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Sobre retos y sanchismo

Desde que Pedro Sánchez empuñó el cetro de La Moncloa, el Pepé se encuentra en paradero desconocido. Así las cosas, el acuerdo entre sanchistas, podemitas y nacionalistas está siendo un camino de rosas para la carroza de la izquierda. En días como hoy, el rifirrafe entre Soraya, Cospedal y Casado ha dejado al hemiciclo huérfano de crítica. La dimisión de Màxim por sus irregularidades con Hacienda, el rescate del Aquarius, el acercamiento de los políticos presos a las cárceles de Cataluña, la exhumación de los restos de Franco y la politización de RTVE son, entre otros menesteres, asuntos invisibles para la derecha destronada. Ante esta laguna democrática, la crítica intelectual no puede pasar de puntillas. Por ello es necesario que se analice, de forma constructiva, la praxis del Gobierno y el desempeño de la oposición como vigilante del Ejecutivo.

Si se celebraran hoy elecciones generales, según reza el titular de Marhuenda, el PSOE las ganaría y empataría a escaños con el PP. Con estos mimbres, el PSOE volvería a gobernar gracias al beneplácito de Ciudadanos – algo muy poco probable – o con el apoyo de Podemos y los nacionalistas. Así las cosas, si el Pepé no se espabila tenemos sanchismo para rato. Y lo tenemos, queridísimos lectores, porque Pedro está cumpliendo con los plazos en el pago de su factura. Aparte del gesto migratorio, una cuestión puntual y de índole humanitaria, el primer mes del sanchismo está sirviendo para atar los nudos de su futuro. Gracias a esos nudos – a cada uno lo prometido, según lo convenido -, el PSOE puede convertirse en un referente de la izquierda a nivel europeo. Un referente real, en contraste con la izquierda blanda de Hollande, que resucite el Estado del Bienestar. Un Estado del Bienestar moribundo por el tatcherismo de Rajoy y el pliegue a los dictámenes de Merkel.

El acercamiento de los políticos presos a las cárceles catalanas abre un punto de inflexión en la cuestión separatista. La vía del diálogo, dentro de los mimbres de la Constitución, resulta una vía adecuada para enderezar el caballo desbocado del catalanismo. Solamente mediante una entrada en razones, mediante concesiones de baja intensidad, se podría encajar la pieza de Cataluña en el puzzle nacional. Otra reforma del Estatut, siguiendo la senda de Zapatero, sería la opción menos mala para calmar la crispación en las aguas de Barcelona. Por ello, los guiños de Sánchez a Torra, suponen una bocanada de aire fresco a un problema, cuya solución va más allá que la aplicación del 155. El dicho popular: "si no puedes con el enemigo, alíate con él", se convierte, hoy más que nunca, en una receta necesaria para coser el descosido. Con los catalanes contentos, el PSOE conseguiría combustible para la contrarreforma de la Lomce, el decretazo de Báñez y otras perlas del periplo marianista.

La duración del sanchismo dependerá de lo bien que se porte Pedro con Podemos. El trofeo de RTVE a las filas moradas será, sin duda alguna, otro reto de Sánchez para seguir en La Moncloa. Aunque en la oposición, tanto podemitas como socialistas hayan criticado, por activa y por pasiva, la politización de la cadena pública. Una vez en el Gobierno, el cura ya no se acuerda de cuando fue monaguillo. Así las cosas, por muchas vueltas que le demos a la tortilla, lo que está claro – clarísimo – es que el próximo dirigente de RTVE no va a ser del Pepé. Aunque de cara a la galería, la televisión pública – la de todos – tiene que ser plural, libre e independiente; todos sabemos que ningún gobernante, por muy imparcial que fuera, arrojaría piedras contra su propio tejado. Con RTVE en las manos de Podemos, el PSOE conseguiría atar otro nudo para amarrar su futuro.

Este precio del sanchismo es el adhesivo necesario para que Pedro se consolide como un líder carismático, más allá de sus fieles de partido. Gracias al pago de la factura nacionalista y podemita, el tallo de la rosa vuelve a crecer en los prados de la izquierda. Con Pedro a la cabeza, la izquierda de Rajoy vuelve a hablar de memoria histórica, de educación para la ciudadanía, de pobreza infantil, de laicismo, de subvenciones europeas y de un sinfín de temas que, con la derecha en La Moncloa, fueron olvidados por la frivolidad de su trato. Así las cosas, el sanchismo puede ser una oportunidad para liderar la recuperación de los valores postindustriales, reducir la desigualdad, resucitar a Keynes, ser el eco del feminismo y, lo más importante de todo, ahuyentar el fantasma del populismo. Solamente falta, las Fake News y las prácticas maquiavélicas no hagan de esta aventura un entierro sin cadáver.

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1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo …

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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