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Sobre Internet y Zapatero

Con motivo del Día Internacional de Internet, me acordé de Zapatero. Me acorde de él porque – aparte de que reconociera tarde la crisis y cometiera errores en la gestión de la misma – logró, durante su segunda legislatura, que España ocupara la posición novena en el orden mundial, en cuanto a desarrollo de gobierno electrónico, según un informe de la ONU; un ascenso de once puntos con respecto al 2008. Para ello, el expresidente triplicó el presupuesto en políticas tecnológicas; expandió la ciberpolítica; fomentó la cultura digital en el proceso educativo, e implantó el Plan Avanza y otros instrumentos. Mientras en el 2003 – con la derecha mediante – solo había 12 millones de usuarios de Internet en España; en el 2008; 20 millones de usuarios se conectaban a la red bajo el paraguas de ZP; convirtiéndose nuestro país en la cuarta comunidad internauta de Europa. Cincuenta mil PYMES accedieron a financiaciones para modernizar sus equipos informáticos y los centros educativos, conectados a la red, crecieron un 92% en contraste con el 67% de la media europea.

En días como hoy, los avances en las TIC, auspiciados por ZP, han caído en el saco roto del olvido. Según un informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la brecha digital ha aumentado en la Hispania de Rajoy como consecuencia – y valga la interpretación – del desmantelamiento del Estado del Bienestar y el auge, por tanto, de la desigualdad social. Según CNMC, se calcula que más de un millón de españoles nunca tendrán acceso a la conexión de banda ancha. Españoles condenados, por tanto, a una conexión lenta e inestable; un agravio comparativo en la jungla del mercado laboral. Algo vergonzoso para un país que aspira a codearse con los grandes y sacar pecho en las cloacas de Europa. Según el coeficiente de Gini – un indicador que mide la desigualdad en el mundo – España ha pasado del 0.33 en el año 2007 al 0.37 con Rajoy en La Moncloa; un dato que corrobora la hipótesis: recortes igual a brecha.

Ayer, con motivo de la intermediación de Zapatero entre la oposición y el gobierno de Venezuela – me vino a la mente su gestión en materia de política internacional. Como saben, ZP fue quien puso el punto y final a la foto de las Azores; retiró nuestras tropas de Irak, tras su llegada a La Moncloa; estimuló la Alianza de las Civilizaciones y España ostentó, durante su mandato, la presidencia de la UE. Seis meses de presidencia que sirvieron para consolidar el Tratado de Lisboa; concretar la estrategia Europa 2020 para la salida de la crisis; desarrollar la Iniciativa Ciudadana; luchar contra la violencia de género mediante la creación del Instituto para la Igualdad de Género en Vilnius (Lituania), y conseguir que Europa se convirtiera en un actor global. A pesar de tales hechos, la política internacional de Zapatero nunca gozó, la verdad sea dicha, del reconocimiento merecido. La retirada de las tropas de Irak le costó la enemistad con George W. Bush en un momento en que Estados Unidos ostentaba la supremacía internacional en materia económica, social y política. España, como saben, perdió visibilidad en el mundo; hasta tal punto que asistió a la Cumbre del G-20, celebrada en Washington en el año 2008, gracias al asiento cedido por Sarkozy.

Aparte de Internet, y del maltrato internacional que sufrió ZP por parte de Estados Unidos; el expresidente puso en práctica el discurso de Llamazares. Fortaleció los derechos sociales y luchó para que la igualdad fuera algo más que una utopía. La ley de Igualdad, las parejas de hecho, la prestación por paternidad, la Ley de Memoria Histórica y, sobre todo, el fin de ETA son, entre otros, hechos que debemos considerar para ubicar a Zapatero en el lugar que se merece. Tras cuatro años con Rajoy en La Moncloa, la clase media ha ido perdiendo fuelle en la estructura social. La brecha entre pudientes y pobres ha aumentado hasta tal punto, que cada día nos parecemos más a países sudamericanos. Países, como Brasil – por ejemplo -, donde hay poco espacio para que el ascensor social haga realidad el sueño de los pobres. Una situación lamentable, que pone en evidencia la mala gestión de quien dijo, por activa y por pasiva, que "la culpa fue de Zapatero".

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1 COMENTARIO

  1. Juan García

     /  22 mayo, 2016

    Hablando de recordar, parece que recordar la parte buena de los gobiernos de Rodríguez Zapatero y de González es el último recurso del PSOE de Pedro Sánchez. [Por cierto, ese Sánchez que en el Brasil que se cita aquí dijo «esto es lo que yo quiero para España” (!)]. Algo de esa mirada al pasado del PSOE pudimos ver en la reciente presentación de su “gobierno en la sombra” con algunos exministros (Borrell, Robles, Gabilondo, Sevilla…) y muchas ocurrencias demagógicas. Sí, mejor mirar al pasado que al presente. Fíjense que entre los “ministrables” no apareció ninguno de sus escuderos de confianza: ni Antonio Hernando, ni César Luena, ni Óscar López… (¿tan mal está apareciendo el equipo de Sánchez en los sondeos?). El presente se está poniendo difícil para Sánchez. Caídas en los sondeos, presiones de Susana Díaz, incertidumbre, casos de corrupción que no se terminan de dejar atrás, silencio sobre acuerdos postelectorales, portazos de Carme Chacón, Irene Lozano, Luz Rodríguez… Todo hace pensar que tras unos comicios que pueden traer los peores resultados en la historia del PSOE, debería imponerse en el partido una profunda autocrítica y una auténtica renovación.

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