El final del faraón

A 20 km. del Cairo, cada año miles de turistas procedentes de todos los rincones del planeta, contemplan bajo la exclamación en sus rostros y la admiración de sus sentidos, el último reducto de las siete maravillas del mundo antiguo.
Durante veinte años, 2.300.000 bloques de piedra caliza y hasta setenta toneladas de peso, fueron elevados hasta 146,6 metros de altura sobre una superficie de ocho campos de fútbol, para construir la tumba del faraón Keops, más conocido como "el déspota", allá por el 2.400 a.C. en la zona de Gizeh.
Cien mil esclavos, al calor de las calientes arenas del desierto, dejaron a través de su arquitectura, el testimonio de una civilización basada en la tiranía de faraones, legitimados por la magia de sus deidades.
En la primera década del siglo XXI, sobre los insoportables rayos del rey Re, miles de egipcios claman en el asfalto del Cairo, y a la sombra del adobe rojizo de sus tres grandes colosales, la sed de libertad que desde los jeroglíficos de sus antepasados, nunca han podido descifrar.
Mientras Hosni Mubarak (83 años) se aferra al poder, la sociedad civil egipcia se resiste al maleficio de su "faraón", y solicita a gritos una transición que les otorgue un marco institucional de libertades y derechos fundamentales.
Con los tanques en las calles, vehículos policiales y barriadas de neumáticos quemados por varias zonas, los egipcios siguen desobedeciendo el "toque de queda", y suplicando apoyos a la comunidad internacional. Los expolios en el museo del Cairo, así como los daños hechos a dos momias recuerdan a nuestros vecinos franceses de finales del siglo XVIII, que por medio de la Revolución y sin el apoyo de blogueros y sin medios globales de comunicación, consiguieron por la fuerza de la convicción instaurar la república como paradigma de libertad.
El bloqueo de Twister y Facebook Egipto, por orden del régimen dictatorial del señor Mubarak, nos invita a realizar una reflexión profunda y crítica en defensa de la libertad de expresión y las redes de comunicación, como instrumentos necesarios para la defensa a ultranza de los valores democráticos.
El cortocircuito a los productos creados por Jack Dorsey y Mark Zuckerberg, pone en evidencia el poder fáctico de internet para influenciar en la "sociedad civil" y cambiar el signo político de un país.
Con una población dividida por dos bandos claramente polarizados; por un lado, los miles de disidentes que claman a gritos la marcha del "faraón", y por otro; los miles de simpatizantes al régimen dictatorial; estamos ante el caldo de cultivo propicio para que la transición democrática del país del Nilo, se convierta en una auténtica contienda civil, con drásticas repercusiones e implicaciones internacionales.
Si la democracia se instaura finalmente en Egipto, ¡ojalá así sea!, en los libros de historia conteporánea de nuestras posteriores generaciones se podrá leer por primera vez, que dicho conflicto social tuvo sus inicios en el "efecto llamada" de cientos de blogueros y amigos conectados por redes sociales de internet.

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