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Recordando a Dumaka

Como sociólogo, tengo una gran curiosidad intelectual por los Estados débiles; aquellos que no cuentan con los mimbres necesarios para construir una democracia de calidad y un excedente productivo. Hace años – sin ir más lejos – le di clases a Daren, un alumno de origen nigeriano. Recuerdo, que los primeros meses del curso lo pasó fatal; no sabía el idioma y, para más inri, muchos compañeros – los muy "cabrones" – se reían de él. Su rostro era una ventana abierta a sus miedos y temores. El dibujo de su cara – como diría mi abuelo si viviera – era el reflejo de las múltiples heridas que invadían su silencio. A lo largo del año, tuve largas conversaciones con Dumaka, su padre. De él aprendí aquello que ningún catedrático me podía enseñar: sabiduría para la vida.

Dumaka no tenía estudios pero sabía leer y escribir. Tenía una mente inquieta, un razonamiento lógico muy desarrollado y unas cualidades innatas para la música. A pesar de tales fortalezas, su vida – desgraciadamente – había transcurrido en los campos nigerianos. Sus manos – me las enseñaba con orgullo – hacían dos como las mías. "Gracias a ellas – me decía – he alimentado a mis criaturas, y he limpiado las lágrimas que caían sobre el ataúd de mi padre". Aquí, Dumaka trabajaba cogiendo naranjas y limones en los huertos alicantinos. Su sueño era que Daren fuese algún día a la universidad; que fuera "un negro con estudios", como esos abogados que salen trajeados en las películas de Hollywood. No quería que pasara por las mismas calamidades que él había pasado. No quería otro trocito de Tercer Mundo en España sino un porvenir para su hijo. Un sueño – eso sí – muy difícil de cumplir.

Durante tres años mantuve contacto con Dumaka. Hoy, diecisiete de marzo, hace dos años que falleció por un accidente laboral, al volcar el tractor que conducía. Recuerdo que tres días antes, habíamos hablado de la muerte. Me decía que en el mundo existen más muertos que cadáveres en el cementerio. Hay hombres que mueren en vida y muertos que viven para siempre. Los segundos son aquellos que abandonan su cuerpo para vivir eternamente en el seno de los otros; son – en palabras de Dumaka – imborrables para la mente. Los primeros – los hombres que mueren en vida – son personas invisibles. Seres que pasan sin pena ni gloria por esta larga morada. Hombres que se conforman con poco, a pesar de contar con circunstancias favorables para alcanzar sus deseos. Dumaka pertenecía a uno de esos "muertos que viven para siempre". No le hizo falta el aplauso del dinero, ni el reconocimiento social que gozan los banqueros. Su humildad fue condición suficiente para su inmortalidad.

Dumaka solía leer el blog. Recuerdo que una mañana de diciembre, tras recoger las notas de Daren, quedamos para tomar un café en el Maracaibo, un bar cercano al instituto. Allí me comentó que había leído "Sin filosofía", un post que versa sobre la necesidad de las humanidades en la enseñanza secundaria. Gran lector de Al-Farabi, le molestaba que su hijo no supiera pensar para la vida. La mayoría de edad – me decía – no se adquiere a los dieciocho años sino cuando uno es capaz de decidir con autonomía. Tomar decisiones es, junto con la facultad del lenguaje, la capacidad más alta que distingue a los humanos. Resulta aberrante para el ideario colectivo que los gobernantes supriman una herramienta, tan necesaria para la vida, como es la filosofía. Tras el café, le pregunté a Daren qué le gustaría ser de mayor. Feliz profesor, de mayor quiero ser feliz. Cuánta razón tenía el hijo de Dumaka.

¿Y ahora qué?

Tras el segundo intento fallido de Sánchez, muchos ciudadanos se preguntarán: ¿y ahora qué? Se lo preguntarán, y con razón, porque el debate de investidura ha sido la crónica de una muerte anunciada. Una muerte que se pronosticaba desde el día siguiente de las pasadas elecciones. Así las cosas, nuestra democracia queda tocada, por la incapacidad de los elegidos para orquestar una mayoría holgada de gobierno. Algo nefasto para la economía, el Estado de Derecho y las Relaciones Internacionales. Para la economía, por la inestabilidad que supone un gobierno en funciones de cara a los mercados. Para el Estado de Derecho, por la parálisis de las turbinas legales. Y para las Relaciones Internacionales, por la debilidad de un barco – España – sin un patrón acreditado que lo pilote.

En caso de que se convocaran nuevas elecciones – algo muy probable tal y como está el patio – los más beneficiados serían – desde el análisis sociológico – el partido socialista y Ciudadanos. Aunque el hecho sea que "Sánchez ha fracasado", lo cierto y verdad es que su "fracaso" será un aval de cara a los próximos comicios. Será un aval, como les digo, porque él – Sánchez – ha sido, a diferencia de Rajoy, el candidato que no le ha hecho "el feo" al Rey; el único que ha buscado los apoyos necesarios para evitar las elecciones y, el único que ha conseguido articular un acuerdo programático con la marca de Rivera. Ciudadanos, por su parte, también sale bien de este lío – como diría Rajoy si nos oyera -, porque ha conseguido dividir a la derecha entre radicales y centristas. Algo formidable para reconstruir la antigua UCD de los tiempos de Suárez.

Podemos, sin embargo, queda muy tocado como debutante en el Congreso. Desde el primer momento ha puesto líneas rojas para impedir un acuerdo progresista. Tanto es así, que han votado en contra del líder socialista; a quien le ofrecieron la vicepresidencia del gobierno y nueve ministerios. Han votado en contra de Sánchez en consonancia con Rajoy. Y, para más inri, han sacado los trapos sucios del ayer, las heridas de los GAL. Así las cosas, el partido de Pablo Iglesias se ha convertido en un obstáculo para la izquierda; en una fuerza que ha buscado el reparto de sillones por encima de los intereses del Estado. Probablemente, el ciudadano castigará estas formas maquiavélicas de entender la política.

Llegados a este punto, lo más sensato sería que el partido socialista concurriera a los próximos comicios con las siglas de Rivera. Una marca unida: PSOE-Ciudadanos, sería un tándem perfecto para articular una opción de centro, que le hiciera cara al Pepé y a Podemos, los dos extremos del hemiciclo. Gracias a esta estrategia política, tanto los votantes moderados de Rajoy como los de Iglesias emigrarían hacia el centro. Un centro necesario para evitar, que fuerzas radicales se conviertan en condicionantes de opciones de gobierno. Si no se hace nada, y cada uno concurre por su lado, estaremos otra vez en el kilómetro cero del pluralismo presente. Un pluralismo de tintes partidistas y sin altitud de miras. Por ello, ahora más que nunca – y tras visionar la primera parte del encuentro – sería conveniente que repensáramos el sino de nuestras próximas papeletas.

Escándalo en el Forest Green

Aquella noche, los agudos de Baker hicieron bailar a la desdichada Adeline. No era normal, que la esclava del Malboro bailase el "Broken Wing" en aquel garito de Chicago. Su marido – el viejo William – era un sicario a las órdenes de Joshua. Falleció hace cuatro años; después de una vida dedicada al tiro a bocajarro entre los árboles del Morgan Park. Dicen las serpientes del garito, que el matrimonio, aunque llevaba una vida modesta, se limpiaba el culo con los verdes de Bens. En la barra estaba Dominic, el director del Chicago Press. Había quedado con Zoe para cerrar un reportaje sobre el tráfico de drogas en el Forest Green. Mientras esperaba, llamó a Lila, su empleada de opinión. Quería saber cómo había quedado su último artículo, acerca de los escándalos en el Distrito Norte de Llinois. Tras colgar el celular, sus ojos se detuvieron en las piernas de Adeline. ¡Ohhh!, Magníficas, esbeltas y elegantes como las de Hepbum; escurridizas como las de Monroe, y perversas como las de Gadner.

Por la puerta, entraba Zoe. Iba acompañada de Hunter, un antiguo reportero del York afincado en Chicago. Al parecer se veían los sábados por la noche en un apartamento de la calle Broadway. Zoe necesitaba un hombre. Un hombre con sombrero; de esos que tratan a las damas con flores y sosiego; de esos que fuman pipa, y sonríen a la Brando cuando les dicen te quiero. Tras cuatro semanas de investigaciones, Zoe tenía listo su reportaje. Hablaba de cómo los camellos introducían la droga colombiana en las Escuelas Públicas de Chicago. Al parecer, un tal James – un pez gordo del gobierno – estaba metido en el ajo. Según las fuentes del Press, este comisionado manchaba al Sheriff del Condado; a cambio de hacer la vista gorda a los camellos de Alexander, el cabecilla de la banda. Mientras Dominic leía el reportaje, sonó su celular. Estaba en juego la vida de Zoe. Un sicario amenazaba con matarla, si salía a la luz el reportaje; no era la primera vez que el Chicago Press recibía amenazas procedentes del gobierno.

A pesar de las amenazas; dos días más tarde, el escándalo de drogas en el Forest Green salió a la luz. Pobre Zoe, las letras de su losa aguardaban en el Bachelor's Grove, un viejo cementerio cerca de Oak Forest. Esa misma tarde, el Chicago Press recibió una carta para Dominic. Estaba firmada con el seudónimo de Black. En ella, el autor anunciaba que el cuerpo sin vida de Zoe estaba bajo las aguas verdes del río Chicago. Un sicario – viejo conocido de la desdichada Adeline – estaba detrás del cotarro. "Querido Dominic – decía así la carta – toda acción lleva consigo una reacción. ¿Por qué, después de tantas masturbaciones pensando en ella, has decidido quitarla de en medio?, ¿No hubiese sido mejor; encargar el reportaje a Hunter?". La carta, lógicamente, no se publicó. El director del Press no podía someterse a semejante humillación. No podía – por poco tiempo – porque el escrito fue publicado por otro diario de Chicago. Hunter leyó la carta. No daba crédito a lo leído y, ni corto ni perezoso, llamó a Dominic. Al parecer, la mujer del río no era Zoe sino Adeline; la señora, de las piernas largas y esbeltas, que bailaba el "Broken Wing" en la sala negra del Riverdale.

El pluralismo fracasado

Hace una semana, un lector de las tripas andaluzas; me preguntaba: "si el bipartidismo, de los tiempos Felipistas, volverá a los tiempos presentes". Le indignaba que el pluralismo incipiente fuera un atasco para la gobernabilidad del país. Tanto es así, que prefería una mayoría absoluta del Pepé o del partido socialista a un hemiciclo dividido por la inclusión de las fuerzas emergentes. Tales fuerzas – me decía – han surgido por la herencia recibida de la crisis económica y la corrupción galopante. El partido de Pablo Iglesias no existiría sin los indignados de Hessel y, Ciudadanos no tendría cabida sin "las ovejas descarriadas" de Rajoy. Así las cosas; el fin del pluralismo tendría los días contados; si volviéramos a la España de las grúas y se depuraran las aguas turbias de Génova. No olvidemos – decía este lector -que cuando España iba bien; nadie salía a la calle a pedir más Estado y menos mercado.

Después de recibir el correo; llamé por teléfono a Enrique – un viejo conocido del treinta y seis -. Necesitaba hablar con alguien que hubiese vivido la dictadura; la transición y la consolidación democrática. Nos fuimos al África a tomar un café y, durante toda la tarde, cambiemos impresiones acerca del asunto. La Hispania actual, le recordaba a los tiempos Adolfinos; época marcada por una ciudadanía cabreada y resentida por cuarenta años de dictadura; rombos y autarquía. En días como hoy, la ruptura del bipartidismo es la consecuencia – como en los tiempos del Caudillo – de una España indignada con su reciente pasado. Un pasado marcado por el desmantelamiento del Estado del Bienestar; las altas tasas de paro y la corrupción de las élites. Es, precisamente, el enfado con el "atrás"; el eslabón que une al "tiempo nuevo", anunciado por S.M. con la efervescencia de la Transición.

Mientras en el Suarismo, los partidos políticos buscaban el consenso, ante el temor al ordeno y mando de cualquier jefecillo; en los tiempos de Rajoy, se ha perdido el miedo a las recaídas democráticas. Actualmente, los partidos miran sus ombligos en lugar del consenso y la salvación del Estado. Ya no importa que la ingobernabilidad desemboque en dictadura; ni siquiera que el país esté paralizado por las líneas rojas de unos y las intransigencias de otros. Lo único que interesa al pluralismo incipiente es quién liderará el barco de La Moncloa. Un barco – estimados lectores – con los motores averiados desde el movimiento 15-M y los casos de corrupción. Si hubiese ganas de llegar a un pacto de Estado; los líderes pondrían de su parte para arrimar posturas, en lugar de echar tierra por medio en cuestiones de calado. Resulta preocupante – en palabras del borracho – que esta cultura de egoísmo partidista; no desemboque en corrientes ideológicas de corte Lepenista.

Tras escuchar a Enrique; decidí responder a mi lector. Reflexioné sobre lo hablado y, llegué a la conclusión de que volveremos al sistema bipartidista. Los votantes de Ciudadanos regresarán – tarde o temprano – a los portales de Génova y, los podemistas volverán a sus sitios acostumbrados. Para que esta hipótesis se cumpla se deben cumplir dos condiciones necesarias. La primera, que las aguas turbias del Partido Popular recuperen la transparencia de los tiempos Aznarianos. La segunda, que el consumo arranque – de una vez por todas – la maquinaria del empleo. Sin corrupción mediante y alegría económica; el pluralismo se convertirá en un sueño pasajero. Se convertirá en un sueño pasajero – como les digo – porque este experimento democrático, solo está sirviendo para el enfrentamiento entre partidos. Algo, que no gusta a los votantes y es perjudicial para el avance; no es bueno para la democracia.

Salvar nuestra lengua

A pesar de que tengo perfil en las redes sociales; no soy un gran apasionado de las mismas. Las utilizo por cuestiones de visibilidad. Gracias a ellas; consigo que mi público objetivo descubra el blog y consuma una opinión libre, plural e independiente; alejada de los sesgos editoriales e intereses económicos. Más allá de este propósito; no suelo "tuitear" y menos aún publicar mi vida en Facebook. Aunque las redes sociales sirvan para mantener amistades; reconstruir amores y juntar a excompañeros de colegio; prefiero el goce de la intimidad a los exhibicionismos virtuales. Tampoco me gustan, y la verdad sea dicha, los diálogos de wasap. No me gustan, como les digo, porque tanta abreviatura deteriora la capacidad de expresión; empobrece el intelecto y, reduce nuestra lengua a un conjunto de monosílabos y "emoticonos".

Es cierto, que cada uno es libre de hablar como le plazca; que a nadie se le multa por escribir hermano sin hache o los propios en minúscula. Es cierto, que las nuevas tecnologías de la comunicación han hecho que se pierda la vergüenza ortográfica ante la pantalla del artefacto. Tanto es así, que un wasap escrito con puntos y comas; tildes en su sitio y verbos bien conjugados, sería una exclusiva en los tiempos que vivimos. Da igual que quien lo escriba sea maestro, albañil o magistrado del Supremo; la evidencia demuestra que el maltrato a la lengua; no entiende ni de sexos, ni de edades, ni de posiciones sociales. Es, precisamente, este "mirar hacia otro lado" cuando se ven palabras mal escritas; el que sirve de efecto viral para que la RAE se convierta en una pieza de museo. Estas desviaciones de las reglas ortográficas y gramaticales; hacen que los malos hábitos adquiridos en las pantallas táctiles; se extrapolen a las aulas y al diálogo callejero. Algo, sin duda alguna, preocupante para la construcción de la sociedad del conocimiento el andamiaje de la cultura.

La lengua; en lugar de enriquecerse por el aumento de la escritura en las redes sociales, se ha deteriorado por sus usos incorrectos. Resulta formidable, que la sociedad haya perdido el miedo al pergamino y que escriba más que nunca en sus móviles y tabletas. Aprovechemos, por tanto, esta oportunidad que nos brindan las nuevas tecnologías para salvar nuestra lengua en lugar de castigarla. Para ello; seria necesario que los creadores de tales inventos – Facebook y Twitter – instalaran en sus plataformas; correctores ortográficos y gramaticales con enmienda de censura. Enmienda de censura, como les digo, consistente en impedir que las palabras mal escritas y otras incorrecciones gramaticales salgan a la superficie. Gracias a esta simple medida, conseguiríamos que los escritores virtuales adquirieran conciencia de sus errores lingüísticos y, de ese modo, perfeccionaran su lengua en los diálogos reales. Algo, que favorecería, sin duda alguna, a la comunidad de hablantes en todos los contextos sociales.

Otra medida para salvar nuestra lengua; sería establecer un mínimo de texto necesario en la redes sociales. En lugar de un máximo de caracteres, como establece Twitter; o un "sin límite" como hace Facebook; lo ideal sería un mínimo de cien palabras para que un post fuera publicado. Con este mínimo de texto necesario; conseguiríamos que la gente adquiriera más capacidad comunicativa y, saliera – de una vez por todas – del círculo vicioso de los monosílabos y las abreviaturas. Con estas medidas – la extensión de los textos y el corrector ortográfico y gramatical – conseguiríamos un doble objetivo. Por un lado; perfeccionaríamos nuestra expresión verbal y, por otro, aumentarían nuestras dotes oratorias. Cada día, los profesores corregimos más barbaridades lingüísticas en cursos avanzados. En los últimos años, las faltas ortográficas han aumentado considerablemente. Y, la capacidad verbal se ha empobrecido hasta límites preocupantes; a pesar de contar con la generación que más escribe de la historia. Si no hacemos nada por salvar nuestra lengua; el día de mañana las TIC serán la "bomba atómica" que destruirán nuestra lengua. No dejemos que suceda.

Sobre halcones y ruiseñores

Ayer visité a Gregorio; estaba sin saber de él desde que se trasladó a Valencia por cuestiones de trabajo. Gregorio es un viejo conocido del África; de esos incondicionales del café y amante de los chismes de la barra. Trabajó durante trece años como camarero en el bar de Lola; un viejo chiringuito a las afueras de Alicante; donde conoció el teje y maneje que se cuece entre los halcones y ruiseñores. Mi colega es una mente inquieta. Ante una apariencia tranquila, en su interior tiemblan ondas gravitacionales; de esas que tanto habló Einstein y nadie le hizo ni caso. Entre sus múltiples proyectos; Gregorio quiere publicar un libro que cuente los secretos de la barra. Sería algo así como un Wikileaks a la española; una revelación de confidencias sobre infidelidades; dinero negro y otras pillerías.

Gregorio ha visto como algunos clientes, tras una tarde de copas en "el Lola", se han ido de fulanas hasta altas horas de la madrugada. Ha oído como Manuela le contaba a Pilar sus orgasmos con Andrés, su compañero de oficina. Y también, para más inri, como Pilar le contaba a Lucía que se "tiraba" a Francisco, el marido de Manuela. Los banqueros no dejan títere con cabeza; ponen a parir a sus clientes, e incluso se jactan de quiénes han hecho más seguros de vida, un lunes por la mañana. Los ruiseñores – los políticos – acuden al bar, a eso de las seis de la tarde. Les gusta ir al atardecer porque es cuando menos orejas hay en la costa. Allí hablan de obras y de cómo los halcones vuelvan hacia ellos; en búsqueda de algún "contento" que les alegre la vida. Allí, detrás de la barra, Gregorio ha visto como Manuel, el hermano del boticario, se dejaba el salario de un mes en las máquinas tragaperras.

Gregorio es un nostálgico de Felipe; tanto es así que con él, casi no puedo hablar de política. No puedo hablar, como les digo, porque su pasión por el puño y la rosa, le impide ver el deterioro de sus pétalos. En el año noventa y seis; cuando González perdió las elecciones; mi colega trabajaba como camarero en las Islas Canarias. En los últimos años de Felipe – me cuenta – la derecha sacó rédito electoral de los casos de corrupción que azotan el país, de la supuesta implicación de miembros del gobierno en los GAL y de la crisis económica que azotaba el horizonte. Durante esa época, el paro alcanzó casi el veintidós por ciento; el déficit el 5.5 y, la deuda los sesenta billones de pesetas. Antonio Herrero, en La Mañana de COPE, narraba cada día los capítulos de Roldán; Mario Conde; Vera y Barrionuevo. Expresiones como "tirar de la manta"; el señor "X",”malversación de fondos públicos" y "váyase señor González"; eran las más cotizadas en los diálogos de la barra. España, como sabrán ustedes si lo vivieron, se convirtió en un goteo constante de casos de corrupción; algo nuevo para nuestra adulta democracia.

En días como hoy – dice Gregorio – la tortilla se ha dado la vuelta; los "garbazos negros" del ayer; ahora están en la olla del Pepé. Si antes eran los casos: Roldán, Conde y Barrionuevo, los que cuestionaban a Felipe. Ahora son los casos Bárcenas y Rita Barberá – entre otros -, los que tambalean a Mariano. Estamos ante una Hispania de halcones y ruiseñores; donde la corrupción saca los colores a la hermana del Rey, y la sitúa en las portadas internacionales. Hay tanto corrupto junto, por metro cuadrado, que la desconfianza en los políticos tardará años en curarse. Es, precisamente, la simetría entre los tiempos de Rajoy y los de González – en términos de corrupción y crisis económica -, la que explica; por qué tienen tanto éxito las fuerzas emergentes. Fuerzas como Podemos y Ciudadanos están en el mismo kilómetro cero que Aznar en sus momentos de gloria. Son partidos sin pasado; cuyas principales semillas son los errores cometidos por la "vieja política". Gracias a los errores de populares y socialistas, tanto Iglesias como Rivera han conseguido despertar la ilusión por la política; la misma que generó Aznar ante las penurias de Felipe; y la misma que despertó Rajoy ante los desencantados de Zapatero.

Calabazas democráticas

Por mucho que Pedro se esfuerce en conquistar La Moncloa; la amalgama parlamentaria le dará calabazas el día de la marmota. Le dará calabazas – como dicen en mi pueblo – porque la "altura de miras" de nuestros queridísimos políticos no sobrepasa la azotea de sus intereses partidistas. Así las cosas, la convocatoria de elecciones para el próximo verano; se acaricia como la opción más probable en las quinielas mediáticas. Ahora bien, tanto Rajoy como Sánchez serán los más damnificados en la segunda vuelta a la francesa. Lo serán; el primero por haber renunciado al debate de investidura y, el segundo por fracasar en el intento. Por su parte, Podemos y Ciudadanos conseguirán el galardón en la noche de los Goya. Lo conseguirán; el partido de Pablo Iglesias por la crisis socialista y; el partido de Rivera; por la desintegración del "marianismo".

De cara a los próximos comicios, Pepé y Pesoe deberían tocar otras teclas si quieren que la flauta suene diferente. Para ello, lo más inteligente sería que tanto Pedro como Mariano pusieran sus cabezas a disposición de sus partidos. No olvidemos que los socialistas han obtenido el peor resultado de su historia y, los populares han perdido el rodillo del Congreso. El "marianismo" representa – en palabras de Jacinto – el desmantelamiento del Estado del Bienestar; las ruedas de prensa sin preguntas y las corruptelas de palacio. El "sanchismo", por su parte, a la izquierda obsoleta de los tiempos felipistas y a los últimos errores del "zapaterismo". Luego, tanto Rajoy como Sánchez no serían enfermeros eficientes para curar las heridas que se avecinan en el seno de sus bastiones.

Aparte de nuevos líderes, "la vieja política" necesita reinventar su discurso para ser atractiva. Por parte del Pepé sería conveniente establecer medidas drásticas para erradicar – de una vez por todas – la corrupción de su tejado. Medidas como: eliminar la institución del aforamiento y el cese inmediato de cualquier cargo investigado, serían bienvenidas por un electorado cansado de tanto cachondeo. Otra solución, por parte del PP, sería la elaboración de un discurso más keynesiano que merkeliano para recuperar la simpatía de la clase empobrecida. Por parte del partido socialista, la principal medida pasaría por recuperar los discursos del primer Zapatero; aquellos que dejaron huérfanas de palabras a las siglas de Llamazares. Con tales retoques, tanto Pepé como PSOE apaciguarían la huida de votantes hacia los portales vecinos. Una huida que podría terminar con un realineamiento del voto, o dicho de otro modo, con una reestructuración del pódium pluralista.

En caso de que se convocaran nuevas elecciones, el Pepé sacaría tajada del paréntesis electoral; la sacaría porque, – como indican las organizaciones internacionales -, los brotes verdes de ZP serán más visibles en la ansiada primavera; algo que servirá al Partido Popular para entonar el "España va bien" de los tiempos aznarianos. Por su parte, la crisis de liderazgo en el partido socialista será una oportunidad de oro; para que la ahijada de González.- Susana Díaz – se deje querer por los barones regionales. Mientras tanto, Podemos hará leña del árbol caído; aprovechará el "intento fallido de Sánchez", como argumento para liderar el buque insignia de la izquierda. Por su parte, Albert Rivera subirá como la espuma; subirá, como les digo, porque ni ha fallado en el intento; ni le ha planteado a S.M. un reparto de sillones.

Sobre política y Siracusa

Ayer llamé a Platón, estaba sin saber de él desde su último viaje a Siracusa. Días antes hablé con Aristóteles, me dijo que su maestro estaba muy debilitado; la última vez que pasó por la Academia, leyó un fragmento de las Leyes; un monólogo reciente sin la sombra de Sócrates. Tras varios días con el móvil apagado, conseguí hablar con él. Tenía razón su discípulo, mi amigo no era "el Platón" de La República; ni siquiera el poeta idílico de Atenas.  Le pregunté por Dión y – para sorpresa, la mía – me dijo que lo asesinaron y se sentía culpable por ello. Me recitó unos versos que decían: "Los dioses desparramaron tus amplias esperanzas./ Ahora yaces en tu espaciosa patria, honrado por tus conciudadanos,/ tú que mi corazón hiciste enloquecer de amor, Dión". Triste Platón, cuánto sufrimiento por poner en prácticas sus ideas. Mi amigo se ha convertido en aquel filósofo que tropieza por las sombras de la Caverna.

Platón, me preguntó por Maquiavelo. Le dije que no tenía ganas de hablar con nadie; se encontraba sin ánimo tras el mandato de los Medici. Lo había pasado mal entre los barrotes de Lorenzo y, ahora, solo quería apartarse de la contaminación política para escribir sus reflexiones. Le dije que Nicolás soñaba todos los días con la unificación italiana, una Italia unida; inspirada en los textos de Tito: llena de acueductos, calzadas y circos romanos. Le conté a Platón que Maquiavelo estaba escribiendo una obra para dedicársela a Lorenzo. Una obra con una prosa condensada y desgarrada por la urgencia. Un texto, le dije, que aconsejara a los Medici sobre las cualidades que debería tener un príncipe para gobernar Florencia. Un príncipe – en palabras de Nicolás – debe faltase a la moral para conseguir sus fines políticos; que no fuera afeminado, irresoluto ni cobarde; que se rodeara de ministros inteligentes y huyera de los aduladores. Un príncipe que dividiera a los ciudadanos; que se ganara a los disidentes y atrayera a sus líderes y cabecillas.

Tras hablar con Platón, recibí una llamada perdida de Occam. Me dijo que había sido acusado de herejía por su obra "Sobre el gobierno tiránico del Papa". A pesar de sus convicciones cristianas; Guillermo siempre ha sido muy crítico con la Iglesia. Nunca ha soportado, los abusos de poder que ostentan las sotanas; y muchísimo menos la vida de manjares y despilfarros que han llevado los Papas. Juan XXII, me dijo, no debería ostentar un poder omnímodo; ni debería imponer a los fieles penitencias excesivas, ni abusar en cuestiones jurisdiccionales. Las llaves de Pedro no significan la entrega del poder terrenal a los discípulos de Cristo. La vida de los seguidores de Dios debería ser ejemplarizante para los fieles. Una Iglesia basada en la pobreza; sería la única que resucitaría de las cenizas a las tierras de Platón. Tierras – en palabras de Guillermo – regadas por las fuentes de la austeridad y alejadas de los ruidos del dinero.

Aquí, en la Hispania del XXI, las cosas no están bien. Así comienza la carta que le escribí a Aristóteles para que la leyera a sus alumnos del Liceo. No están bien, porque varios gallos en un mismo corral acaban enganchados. Igualdad y libertad no se llevan bien en el patio de los leones. Si damos rienda suelta a la libertad obtenemos desigualdad y, si optamos por la igualdad; cortamos las alas a las aves del dinero. Aún así, hay quienes prefieren juntar a rastas con corbatas; a migajas con manjares y a patronos con obreros. En una democracia – como la que se cuece en nuestros fogones – el arte de gobernar siempre será relativo. Aunque digan que unos gobiernan para todos; no es verdad. No lo es; porque donde hay partidos y corrientes ideológicas hay intereses privados en lugar de generales. Por mucho que queramos que las escobas barran para otro lado; las azules barrerán para los portales del pudiente y, las rojas para las puertas del camarada. Mientras escribía la carta, se cruzaron por mi mente; los terremotos que asolaron Siracusa, la ciudad ideal de Platón.

  • SOBRE EL AUTOR

  • Abel Ros (Callosa de Segura, Alicante. 1974). Sociólogo y politólogo. Dos libros publicados: «Desde la Crítica» y «El Pensamiento Atrapado». [email protected]

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