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22-D, kilómetro cero

Desde que se proclamó la República Imaginaria de Catalunya critiqué, en las líneas de este blog, la convocatoria de elecciones por parte de Rajoy. La decisión suponía "comida para hoy y hambre para mañana". Comida para hoy porque significaba una tregua a la cuestión catalana, un paréntesis a las aguas turbulentas del referéndum y a la Declaración Unilateral de Independencia. Hambre para mañana, porque unas nuevas elecciones suponían una decisión arriesgada ante la posible agudización del problema. Ayer, el 21-D se corroboró uno de los escenarios menos deseados. Ayer, queridísimos lectores, los resultados demostraron la debacle del Pepé, el triunfo en votos de Ciudadanos, el avance tímido del PSC y la victoria del independentismo; aunque con menos holgura – valga decirlo – que en el año 2015. Los resultados legitiman – por decirlo de alguna manera – el resultado del pasado 1-0, una mayoría sociológica que se declara independentista.

Hace una semana publiqué "De Isidoro y Puigdemont", un artículo que relacionada el exilio de Felipe González – allá por la década de los setenta – con la estancia del líder catalán en Bélgica. Dije que, muy probablemente, "el exilio" de Puigdemont y el encarcelamiento de los seis conselleres, beneficiaba a los independentistas de cara a las elecciones. Y lo dije, estimados lectores, basándome en una teoría sociológica sobre grupos y liderazgo. A día de hoy, la huida del "President de la República" no ha sido castigada por los suyos, sino todo lo contrario. Hoy, más que ayer, podemos decir que Puigdemont se ha consolidado como mártir. Un mártir que siembra de esperanza el camino hacia una Catalunya independiente, aunque los unionistas se aferren al látigo legal, el artículo 155. Con el cartucho gastado de las elecciones, a Rajoy no le queda otra que cambiar el estribillo y afrontar, de una vez por todas, el problema territorial arrojado por las urnas. Un problema cuya única vía pasa por el diálogo y el respeto a la voluntad popular.

Aunque Ciudadanos haya ganado las elecciones, la aritmética parlamentaria otorga la mayoría absoluta a la unión de fuerzas separatistas. Ante este escenario de división social en Catalunya, es necesario que se formulen las siguientes preguntas: la primera, ¿hay alguna intención política de reformar la Constitución, para que un referéndum separatista sea posible? Y la segunda, ¿si no se tiene intención de cambiar la Carta Magna, qué hacemos para que por la vía de las urnas gane el unionismo? La respuesta a la primera pregunta es tan fácil como vencer la velocidad de la luz. Y digo esto, queridísimos lectores, porque el poder constituyente ya se ocupó, en su día, de que la reforma de la Constitución fuera una tarea más utópica que real. La respuesta a la segunda pregunta sería factible, si se modificara el marco jurídico electoral. Una modificación consistente en la sustitución de la aritmética parlamentaria por la lista más votada. En ese caso, con la ley en la mano, Inés Arrimadas sería hoy la nueva presidenta de Catalunya. 

El efecto de estas elecciones en clave nacional daña, por activa y por pasiva, la imagen de Rajoy. Y la daña, queridísimos lectores, porque la "marca blanca de la derecha" – Ciudadanos – ha vendido mejor su mensaje de cara a los indecisos. Ciudadanos siempre fue muy claro en el protocolo a seguir, para solucionar el esperpento político de Catalunya. Ellos fueron los primeros en decir aquello de "aplíquese el 155" y, ellos fueron los primeros en criticar la presencia en las listas electorales, de políticos cuestionados por la justicia. Ese mensaje de corte honesto y legal ha sido, sin duda alguna, el que justifica su triunfo. Un mensaje que ha vencido ante la pasividad de Rajoy, y que ha situado al Pepé en una fuerza residual en Catalunya. La debacle electoral del PP sitúa al Presidente del Gobierno al borde del precipicio de cara a unas nuevas elecciones generales. Un presidente, como dirían algunos tertulianos, que no supo apagar los troncos del independentismo y que ahora, esos mismos troncos, arden en la hoguera del unionismo. La segunda parte de la Declaración Unilateral de Catalunya ya está en cartelera. Recuérdese que las segundas partes nunca fueron buenas.

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