humanos en el mundo. Vidas con sentido en sí mismas, sin "más allá" ni ultramundos como diría Nietzsche en su crítica a los "filósofos momia", a los platonismos que inventaron mundos imaginarios para no afrontar – con valentía – el mundo que vivimos. Me encanta tu defensa de la libertad. Estamos "condenados a ser libres". Pero esa libertad, como bien defiendes, debe ser ejercida con responsabilidad. Somos el único animal que escribe su destino. El único mamífero que sabe que algún día morirá. Y esa sabiduría nos otorga el poder de la existencia. Somos escultores de nuestra vida. De una vida esculpida con martillos y cinceles, con voluntad. Somos el "no ya hecho", el que "se hace así mismo". Por ello es tan importante, querido Sartre, que en la vida tomemos conciencia de nuestras propias decisiones.

Deja un comentario

2 COMENTARIOS

  1. Rudy Cabrera

     /  29 abril, 2021

    Cuando uno practica lo que dice y pregona.

    Responder
  2. Juan Antonio

     /  1 mayo, 2021

    Que tomemos conciencia de nuestras propias decisiones y actuemos en consecuencia.

    Responder

Responder a Juan Antonio Cancelar respuesta

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: “Desde la Crítica” y “El Pensamiento Atrapado”. [email protected]

  • Categorías

  • Bitakoras
  • Comentarios recientes

  • Archivos