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Sobre Kant y Villalobos

Ayer, me contó Antonio que vio a Manolo; un viejo amigo que estábamos sin saber de él desde mediados de los noventa. Al principio, no lo conoció. Ya no vestía con camisetas de Iron Maiden ni calzaba botas del ejército. Ni tan siquiera llevaba el pelo largo, ni pendientes de hojalata. Si no fuera porque él, le saludó primero; Antonio nunca lo hubiese reconocido. Ahora, Manolo es un hombre con gafas de pasta, calvo y con barriga. Un cuarentón descuidado – como diría mi abuela si lo viera – de esos que beben carajillo; ojean el Marca y, miran de reojo a las rubias que salen del aseo. Manolo fue nuestro compañero de pupitre en el Instituto Gabriel Miró de Orihuela. Allí estudiamos juntos el antiguo COU de ciencias sociales. La filosofía era nuestra asignatura preferida. Tanto es así, que en la cantina del instituto, mantuvimos largas conversaciones sobre la muerte, la felicidad y las religiones. Diálogos acalorados, que forjaron nuestros cimientos morales y actitudes ante la vida. Pues bien, ese señor de la barra, – calvo y con barriga -, era Manolo; o Manolet, como le llamaba cariñosamente Javier, el conserje del instituto.

Artículo completo en Diario Inforamción

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2 COMENTARIOS

  1. Visto el nivelazo que ayer mostraron los políticos en el parlamento, y el espectáculo que dieron, creo que la política es, realmente, una farsa.

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  2. Lo has sabido expresar perfectamente….

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