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Tiempos de Macron

Ayer, recibí un correo de Dominique, un seguidor de las tierras vecinas. Lector infatigable de Le Figaro y afiliado a Les Republicains – la antigua UMP -, no entendía por qué había ganado Emmanuel en lugar de Fillon. No entendía, como les digo, por qué el partido de Sarkozy – el bastión de centro derecha francés – había sido adelantado por Le Pen. En Francia, le dije a este periodista – jubilado y afincado en París-, ha sucedido algo similar a lo que ocurrió en la Bretaña de Brown. Como recordarán, la aparición de los Liberales Demócratas rompió la tradición bipartidista entre laboristas y conservadores. Tanto es así que Cameron y Clegg contrajeron "matrimonio"; algo que no sucedía en el Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial. En las recientes elecciones francesas, Macron – al igual que Nick Clegg – ha roto el tándem legendario entre socialistas y republicanos.

La victoria de En Marche!, el partido de Macron, se debe – entre otras causas – al desengaño francés con el "reinado" de Hollande. Un reinado manchado por la subida del paro, el caso Leonarda, la evasión fiscal de Cahuzac; la polémica sobre la nacionalidad a los condenados por terrorismo, los líos de faldas y, por último la publicación de: "Lo que un presidente no debería decir", un libro indiscreto y comprometido con la seguridad nacional. Aparte de todo esto, Hollande pasará a la historia por su servilismo a Merkel y su repliegue a las políticas neoliberales, una "traición" en toda regla al credo socialdemócrata. Otra causa fundamental, a tener en cuenta, ha sido la histórica abstención. No olvidemos que un cuarto de los franceses, con derecho a voto, han preferido la comodidad del sofá al compromiso con las urnas; un gesto que perjudica a la izquierda y beneficia a la derecha. Y, por último, la victoria de Macron se explica por la confección de un discurso a dos aguas entre liberalismo y socialdemocracia.

El fracaso de Le Pen, me decía el otro día Jacinto – un conocido del Capri -, alivia pero no cura la herida de los resultados franceses. No olvidemos que Macron representa a una derecha "descafeinada", pero al fin y al cabo derecha de toda la vida. Una ideología, como saben, defensora del libre mercado, los recortes sociales y las sanciones. Una ideología, y disculpen la redundancia, que trae consigo desigualdad territorial y social entre pobres y pudientes. Si hubiera ganado Le Pen, estaríamos ante una réplica de Trump a la francesa. Estaríamos ante una Francia euroescéptica, proteccionista y xenófoba. Algo nefasto para la estabilidad de la Unión Europea. Los tiempos de Macron alejan, por tanto, el fantasma de los populismos, aunque seguirán vivas las políticas de Hollande. Digo que seguirán vivas, porque el ex presidente francés hizo poco por cambiar las tornas en Europa. No luchó lo suficiente para conseguir más Estado y menos mercado. Y, no supo conquistar a los comunistas como, en su día, lo hizo Mitterrand.

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