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De discursos y alcaldables

En víspera de elecciones, suelo recibir correos de las élites. Muchos provienen de políticos, que me envían sus discursos para que les oriente sobre los mismos. Hace años, un alcaldable de las tripas andaluzas me decía que una cosa son las palabras y otra las personas. En los pueblos, la gente vota a la persona. Vota a fulanico o menganico porque es "el hijo de" o porque es conocido; por su condición de maestro, banquero o miembro destacado de alguna cofradía. No hace falta esmerarse en el programa. Y no hace falta, me decía, porque se convierte, por desgracia, en un texto tosco y aburrido. El valor de las familias, como sucede en Estados Unidos, es el que sirve al candidato para formar la lista del partido. Lista donde, en la mayoría de las veces, no están los mejores sino los más adecuados. 

Es precisamente esta idiosincrasia democrática, la que explica, entre otros motivos, por qué existen diferencias considerables entre los resultados locales y nacionales. Mientras en las elecciones generales, la mayoría vota más al partido que a la persona; en las locales, por su parte, el candidato eclipsa a las siglas del partido. Con tales mimbres sobre la mesa, la política local viene determinada, en buena parte, por el rostro y carisma del candidato. Luego es importante, le contesté a mi lector, emplearse a fondo en el marketing político. El discurso local es diferente al nacional. A nivel local, el líder debe conocer todos los rincones del campo de batalla, su pueblo. Debe saber, antes de preparar el mensaje, las necesidades de la gente. Y para ello debe conectar, y mucho, con la Sociedad Civil. Es necesario que el alcaldable hable, día a día, con los portavoces de las distintas asociaciones vecinales, deportivas, culturales y empresariales, entre otras. El alcaldable necesita ejercitar una escucha activa que ponga en valor las inquietudes de los votantes.

Una vez detectadas las necesidades, el líder debe establecer un plan de acción. Un plan de acción que concrete soluciones a los problemas de los ciudadanos. Aparte de este análisis, el "cabeza de cártel" debe realizar una crítica constructiva de la gestión municipal, que se ha llevado a cabo durante los últimos cuatro años. Una crítica, como les digo, que vaya más allá de los descalificativos y reproches y concluya con un catálogo de propuestas de mejora. Esta mesura, cualidad necesaria de cualquier candidato, debe servir para analizar los problemas reales por encima de intereses partidistas. Ese discurso ideal – basado en la detección de necesidades, la crítica constructiva y las propuestas de mejora – no debería ensuciarse por el fango del populismo y las redes clientelares. Dos tóxicos que manchan las campañas electorales de retórica barata y que, a la larga, solo producen una alta desafección ciudadana. Desafección por los efectos nocivos del "donde dije digo, ahora digo Diego".

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1 COMENTARIO

  1. Bien analizado …

    Saludos
    Mark de zabaleta

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