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De helenismo y coronavirus

El helenismo supuso el fin del politikon, del animal político que diría Aristóteles. La desintegración de las polis griegas trajo consigo nuevas narrativas. La preocupación por la vida pública pasó a un segundo plano. El hombre de aquellos tiempos se volvió más solitario y la búsqueda de la felicidad individual prevaleció sobre la colectiva. Esa ruptura con la sofística hizo que la filosofía mirase hacia la ética. Y esa mirada no fue otra que el nacimiento del epicureismo, estoicismo y escepticismo. Hoy, el politikon del veintiuno ha vuelto a sus cadenas. El coronavirus ha vaciado las polis de millones de corbatas y tacones. Sin apenas griterío, el silencio del asfalto ha revestido de rareza el ruido de nuestros días. Tanto es así que el hombre se ha convertido en un lobo para el hombre. Un lobo que no sabe, a ciencia cierta, si enfermará o morirá por el aliento de los otros.

Ante este aislamiento, debemos mirar a las enseñanzas de los clásicos. Tres enseñanzas para vivir con acierto el periplo del encierro. Según Epicuro, la felicidad consistía en la búsqueda de los placeres y la huída de los sufrimientos. La búsqueda, como les digo, de placeres espirituales despojados de problemas posteriores. Así, en estos momentos, de soledad y abandono, es muy importante que los pensamientos tóxicos no invadan nuestro ahora. Pensamientos en forma de "esto nunca acabará", "cuándo podré salir a correr", entre otros, nos debilitan el espíritu. Ante esta invasión, Epicuro nos dice que busquemos placeres inocentes. Placeres, que no vicios carnales, como tocar la guitarra, hacer yoga o ver una película de Alfredo Landa, por ejemplo. Tales placeres se convierten, claro que sí, en una buena praxis para llevar la cuarentena.

Más allá de Epicuro, no podemos dejar de lado las enseñanzas de Zenón de Citio. Según este representante de los estoicos, todo esta escrito en los lienzos del pergamino. Todos nacemos con una hoja de ruta. Y esta hoja de ruta no es otra que los caprichos del destino. Así, la Dana de septiembre y el coronovirus de marzo son maldades de nuestro sino. Son acontecimientos que forman parte de la madre naturaleza. Acontecimientos que no podemos cambiar pero sí amortiguar. Y los podemos amorgiguar, según Zenón con la actitud del espíritu. Es conveniente cambiar el ángulo de la mirada. Mirar las cosas desde el lado positivo. Solo así, buscando la mejor perspectiva podremos ser felices ante los golpes naturales. El estoicismo, llevado a nuestros días, sería algo así como mirar lo positivo del aislamiento. Algo así como recuperar el valor de la familia, la amistad, el diálogo y el calor que conlleva la presencia de los nuestros.

Pirrón de Elis, por su parte, fue el fundador del escepticismo, una escuela helena cuya receta para alcanzar la felicidad, no era otra que la "epoché". La "epoché" signfica la suspensión del juicio, es decir, la más absoluta indiferencia ante los acontecimientos. Esa forma de "pasar de todo", de dejar el cuerpo muerto, es la receta que Pirrón proponía para ser felices. El dejar aun lado las preocupaciones ante la ausencia absoluta de soluciones. Esta actitud, de no creencia en la razón y las verdades, es la que – de alguna manera – nos otorga la felicidad. Estas enseñanzas, llevadas al presente, serían algo así como dejar de ver telediarios, tumbarnos en el sofá y esperar a que el temporal amaine. Sería algo así como "ojos que no ven, corazón que no siente". Otra actitud, y ya van tres – epicureísmo, estoicismo y escepticismo – para ser felices durante el tiempo de cuarentena.

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1 COMENTARIO

  1. Ramón Ballester López

     /  29 marzo, 2020

    ¡Siempre nos quedará la filosofía! Tal vez la felicidad sea un objetivo muy ambicioso… Con que nos ayude a pasar esta cuarentena yo creo que ya nos podíamos conformar

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