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El efecto Monasterio

En el debate de la cadena Ser, dirigido por Àngels Barceló, Rocío Monasterio puso en duda las amenazas de muerte a Pablo Iglesias. Amenazas, mediante cartas y balas, que también recibieron Fernando Grande Marlaska y María Gómez, directora general de la Guardia Civil. En un debate donde no asistió la presidenta Ayuso, la líder de Vox disparó todo su arsenal contra el líder de Podemos. Tanto que le invitó a que se levantara y largara del debate, "si usted es tan valiente, ¡levántese y lárguese!", dijo. Acto seguido, tanto Pablo Iglesias, Ángel Gabilondo y Mónica García, de Más Madrid, abandonaron el debate. Un debate que puso en valor la profesionalidad de Barceló por su intento de democratizar lo indemocratizable. Después de lo sucedido, la cuenta oficial del PP de Madrid tuiteó: "Iglesias, cierra la puerta", un tuit en consonancia con Monasterio que, minutos después, fue borrado de la red social.

Estos hechos, narrados en el párrafo de arriba, suponen un antes y un después en las elecciones madrileñas. Y lo suponen, queridísimos lectores, porque los "astros" ya no están alineados en la estela de Ayuso. Estamos ante una líder – Rocío Monasterio –  que, más allá de las diferencias con sus adversarios, no condena las amenazas recibidas por ciudadanos de carne y hueso como ella. Hoy, con el titular "Frenar el odio", el editorialista de El País apela a la condena, los amenazados "merecen una condena firme, contundente y urgente de todas las fuerzas políticas del espectro parlamentario". Así las cosas, por ética democrática, es de obligada condena – por encima de cualquier ideología e interés partidista – cualquier acto de violencia que atente contra la dignidad ciudadana. Y se debería, faltaría más, porque el silencio, o la banalización de cualquier amenaza, nos sitúa en las antípodas de la España democrática. ¿Qué efectos tendrá la actitud de Monasterio de cara al 4 de mayo? La paralización de todos los debates preelectorales, la alteración de los resultados anunciados por las encuestas y la incertidumbre acerca de los pactos postelectorales.

El debate de la Ser ha supuesto la suspensión de los tres debates pendientes. El bloque de izquierda no debate con quienes banalizan las amenazas. Una actitud, comprensible y admisible, que atenta contra el derecho electoral. Sin debates, sin confrontación de ideas, pierde la soberanía popular. En un país sin mítines, sin lectores de programas electorales y sin debates; las elecciones pierden su sentido. Y lo pierden porque votar es algo más que arrojar una papeleta en una urna. Votar implica el depósito de una credencial en la confianza del otro. Y esa credencial se construye mediante argumentos y emociones que despierta cierto líder o partido en el ideario colectivo. Otro efecto, de la intervención de Monasterio, no es otro que los posibles cambios en el resultado electoral. La victimización de Iglesias, lograda por la líder de Vox, servirá para movilizar a la izquierda. Una izquierda que se mueve ante las percepciones injustas, las infravaloraciones y las supuestas mentiras. La misma izquierda que se movió, en el año 2004, por lo que todos sabemos. Y otro efecto, y no menos importante, será la incertidumbre que genera los posibles pactos postelectorales. Incertidumbres que se materializan, entre otras, en las siguientes cuestiones: ¿Pactará Ayuso con Monasterio? y ¿romperá, el PP, sus alianzas autonómicas con Vox? Atentos.

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3 COMENTARIOS

  1. Coral Bravo

     /  24 abril, 2021

    Totalmente de acuerdo. Pero,por desgracia, la voracidad de algunos personajes y el fanatismo que propagan en muchos votantes crédulos o ignorantes hacen que el acto de votar sea un acto de violencia contra el otro, y no un acto de confianza e inteligencia.

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  2. Juan Antonio

     /  27 abril, 2021

    VOX ha conseguido lo que quería, cargarse los debates así no pueden aflorar sus mentiras. Pero la izquierda tampoco sabe hacer frente a esta plaga desmintiendo los bulos de VOX en los debates. Todos sabemos lo que piensan estos extremistas y seria fácil llegar al debate preparado para hacerles callar, pero los políticos prefieren prometer lo que saben que nunca harán y mirarse el ombligo que ir a un debate con los deberes hechos y aparcar un poco su ego. Un error por parte de la izquierda de no seguir con los debates.

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  3. UNA VERSIÓN MÁS AJUSTADA A LOS HECHOS QUE LA QUE TENDENCIOSAMENTE Y SIN FUNDAMENTO ALGUNO SE EXPONE EN ESTA ENTRADA

    1. QUÉ ES LO DEMOCRÁTICAMENTE INACEPTABLE

    Dos cosas:

    No condenar una violencia (y, por supuesto, toda amenaza es violencia).
    No actuar contra ella. O, aún peor, impedir actuar.
    Que uno albergue dudas en estos tiempos tan dogmáticos y cerrados nunca podrá ser el problema. Ahora bien, VOX ha condenado la violencia (toda violencia), si bien descree de la denuncia concreta que ha hecho Pablo Iglesias. Pero lo que de verdad importa no es el grado de fe de VOX (o de cualquiera) sino que no obstaculice la investigación de los hechos y la condena que correspondiera (y, según parece, este partido se ha personado como causa particular en la denuncia).

    Por cierto, conceder crédito a lo que dice Pablo Iglesias, en el caso de VOX, supondría también aceptar que ellos mismos son los instigadores —de manera indirecta y quizás directa— de la amenaza. ¿Tengo que creerte cuando me señalas precisamente a mí como la causa última de la violencia? Quizás sea pedirles mucho, ¿no?

    Ojalá las niñas «tuteladas», o sea, prostituidas y violadas en Baleares hubieran recibido el mismo trato por parte de Podemos. Ojalá este partido hubiera permitido y no bloqueado la investigación que permitiera depurar responsabilidades… aunque no creyera a las niñas.

    2. LA ACTITUD DE MONASTERIO EN EL DEBATE

    He aquí la transcripción de la intervención de Rocío Monasterio que dio pie al escándalo: «Nosotros condenamos todo tipo de violencia. Me hubiera gustado que el señor Pablo Iglesias hubiera condenado la violencia que sufrimos en Vallecas. Yo le animo a que vaya a una comisaría a denunciar estas amenazas. Yo lo que he dicho es que los españoles ya no nos creemos nada de este gobierno. Si usted es tan valiente levántese y lárguese».

    Hay cuatro elementos:

    Condenamos todo tipo de violencia
    Nos gustaría que Podemos hiciera lo mismo
    No nos creemos su denuncia
    Levántese y lárguese.

    De estos cuatro elementos solo me parece censurable el cuarto en su peor interpretación (lárguese y no debata). Pero resulta que eso es exactamente lo que viene pidiendo Podemos con respecto a VOX: que no puedan participar en ningún debate.

    Es evidente que el tono de Monasterio es chulesco y, por tanto, inapropiado para un debate político. Pero, ¿realmente eso justifica lo que vino después? La asimetría, una vez más, es asombrosa, pues a Podemos se le ha permitido desde su nacimiento comportamientos y desplantes mil veces peores.

    Naturalmente en la prensa del «movimiento», se practica la confusión interesada y se repite el mensaje de que VOX no condena la violencia (he leído ya varias noticias y artículos en eldiario.es y otros en esa dirección). Son dos planos: los hechos y la valoración de los hechos. En este segundo plano VOX ha presentado una condena categórica. Ya quisiéramos que Podemos hubiera hecho lo mismo en este segundo plano respecto a la violencia etarra, de los CDRs o cualquier otra ejercida contra sus adversarios políticos.

    [Digresión: Recientemente una ex alumna de Monedero ha presentado unos hechos que tienen como protagonistas a Iglesias y Monedero que encajan como un guante en el concepto podemita de «abuso sexual». Lo obvio: que alguien no la crea no significa que esté a favor del abuso sexual. ¿Verdad, Irene Montero?].

    3. OTRAS RESPUESTAS QUE SE DIERON EN EL RIFIRRAFE

    Atendamos a otros elementos que han pasado mayormente desapercibidos:

    —Mónica García le dice a Monasterio: «Qué poca vergüenza», «A mí me gustaría escuchar a una demócrata», «¿Puede hacer algo digno en su vida?», «No solo es usted mala gente sino que es una aberración».

    A mí me parecen palabras durísimas, que ingresan de lleno en la descalificación personal. Sin embargo, Monasterio solo responde: «A mí me gustaría escuchar una condena de la violencia como hemos hecho nosotros». Es evidente que el rechazo que manifiesta hacia Iglesias no se deriva de que este milite en una ideología política opuesta (pues la de Mónica García es igual o similar) sino por los posicionamientos personales de aquel.

    —La «moderadora» le dice a Iglesias: «Quiero que usted responda a la provocación de la ultraderecha». Es decir, la periodista toma partido de manera inequívoca, pues presupone que: a) lo que ha hecho Monasterio es una provocación; b) es un partido de ultraderecha (el equivalente a llamar a Podemos un partido bolivariano o estalinista).

    Ante eso Rocío Monasterio la acusa de «activista». Puede resultar exagerado o inapropiado, pero desde luego es una reacción que no surge de la nada. ¿Quién fue más incorrecta, quién estuvo más fuera del papel que le cumplía representar?

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  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Profesor de Filosofía. Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: “Desde la Crítica” y “El Pensamiento Atrapado”. [email protected]

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